ID de la obra: 1489

¿POR AMOR O POR DINERO? |CHESTAPPEN|

Slash
NC-17
En progreso
2
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planificada Maxi, escritos 279 páginas, 87.471 palabras, 39 capítulos
Descripción:
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Capítulo 1

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En los enredos de los juegos del destino, se dice que existe un hilo rojo que une a dos almas para la eternidad, haciéndolas perseguirse la una a la otra hasta poder encontrarse. Enamorándose en cada universo existente. Para algunos resulta difícil poder encontrar el camino hasta su otra mitad, e incluso cuando la encuentran no pueden estar juntos por la intromisión de terceros o sus propios miedos. Pero para otros, es este hilo irrompible lo que los lleva a encontrarse en situaciones tan complicadas como divertidas. Donde el único impedimento para estar juntos es el orgullo mismo. Y no hay nadie más orgulloso de sí mismo que Sergio Pérez, un Alfa de 25 años con aroma licor de café atalcado. Cuyo éxito en la vida se basa en probarle a su abuelo que no lo necesita para ser reconocido. Es fácil sacar conclusiones de él con tan solo verlo. Usando trajes hechos a su medida, con un calzado de cuero bien pulido, viajando en los mejores autos. Claro que su éxito económico no se comparaba con el de su abuelo, pero le había probado lo mucho que lo subestimó en su vida. Esa mañana de octubre había sido muy atareada para él, yendo de junta en junta, la rutina de todos los días. Estaba demasiado ocupado como para atender una llamada familiar que decidió ignorar, pues pensaba que se trataba de la misma cantaleta de siempre. Para el medio día decidió ir a almorzar a uno de sus restaurantes favoritos, donde siempre conversaba con uno de sus amigos y dueño del lugar. —Que sorpresa verte por aquí —Kamui lo recibe alegremente, y ambos se abrazan en un saludo cálido —Te llevare a tu mesa favorita. Ambos caminan hasta la mesa del alfa y conversan un poco antes de que el omega de de 35 años se marche. Hay mucho movimiento en el restaurante y su atención se ve dividida en sus obligaciones. Esto no molesta a Checo, lo entiende perfectamente. Su círculo de amigos es bastante reducido debido a su falta de tiempo y espacio para mantener vínculos cercanos durante mucho tiempo. Son pocos los que entienden su estilo de vida, y todos ellos no son muy diferentes en ese aspecto. Sumergidos en el trabajo, ignorando el amor. Mira su teléfono mientras espera a que el mesero le lleve la carta, algo que se complica cuando un joven rubio golpea por accidente la mesa y llama la atención del alfa. —Disculpe, señor — Max Verstappen, un Omega de 22 años con aroma a durazno y algodón de azúcar, no lleva ni tres días como mesero del lugar y ya se ha metido en más de un problema con los clientes. Es conocido por ser bastante torpe, pero se esfuerza en mejorar. Sergio intenta no molestarse con él, pues está visiblemente nervioso. Así que comienza a revisar el menú, pero nota como el rubio mueve su pie impaciente y eso lo hace sentir como si lo estuviera presionando para apurarse en decidir. Esto hace que se moleste un poco, notándose en su aroma que se vuelve un poco picante y molesto para el joven omega a su lado. Max se pone tan nervioso por el enojo de su cliente, que termina apuntando mal su orden y esto causa un disgusto mayor en Checo, el cual solo es calmado con la intervención de Kamui. —¿Es tonto o qué? —Pregunta visiblemente frustrado, ya le ha arruinado el almuerzo y retrasado su agenda del día. —Es nuevo, ten un poco de paciencia —Kamui se sienta a su lado mientras observa que nadie esté cerca y baja la voz —Él de verdad necesita este trabajo. El alfa no quiere parecer inoportuno, y mucho menos invasivo. Observando al joven rubio de mejillas coloradas atendiendo otra mesa, decide no ahondar en el tema. —Han sido días demasiado tensos —Se excusa — Parece que hasta la mínima cosa me molesta. Kamui sonríe ante esto. —Es porque pasas todo el día pensando en el trabajo —Le señala casi como un regaño —Vamos, acompáñame a ir por Yuki. Te extraña, eres su tio favorito. Checo asintió sin ningún problema. Adoraba a ese niño como si fuera su hijo. Kamui, a diferencia de los demás amigos del