LOVESICK
22 de diciembre de 2025, 18:53
ADVERTENCIA DE CONTENIDO.
⚠️ Descripción violenta
⚠️ Age gap
⚠️ Intento de body horror

1987.
En el pueblo pesquero de Urk, países bajos, llega una nueva familia a la isla.
Los vecinos de la zona observan con curiosidad como una vieja mansión vuelve a ser habitada por un joven matrimonio que tiene un hijo que no se parece a ninguno de los dos.
—Por favor, no te vayas muy lejos —Una mujer muy elegante le habla al que parece ser su hijo, pero es demasiado joven para ser su madre.
Él se monta en su bicicleta y asiente para después alejarse de ahí.
Cualquiera que lo viera se distraerían a su paso debido a una peculiar razón.
Al poco tiempo llega a una zona rocosa a las orillas de la isla, deja su bicicleta tirada en el camino y mira el mar como si buscara algo.
Con la brisa revolviendo sus suaves y oscuros rizos, mira hacia atrás como si supiera que no está solo.
Un joven castaño de su misma edad lo observa, quedándose completamente cautivado por su belleza.
Y aunque ambos se miran por unos segundos, ninguno de los dos dice palabra y el pelinegro vuelve a montarse en su bici para después irse.
Regresa a casa donde su madre le pide que vaya a asearse antes de la cena, y él obedece.
—¿Crees que esta vez le vaya bien en el colegio? —Pregunta a su esposo mientras pone la mesa —Esta casa es mucho más grande que la anterior, quizá deberíamos contratar...
—Sabes bien que no me gustan los extraños en mi casa —Afirma el hombre sin despegar la vista de la chimenea, donde está haciendo un cálido fuego para poner en temperatura el lugar.
Cuando Max se casó con Kelly, él sabía que ella no vendría sola y que, a cambio de la vida acomodada que le daba, ella debía aceptar todas sus reglas.
Él era el hijo único de una familia muy adinerada y heredó una gran fortuna después de que sus padres fallecieron en un incendio.
Pero la vida de Kelly era muy distinta a la suya, siendo abandonada desde niña y creciendo en un orfanato. Ahí es donde conoció a Sergio y decidió adoptarlo después de cumplir la mayoría de edad.
Era una adopción entre comillas, pues solo pudo hacerse cargo de él después de que este saliera del orfanato.
Nunca entendió porque ninguna familia pudo hacerse cargo de él a largo plazo, ya que siempre lo regresaban sin dar muchas explicaciones.
Sin embargo, a sus ojos era el joven más dulce y amable que había conocido, siendo como un hijo para ella y estaba más que feliz de darle la vida que creía merecía.
El joven llega luciendo impecable, y se sienta en la mesa sin decir palabra.
La tensión se hace presente cuando Max le hace una pregunta y este no le responde.
—No puedes actuar así, ya hablamos de esto —Le dice el mayor sumamente molesto —No quiero que vuelvan a molestarte por tu actitud extraña.
Sin embargo, el pecoso se queda en silencio, ignorándolo por completo.
Esta actitud siempre se repetía con el rubio. Peleas, discusiones y tensiones, todo eso era constante entre ambos.
Parecía que no podían llevarse bien, pero nadie entendía porque.

Ese fin de semana paso tranquilo como de costumbre, pero el primer dia de clases del joven no pudo empezar peor.
Todos hablaban del chico nuevo y su extraordinaria belleza.
Cuando se presenta frente a la clase le aplauden como si hubiera hecho algo extraordinario.
Las chicas lo rodean y buscan cualquier excusa para hablarle.
Esto le molestaba.
Uno de los mayores problemas que había tenido a lo largo de su vida era la manera en como llamaba la atención por su atractivo físico.
Esto aunque era algo fascinante a ojos de extraños, para él resultaba fastidioso al sentirse observado todo el tiempo.
