Capítulo 1
22 de diciembre de 2025, 18:53
Un grito ensordecedor llenó el pasillo del lugar. Dónde la tranquilidad de la noche se vio opacada por el pánico que hacía presa a los presentes.
Christopher se asomó tomándose del barandal de la escalera principal del colegio Worsley.
Observó la trágica escena desde arriba, viendo el cuerpo inerte de aquella joven que cayó desde el mismo barandal de donde él se sostenía.
Sus cabellos rubios se mezclaban con el líquido carmesí que amenazaba con teñir de rojo esos blancos pisos.
La caída había sido atroz, una donde la joven no fue capaz de sostener su peso y termino golpeando con su cabeza el suelo.
El rostro desencajado del joven Wells mostraba un atisbo de culpa y horror.
—¿Qué están haciendo? ¡Busquen ayuda! —Gritaba el joven Astor desde abajo, intentando mantener la calma mientras veía a la chica a su lado.
—Mierda... —Susurró un joven posicionandose al lado de Christopher —¿Qué hiciste?
Esta pregunta lo hizo girarse al instante, comprendiendo las implicaciones de la situación en la que se encontraba.
De pronto sintió que algo tocó sus dedos, bajo la mirada y se encontró con un listón rojo enredado en el barandal.
Lo tomo con cuidado y una lágrima se escapó, deslizándose por su mejilla.
Quería creer que todo era un sueño, una vil mentira. Pero solo era el inicio de su infierno personal.

•MESES ANTES•
Otoño, 1995.
El día era frío, el viento soplaba con fuerza y las gotas de lluvia comenzaban a asomarse.
El suave golpe en la puerta hizo que Elizabeth se sobresaltara un poco. Había estado muy estresada los últimos días, así que cualquier ruido la ponía en alerta.
Y la puerta se abrió sin siquiera esperar una respuesta.
—Debes darte prisa—Le dijo Christopher apenas entrando—Intenta no causar más problemas.
Elizabeth resopló molesta.
Los mellizos habían compartido todo desde niños. Ambos eran atractivos ante el ojo de cualquier persona, ambos altos, rubios y atléticos, principalmente por la disciplina que representa el ballet.
Christopher y Elizabeth eran inseparables, pero las últimas semanas no habían hecho más que discutir. Había mucha desconfianza entre ellos, y parecía que no tenía arreglo.
—Apuesto a que mamá está más que feliz por deshacerse de mí—Exclamó por lo bajo, mientras acomodaba todo en su maleta.
—De nosotros—Le recordó el joven.
La chica no pudo evitar soltar una pequeña risa.
—Claro que no, siempre has sido el favorito—Había cierto desprecio en las palabras de su hermana, cosa que Christopher no dejo pasar.
—No entiendo por qué no me dijiste nada—El cambio de tema tenso a la chica—Tus mentiras nos trajeron hasta aquí.
Elizabeth cerro la maleta de un golpe y volteo a verlo, como si lo desafiará con la mirada.
Pero poco o nada podía hacer ahora. Él no mentía, pero tampoco sentía que tenía toda la culpa.
El claxon del auto los saco de su discusión, haciendo que ambos se apresuraran para irse a su nuevo hogar por lo que restaba del año.
Y bueno, los próximos dos años.
Subieron al auto y el chófer los llevo hasta su destino. En todo el camino no hubo más que silencio, y siendo las gotas de lluvia cayendo el único sonido que les envolvía.
El colegio Worsley no quedaba demasiado lejos de una de sus propiedades familiares, aunque claramente eso no importaba si sus padres no se molestaban en siquiera preocuparse por ellos.
—Esta noche tienen una gala de beneficencia, así que deben estar en Londres —Explicó Christopher a uno de los prefectos, quien rápidamente había preguntado por el señor Wells.
Elizabeth solo observaba a sus nuevos compañeros adentrándose en el imponente lugar.
Los veía acompañados de sus padres, al menos la mayoría de ellos.
Había corrido el rumor de que Doug Wells estaría ahí para despedirse de sus hijos, y muchos de los padres de sus compañeros se morían por hablar con él.
No es que fuera alguien amable o amado, sino más bien asquerosamente rico.
Y todos querían hacer un trato con un Wells, aunque fuera el hijo del verdadero jefe.
—Los llevare a sus habitaciones, ahí podrán ponerse cómodos antes de la asamblea de inicio del curso —Explicaba una prefecta que se acercó a ellos, Lisa, se leía en su gafete de presentación.
