FUEGO Y SANGRE [FINAL]
22 de diciembre de 2025, 18:53
Pasaron dos semanas desde la muerte de Jos y todos celebraron en un banquete en honor al nuevo rey.
La princesa Victoria había regresado a la corte y ahora estaba bajo el cuidado de sus padres.
Estos sentaron juntos durante el banquete, compartiendo sonrisas y miradas poco discretas.
Era bastante claro que algo sí pasaba entre ellos.
Ya no tenían la necesidad de esconderlo.
Aunque esto no significaba que no levantarían más de una ceja, reavivando el escándalo que ocurrió hace unos meses.
Esa noche, cuando todos se fueron a dormir, Max irrumpió en la habitación de la reina.
—Loco, ¿Qué haces aquí? —Pregunta el pecoso con una sonrisa y sus damas se marchan después de que él les hace una señal para que lo hagan.
—Quería hablar contigo sobre algo serio —Comenzó el rubio tensando a su pareja —Tengo varios informantes a lo largo del reino y me hicieron llegar la noticia de que Norfolk está reuniendo un ejército.
—Lo que se esperaba —Dijo el pecoso nada sorprendido ante la noticia.
—Y al parecer los hombres de Horner también se están uniendo a la causa por Noah —Señalo algo frustrado —Me temo que solo será cuestión de días antes de que se desate la guerra.
Sergio traga en seco al escuchar esto, claro que no le gustaba la idea de una guerra y menos con tanto en juego.
—Sabía que ellos serían un problema, pero no pensé que mi tío insistiría tanto en colocar a ese niño en el trono —Comenzó el pecoso —Debemos evitar que avancen demasiado, apagar la rebelión antes de que inicie
—Es lo mismo que había pensado —Dijo Max tomando su mano —Si lo ordenas lideraré a tu ejército en contra de tus enemigos y te traeré la cabeza de tu tío como un regalo.
El pelinegro ríe ante esto.
Hace unos años jamás hubiera pensado que eso sería un regalo para él.
Pero tantas cosas cambiaron en su vida, varias traiciones que lo brillaron hacer como era y a luchar de todas las maneras posibles para mantener a salvo a su familia.
Nada le encantaría más que saber a su tío muerto.
—¿Y qué querrás de recompensa a cambio de eso? —Pregunta con una sonrisa coqueta.
Entonces el rubio suspira.
—Que respondas una pregunta importante —Dice acercándose peligrosamente a él.
—¿Qué podría ser esa pregunta que vale tanto el riesgo? —Sergio se apoya en sus hombros y no le quita la mirada de encima.
—¿Quieres casarte conmigo? —Murmura el duque tan cerca de su rostro que sus labios se rozan y respiraciones se entremezclan.
El pecoso sonríe ante esto y sus ojos se encuentran antes de que pueda decir palabra.
—S-si... —Susurra.
—Todavía no me respondas, no me he ganado esa respuesta —El rubio rápidamente lo interrumpe —Primero acabaré con tu tío y aseguraré el trono para nuestro hijo. Después me darás tu respuesta.
Max termina de cerrar el espacio entre ambos, probando la dulce miel de sus labios y lo toma de la cintura para atraerlo hacia él.
—Ya sé dónde se encuentra —Murmura el duque entre besos —Partire está noche, pero déjame tomarte una vez más.
Sergio se separa de él y con sus manos desliza esa delgada bata blanca que cubría su cuerpo, mostrándose complemente desnudo frente a él.
Se sienta sobra la cama y pronto se recuesta en esta mientras abre la piernas.
Max sonríe y comienza a quitarse todas sus prendas, tomando su hombría con su mano y presionandola contra la delicada piel de su amado.
El pecoso gimotea al sentir esto, y un pesado suspiro escapa de sus labios cuando lo siente entrar.
No pasa mucho tiempo hasta que el duque lo toma de sus piernas y comienza atraerlo hacia él, disfrutando de ese encuentro tan íntimo.
Tan libres.
Tan suyos.
Compartiendo una noche apasionada antes de irse a la guerra por él y su familia.
Dispuesto a bailar con la muerte para poder asegurar su felicidad.

Por otro lado, los Wolff seguían en medio del reclutamiento de los hombres que los ayudarían a combatir la regencia.
No habían podido llegar a Francia debido a que una serie de cuervos fueron mandados por la reina para evitar el movimiento entre fronteras.
Los mensajes fueron recibidos rápidamente y a nadie se le había permitido salir de Inglaterra.
Todo para evitar que consiguiera aliados más poderosos.
Era muy astuto y sabía lo que su tío haría.
Pues entre familia se conocían muy bien.
Sin embargo, la ejecución de Christian Horner y toda su familia no había sido bien recibida por los hombres de este.