Claro que tenía muchas ventajas, ya que las personas solían dejar pasar comportamientos cuestionables de su parte solo por ser bonito.
Pero no le gustaba la idea de "Ser escogido", más bien amaba ser quien pudiera elegir.
Y siempre habían muchas opciones.
No fue nada difícil darse cuenta de que un joven lo observaba con mucha atención durante las clases y rápidamente lo reconoció como aquel que vio en la playa.
Mientras todos se concentraban en la tarea, él volteo a verlo y le dedico una linda sonrisa.
Pasaron los días con esa misma actitud solo hacia él. Al principio fueron pequeñas sonrisas y miradas discretas, hasta llegar a verse en secreto y mantener una convivencia peculiar.
Para el castaño esto fue bastante extraño, porque había observado su actitud fría y distante hacia sus demás compañeros. Y su trato hacia él era distinto, haciéndolo sentir diferente, especial.
No se podía negar que estaba alimentando las ideas y sentimientos del joven, dándole esperanzas de que algo pudiera pasar entre los dos.
—Lando, no puedes decirle a nadie —Susurra muy cerca de su rostro y luego le da una media sonrisa que hace que su corazón se acelere de la emoción.
Sergio sabe bien lo que provoca en él.
Puede verlo en su actuar, en la forma en como mueve sus manos con nerviosismo al estar tan cerca de él. O cuando balbucea al hablar porque le ha dicho algo que lo hizo sonreír como un tonto.
Para él es un juego, uno que siempre inicia y acaba igual.

Han pasado un par de semanas desde que la adinerada y misteriosa familia se mudó a la isla, volviéndose el tema más popular entre los locales.
La mujer pasa casi todo el día fuera de casa, mientras que al hombre rara vez se le ve salir de esta.
Ella convive con varias mujeres del lugar, pero los demás parecen distantes en su propio mundo.
Todos hablan de la enigmática belleza del joven que parece ser frío con todo aquel que se cruce en su camino, volviéndose más misterioso y atrayente.
Comenzaron a murmurar muchas cosas sobre él, principalmente porque un rumor decía que era adoptado y que por esa razón sus padres eran demasiado jóvenes.
Surgió la duda de sí su comportamiento se debía al abandono de sus padres, y que por esto no le gustaba encariñarse con nadie.
Casi nunca lo veían sonreír, pero cuando lo hacían sobresalía un par de colmillos un poco más largos de lo usual y le gustaba pasar su lengua sobre estos.
Más allá de los chismes, todo parecía estar en total tranquilidad.
Pero el pecoso tiene cierta fascinación por complicar las cosas, un deseo extraño que surge de su interior y busca provocar caos.
Le gusta la idea de lastimar.
Lleva luchando con eso muchos años, intentando comportarse lo mejor posible pero siempre encontraba la manera de generar caos a su alrededor.
Con el tiempo dejó de luchar con ese lado suyo, aceptandolo como una parte oscura de él.
Pero había algo a lo que todavía se resistía. Porque nada lo emocionaba más que la idea de lastimar a alguien que lo amaba tanto.
La noche previa al desastre había discutido con Kelly por haber dejado su habitación hecha un desorden.
En medio de la discusión salen a relucir los rumores que se han estado diciendo sobre el joven, principalmente porque ella está harta de que su pasado los siga persiguiendo.
Se había mudado para comenzar de nuevo, alejarse de todo lo malo.
En su colegio anterior el pecoso había sido atacado por uno de sus compañeros, haciendo uso de unas tijeras para intentar lastimar su rostro.
Ella no quería que ese escenario se volviera a repetir, solo deseaba una familia feliz y tener una vida tranquila alejada de todo el drama y caos.
Pero ese deseo nunca se haría realidad mientras Sergio estuviera en el camino.
Kelly estaba frustrada y se encerró en su habitación para ir a dormir esa noche.
