ID de la obra: 1493

EL AFECTO DEL REY~ᶜʰᵉˢᵗᵃᵖᵖᵉⁿ

Mezcla
NC-21
Finalizada
2
Fandom:
Tamaño:
224 páginas, 69.909 palabras, 31 capítulos
Descripción:
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LADY WOLFF

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TW CONTENIDO SENSIBLE. Cuando Hades vio por primera vez a Perséfone, se encaprichó completamente de ella. Entonces decidió robarla cuando ella recogía flores, arrancandola de su hogar natural para arrastrarla hasta el inframundo y convertirla en su reina. Y aunque se disputó el destino de la diosa de la primavera de acuerdo a los intereses de terceros, nadie nunca le preguntó a Perséfone que era lo que ella quería.  Una semana después. —Es  todo lo que sé, padre —El joven Liam Horner le había dado un reporte detallado a su padre sobre lo que ocurrió durante el banquete real. El conde de Essex no había podido estar presente en el inicio de las celebraciones del aniversario del reinado del rey Verstappen debido a un rápido viaje que tuvo que realizar para intentar acabar con una serie de disputas entre los barones de su condado. —¿Por qué la hija de Norfolk estuvo tan cerca del rey? Te mande a que la controlaras —Pero Horner no estaba muy contento con el trabajo de su hijo —Daniel me dijo que se mantuvo cerca, e incluso la mandó a llamar. —Intente acercarme para escuchar, pero no pude lograrlo —Confesó el rubio —Lo lamento mucho, padre. Christian aprieta los puños estando sumamente molesto. Sabe que en su ausencia perdió mucho terreno. —Incluso Max estaba ahí, tendremos suerte si Daniel logra hacer que afloje la lengua sobre lo que hablaron —El conde se inclina hacia atrás sobre su asiento —Algo trama. —Quizá quiera casar a su hija con Max —La respuesta de Liam solo provoco una risa por parte de su padre —Escuche que el rey está buscando legitimarlo. Pero Horner se muestra reacio ante esta idea. —Eso es imposible, toda la corte se levantaría en su contra —Afirma mientras su hijo asiente en respuesta —El rey tiene un heredero mientras no vuelva a contraer nupcias. Soy su primo por vía materna, es nuestro derecho y no dejare que ponga a un bastardo en el trono. Liam se mantuvo en silencio ante la respuesta de su padre, porque si bien era cierto que estaban emparentados, solo eran primos terceros cuyo reclamo era más débil que el de los mismos Verstappen. Y era esa debilidad lo que hacía tambalear el futuro de la corona. —Además, Norfolk piensa casar a su hija con el rey, lo ha estado intentando los últimos meses —El conde continuó hablando, quizá en un afán de convencerse a sí mismo de que lo dicho por su hijo era mentira —No pondría tanto esfuerzo para casar a su hija con un bastardo. Horner sabía bien que algo se le escapaba de las manos, pero no estaba seguro de lo que podía ser. Y si lo hubiera descubierto con tiempo, quizá las cosas habrían dado un giro diferente.  La tranquilidad que habitaba en el castillo de Arundel, una propiedad perteneciente al duque de Norfolk en sussex occidental, eran tan plácida que Sergio apenas se había despertado de su pesado sueño. Los Wolff estuvieron al menos cuatro días de celebración en la corte, pero Torger decidió mandar lejos a su sobrino en una de sus residencias para alejarlo de la mirada del rey. Algunos pensarían que era una tontería de su parte. Una acción imprudente considerando lo mucho que le había costado despertar el interés en su majestad. Pero él era tan listo como un zorro, y sabía que esto haría que el deseo del monarca fuera más intensa al sentir que el joven se le escapaba de las manos. Porque para un hombre que lo tiene todo, el que se le prohiba algo lo hará caer en la desesperación. Y aunque fue un movimiento arriesgado, resultó muy efectivo cuando uno de sus informantes le alertó sobre una acción que solo confirmaría el inicio de su triunfo. Así que marchó rumbo a sussex, donde se encontró con su familia, pero no les dijo nada al respecto de su presencia sin el permiso del rey, ya que abandonó la corte sin siquiera darle aviso. Es así como horas después se encontraba observando desde un ventanal a la espera de