EL LEON Y LA LOBA
22 de diciembre de 2025, 18:53
Silencio de los pasillos se vio inundado por pequeños rastros de pasos que se movían de manera ágil hacia una habitación.
Aunque no era el único objetivo.
Esa quietud tan tensa que se apoderaba de cada rincón del palacio de Hampton Court era agobiante.
Nadie esperaba que esa noche la muerte estaría acechando a los enemigos de la reina.
En su cama dormía plácidamente el arzobispo Helmut Marko, ajeno a todo lo que estaba ocurriendo.
No tiene instinto necesario para saber que no está solo.
En un abrir y cerrar de ojo un par de manos lo sostienen con fuerza, algunas lo agarran de la cabeza.
Y el filo de un cuchillo acaricia rápidamente su cuello.
El hombre abre rápidamente los ojos y no es capaz de moverse o poder defenderse de lo que está pasando.
Solo ve a unos hombres, posiblemente guardias, como sombras sobre él.
Lo sostienen con fuerza y no dejan que se levante.
Helmut se empieza a ahogar con su propia sangre, Y del dolor no puede siquiera formular una palabra.
Nada sale de su garganta más que quejidos dolorosos que lo desgarran con cada movimiento.
Jamás espero tener una mañana como esa.
Una donde se le era arrebatado lo más preciado que tenía.
Pero había una deuda que tenía que saldar, aquella que provocó esa terrible mañana con no traicionó a la reina y ordenó su detención.
Sin previo aviso, mientras todavía seguía en cama cuidando a su pequeña bebé.
—Dios salve a la reina —Susurra uno de los guardias antes de que su visión se vuelva borrosa.
Incluso podría decirse que Sergio había sido generoso con él. Pero su muerte no podía ser un espectáculo como lo hicieron con su abuela.
Principalmente porque era un hombre de fe, y eso lo podría meter en más de un problema.
Así que decidió que él optaría por otra salida.
Y esa noche no solamente él fue atacado, sino también Sawarg y todos los hombres que tuvieron que ver con la traición a la reina.
Cada uno de ellos fue asesinado mientras dormía.
A ninguno se le dio la oportunidad de defenderse o pedir clemencia.
Porque ellos no lo tuvieron con Sergio y su séquito.
Así que sentía que no les debía nada, y que todos tendrían el castigo que se merecían desde el primer día.
Porque a él no le temblaría la mano de castigar a todo aquel que lo desafiara.
Había comenzado su era dorada, y no se dejaría vencer.

Pasaron horas hasta que finalmente se dio la noticia de la muerte del Rey.
Todos en la corte comenzaron a murmurar sobre esta, todavía aturdidos y confundidos.
Pero el dictamen dado por el médico era bastante preciso: muerte por ahogamiento después de una convulsión.
Seguido de la noticia de la muerte del Rey, también se dio por enterado del fallecimiento del arzobispo Helmut Marko.
Uno que no había podido soportar la idea de perder a su gran amigo, su mayor aliado, y temiendo ser atrapado por sus enemigos, el hombre decidió acabar con su vida con sus propias manos.
Claro que hubo más de un escéptico al respecto.
Y uno de ellos era uno de los aliados del hombre.
—Helmut jamás hubiera hecho eso —Afirma Horner sin poder creerlo.
Su plan de escape se vio frustrado debido a las medidas de seguridad que incrementó la reina después de la huida de los Wolff.
Ahora él y su familia se encontraban atrapados en una corte que ya murmuraba su posible final.
Todos sabían que él había sido el principal acusador de la infidelidad y traición de la reina.
No eran tontos como para no darse cuenta de que la mayoría de las personas que perecieron esa noche habían colaborado con el plan de destruir a Lady Sophie Wolff.
Y ahora estaban atrapados en manos enemigas.
—Tenemos que buscar la manera de escapar —Dijo Liam mientras miraba por la ventana —Vendrán por nosotros, estoy seguro.
—Nada de esto estuviera pasando si no la hubieras atacado —Reclama Lady Geraldine Horner —Pero tu enemistad con Norfolk nos arrastró a todos.
