ID de la obra: 1493

EL AFECTO DEL REY~ᶜʰᵉˢᵗᵃᵖᵖᵉⁿ

Mezcla
NC-21
Finalizada
2
Fandom:
Tamaño:
224 páginas, 69.909 palabras, 31 capítulos
Descripción:
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EL LOBO Y EL CORDERO

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Sin elección alguna, Perséfone, con el consentimiento de su padre Zeus, fue obligada a vivir en el frío inframundo, lejos del cálido sol y sus amadas flores. Ya no jugaría más en el campo. No pasaría el tiempo con sus amigos o su amada madre. Todo su mundo desapareció en un instante. Y nadie hizo nada.  Sergio temblaba ligeramente mientras aquellas puertas se abrían. Tenia miedo de dar un simple paso, pues sentía que eso seria como aceptar un destino que no deseaba. Estaba atemorizado ante la situación en la que su tío lo metio y no sabía cómo librarse de eso. —Adelante. Reconoció su voz al instante, sabía que era el rey. Una idea fugaz paso por su mente, quizá demasiado arriesgada. Primero tendría que tantear terreno, luego encontraría la oportunidad. Camino lentamente hacia donde se encontraba Jos, y en ningún momento levantó la vista por lo asustado que estaba. Se detuvo frente a él, podía ver sus pies delante suyo y su respiración pesada alertandolo de su cercanía. —Mírame —Pronto el rey colocó una mano en su barbilla y lo obligó a levantar la mirada. Su rostro, sus ojos, esas pecas. Todo de él le parecía perfecto, y su parecido con Sophie era algo que nunca podría dejar pasar. El duque de Norfolk sería bien recompensado por su astucia y servicio a su majestad. —M-mi señor... —Murmuro el pecoso con la voz temblorosa. No podía esperar más, sentía que entre más atrasara el asunto más difícil sería todo. —Dime Jos —El rey responde con una voz suave, y le dedica una sonrisa amable —Habla, dime lo que quieras. En ese momento Sergio pensó que quizá podría entender su situación y le ayudaría a sacarlo de ese embrollo. Vaya, que equivocado estaba. —Jos... —Dijo el joven haciendo sonreír al mayor —Yo no debería estar aquí. Ayúdeme. El rey lo mira con cierta confusión y retira su mano de su rostro. —¿De qué hablas, Sophie? —Suelta con una naturalidad que pone tenso al pelinegro. Duda mucho si seguir adelante con todo eso, o debería callarse para evitar cualquier problema. Sin embargo, ya sea por valentía o desesperación, decide continuar. —Mi nombre no es Sophie, soy Sergio Wolff —Su respuesta no pareció ser del agrado del rey —Por favor, ayúdeme a volver a casa con mi abuela. Le prometo que tendrá la seguridad de mi silencio y cargaré con la vergüenza de mi familia. En ese momento el pecoso se arrodilló frente a él y un aroma pestilente atacó su nariz al punto de casi provocarle arcadas. No tardo en deducir que este aroma provenía del mismo rey. Pero esa pequeña distracción lo llevo a no percatarse de la reacción del monarca a sus palabras. No está que sintió su mano en su cuello y lo obligó a levantarse del suelo. Lo sostenía con fuerza, presionado con sus dedos al punto de sacarle el aire y comenzará a defenderse con sus débiles manos. El rey era bastante fuerte, así que lo pega a su cuerpo para mirarlo frente a frente. En sus ojos nota la desesperación del joven, y como sus mejillas se ponían coloradas por la falta de oxígeno. Sus débiles manotazos que no hacían diferencia alguna al momento de atacarlo. Y ese día Sergio supo porque al rey lo llamaban “Tirano”. —Eres Sophie —Dijo Jos mientras lo movía con brusquedad sin dejar de presionar sobre su cuello —Tu nombre es Sophie, ¡Sophie! ¡Repitelo! El pelinegro estaba aterrorizado. Jamás había visto a un hombre furioso que actuará con tanta violencia hacia alguien que no le había hecho algo malo. En la posada de su abuela había presenciado diversas situaciones, como peleas de hombres enojados que no pasaban de una que otra amenaza. Pero jamás algo así. Y lo peor, era mismísimo rey quién hacia eso. Nadie podría detenerlo incluso si lo vieran. Y quizá los guardias de la puerta estaban escuchando tal escándalo, pero no interferirian en eso. Sabiéndose solo en ese