su destino, o más bien del de su sobrino. —Estamos cerca de la casa de la abuela —Comenzó el pecoso mientras partía un pedazo de pan —Me gustaría ir a casa. —Esta tambien es tu casa —Respondió Susie acariciando sus oscuros cabellos —Me alegra poder verte bien, estos días he estado enferma pero tu compañía me resulta reconfortante. No había duda de que la duquesa sentía un enorme afecto por su sobrino, lo que la hacía lamentar no poder criarlo junto a su hija. —Quédate con nosotros, por favor —Pidió Doriane tomándolo del brazo —No te vayas, te extrañare demasiado. Torger sonrió al ver esto, sabía bien que aquel joven no volvería a casa. Y el fuerte estruendo del galope de diversos caballos cerca de la propiedad fue el anuncio de que su informante no se había equivocado. —¿Qué es todo eso? —Susie se intenta levantar de su asiento, pero su esposo le hace una señal para que no lo haga —¿Qué está pasando? Norfolk se levantó de su asiento y se asomó por uno de los ventanales que adornaba el lugar, solo para observar, con una sonrisa, como había logrado su cometido. —Son hombres del rey —Afirma con una gran sonrisa en sus labios. —¿El rey viene con ellos? —Doriane rápidamente asume que está relacionado con ella y no duda en intentar arreglar su cabello. —No es el rey —Responde Torger después de notar la presencia de cierta persona que parecía estar al mando de la visita. Antes de apresurarse a tomar decisiones importantes, el arzobispo sabía que tenían que verificar que lo dicho por Norfolk era cierto. De ser así, ya tenía tramado un plan para complacer los deseos de su rey. Pero en el fondo realmente quería que se tratara de una vil mentira hecha en la desesperación por acceder al trono. Pero no lo creía tan tonto, y eso lo ponía nervioso. Sin previo aviso, los hombres entraron al castillo, encaminándose hacia donde la familia se encontraba almorzando. La duquesa tomó del brazo a su hija, a quien la hizo ponerse detrás de ella, y también sostuvo con fuerza la mano de su sobrino. —Torger, ¿Qué está pasando? —Pregunta Susie más que confundida, asustada. Sabe bien que algo más está ocurriendo y que su esposo, quien se muestra sereno, tiene conocimiento de esto. —Padre... —Doriane lo llama intentando captar su atención. Al principio llegó a pensar que se trataba del cortejo del rey, pero ahora era presa del pánico y del miedo que le provocaba estar en una situación tan incierta. —Calma —Es lo único que les dice antes de que los hombres lleguen hasta ellos. Ahí es cuando se topa de frente con uno de sus mayores enemigos, uno que mantiene una relación cordial por beneficio de amos; pero Torger amaría estar en su lugar. Ese siempre ha sido su plan desde el principio. —Norfolk —El hombre mayor se acerca a este con cierta cautela —Vengo aquí en nombre de su majestad, el rey. —Arzobispo —El duque lo saluda y luego ve como Marko da una señal hacia los hombres para que actúen según sus órdenes. Estos se acercan hacia donde están los Wolff, llenandolos de temor. La duquesa no está dispuesta a que le quiten a su hija, si es que eso es lo que buscan. Incluso Sergio se pone en medio para evitar que se acerquen a ellas. El pobre no sabe que él es el verdadero objetivo. —Tu palabra es una cosa, la verdad es otra —Comenzó el arzobispo —Revisen al joven, desvístanle si es necesario. El pecoso se sorprende al escuchar esto y no duda en resistirse  cuando los hombres lo toman de los brazos. Se mueve bruscamente intentando liberarse de su agarre. —¡Sueltenme! ¡No me toquen! —No tardó mucho en entrar en pánico debido a las acciones y palabras del arzobispo —¡Quitenme sus manos de encima! —¡Déjenlo en paz! —La duquesa intervino a la par que su hija corría a los brazos de su padre. —Papá, diles que lo suelten, por favor —Rogó Doriane sumamente espantada por la escena que estaba presenciando —Pídeles que no lo lastimen. Sin embargo, Torger ignoró las peticiones de su familia y se dejó cegar por la ambición. —Sergio, haz lo que te piden —Le ordenó, algo que dejó al joven sin palabras. A pesar de las órdenes de su tío, Sergio siguió resistiéndose pero finalmente