ID de la obra: 1489

¿POR AMOR O POR DINERO? |CHESTAPPEN|

Slash
NC-17
En progreso
2
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planificada Maxi, escritos 279 páginas, 87.471 palabras, 39 capítulos
Descripción:
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Bizcochitos

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Había algo que comenzó a pasar constantemente en los últimos días y siempre ocurría por la mañana. Max y Sergio ya no dormían en habitaciones separadas, ni siquiera se dieron cuenta cuándo empezaron a hacerlo. Las cosas se estaban dando de manera natural entre ellos. Aunque por momentos resultaba un poco raro para el rubio, ya que no estaba acostumbrado a esa clase de relación con otro individuo. Mucho menos con un Alfa. Pero comprendía muy bien que los sentimientos que había desarrollado hacia él eran tan fuertes que se sentía capaz de enfrentar todos sus miedos. Sabía bien que Sergio era muy protector, y le gustaba mucho despertar a su lado. Pero eso que ocurría por las mañanas resultaba tan especial como íntimo. La suaves caricias en su pequeño vientre, la forma en cómo las manos del alfa se posicionaban sobre su cálida piel y recorrían cada centímetro de esta. Esta búsqueda de cercanía con el cachorro era algo que Sergio buscaba inconscientemente mientras dormía. En repetidas ocasiones terminó despertando al Omega sin que esta fuera su intención. Pero esto sirvió para que Max se percatará de lo que estaba pasando. En un principio se cuestionó si debía despertarlo, pero pronto comprendió que debía dejarlo difrutar del proceso a su manera. Él de verdad deseaba a ese cachorro. Y esa mañana no fue muy diferente. Max se encontraba durmiendo cuando sintió una de las manos de Checo en su vientre, abrazándolo por la espalda y haciendo que se pegara a su cuerpo. A veces lo agarraba en posiciones muy incómodas, teniendo que sacrificar su relajación para que su prometido lo abrazara. Pero realmente le gustaba cuando lo hacía. Las acciones del Alfa generaban mucha seguridad en su Omega. El saber que realmente estaría para él durante todo el embarazo y que deseaba tanto ese cachorro como Max lo hacía. Porque el abandono era algo a lo que siempre le había tenido miedo. Y todo gracias a su padre, quién ni siquiera se habia molestado en llamarlo en los últimos años. Pero esos tristes pensamientos poco a poco abandonaban su mente. Ahora su vida se centraba en su pequeño cachorro que crecía dentro suyo, y en la familia que quería tener con su prometido. Esa mañana tuvo la suerte de estar en una posición más cómoda cuando Sergio lo abrazo. Los dedos del pecoso marcan círculos en su abdomen, tocando suavemente cada parte de él. Deseoso de poder abrazar a su cachorro. —Mi amor... —Susurra el pelinegro a su espalda. Todavía está medio dormido y sus palabras son más un balbuceo, pero esto hace sonreír al Omega. Jamás se había sentido tan amado, y la forma en cómo su relación con Checo iba avanzando, lo hacía sentir que estaba en un sueño. De pronto mira el reloj y se da cuenta de que si continuaban de esa manera llegarían tarde a su cita médica. Así que Max comienza a moverse para separarse de él, algo que logra pero también provoca un quejido molesto por parte del pecoso. No le gustó que se le haya escapado de sus brazos. —Sergio... —El rubio se sienta en la cama y comienza a mover los brazos de su prometido —Ya despierta, llegaremos tarde. El alfa abre lentamente los ojos pero pronto los vuelve a cerrar. —Sergio, por favor —Insiste el Omega pero el pecoso ya se encontraba en su quinto sueño. Molesto porque su tonto Alfa no reaccionaba sus pedidos, decide tomar acción en su contra. —Sergio ya, por favor —Dice molesto para después darle una bofetada que le arrancó el sueño. El alfa se levanta sobre saltado de la cama, da un par de vueltas y toma una almohada del suelo. —¿Quién nos atacó? Hay un ladrón —Afirma mientras sostenía la almohada bastante listo para comenzar a pelear. —No hay un ladrón, solo nosotros que llegaremos tarde a la cita con el doctor Newey —Le recordó y Sergio rápidamente volteó a ver el reloj en su mesita de noche. Eran las 7:30 y su cita era a las 8. —¡Joder! —Alza la voz bastante sorprendido de que se le haya pasado el tiempo —Vístete amor, ya hay que irnos así. Él era un Alfa muy puntual y ordenado, pero últimamente se había quedado dormido a altas horas de la noche. Esto se debía a que le gustaba mucho ver a su Omega a dormir plácidamente en sus brazos. Imaginando en su mente escenarios ficticios donde siempre rescataba a Max de cualquier mal. Aunque, en el fondo, lo que más deseaba era poder haberle ayudado mucho antes