peligroso mundo, no tuvo más opción que ceder ante el deseo de un hombre que más que un rey, parecía un desquiciado. —Soph... —No podía pronunciar palabra debido a la presión de su cuello —S-s... Y justo cuando sintió que el aire se le acababa, Jos lo soltó. —Dilo —Le dijo el mayor con una voz tan firme que lo intimidó en un instante —¡Tu rey te lo ordena! Con los ojos llorosos y las mejillas ardiendo, Sergio traga en seco y siente un dolor en su garganta, pero no tiene tiempo para quejarse. Tiene que obedecer a su rey. —S-sophie... —Murmura con dificultad —Mi nombre... Es... Sophie. Jos sonríe al escuchar esto y no tarda en quitarse un anillo de sus dedos. Lo toma bruscamente de la muñeca y, sin preguntar, coloca el anillo en el dedo anular. —Sophie, mi Sophie... —Susurra el rey con una sonrisa en sus labios y toma de nuevo su barbilla —¿Cuando aprenderás a comportarte? La mirada de Sergio era deprimente. El temblor en uno de sus ojos, el estado de alerta al sentirse en peligro y sus manos en su pecho, como su quisiera mantener una distancia entre ambos. No sabe cómo actuar ante alguien tan volátil. —Majestad —Responde con temor —No fue mi intención molestarlo. Puede notar como sus palabras lo calman un poco y se guía de esto para intentar evitar otra reacción violenta. —No pasará otra vez —Dice el rey con firmeza. No era una pregunta, sino una advertencia. El pecoso asiente y baja la mirada, esto es aprovechado por el hombre, quién le da un beso en la frente. Sergio tiembla con el simple contacto y cierra los ojos con miedo, esperando a que termine y se aleje de él. —Pero en lo que aprendes a comportarte, te quedarás en tus habitaciones hasta que yo te lo ordene —El rey pronto se alejo —Entonces me servirás. Jos camina con paso firme hacia la puerta y el pecoso niega con la cabeza repetidas veces. Él no desea eso. Pero unos hombres del rey llegan y lo toman de los brazos para llevarlo hacia una habitación más grande que la primera en la que despertó. Cerrando la puerta con llave, Sergio ahora solo podría observar los árboles desde la ventana de la torre donde lo tenían resguardado.  Su cautiverio fue toda una tortura para alguien acostumbrado a pasar sus días en el campo, rodeado de flores y arboles. Alguien que amaba el brillo del sol, y la lluvia deslizándose por su cuerpo. Un espíritu libre atrapado en una habitación donde apenas entraba la luz. Y su martirio paso de días a semanas, y pronto meses donde no veía a nadie más que a una joven que siempre le llevaba comida y le leía la biblia. De vez en cuando el arzobispo lo visitaba y le daba consejos de como comportarse. También recibió una carta de su tío, pero lejos de preguntarle si se encontraba bien o cómo se sentía, Norfolk se enfocó más en exigirle que cediera al rol que se le había impuesto. Siempre le recalcaba lo duro que todos estaban trabajando para poder conseguir cumplir con los deseos de su majestad. Y no es como si Sergio tuviera algo en su contra, es solo que él simplemente no quería esa vida. Ahogado en su soledad, más de una vez pensó en romper aquel espejo para usar sus piezas rotas y liberarse de aquel infierno. Pero solo pensaba en su abuela y en qué explicación le darían a ella. Su cabello que antes le llegaba a los hombros, ahora le había crecido lo suficiente para lucir más femenino. El que fuera completamente lampiño y tener un aspecto delicado lo hacían lucir como toda una dama. Los vestidos le resultaban pesados al inicio, pero pronto se acostumbro a ellos. Y eso era lo que más le preocupaba: acostumbrase a eso. No quería perderse en el camino, ya le habían arrebatado muchas cosas. —Esta noche te unirás a las celebraciones del cumpleaños del duque de Richmond —Le dijo la joven pelirroja que siempre le traía la cena —Recuerda que ahora eres Lady Sophie Wolff. Su majestad se sentirá feliz si te comportas de la manera esperada. El pecoso asintió sin muchos ánimos. Pronto comenzó a prepararse para esa noche, tomando un baño caliente con algunas especias para relajar el cuerpo. Jos le había obsequiado