El clima era demasiado frío para el gusto de la joven Wells, pues Elizabeth no pudo disimular su disgusto cuando una ráfaga de viento casi le arranca el listón rojo atado en su cabello.
A lo lejos vio a un joven que no le quitaba los ojos de encima. Y cuando él se dio cuenta de que ella lo estaba mirando, le sonrió.
Esto hizo que desviara la mirada, sumamente avergonzada.
—Tranquila, vamos a dentro para que el viento no haga de las suyas otra vez —La prefecta Lisa tomo de los hombros a Elizabeth para llevarla hasta la entrada del colegio —No te preocupes por tu hermano, el prefecto Benjamin lo llevará al dormitorio de varones.
Elizabeth no pudo evitar sentirse sumamente incómoda por la atención que la prefecta le ponía.
Tocándola como si fueran cercanas.
No le gustaba como la tomaba de los hombros y caminaba a su lado, quería empujarla pero sabía que no podía hacerlo.
Subieron las escaleras y llegaron a un pasillo con algunas jóvenes caminando de aquí para allá.
—Es aquí —La prefecta se detuvo en una de las habitaciones —Es tu llave, no la pierdas.
La joven Wells extendió su mano para tomar la llave y, sin decir más, entro en su habitación.
Una vez sola, observó todo en ella. Era grande, espaciosa y al mismo tiempo fría.
Como sus maletas habían sido llevadas primero, las vio acomodadas a un lado de la cama.
Elizabeth se acercó a esta y se recostó para después cerrar los ojos, con su mente divagando a los días previos a su llegada a Worsley.
Recordando última conversación que tuvo con su madre antes de que se fuera a Londres.
“Lo arruinaste todo” su voz resonaba en su mente.
La joven rápidamente abrió los ojos y se levantó de la cama, caminando hacia la ventana de su habitación.
Afuera vio a un grupo de chicas que estaban conversando. Todas al rededor de una sola, la cual parecía la líder.
Una joven con cabellos dorados y muy rizados. Mostraba una seguridad que nunca había visto.
“El único valor que tienes para esta familia, es con quién te vas a casar, ¿Entiendes?” esa frase la había escuchado tantas veces.
Pero Elizabeth miraba que otras mujeres parecían tener un poder que ella no.
Uno que ansiaba tener.
Comenzó a jugar con uno de los anillos que llevaba en sus dedos, girandolo sobre este.
“No le digas a nadie” la última advertencia de su madre volvió a perturbarla.
Cerró los ojos con fuerza, intentando olvidar aquello que tanto la agobiaba.
De pronto, un golpe en la puerta casi la hizo brincar del susto.
—Asamblea en 10 minutos —Escucho una voz femenina proveniente de los pasillos.
Elizabeth de apresuró en cambiarse de ropa, pues sus uniformes ya la esperaban en esa habitación.
Se vistió rápidamente y salió de su habitación, cerrando con llave.
Se miraba y se sentía incómoda, pero continuó su camino como si nada.
Christopher termino de vestirse con el uniforme tradicional del colegio, un traje muy elegante y distinguido.
Salió de su habitación y en el pasillo casi choco con una joven que iba pasando por ahí.
—Disculpa, no te vi —La joven pelirroja levantó la mirada y sus ojos verdes, tan hipnotizantes como bonitos, dejaron sin palabras al joven Wells.
—No, es mi culpa —Christopher la sostuvo del brazo preocupado de haberla lastimado —¿Estás bien?
—Estoy perfectamente bien —Afirmó la joven acomodando su cabello detrás de sus orejas —Ya debo irme, me castigarán si me ven aquí.
La joven desconocida se fue rápidamente, pero un testigo de todo solo soltó una pequeña risa.
Christopher se giro a verlo y vio a uno de sus compañeros. Alto, castaño y muy atractivo, el joven se acercó a él.
—Se ve que te gustó —Se burló como si fuera un amigo cercano y puso su mano en su hombro — Michael Swan.
—Christopher Wells —Ambos se dieron la mano en forma de saludo —¿Me vi muy obvio?
—Te viste muy tonto —Esto provocó una pequeña sonrisa en el joven Wells —Vamos a la asamblea.
Cuando los dos jóvenes llegaron al lugar, Christopher vio a lo lejos a Elizabeth con una cara de pocos amigos.
La joven Wells se sentía incómoda al no conocer a nadie de ahí. Y no tenía esa facilidad natural de su mellizo, el cual era muy carismático.
Y mientras su mirada divagaba para intentar matar el tiempo con la bienvenida. Sus ojos se encontraron con los de aquel joven que vio en la entrada del colegio.