Pronto consiguió amasar un ejército bastante decente, pero sabía que tenía que ser bastante estratégico para ganarle a la reina.
Lady Susie Wolff observaba como su esposo enloquecía planeando su guerra. Creyendo que luchaba por un bien mayor.
Pero ella sabía que lo hacía de manera egoísta.
La mujer no se había sentido bien los últimos días, no sabía si era el constante movimiento o el mal clima lo que la tenía así.
Pero decidió mantenerse alejada de su nieto para evitar ponerlo en riesgo ante cualquier cosa que ella pudiera tener.
No sabía que la verdadera locura se escondía en la habitación de su hija.
Lady Doriane se había vuelto muy paranoica respecto a su hijo.
No dejaba que nadie lo tocara ni permitía que se acercaran demasiado.
Sus padres decidieron no presionarla porque sabían que estaba muy estresada por todo lo que estaba pasando.
Nadie más sabía que el pequeño Noah tampoco se encontraba muy bien de salud.
Lady Doriane se pasaba la noche en vela a su lado, y a veces la podían encontrar llorando sin motivo alguno.
Ya no quedaba nada de aquella jovencita de ojos alegres y sonrisa cautivadora.
Se la pasaba la mayor parte del tiempo rezando, como si quisiera evitar que algo malo sucediera en cualquier momento.
Como si en la fe pudiera encontrar las respuestas a todos sus miedos.
Se estaba ahogando.
Lo hacía en la incertidumbre y la locura.
Sentía que alguien quería quitarle a su hijo. Te estaba rodeada de traidores.
Que la voluntad de Dios será que su hijo reinara, pero que el diablo quería evitarlo.
Si no era así, ¿Cómo es que estaba rodeada de desgracias?
Había perdido el afecto del Rey con la muerte de este.
Tuvo que abandonar la vida que conocía para escapar como una criminal.
Y ahora parecía que también querían quitarle a su hijo.
Con eso ya no tendría nada.
Sus padres estaban muy ocupados discutiendo, planeando y dirigiendo una guerra.
Estaba gritando pero parecía que nadie pudiera escucharla.
Y la noticia de la ejecución de los Horner no ayudó.
Liam, su amante, había sido ejecutado sin haber sido emitido algún juicio en su contra.
Era el padre de su hijo y se sentía más sola que nunca.
Creía haber perdido la protección de todos.
O quizá la enfermedad de su hijo la llevó a sentirse cada vez más agobiada.
Viendo cosas que no habían, pensando cosas que no debería.
Y es que la guerra no era un juego de niños.
No era un conflicto que se terminaba de la noche a la mañana
Y un trono no se obtenía alegando quien lo merecía más que el otro
La peor parte de la guerra es lo idealizada que estaba. Porque bajó ese cuento muchos morían en su mentira.
Luchar por una causa que no es tuya.
Por una victoria que nunca vas a saborear.
Y dónde se muere por nada.
Esa noche Doriane se había encerrado junto a su hijo en una habitación privada para ellos.
Rezaba junto a él bajo la luz de las velas.
Quería creer que todavía tenían una oportunidad.
No recordó el momento en el que se quedó dormida.
Pero sí la sensación del aire cuando despertó.
La cantidad de luz que había en la habitación cuando lo hizo.
E incluso el chillido de los árboles moviéndose por el viento.
Podía recordar cada parte de ese momento.
Porque fue entonces cuando vio a su hijo totalmente quieto a su lado.
Las manchas rojas en su piel habían cubierto casi todo su cuerpo. Eran como pequeñas gotas amoratadas.
Unas que habían hecho que el niño llorara todo el tiempo.
Y Doriane sabía bien que era, pero no pudo salvarlo en la situación en la que se encontraban.
Sentía que no podía pedir ayuda porque si no todo terminaba.
Y al final terminó, pero no de la manera que esperaba.
Cubre su boca con su mano intentando ahogar un grito al darse cuenta que su hijo está sin vida en aquella cama.
Lleva sus manos al rostro e intenta pensar, calmarse, analizar.
¿Cómo podría solucionar algo así?
Ya no había nada que pudiera hacer.
Se pasea las manos por la cara, intenta tranquilizarse.
Pero pronto comienza a sollozar en silencio.
Sola, sin nadie que la cuide.
Nadie que la compadezca.
Sin un hombro donde llorar.
Y aún así, no dijo nada.

A la mañana siguiente Max se preparaba para partir junto a sus hombres.
Sergio se acerca a él y le entrega su pañuelo, su favor.
—Vuelve con bien —Susurra —Vuelve a mí.
—Volvere por mi respuesta —Le responde en el mismo tono haciéndolo sonreír.
