ID de la obra: 1489

¿POR AMOR O POR DINERO? |CHESTAPPEN|

Slash
NC-17
En progreso
2
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planificada Maxi, escritos 279 páginas, 87.471 palabras, 39 capítulos
Descripción:
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Una boda y casi un funeral pt. 2

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TW YA LO SABEN Max todavía seguía molesto, pero su prometido ya le había dado la vuelta, dejando su trasero al aire. —Apuesto que te gustaría seguir hablando con tu tonto asistente —Se queja cuando un escalofríos recorre su espalda al sentir los dedos del alfa recorriendo sus nalgas. —¿Por qué me gustaría estar haciendo eso cuando te tengo así frente a mi? —Sergio saborea cada palabra que sale de su boca —Maxie, para estar tan molesto te encuentras bastante mojado. Sus dedos invaden la intimidad del rubio, cuya respiración se vuelve pesada al sentir ese tacto tan familiar. Y el alfa se deleita con esa exquisita vista de su bonito Omega abierto para él sobre su escritorio. Con sus dedos deteniéndose en ese delicado y rosado botón que tanto le gustaba. —A-ah... —Balbucea el rubio y rápidamente toma aire antes de hablar —Despidelo. Esto provoca una pequeña risa en el pelinegro. No podía creer que en medio de ese momento candente entre ellos todavía siguiera pensando en su asistente. —¿A quien? —Y le gusta jugar con su paciencia. —Al rubio ese, correlo —Exige haciéndolo reír —Hablo en serio. —No lo puedo despedir, ha sido el único asistente que a soportado mi ritmo de trabajo —Explica el pecoso deteniéndose para sorpresa del Omega —Pero si estás tan enojado como para no querer hacerlo, entonces te dejaré en paz. Max lo mira con molestia, no le gusta la forma en cómo lo esta tratando. Primero lo toca, lo provoca y le dice que le hará el amor, solo para que se niegue a despedir al rubio desabrido que le andaba dando sonrisitas antes de que él llegara. Así que, más decidido que nunca, se inclina un poco más sobre el escritorio y levanta una pierna para apoyarlo en este, abriendose frente al alfa que casi babea ante tal imagen. —¿De verdad tu asistente es más importante que yo? —El Omega ahora está jugando con él. No necesita arrinconarlo contra algún objeto para tenerlo contra las cuerdas. Sergio acaricia su miembro sobre sus pantalones y el recuerdo de aquella calida tarde invade su mente. Nunca nadie había tenido un poder tan grande sobre él. —Le daré dos cartas de recomendación —Responde el alfa desabrochando el cinturón de su pantalón —Y a ti te llenaré con mi esperma. El Alfa libera su miembro de su ropa interior y comienza a estimularse frente al Omega, acercandose peligrosamente hacia él. Max, quién lo mira de reojo, sonríe ante esto y regresa su mirada al frente. Pronto siente las manos del pelinegro posandose en su cintura, tomándolo con firmeza y su cálida respiración chocando contra su cuello. —Alfa, tómame —Susurra el rubio antes de sentir como la mano de este sube hasta su cuello y lo jala ligeramente hacia atrás. Sergio pasea su lengua de manera descara en su glándula de olor, donde debería ir una marca. Es como si jugará con su instinto Omega, haciéndolo vulnerable frente a él y por un segundo puede sentir sus colmillos rozando esa zona. Y el rubio se sorprende al no sentirse tan temeroso al respecto. ¿Por qué parece como si su cuerpo estuviera cediendo ante la idea de ser marcado por él? ¿Acaso era un efecto provocado por el nudo que le había dado hace días? Max no tenía mucho tiempo para pensar en eso cuando sintió como se posicionaba en su entrada. —Mi lindo y sexy Omega —Murmura el pecoso antes de obligarlo a girar la cabeza hacia él y reclamar sus labios con los suyos. El rubio gimotea al sentir su lengua abriéndose paso en su boca a la par que comienza a mover sus caderas contra las suyas. La posición le resulta un poco incómoda, pero no le importa demasiado cuando lo hace sentir tan bien. Y las manos traviesas del pelinegro