de que se conocieran. Dichos pensamientos lo mantenían despierto gran parte de la noche y al día siguiente se iba a trabajar sintiéndose como un zombie. Y es que tener un cachorro no era una decisión que se tomaba la ligera. No, era mucha responsabilidad desde el momento en que se enteraron de la maravillosa noticia. Pero él sentía que estaba listo, que realmente podía ser un mejor padre de lo que tuvo con su abuelo. Que tendría una hermosa familia con Max. Que serían muy felices. Terminan de vestirse y corren para entrar al ascensor, marchándose sin poder haber cruzado palabra con Otmar, quién los miro tanto confundido como curioso. Últimamente trabajar para el señor Pérez se había convertido en una gran hazaña llega de aventuras inimaginables. Y sentía que debía acostumbrarse a lo que sea que estuviera pasando con ellos dos. Porque era bastante obvio que Max se quedaría para siempre con Sergio, debido al gran afecto que parecía haber entre ellos. Pero solo el tiempo dirá si eso es realmente verdad.  El auto del alfa iba a moderada velocidad. Tenían prisa pero también era muy precavido. No quería verse metido en un accidente y menos con su Omega en cinta en el auto. —Nos van a regañar —Murmura el rubio viendo el reloj. Eso era lo que más se temía. A Max nunca le había gustado ir al doctor, principalmente porque sentía que muchos de ellos eran gruñones. Y aunque Newey parecía alguien relajado, igual se mantenía en alerta. Pero ahora con su tardía llegada a la cita, era más que obvio que recibirían una llamada de atención. —Yo me encargo de todo —Y Sergio estaba más que dispuesto en echarse la culpa. Aunque tal vez eso no sería necesario. Finalmente llegan al lugar y en la recepción encuentran a un joven que los observa con atención. —Buenos días, bienvenidos. ¿En que puedo ayudarlos? —Comienza la joven rubia cuyo nombre decía ser Angela en su uniforme. —Venimos con el doctor Newey —Dice el pecoso manteniendo la compostura. —¿Tienen una cita? —La recepcionista parece extrañada al respecto. —Si, tenemos una cita a las ocho, ¿Verdad, amor? —Max pregunta viendo a su prometido y este asiente —Soy Max Verstappen, ya había venido. La joven asiente, los reconocía de esa ocasión pero pronto niega con la cabeza. —Lo siento, pero su cita no es a las ocho —Responde Angela, y es que ella sabía que en ese momento el doctor estaba con su cita de las ocho. —¿Qué? —Sergio se muestra confundido al respecto —No, no, eso no puede ser. Yo llamé para confirmar la cita a las... —Once —La joven pronto lo interrumpió —Su cita se agendo para las once de la mañana, no a las ocho. Sergio se queda en silencio cuando escucha esto y rápidamente revisa en su teléfono el como lo había agendado en sus notas. “-No olvidar la junta de las ocho. -Llevar a Maxie a ver al bebé a las once♡” —Ay, no puede ser —Murmura y nota como tenía varias llamadas perdidas de su asistente —Muchas gracias, señorita. Volveremos más tarde. Sergio toma de la mano a su Omega y juntos salen en silencio del lugar. —¿Te confundiste de hora? —Pregunta el rubio mirando como su alfa desvía la mirada, estaba avergonzado —No te preocupes, a mi también me ha pasado. Podemos dar un paseo hasta que den las once. Checo sonríe ante esto. Incluso cuando salieron corriendo de casa y lo llevo hasta ese lugar con la hora equivocada, Max todavía se mostraba muy amable y comprensivo. Era un Omega tan perfecto para él, y todavía no entendí como había conseguido que este aceptara ser su pareja. —¿Entonces un paseo? —Pregunta el pecoso levantando la mirada y ve como su Omega asiente con una sonrisa. Toma su mano entrelazando sus dedos, y juntos comienzan a caminar hacia el auto. Podía aprovechar esas horas para desayunar algo y hacer un par de compras. La junta de las ocho ya la había perdido, así que no se molestó en atenderle el teléfono a su asistente. Pronto se detienen en frente de una tienda de ropa, una muy especial. —¿Quieres entrar? —Pregunta el alfa mirando fijamente al rubio. —¿No es muy pronto? —Responde el Omega, aunque era bastante obvio que quería hacerlo. —Nunca es demasiado pronto. Ambos terminan entrando a la tienda, quizá sin alguna expectativa de comprar algo. Pero al menos pensar un poco. “Moonsun” era una tienda de ropa de bebés que era la favorita de todo Omega con buen gusto. —Que lindo —Dice Max al ver unos zapatitos con forma de ositos, tan bonitos como costosos —Ay, no. Mejor no. El Omega deja el par de zapatos al ver el precio de estos. Le parecía excesivo. Sergio no es nada tonto. Había aprendido a ponerle mucha atención a las cosas que hacía y decía Max, porque muchas veces no expresaba lo que sentía. Y