El rubio besa su mano, causando conmoción ante la corte.
Sube su caballo y se marcha de ahí con la promesa de regresar con la cabeza de su enemigo.
El asentamiento de los Wolffs se había encontraba en Leicestershire, así que guío a su tropa hacia ahí.
El camino era tumultuoso.
Sabía que la llevaría bastantes días poder llegar hasta ahí, con diversas paradas en el camino para poder descansar.
Pero era hora de atacar, porque si permitían que siguiera reuniendo hombres, entonces les ganaría en número.
Y así fue como siguieron su camino en busca de la gloria.
Queriendo proteger los intereses de Inglaterra.
Sin estar dispuestos a permitir que un traidor ponga a un niño bastardo en el trono.
Y así pasaron los días, hasta que finalmente acamparon muy cerca de Ambion Hill, en Leicestershire.
Junto a sus hombres comenzaron a prepararse para atacar, y es que había divisado a los hombres de Torger muy cerca de ahí.
Sabían que se juntaban un poco en desventaja debido al desnivel del terreno.
Ellos se encontraban en la zona baja, mientras que los hombres de Norfolk acampaban en la zona alta de la montaña.
Esa ventaja de altura era significativa, pero no un impedimento.
Y mientras Max planeaba su estrategia, muy cerca de ahí una mujer enloquecía con cada día que pasaba.

Lady Doriane se había encerrado en su habitación los últimos días.
Comía muy poco y no dejaba que nadie viera a su hijo.
Su madre no podía hacer nada.
Lady Susie Wolff encontraba muy enferma y en cama.
Todos murmuraban de una terrible enfermedad que la estaba atacando.
Y nadie quería entrar a verla porque temían contagiarse.
Torger Wolff era un hombre muy inteligente, astuto y estratégico.
Cuando se trataba de la guerra se sumergía bastante en esta.
Estaba dispuesto a ganar.
Ya no se trataba solo de su nieto, sino también de su orgullo.
No se iba a dejar vencer y menos por un bastardo como Max FitzRoy.
Sabía muy bien qué hacía días había marchado para enfrentarlo.
No había duda de que la guerra se acercaba y solo era cuestión de horas para encontrarse en el campo de batalla.
—Señor, Lady Doriane escapo y se ha llevado al príncipe con ella —Dijo uno de sus hombres.
Norfolk se sorprende al escuchar esto.
Ese no era un comportamiento normal en su hija.
No quiere creer que su hija ha caído presa del pánico por la guerra.
Así que se levanta de su asiento y camina hacia fuera de la carpa para ir a buscarla.
Siguió su rastro hasta el bosque, donde sus huellas lo guiaron hacia un lugar alejado de las tropas.
Lady Doriane se encontraba de rodillas en el suelo, usando una vela para alumbrar el lugar.
Con sus manos escarbaba en la tierra, y murmuraba rezos sin sentido.
—¿Doriane? —Murmura Torger acercándose a su hija y cuando pone su mano en su hombro, esto se sobresalta y le avienta tierra en el rostro —¿Que carajo?
Pronto se da cuenta de cómo su aspecto es tan diferente.
Tiene erupciones rojas por todo el cuerpo, incluso por su rostro que alguna vez fue hermoso.
—Tú hiciste esto —Dice la joven levantándose del suelo —Nos hiciste esto.
Norfolk no comprende bien de lo que está hablando.
Pero pronto su mirada se desvía hacia el bulto cubierto a su lado.
Y entonces comprende lo que ha pasado.
Su hija ha estado cavando una tumba para su nieto.
—¿Qué pasó? —Es lo primero que escapa de sus labios —¿Es Noah? ¿Cómo pasó algo así? —Se acerca a ella y la toma de los hombros —Dime, Doriane, ¿Que fue lo que sucedió?
La joven no responde y él pronto la avienta a un lado para revisar a su nieto.
Cuando lo destapa se aleja de él debido al aroma putrefacto que emanaba el cuerpo.
No tenía la menor idea de cuánto tiempo su hija había ocultado la muerte de Noah.
Las pocas veces que la llevó a ver los últimos días, siempre la veía con el niño en brazos.
Arrullándolo como si estuviera durmiendo.
Cubierto en una sábana que no dejaba ver su rostro.
Lady Doriane se arrastra hacia dónde está el cuerpo de su hijo y lo cubre con el suyo.
—Dejalo, aléjate de él —Dice la joven en medio de su desesperación —No te llevarás a mi hijo.
Torger se ha dado cuenta que su hija cayó en la locura después de la muerte del pequeño.
Intenta tomarla del brazo pero ella simplemente no lo deja.
—Doriane, dame al niño —Le pide pero ella no responde.