pronto se detienen en la entrepierna de su Omega, acariciando aquel falo con cada embestida. Max termina por romper aquellos desastrosos besos para poder sostenerse del escritorio del cual comienzan a caerse cosas debido al movimiento. Sus quejidos son descontrolados, siendo bastante audibles para cualquiera que estuviera cerca. El pecoso se deleita al observar como esas montañas blancas, que ahora estaban algo coloradas, hacían desaparecer su hombría como si fuera un truco de magia. ¿Había algo que no le gustará de él? Quizá el hecho de que todavía no tuviera su marca en el cuello. Pero no podía permitirse tal privilegio cuando su relación apenas estaba lo suficientemente cimentada para estar en plena intimidad. El rubio gimotea llamando su atención, haciendo que el alfa sienta aquel líquido caliente en su mano, sabiendo lo bien que lo hacía sentir. Se decide por llevar ambas manos a su redondo trasero, masajeando sus glúteos mientras el Omega de reclinaba hacia adelante en el mueble. En su cabeza daba vueltas sumergido en el placer y el deseo de tener cerca a su pareja, pero sabía que había una sensación que era mucho mejor que esa. —Nudo... —Balbucea —Dame... Sergio sonríe al escuchar eso, sabe bien lo que le gusta a su Omega y no iba a dejar pasar la oportunidad de consentirlo. Lo acomoda bien delante de él, acariciando sus suaves piernas en el proceso y soltandole un par de nalgadas que ponían las colorada su piel. Continúa embistiendolo, está vez siendo un poco más brusco con él, pero lo bastante controlado como para saber que no le está haciendo daño. —Maxie... —Lo llama y este apenas puede balbucear algo —¿Quieres que tu alfa te deje bien llenito? —El rubio asiente —Muestrame donde... En ese momento Max puso ambas manos en sus nalgas y las abrió de par en par, haciendo que el alfa pierda el control. Sergio lo toma de ambos brazos y comienza a dar estocadas más descontroladas, él mismo provocó todo esto. El Omega siente sus mejillas arder y el sudor se resbala por su frente, no puede procesar ni un solo pensamiento. Se encuentra muy entregado a su alfa y el deseo de volver a experimentar su nudo. Y el pecoso no es capaz de callarse la boca. No controla sus quejidos, solo quiere dejarlo tan lleno que se desborde de su esperma. Max gimotea una vez más y ahora su excitación se derrama sobre aquel escritorio de madera que había sido víctima de su travesura. Pero ensarta sus uñas en la madera cuando siente como el miembro del alfa comienza a ensancharse dentro de él, acompañado de un pesado gemido de este. —Omega, no te muevas —Dice el pecoso, y el rubio obedece sin dudarlo. Con su respiración pesada y esa sensación llenadora, Max estaba ahogado en el placer y su cuerpo se sentía sensible ante ello. Había un hormigueo en sus manos y sus ojos se dilataron propio de un Omega tomado. Su aroma se volvió más dulce y no tardo en mezclarse con el del alfa. Era como si danzaran entre ellos. Cuando la hinchazón finalmente bajo, el pecoso le dio un beso en la nuca antes de salir con cuidado de él. Dl rubio ni siquiera podía recordar el momento en que volvieron a casa, simplemente despertó en los brazos de su alfa. Con su cabeza acurrucada en su pecho y los dedos de sus manos enredados en sus dorados cabellos. Le encantaba estar así con él y se preguntaba si su matrimonio estaría lleno de momentos así.  Al día siguiente, faltaban solo un par de horas antes de la boda y Max ya se estaba arreglando. Llevaba puesto un traje de satín color rosa que resaltaba con sus mejillas coloradas. Se miro al espejo con atención y se sintió realmente bonito, algo que pocas veces sentía. Pero había algo en su relación con Sergio que cambio internamente en él, y es que lo hacía sentir muy especial. —Amor, te ves precioso —La voz del alfa lo hizo voltear hacia su dirección y lo vio acercándose con una caja de terciopelo en las manos —Tengo un regalo para ti. El rubio se sorprendió al escuchar esto. —N-no, no es necesario —Balbuceo. Sus regalos, eso era algo a lo que no terminaba de acostumbrarse. Quizá porque casi nunca recibió uno mientras crecía y ahora le resultaba difícil creer que alguien gastaría tanto dinero en él. —Lo vi y no pude evitar pensar en ti —Continuó el pecoso abriendo la caja frente a él —Creo que te quedará perfecto para esta noche. Max se quedó sin palabras al ver una gargantilla de tres filas de perlas muy parecidas al que ya le había obsequiado, pero la diferencia radicaba en un Rubí en forma de corazón que colgaba justo en medio. —¿No es demasiado? —Pregunta el rubio buscando una excusa para no aceptarlo. Pero ya debería saber que su Alfa nunca aceptaba un 'no' por respuesta. Así que toma el collar y lo hace girarse para poder abrocharlo. Miran hacia el espejo admirando la belleza del Omega, y el pelinegro le da un beso en el hombro. —No quiero que pienses que algo es demasiado para ti —Sergio le habla en un tono tan suave que con solo su voz provoca que sus aromas se mezclen —Te mereces esto y mucho más, mi hermoso Omega. El Alfa había descubrierto una faceta nueva en él, amaba regalarle cosas a su pareja. Le gustaba ver ese brillo en sus ojos cuando recibía un obsequio y la timidez con el que lo aceptaba. Además, en la alta sociedad los omegas eran muy observados y su imagen debía ser muy cuidada. Regarle joyería a un Omega era algo que los alfas hacían comúnmente, como parte de su cortejo o para demostrar su afecto. Más es más, y en un evento de tan alto perfil los ojos estaran posados no solo en el matrimonio, sino también en aquellos que estaban próximos al altar. Y quizá Max no terminaba de entender a que mundo se estaba metiendo, pero pronto tendría que aceptar que ser amable no era suficiente. Pasado un rato llegaron al lugar donde se daría la ceremonia. Estaban justo en la segunda final, solo por detrás de los padres de Charles. Y los de Carlos, bueno, ellos casi siempre estaban ausentes y esa ocasión no fue la excepción. Sus ajetreadas vidas los llevaron a desentenderse de su hijo, y esa actitud rebelde de su juventud, que tanto odiaba su ahora suegro, había sido resultado de esto. Mark estaba junto a su hijo cuando la música del novio comenzó a sonar. Podía ver en su rostro una mezcla de tristeza y melancolía, incluso su aroma se había hecho algo agrio. No era capaz de soportar verlo de esa manera, porque frente a él no estaba un Omega adulto que había tomado malas decisiones, estaba su cachorro que tenía miedo y estaba asustado. Ya no podía ser tan mano dura cuando su corazón dolía al verlo así. —Si quieres podemos irnos —Le dice para sorpresa del Omega —Charles, me niño, tú no quieres casarte. El castaño voltea a verlo y niega con la cabeza. —Si quiero, papá, es él quien no quiere —Afirma para su pesar —¿No estoy haciendo algo malo? En ese momento Mark lo toma de los hombros para obligarlo a verlo. —Hacerse responsable no es un mal acto, y él no quisiera, no estaría aquí —Señala —Ya hice de todo para asustarlo y no se va. Charles sonríe ante este último comentario, sabe que su padre está haciendo lo posible por alegrarlo. —¿Y si me caigo? —Busca una excusa algo tonta, pero la respuesta de su padre alfa lo conmueve. —Nos caemos los dos, pero siempre estaré ahí para ayudarte a levantarte. Estas dulces palabras le dieron el valor para caminar hacia el altar, incluso cuando sentía que en cualquier momento se iba a desmayar. Las náuseas habían sido horribles esa mañana, quizá una mezcla de los nervios y el malestar del embarazo. No podía dejar de pensar en eso. Y por un momento creyó que Carlos se arrepentiría y se iría, pero no fue así. Incluso en su molestia respecto a Lewis, el Alfa no era ningún cobarde ni desobligado. Mark también lo andaba amenazando con la mirada, y le temía mucho a su suegro. Pero tenía más miedo de perder a Charles, principalmente porque no sabía lo que estaba a punto de suceder.  Nota: disculpen la hora jaja
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