Elizabeth no se podía hacer la ciega, por más que apartará la mirada. Le parecía atractivo, pero al mismo tiempo la intimidaba.
Al terminar la asamblea, los jóvenes comenzaron a tomar su propio camino. Muchos de ellos corrieron a la cafetería para comer algo.
Elizabeth, al contrario, salió al jardín para intentar despejar su mente.
—Soy una tonta... —Susurro mientras cerraba los ojos y el viento jugaba con sus cabellos.
“Recuerda que las mujeres Wells no heredan” suspiró pesadamente recordando la voz de su madre en su cabeza.
No era justo, lo sabía bien.
Pero era una regla no escrita en la familia y no había mucho que pudiera hacer en su contra.
Una lágrima se escapó recorriendo su mejilla, una que rápidamente se limpio.
Pronto sintió como algo se deslizaba y por más que quiso tomarlo, su listón había sido atrapado por el viento.
Pero una mano detuvo su escape.
—¿Es tuyo? —El joven de la entrada se acercaba a ella con el listón en una mano y una manzana en la otra.
—Sí, gracias —Respondió Elizabeth y el joven le acercó el listo.
—Lamento si te moleste al verte —La joven lo observaba con atención —Eres muy bonita y no pude evitarlo.
Esto la tenso un poco, teniendo un deja vu.
—No te preocupes por eso —Elizabeth sentía sus mejillas arder al sentirse observada por el joven.
—Soy Noah Astor —Se presentó el joven pelinegro —Te vi en la entrada con tu hermano, ¿Eres Elizabeth Wells, no?
—Sí... —Elizabeth se mostraba incómoda por tanta intromisión.
Se había prometido a si misma no meterse en más problemas, y los hombres siempre representaban uno.
—¡Hey, Astor! —La voz autoritara de una joven los hizo voltear —¿Te has perdido?
Cuando Elizabeth pudo verla, la reconoció al instante. Era esa joven, aquella que estaba rodeada de otras chicas que le prestaban suma atención.
—No me he perdido, Alix —Respondió Noah mientras se giraba a verla —Solo estaba saludando.
— Mejor aléjate de la chica, ya la intimidaste lo suficiente —Alix, como la había llamado, se acercó hacia ellos y le dio una palmada en el hombro haciendo que se marchase —¿Te estaba molestando?
Elizabeth observó su uniforme, tenía un diseño diferente al suyo. Pero era muy joven para ser una prefecta.
—No, solo atrapó mi listón —La joven mostró el objeto para después guardarlo en su bolsillo.
— ¿Wells, no? —Elizabeth asintió —Conozco a tus padres, muy ejemplares. Respetan las tradiciones, me gusta eso de tu familia.
La joven Wells solo asintió ante esto.
—Soy Allison Beaufoy, pero todos me llaman Alix —Continuó la joven —Soy lider del consejo escolar, en el ala femenina del colegio. Aunque tenemos autoridad en cada parte de esta.
—¿Autoridad? —Pregunto Elizabeth dándole toda su atención.
—Si, tenemos que ver que las reglas se cumplan —Comenzó Alix —Es primordial tener los ojos bien abiertos, debido a que estamos en un colegio mixto. Ya sabes, es muy difícil que los prefectos estén atentos a todo.
—¿Y cuáles son las reglas?
—No sexo, no alcohol, no drogas, no escapes, no fiestas —Puntualizó —Mantener el orden.
—Debe ser muy complicado —Elizabeth sentía que sus manos picaban ante la idea de poder tener el poder de controlar —¿Eres como ayuda para los prefectos?
—Es como ser uno —Continuó Alix —Como te dije, admiro que tu familia se mantenga apegada a las tradiciones. La castidad en las mujeres Wells es algo de admirar, pocas familias pueden darle esa educación a sus hijos.
Elizabeth sonreía con incomodidad.
—Y sabiendo bien que entiendes estás reglas, claramente acostumbrada a ellas —Alix tomo su mano con delicadeza —¿Te gustaría unirte a nosotras? Guarde un espacio para ti desde el momento que supe que vendrías a Worsley.
El poder a tan solo un paso.
Elizabeth trago en seco, preparándose para lo que iba a decir.
—Claro que sí —La joven Wells sonrió —Mantener el orden ¿No?
Alix asintió contenta.
Pero no había nadie más feliz que Elizabeth.
Mantener el orden o imponer uno nuevo.
Un poco de poder no hace daño ¿No?

“Todo el mundo ve lo que aparentas ser, pocos experimentan lo que realmente eres”
- Maquiavelo -