alfa, si había caído en los juegos del amor y se casó hacia ya unos cuantos años. Fue en un viaje de imprevisto a Inglaterra donde conoció al amor de su vida y padre de su hijo, Jason Statham. El esposo de Kamui viaja constantemente por sus negocios, pero eso no hace que el amor por su familia disminuya. Por el contrario, disfruta cada dia que esta en casa a su lado. Sergio sabía bien esto porque convive de cerca con la familia Statham-Kobayashi, y por esa razón el pequeño Yuki lo veía como su tío. Cuando termino de almorzar y pidió la cuenta, se percató de que el joven rubio le había dejado algo para él. Era una galleta decorada de un amigable león. El alfa sabía bien que no había pedido ningún postre, y no tardó en conectar los puntos de que se trataba de aquel omega que lo veía de reojo mientras atendía otra mesa. Suspira pesadamente, toma la galleta y le deja una buena propina al rubio. Sabe que no debe ser tan duro con él, principalmente después de ver como su amigo parecía preocuparse por aquel omega. Toma sus cosas y se marcha, pero en la visita a Yuki no dejaba de pensar en que nunca se planteó la idea de tener una familia. Porque la vida de Kamui parecía ser tan perfecta que se sentía como una pintura que estaba muy alejada de su realidad. Porque sentía que él no podía tener algo así. El compromiso era algo que no podía manejar, no porque le gustara estar detrás de cada omega. Sino porque sabía que no podía ofrecerles el cuento de hadas que vivía su amigo. Su vida era su trabajo, sin tiempo para el amor... o eso pensó hasta ese dia.  Por su parte, Max no dejaba de trabajar. El omega siempre mostraba una sonrisa cada vez que atendía a un cliente, siendo muy amable con estos a pesar de los malos tratos que solía recibir. Su realidad era muy diferente a la del alfa. No le gustaba la sensación de tener que contar cada centavo hasta que llegara su próximo pago. Hacía poco tiempo había perdido un buen empleo por faltar una semana, y aunque su jefe directo entendia la situacion, el dueño del lugar no y fue despedido. Siempre sintió que toda su vida había sido muy injusta para él. Teniendo que ser "El hombre de la casa" desde muy joven, el omega sabía que no tenía tiempo para nada más que en conseguir dinero que llevar a casa. Rechazaba salidas con amigos y cualquier cortejo, lo que terminó casi aislandolo de manera involuntaria. Y quizá alguna vez soño con el amor, pero ahora no estaba en sus planes. Sin embargo, su triste pasado no logró borrar su linda sonrisa. Sabía que si se esforzaba lo suficiente, el destino lo recompensará. Pero no esperaba que esa recompensa llegara tan rápido. Se había quedado hipnotizado por el aura dominante de aquel alfa de cabellos oscuros y rizados, expresión seria y unas lindas pecas en el puente de su nariz. Claro que le pareció atractivo, pero sabía que estaba fuera de su alcance. Y todo fue peor cuando tropezó al llegar a su mesa y eso provocó que las cosas sobre esta se tambalearán. Se avergonzó de sí mismo cuando confundió su pedido y decidió regalarle una de las galletas caseras que vendía para poder conseguir ingresos extras. Cuando recogió su propina, se sintió un poco triste al pensar que aquel alfa creyó  que le estaba vendiendo la galleta. Continuó su dia con normalidad, girando hacia el reloj de vez en cuando, deseando que el tiempo pasara más rápido. Para cuando finalmente pudo irse, tomó el primer bus que lo llevaba al hospital, donde se encontraba su mamá. —Adelante —La enfermera lo dejo pasar y el rubio rápidamente se acercó a su cama, donde Geri se encontraba durmiendo —Hoy ha estado algo cansada. La mujer se va y deja a madre e hijo solos. Max se había esforzado para que su mamá estuviera lo más cómoda posible en el hospital. Toma una silla y se sienta al lado de su cama, apoyando su rostro en su brazo y acariciando su mano con delicadeza. Ella era lo único que tenía en el mundo y no quería perderla. El rubio comienza a tararear una canción de cuna familiar, una que su madre le cantaba cada noche antes de irse a  dormir. Geri siempre lo llamó su pequeño león y señalaba la nobleza de su corazón. A Max le gustaría volver a ser un niño y estar en los brazos de mamá, y así no tener que verla en esa cama cada dia como los últimos años cuando