si le habían gustado aquellos zapatos, entonces se los llevarían. El Omega mira un suéter tejido y al ver el precio retrocede tres pasos. ¿Por qué la ropa de bebé es extremadamente cara? ¿No debería ser más barata cuando usas menos tela? Parecían ser preguntas de las cuales nunca tendría respuestas. —Amor, ¿Y si vamos a otro lugar? —Max se sentía un poco fuera de lugar debido a que todo ahí le parecía muy elevado para él. Para alguien que creció con su madre omega confeccionado su ropa porque no tenían dinero para comprar cosas nuevas y mucho menos de marcas tan reconocidas, era un choque total. —Claro, después de pagar estos zapatitos —Dice el alfa mostrando los zapatos de oso y el rubio rápidamente niega con la cabeza —Se que te gustaron, y nos lo llevaremos. No acepto un 'No' por respuesta. Max suspira rendido. Sergio era un alfa difícil de llevarle la contraria y más cuando se trataba de consentirlo. Así que terminan comprando esos zapatitos y redirigen su camino de vuelta al consultorio del doctor Newey. Ya faltaba poco para su cita y querían ser puntuales. Pronto se encontraron en la sala de espera. Mientras el alfa leía una revista, Max acariciaba suavemente su vientre. Todavía no se le notaba tanto. —Los cachorros de verdad requieren muchos cuidados —Sergio continúa leyendo su revista —¿Crees que sea niño o niña? La verdad a mí me gustaría una cachorrita. Max sonríe ante su conversación, se le notaba por su aroma que estaba nervioso. Y no era para menos, se trataba de un día especial. —Solo quiero que esté sano —Responde el rubio mientras se recuesta en el hombro del alfa. La realidad era que no solamente quería eso, sino que también fuera un alfa. Sea niño o niña, deseaba que fuera un alfa. Porque sentía que era la única forma en la que estaría a salvo de una sociedad tan poco amigable con los omegas. —Pueden pasar —Dice la recepcionista haciendo que la pareja se levantará de sus asientos. Después de entrar con el doctor, saludarlo y repasar lo que había pasado los últimos días, y también en referente a su prueba de sangre. Finalmente llegó el momento que tanto esperaban. El frío gel cae en el vientre del Omega, haciendo que su respiración se vuelva agitada. Junto a su alfa, sostiendo su mano, observan la pantalla del monitor que todavía no emite imagen alguna. —Primero debo confirmar que estás en cinta —Comienza Newey pasando el aparato por su vientre —Confirmamos. Tenemos imagen. —Es tan pequeño —Murmura el pelinegro con una sonrisa. Max no dice nada, solo se queda embelesado con la imagen de su cachorro en su vientre. —Ahora el latido —Continua el doctor y un suspiro escapa de los labios de la pareja al escuchar el potente corazón del pequeño —Permitanme. Pero algo parece estar pasando. El doctor Newey parece haber notado algo. —¿Esta todo bien, doctor? —Pregunta el alfa mientras siente como su Omega aprieta su mano, están muy nerviosos. —Esperen —Newey se toma su tiempo, uno que parece una tortura para la pareja —Si, así es. Esto último parece decirlo para si mismo y luego apunta algo que ellos no pueden ver. —¿D-doctor? —La voz de Max sale como un pequeño hilo débil. Tiene mucho miedo. —Observen la imagen —Pide el doctor haciendo que ambos regresen su atención a la pantalla —Este es el bebé 'A', y este el bebé 'B'. Sergio y Max intercambian miradas llenas de confusión. —Estan esperando gemelos —Confirma el doctor Newey haciendo que ambos se sorprendan aún más —Felicidades. Una sensación de alivio invadió a la pareja, y lo que antes eran miradas llenas de temor, se convirtieron en sonrisas llenas de alegría. Pronto terminan de realizar el ultrasonido. Newey le receta una serie de vitaminas que le ayudarán con el desarrollo de los pequeños. Necesitan la mayor atención posible, ya que un embarazo gemelar en un Omega no era algo común. —Me equivoqué —Dijo Max cuando estaban en el auto más que listos para irse a casa. —¿De qué hablas, amor? —Pregunta el alfa algo confundido —Sea lo que sea, como me dijiste hace unas horas: A mí también me ha pasado. Mac sonríe ante esto pero pronto niega con la cabeza. —No me refiero a eso —Comienza el Omega —Me me equivoqué cuando te di la noticia de mi embarazo. —¿Por qué dices eso? —Sergio estaba más que confundido. —Porque no debí de haber puesto un bollo en el horno, sino dos bizcochitos —Continuo el rubio —Tendremos dos cachorros. Incluso decirlo en voz alta todavía parecía algo irreal. El alfa termina dándole un beso a su Omega, uno lleno de felicidad y ternura. Y se marcharon a casa con la esperanza de un futuro prometedor con su ahora más grande familia. 
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