Por su parte, Sergio terminó los deberes y estaba dispuesto a ir a la cama cuando en el camino se tropezó con algo, o más bien alguien.
—Ya deberías estar durmiendo —Dice Max retrocediendo un paso —No quiero que te quedes dormido en clases.
El pecoso sonríe ante este comentario.
—Me cuesta mucho dormir en la noche —Responde casi en un susurro —Cuando solo éramos Kelly y yo, ella solía abrazarme al dormir porque me da miedo la oscuridad.
Intencional o no, acorta la distancia entre el rubio y él.
Max traga en seco. Puede notar la forma en cómo lo está mirando de arriba a abajo.
Sabe que no es bueno dejar que ciertas ideas se desarrollen, pero incluso él no era inmune a su belleza.
Fue lo que lo orilló a casarse con ella.
—Este pasillo es muy oscuro —Y da un paso hacia el frente, pegando su cuerpo al suyo a la par que lo toma de la cintura.
El joven coloca sus manos en el pecho del hombre, subiendolas lentamente hasta llegar a sus hombros, acariciando su cuerpo en el proceso.
El rubio no tarda en acercarse a su rostro y observar esas lindas pecas que tanto le gustan, pero cuya vista se desvía a esos labios que parecen llamarlo.
Checo muerde ligeramente el labio mientras lo mira fijamente a los ojos, siendo pegado contra la pared en un intento de buscar más contacto.
Sus respiraciones se mezclan, y sus labios están tan cerca que pueden sentir el roce de la piel del otro.
—¡Max! —Pero la voz de Kelly hace que el hombre se separe de golpe —¡¿Ya vienes a la cama?!
El rubio se había puesto nervioso ante la idea de ser descubierto, pero, por suerte, la mujer no había salido de su habitación para llamarlo.
Voltea a ver a Sergio y este le sonríe con cierto jugueteo, presionando su lengua sobre uno de sus colmillos que se asomaba.
Fue lo más cerca que había estado del joven, ya que siempre buscaron mantener la distancia del otro.
Y la tensión que mantenían no era otra más que sexual, un deseo reprimido de estar con el otro.
Claro que por diferentes motivos.
Max lo deseaba porque ese era el efecto que tenía la belleza maldita del joven.
Mientras que el pelinegro solo lo hacía por el deseo de lastimar a Kelly con algo que jamás podría perdonar.
Porque las dos personas que más amaba en el mundo estaban muy cerca de traicionarla de la peor manera.

Al día siguiente, Sergio llegó al aula como de costumbre pero recibió una nota que solo provocó una pequeña risa en él.
Pronto comenzó a correr el rumor de que algo importante pasaría al salir de clases y que todos deberían ir a un lugar en específico.
Pasaron un par de horas, y el pecoso miraba el reloj con emoción.
De vez en cuando se giraba para observar a Lando, quien se sonrojaba con solo obtener el mínimo de su atención.
Cuando llegó el momento, se aseguró de que todos estuvieran presentes para el final de su juego.
El castaño estaba nervioso sosteniendo una carta escrita a mano por él, esa tarde le confesaría sus sentimientos.
Aunque está en un callejón algo retirado del colegio, no sabe que se encuentra siendo observado.
Sergio camina dando pequeños brincos en su paso, regocijándose de sí mismo.
—¿Querías verme? —Pregunta como si no supiera lo que está pasando.
—Checo, quiero hablar contigo de algo —Comienza usando ese apodo cariñoso que le había dicho su madre usaba con él —Este tiempo junto a ti ha despertado sentimientos tan fuertes que me resulta inevitable confesarlos, porque realmente me gustas.
Le extiende la carta y el pecoso la toma para después abrirla.
"No puedo dejar de pensar en ti, en tus ojos cafes y tu linda sonrisa..." lee en voz alta, lo suficientemente audible para que sus compañeros lo escuchen.