un vestido hermoso de color azul, y le quedaba perfecto. Lady Alice Hedworth fungiria como su dama de compañía esa noche. Siendo la que guiaba todos los pasos de la nueva dama. Cuando llegó al banquete organizado por el rey para el cumpleaños de su hijo ilegítimo, todas las miradas se posaron sobre él. La corte comenzó a murmurar quien era aquella joven dama que parecía tan distinguida. Mientras que los lobos más viejos reconocieron su parecido con la fallecida favorita del rey. —Mi amada sobrina —Norfolk no tardo en darle la bienvenida y tomo su mano para darle un beso en el dorso de esta —Bienvenida. —Tío —Responde el pecoso intentando no mostrarse enfadado con él. No podía evitarlo, en el fondo se sentía muy resentido por su actuar desconsiderado. Pero no tenía tiempo para pelear con la única familia que le quedaba. Por su parte, su prima Lady Doriane se mantuvo detrás del duque y no le dirigió la palabra, incluso parecía querer evitar verle. El pelinegro fue llevado hasta la mesa del rey, donde tenían un asiento especialmente para él, justo a su lado. —Majestad —Lo saluda haciendo una reverencia, lo cual provoca una sonrisa en el rey. —Lady Wolff —Dice el mayor y pronto se voltea hacia su hijo —Ella es la joven de la que te hable. Max FitzRoy había escuchado sobre una joven de cabellos oscuros y ojos penetrantes. Una belleza sin igual. Pero cuando vio de frente a la referida “Lady Wolff”, no tardo en reconocer su rostro. La duda estaba sembrada. —Un placer —El pelinegro también reverencia al joven rubio, lo cual hace reír al rey. —¿No es un encanto? —Jos toma asiento, haciendo que los demás también lo hagan. Pero Max no puede quitarle la vista de encima a aquella joven que le resultaba tan familiar como para ignorarlo. El rubio nunca conoció a su madre, ya que ella murió después de darlo a luz, así que la conversación alrededor del parecido de Lady Wolff con esta le resultaban extraños. Y era aún más raro la forma en cómo está se reía de todo lo que decía el rey. Le seguía el juego para complacerlo, pero en el fondo lucía triste. FitzRoy no tardo en considerar la idea de que su padre había perdido por completo la razón. —Deberían bailar —Propuso el rubio a su padre. —No, hijo, la pierna todavía me duele demasiado —Afirmo el rey antes darle un gran sorbo a su copa de vino —Bailen los dos, diviertanme. Sergio lo miro con atención, no creía que fuera una buena idea. —Como ordene, majestad —Dijo Max levantándose de su asiento en intentando ocultar una sonrisa cuando su plan salió a la perfección —Madame. Pronto extendió su mano hacia Sergio, quién dudo un poco en tomarla pero al final lo hizo. Ambos caminaron hacia el centro del salón y se posicionaron el uno frente al otro, listos para cuando comenzaran a tocar una canción. Los pasos eran de sumo conocimiento para toda la corte, pero Sergio llegó a confundirse un poco respecto a su posición. —No deberías estar nerviosa —Murmuro Max en medio del baile y cuidando que nadie estuviera escuchando —Claro, mientras recuerdes que yo soy el hombre que guía el baile. Esto lo puso tenso. —¿Por qué me confundiría? Eso no tiene mucho sentido —El pelinegro sonrió con nerviosismo y luego volteó a ver al rey. Jos se miraba tranquilo observando el baile. —Porque es la segunda vez que nos vemos, joven Wolff —Soltó el rubio dejándolo sin palabras —Tus mejillas se siguen sonrojando como la primera vez. Sergio por un momento detiene su baile, pero rápidamente continúa intentando ignorar lo que dijo. —Es la primera vez que lo veo, se lo aseguro —Afirmó sin siquiera mirarlo —Tal vez me confunde. —No, yo no podría olvidar esas lindas pecas —Dice Max para cuando termino el baile y sonrió alejándose de él. El pecoso sintió sus mejillas arder ante esto. Y pronto volteo a ver hacia el rey, quién le sonrió al pensar en que su elección había sido la correcta. Ninguno de los tres sabían sobre el enredó en el que se meterían.  Nota: perdón la tardanza :( quedó algo corto pero es mejor que nada jaja
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