Horner no decía ni una palabra.
Quería creer que tal vez podrían tener alguna oportunidad si le imploraba perdón a la reina.
Pero incluso él sabía que eso era imposible.
Ya que por más que él se humillara, lo que habían hecho era imperdonable.
—Estamos acabados, este es el final —Murmura el conde.
No había mucho que podía hacer con Sergio y Max en el poder.
El juego había sido volteado y ahora él estaba encarcelado en sus propias habitaciones.
No sabía lo que le depararía el destino, pero no esperaba nada bueno.
Y pronto sus temores comienzan a hacerse realidad cuando la puerta se abre repentinamente.
—Christian Horner, conde de Essex, se la acusa de alta traición a la corona y será llevado a la torre de Londres —Dice uno de los guardias mientras que la esposa del conde solloza ante el temor de lo que pasará.
No tardan en agarrar a Horner y separarlo de su familia.
Este no se resiste al arresto, porque sabe que le puede ir peor. Y piensa que de esa manera su familia estara a salvo.
No podía estar más equivocado.
Christian observa como los hombres también arrestan a su esposa y su hijo.
Esto sí intentan resistirse, así que son golpeados para poder sobajarlos.
—¡No luchen, no luchen! —Grita el Conde a su familia.
Los Horner son arrastrados por el pasillo hasta llevarlas hacia la torre roja, también conocida como la torre sangrienta.
Al haber sido encarcelados en habitaciones separadas y en dicha Torre tan conocida por albergar a traidores, sabían que por más clemencia que pidieran, no obtendría nada.
Y es que no solamente se trataba de su enemistad con la reina, sino que otros enemigos de la corte también presionaron para su caída y sabían que esa era la oportunidad perfecta sin un rey protegiendo sus espaldas.
Christian había acumulado una serie de enemigos que no se tentarían la mano para castigarlo.
Y ninguno cuestionó la sucesión del príncipe Patricio, ya que tenía a su favor una carta sellada por el Rey en donde lo dejaba como su heredero.
Por supuesto que Sergio sería su regente, y Max su consejero principal.
Horner pronto comprendió que este era un plan estratégicamente creado para tomar el poder de la manera más astuta que había visto.
Y en su encierro comenzó a cuestionar la veracidad sobre la muerte del Rey, aunque poco o nada podía hacer al respecto.
Claro que no esperaba ningún juicio justo en su contra, y su arresto se tejió tan rápido como su castigo.
Tan solo un par de horas después de su detención, Sergio selló la orden de ejecución por traición y los condeno a todos a sufrir el mismo destino que su abuela.
Pero con él sí podía ser teatral.
Así como Horner ya tenía lista la plataforma para la ejecución de Lady Wolff, el pecoso también había preparado la suya durante la madrugada.
Y su muerte no sería tan rápida como él hubiera deseado.
Pronto escucha los gritos de su esposa pidiendo clemencia, alegando que ella no tenía nada que ver con lo ocurrido.
Pero todos hicieron oídos sordos ante esto.
Sergio no se tentaría el corazón con nadie, porque ellos tampoco lo hicieron con su abuela.
Es así como Horner es testigo de como llevan a rastras a su esposa ante el verdugo, y aunque él grite y patalee frente a la ventana, no puede ayudarle.
Lady Horner es ejecutada frente a todos y su cabeza es enterrada junto a su cuerpo.
Liam también es testigo de esto y comienza a sollozar sabiendo que él es el siguiente.
Sergio quería Christian viera a su familia a morir ante sus ojos y que no pudiera hacer nada para evitarlo.
Y Max no veía con malos ojos todo esto, porque él comprendía perfectamente su dolor.
Casi pierde a su familia por culpa de esas personas, y claro que merecían un castigo.
—Padre, por favor... —Fueron las últimas palabras que dijo Liam antes de que el filo tocara su cuello.
Horner finalmente vomita después de ver esto. Era como una pesadilla de la que no podía despertar.
Y pronto llegó su turno.
El hombre comienza a rezar mientras es llevado por la fuerza hacia donde sería ejecutado.