Sabe que solo quiere enterrarlo, así que mejor decide alejarse para que la joven no se vuelva violenta contra él.
Estaba en medio de una guerra sin un propósito.
Su esposa enferma en cama.
Su nieto fallecido.
Y su hija enloquecida.
Los Wolff se habían quedado con nada por querer tenerlo todo.

Al día siguiente, por la mañana se escuchó el galopar de los caballos.
Ambos bandos habían decidido dar un paso al frente en la batalla.
Torger Wolff abrió la puerta de la habitación de su esposa, Lady Susie, quién había fallecido esa misma mañana.
Su cuerpo estaba cubierto de esas mismas manchas rojizas que tenía su hija y su nieto.
Él sabía bien que no había salvación para ninguno.
Ni siquiera entendía por qué seguía con eso.
¿Que quería probar al marcharse a la guerra por algo sin propósito?
Sube a su caballo portando su armadura.
Si va a caer, lo hará en batalla.
Cuando su ejército se encontró frente a frente a sus enemigos, reconoció a Max FitzRoy liderandolos usando su conocida armadura oscura.
—Torger Wolff, detén esta locura, aún estás a tiempo —Dijo el rubio dispuesta a no derramar tanta sangre en el campo de batalla.
Solo necesitaba la cabeza de Norfolk.
Sin embargo, el hombre no le respondió y solo se puso el yelmo de su armadura.
Max sonrió en respuesta.
Pronto los hombres se prepararon para el combate, y la estrategia del duque de Richmond fue bastante astuta.
A base de flechas y cañonazos buscaba que los hombres de Norfolk descendieran de la colina.
Si bien este tenía la ventaja de altura, Max buscada aprovechar la poca visibilidad que había para confundirlos.
Al ser tan temprano y en un terreno tan abierto, la neblina pronto se hizo presente.
Y estando tan expuestos, los hombres de Torger descendieron para encontrarse de frente con el ejército de la corona.
Mientras todos batallaban entre ellos, Max estaba cazando como un león a su presa.
No bajaba la guardia, sabía bien lo que tenía que hacer y cómo conseguirlo.
Era un cazador nato, había hecho esto antes y no fallaría.
Mientras que Toto se mantenía en la montaña, en espera de alguna respuesta por parte del Conde de Northumberland.
Había mandado una serie de cartas a Frédéric Vasseur para que se uniera a su causa.
Este contaba con bastantes hombres que le podían ser de ayuda.
Si tenía el conde a su lado podría tener una ventaja sobre FitzRoy.
Y aunque este parecía que estaría de su lado, su tardía presencia Lo ponía nervioso.
Había sido un gran amigo toda su vida, compartieron en batalla juntos y ahora simplemente no aparecía.
Torger se estaba desesperando porque sabía que Max lo estaba cazando.
Estaba convencido de que había sido traicionado por su amigo y ahora estaba solo en batalla.
—¿Que hacemos, señor? Nos superan en número —Dijo James Vowles, el porta estandarte de la casa Wolff.
—Luchar —Respondio el duque de Norfolk comenzando a cabalgar rumbo a la batalla.
Vowles lo sigui de cerca, protegiéndolo de los enemigos.
Cuando Torger pudo divisar entre la batalla a Max, rápidamente comenzá galopar hacia él.
Pero entonces ocurrió lo impensado.
El Conde de Northumberland se hizo presente, pero no de la manera que él esperaba.
FitzRoy ya sospechaba que el duque recurriría a Vasseur como aliado, así que sabiendo su ventaja en campo, le ofreció una mejor posición en la corte a cambio de que traicionara a su amigo y jurara lealtad a la corona.
Northumberland no era nada tonto y sabía que Torger estaba cometiendo una locura.
Así que se unió en el campo de batalla en favor del nuevo rey.
Los hombres de Vasseur rápidamente rodean a Norfolk, pero es más quien le hace frente y comienza una fuerte batalla entre ambos.
Uno de los hombres de Northumberland logra derrumbar a Vowles y entre dos le cortan las piernas.
Este se aferra al estandarte pero finalmente perece en el campo de batalla.
Mientras que Max continúa luchando contra Torger, quién pierde el equilibrio en su caballo y cae salvajemente al suelo.
FitzRoy también baja de su caballo y se acerca a él peligrosamente.
Toto toma su espada e intenta defenderse, pero Max termina con la tarea clavando el filo de su espada en su cuello.
—Por Sergio —Le dice antes de terminar con su existencia de un solo tajo.
Con Norfolk muerto y la mayoría de sus hombres caídos, se daba por finalizada la batalla de Bosworth.
Definiendo así el destino de Inglaterra.

Nota; domingo de finales estelares.