su salud se deterioró. Y desearía poder tener una vida mejor... para poder dárselo todo a mamá. Se acomoda mejor para estar más cerca de ella, y lleva su mano al bolsillo de su pantalón para buscar su teléfono. No estaba. Asustado, se levanta con cuidado y comienza a buscar en el suelo en dado caso de que se le hubiera caído y no lo escucho. Toma su vieja mochila y saca sus cosas para buscarlo a profundidad. Nada. —Ya soy pobre, ¿Por qué me tratas así? —Pregunta en voz baja mirando hacia el techo de la habitación. Como si con eso su teléfono iba a aparecer por obra divina. ¿Se le cayó en el pasillo? O peor... ¿Y si lo dejo en el bus? Sale casi corriendo de la habitación y detiene a una enfermera en el pasillo, pidiendo un teléfono prestado para hacer una llamada. Para su buena suerte, el suyo lo había dejado en el trabajo. Ya era bastante tarde y sabía que debía darse prisa si no queria irse caminando a casa. Regresa a la habitación, coloca sus cosas dentro de su desgastada mochila y se despide de mamá con un beso en la frente. No sabe lo que el destino tiene preparado para él.  Cuando Sergio finalmente decidió hacer caso a aquella llamada que estuvo ignorando todo el día, no pareció conmoverse ante la noticia del fallecimiento de su abuelo. No era como si no le doliera, pero sus recuerdos juntos eran tan escasos y estos en su mayoría eran discusiones. Resultaba difícil reaccionar. “Eres el heredero de toda su fortuna y propiedades” Recordó lo que le dijo el abogado esa noche. Jamas pensó que eso pasaría. La tensión entre ambos era tan fuerte que afectó su relación, y llegó a creer que el abuelo Pedro le dejaria todo a un extraño antes que a él. Quizá ese era el fin de toda esa guerra extraña entre ambos, ¿No? El hombre que lo crío después de perder a sus padres finalmente había dejado de retarlo. Ya no tenía que probarle nada, ¿Verdad? “Para poder acceder a esto, debes cumplir con una serie de condiciones...” Le continuo explicando por telefono, ya que la lejanía hacia que ese fuera el mejor medio “Matrimonio”. Checo casi se cae de su silla cuando escucho esto. Podía parecer una tontería pero estaba seguro de que era el último reto que tenía para él. El señor Pedro sabía bien que su nieto no se había enlazado a algún omega ni tenía cachorros de los cuales presumir. Era su victoria final, a sabiendas de que no podría conseguir eso de la noche a la mañana. Pero olvidó un pequeño detalle: Checo nunca se rinde. Y se le ocurrió la brillante idea de mentir para asegurar algo que no tenía. Termino la llamada pero el tema no abandonó su mente. —¿De donde vas a sacar a alguien que quiera casarse contigo? —Pregunta su amigo Carlos al otro lado de la línea —Eso no solo es complicado, sino peligroso. Hay muchos estafadores que buscarán sacar provecho. —Pero sería absurdo no obtener nada a cambio —Afirma el pecoso mientras se detiene en un semáforo en rojo. Había salido de su oficina y ahora estaba dando vueltas por la ciudad intentando pensar. —De nuestros amigos no creo que alguno quiera hacer eso, principalmente si luego buscaras el divorcio —Señala el castaño —Ningún omega querrá ser tachado como alguien insuficiente para un alfa. —Lo sé —El semáforo se pone en verde pero él no avanza, pues está cerca del restaurante de Kamui. “El Kamui-kaze” Puede ver cómo el turno de noche está terminando de cerrar todo, marcando el final de la noche. Y piensa que quizá ya debería ir se a casa. —Tiene que ser alguien muy desesperado por dinero —La voz de su amigo lo saca de sus pensamientos y su mirada se posa sobre el omega que apenas está saliendo del lugar con una sonrisa boba en sus labios. —Debo colgar —Sergio termina la llamada antes de que su amigo pueda decir algo. Estaciona su vehículo cerca del restaurante y baja a toda prisa cuando ve cómo el grupo de personas se va separando para marcharse. Pero, por suerte, Max todavia sigue ahi. —Señor, disculpe, pero ya hemos cerrado —El rubio piensa que desea algo del restaurante, sin saber que está ahí por él. Con la respiración algo agitada, el alfa traga en seco antes de hablar. —Cásate conmigo. No sabe que ha tomado una decisión que cambiará su vida para siempre, pero no de la manera que esperaba. 
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