lo arrastraron a una habitación. Cuando sintió Cómo intentaban desvestirlo, dio fuertes manotazos para alejarlos de él. —¡No me toquen! ¡Quítenme sus sucias manos de encima! —Gritaba en su desesperación —¡No dejaré que me desvistan! ¡Suéltenme! —¡Silencio, son órdenes del Rey! —Gritó uno de los hombres para después darle una bofetada que lo tiró al suelo. Eran demasiados contra uno, así que al final lo terminaron despojando de parte de sus ropajes. El pelinegro intenta cubrirse con sus manos pero pronto es obligado a ponerse en cuatro frente a una silla mientras una mujer se acerca a él y hace que lo sostengan de las piernas. No puede evitar llorar ante la humillación e intromisión en sus partes, queriendo cerrar las piernas ante una sensación extraña e incómoda que solo lo lastima. Gime de dolor a la par que intenta safarse pero con cada movimiento la sensación invasiva se vuelve más molesta, dolorosa y agónica. Es incapaz de comprender porque esa mujer a introducido dos dedos en su vagina, lastimandolo en todo momento. Nunca pensó que su mas grande secreto se vería expuesto de una manera tan horripilante como traumática. Y en ese momento el arzobispo entra a la habitación y observa todo con una expresión molesta en el rostro. —Ese idiota... —Susurra al confirmar que Norfolk no mentía —No te muevas, deja de hacerlo tan difícil. Sergio solloza del dolor, y siente un fuerte dolor de cabeza que lo ahoga y hace que sus ojos se pongan rojos. Con sus lágrimas deslizándose por sus mejillas y las piernas temblando por el miedo y el dolor. Nunca se había sentido tan humillado, expuesto, y usado. —Está intacta —Afirma la mujer mientras saca sus dedos —Ya puede vestirla. El pecoso traga en seco al escuchar la forma en cómo se refería a él, y observa a la mujer limpiándose las manos con un trapo para después marcharse. Los hombres lo sueltan, dejándolo tirado en el suelo mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas. —¿Por qué lloras? —Pregunta el arzobispo con cierta molestia —Es tu día de suerte, finalmente tu familia tendrá lo que tanto quería. Marko sale de la habitación mientras el joven sigue sollozando. Los hombres también salen pero cierran la puerta para evitar su huida y el joven no duda en dar diversos golpes para intentar tirarla. Ya no soporta estar ahí. No sabe que solo es el inicio de todo lo que está por venir. —¿Y bien? —Pregunta Torger apenas los ve salir. —Su majestad dio órdenes claras de comprobarse como verdadero lo dicho aquella noche, así que ahora deberás escucharme sin objeción alguna —El arzobispo afirma intentando mantener el control en su dinámica. Sabe que debe ponerle un alto a Norfolk para evitar que abuse de su nueva posición o, en otras palabras, termine tomando su lugar. Los hombres se alejan ante la atenta mirada de ambas mujeres que todavía se sienten confundidas y atemorizadas por el actuar del arzobispo, principalmente porque eran órdenes directas del rey. Murmuran aquello que se debe hacer, las instrucciones que deben seguir y como actuaran ante cualquier inconveniente. Todo con la finalidad de complacer a su majestad. Y mientras ellos definen el destino del joven, este último continúa llorando en aquella habitación donde sufrió una de las más grandes humillaciones en su vida. —Por favor... Déjenme ir... —Solloza mientras se recarga en la puerta. Está tirado en el suelo, con las rodillas pegadas a su pecho a la par que sus manos sostienen sus piernas con fuerza. Como si quisiera proteger aquello que ya fue maltratado. No comprende cómo su tío dejo que algo así le pasara. ¿Por qué no intervino? ¿Por qué se quedó callado? Y es entonces que la puerta se abre, haciendo que el pecoso se levante del suelo y corra hacia una de las esquinas de la habitación intentando refugiarse lejos de aquellos hombres que tanto daño le hicieron. Pero en su lugar solo aparece Torger, quien suspira pesadamente antes de avanzar hacia él. —Sergio, ven —Le dice extendiendo su mano y su voz es más suave de lo normal —Necesitamos hablar de lo que pasó. —Quiero irme a casa, tío —Responde el joven casi en una súplica —Por favor, déjame volver con la abuela. El pecoso confía en su familia, incluso después de lo que paso, y toma la mano del hombre, quien lo guia para sentarse a su lado en uno de los muebles de la habitación. —Primero tienes que tranquilizarte —Acaricia su mano con delicadeza y después le acerca una copa llena de un líquido desconocido —Bebe un poco, te ayudará. Cegado por el lazo familiar que los une, toma de aquella bebida que contenía una mezcla de opio, mandrágora y beleño. Entonces su mundo se tambalea. Una sensación de pesadez invade su cuerpo, como si no hubiera dormido en días, y sus ojos difícilmente se mantienen abiertos. Buscando de donde sostenerse, se agarra del brazo de Norfolk. —Tío... —Lo llamó pidiendo su ayuda, pero todo desaparece en un instante. Torger lo toma en sus brazos para comprobar que esté dormido, y una vez que esto es confirmado, le da luz verde al arzobispo para que sus hombres se lleven al joven. Y aunque la duquesa y su hija protestaron, Norfolk les aseguro que ellos tambien irian con Sergio, pero que debían escuchar sus ordenes en todo momento. Para cuando el joven recuperó la consciencia, lo primero que vio fue el techo de una habitación que no era la suya. Quiso pensar que había tenido una horrible pesadilla pero un dolor se hizo presente apenas iba recuperando sus sentidos. Rápidamente llevo sus manos hacia sus orejas y sintió un objeto extraño colgando de ellas. Con cuidado se levanto de la cama y vio su reflejo en un espejo, notando como habían perforado sus orejas cuando estaba inconsciente y de estos ahora colgaban unos pendientes de perlas. Ardia y dolia demasiado que ni siquiera podía tocarlo otra vez sin sollozar. En ese momento la puerta se abrió y esta vez era su prima, Lady Doriane. Pero no venía sola. —¿Qué me pasó? —Es lo primero que pregunta el pecoso antes de que su tío cierre la puerta. —Doriane te ayudará a vestirte apropiadamente, será una de tus damas —Norfolk va directo al grano mientras que la rubia muestra lo que ha traído con ella, un vestido sumamente hermoso que se moriría por usar. Pero Sergio está confundido y la actitud de su prima lo alerta desde que nota la manera en que lo mira. Era como si lo odiara. Ni siquiera le dirige la palabra, solo lo mira con cierto desdén y molestia. —A partir de hoy dejas de ser Sergio para llamarte Sophie, harás todo lo que te diga y no te equivocaras —Le dice como si eso fuera una orden que debe cumplir —El futuro de nuestra familia depende de ti, recuerda que un error tuyo significa la desgracia  para todos nosotros. Si nos amas, lo harás bien. Esta noticia le cayó como un balde de agua fría al joven. Estaba tan perturbado que ni siquiera pudo reaccionar mientras su prima terminaba de vestirlo, para al final colocar un tocado francés que cubría toda su cabellera excepto la parte de enfrente. Cualquiera que lo viera pensaría que era otra dama más de la corte. —Mi lady —Es lo único que le dice Doriane antes de hacerse a un lado para que pueda caminar del brazo de su tío. —Eres Lady Wolff, hija de mi hermano Jerome y una aristócrata extranjera que murió en el parto, tienes un hermano gemelo llamado Sergio que vive en el campo —Norfolk le explica el rol que deberá interpretar de ahora en adelante —Es todo lo que tienes que decir, no te equivoques. No nos defraudes. Entonces se detienen frente a una gran puerta custodiada por guardias del rey. —Tío, por favor, déjame volver con mi abuela —Ruega una vez más, pero es en vano. —Y modera tu voz, endulzala, no te delates. Recuerda que nuestro destino está en tus manos —Le susurra antes de que la puerta se abra, dejando solo al joven para afrontar el problema. Sergio quería salir corriendo, quitarse aquel incomodó vestido que le apretaba el pecho, junto aquellas joyas que adornaban su cuello como si quisieran asfixiarlo y podía sentir el líquido carmesí que se deslizaba de su oreja hasta su hombro. No estaba listo para lo que iba a ocurrir, lo sabía bien, pero nadie mas podria ayudarlo. Se volvio una pieza más en ese juego de ajedrez mortal. 
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