Recibe insultos y empujones de parte de sus enemigos. Risas burlonas que solo le recuerdan una y otra vez su caída.
Sergio y Max observan desde arriba, en una de las torres que tiene una vista increíble hacia el lugar.
Un Verdugo inexperto, elegido por ellos mismos, había sido asignado para esta tarea.
Horner comienza a temblar y una lágrima se desliza por su mejilla cuando ve la sangre fresca de su familia en aquella piedra.
Toca con sus dedos el líquido carmesí y solloza temeroso ante su inminente muerte.
—Muero siendo un hombre leal al rey y a Dios —Dijo como últimas palabras.
Pero cuando el filo toca su hombro, el hombre grita el dolor.
He sostenido para que no pueda moverse, y el verdugo tiene que golpear otras dos veces hasta que finalmente completa la tarea.
Su cabeza es puesta en una pica y colgada en la entrada del palacio, viendo hacia el lado contrario de Inglaterra.
Después de la muerte de los Horner, en la corte comenzaron a llamar a la reina de forma particular: La loba.
Comenzó a ser visto como una madre vengativa que haría todo por salvaguardar a sus hijos.
Pero algo más grande estaba en camino.

Por otra parte, los Wolff finalmente se encontraron cuando hicieron una parada en una posada en medio del camino.
Norfolk logró darles alcance para su buena suerte, ya que se dio cuenta que no podía permanecer ni un segundo más en Hampton Court.
Cuando vio a uno de los guardias de la reina dirigiéndose a su habitación, Toto supo que el rey había muerto.
Entendía cómo funcionaba todo en la corte, y sabía bien que su sobrino estaba muy resentido con él y su familia.
Sabía que actuaría rápido, porque era la forma más fácil de retener el poder.
Y cuando la noticia de la muerte del rey se fue expandiendo por todo el reino, supo que había tomado la mejor decisión.
—Debemos partir a Francia, ahí conseguiremos aliados para combatir a Sergio —Comenzó el hombre —Podremos reunir a un ejército...
—¿Y comenzar una guerra? —Cuestiona Lady Susie Wolff —Estás enloqueciendo. Solo nos llevarás a la muerte.
—Moriremos si no hacemos algo —Insistió Torger.
—No, moriremos por tus deseos de poder —Continuo la mujer —El de ambos. Ustedes dos no han hecho más que lastimar y fragmentar nuestra familia.
Pronto el pequeño Noah comenzó a llorar.
—Lo único que intentó es protegernos —Insiste el hombre levantando la voz.
Lady Doriane intenta calmar a su hijo, no le resulta tan sencillo porque ahora está ella sola cuidando de él.
No puedo llevar a sus damas con ella al haber escapado tan rápido.
—Podríamos vivir una vida tranquila en Francia, no necesitas comenzar una guerra para poder salvarnos —Lady Susie intenta razonar y calmar a su esposo.
Tiene miedo de perder todo por nada.
Y el bebé sigue llorando.
—No estaremos a salvo porque Sergio no nos dejará en paz, odia a nuestra familia y odia a nuestro nieto, ¿Por qué no entiendes que lo hago por él? —Torger se muestra molesto ante la negativa de su esposa y los llantos del pequeño acaban con su paciencia —Doriane, haz que se detenga de una vez.
La rubia asiente y toma a su hijo en brazos mientras sale de la habitación.
Se muestra muy angustiada por el actuar de su hijo, quién no ha dejado de quejarse, llorar y sudar.
Piensa que puede ser el clima, o que el viaje le ha sentado mal.
Así que mientras lo arrulla para que se calme, se percata de algo muy interesante.
Unas pequeñas manchas rojizas en su piel, parecido al sarpullido pero un poco más azuladas.
Esto la hace tragar en seco, y tiene miedo.
Porque sabe lo que eso puede significar, y en silencio se traga sus lágrimas después darle un par de besos en la mejilla.
Todo se había complicado de la noche a la mañana para los Wolff, pero sus deseos de poder parecían no tener fin.

Nota: ijole, otra vez yo jeje