—No me interesas —Suelta las palabras que rompen el corazón de Lando —Solo porque era amable contigo no significa que estoy enamorado de ti o algo por el estilo.
—P-pero... —Ni siquiera es capaz de terminar.
—Con razón no tienes amigos —Susurro el pelinegro y esto solo lo pudo escuchar el joven frente a él.
Sergio hace una bola de papel con la carta que le ha dado el castaño y se la arroja a la cara.
Se marcha de ahí sin mirar atrás y con una sonrisa en los labios.
"Qué vergüenza" Lando escucha la voz de una de sus compañeras unas pequeñas risas que se asoman cerca del final del callejón donde se han ocultado para presenciar cómo era rechazado.
"Realmente creyó que tenía una oportunidad"
"Me gustaría tener su autoestima"
Ya ni siquiera se molestan en ocultarse y se asoman para reirse en su cara.
Avergonzado, el castaño huye de las burlas de sus compañeros.
Y cuando Checo llega a casa, no es capaz de ocultar lo feliz que se encuentra.
Camina hasta llegar al sofá y se encuentra con su padrastro sentado en este.
—Hasta que llegas —Dice el rubio apenas lo ve —Sabes que a Kelly no le gusta que desvíes tu camino saliendo de clases.
Sin embargo, no estaba listo para lo que iba a suceder.
El pecoso se acerca peligrosamente a él y se coloca encima de sus piernas, no le permite decir palabra cuando siente sus labios sobre los suyos.
—¿Qué haces? —Max pone sus manos en los hombros del joven para poder crear un espacio entre ellos.
—Estara fuera de casa toda la tarde, me lo dijo está mañana —Responde mientra baja una mano hacia la entrepierna del mayor —Se que me deseas.
El rubio sabe muy bien lo que quiere, lo que sus palabras no dicen pero que su cuerpo sí.
Baja sus manos hasta la cintura del pelinegro y lo atrae de nuevo hacia él, juntando sus labios en un encuentro más candente, invadiendo su boca con su lengua.
Lo abraza con fuerza para levantarse del sofá y llevarlo hasta su habitación, donde nadie más que ellos sabrán que paso.
Y para cuando Kelly llega a casa, ambos están en sus respectivas habitaciones.
Cenan en familia como si todo siguiera igual que antes, con la mujer totalmente ajena a lo ocurrido.
—Vi el resultado de tu examen, te fue muy bien —Dice ella mientras le da una cálida sonrisa —Estoy muy orgullosa de ti.
—Lo sé —Susurra el pecoso pero lo hace tan bajo que nadie es capaz de escucharlo.
La mujer comienza a platicar sobre el evento al que asistirán ese fin de semana.
Ama la idea de poder vivir una vida tranquila junto a su familia, donde asistan a cenas con sus amigos y vecinos.
Pero Sergio se niega a asistir alegando que tiene mucho que estudiar y ella no insiste al tratarse de algo educativo.
Viviendo en su fantasía de la familia perfecta, continúan la cena con normalidad.

Pasaron un par de días dónde todo fue un infierno para Lando.
Eres constante blanco de críticas y burlas, bromas pesadas que le recordaban una y otra vez la humillación que había sufrido.
De pronto sus compañeros parecían odiarlo y comenzaron a hablar a sus espaldas.
Que si era muy molesto, hablador, presumido, etcétera.
Era como si hubieran tomado esa oportunidad para sacar todo aquello que habían estado guardado en su interior durante mucho tiempo.
Y si bien esto molestaba el castaño, no estaba el nivel de lo que sentía por Sergio.
Resultaba extraño lo mucho que lo quería en tan poco tiempo.
Un amor cegador que se tambaleaba entre la adoración y el desprecio total.
Cómo si tuviera algo que lo obligara a quererlo, desearlo, pero luego recordaba lo que le había hecho y su amor parecía estarse transformando en odio.
La simple idea de no tenerlo era horrible y lo llenaba de desesperación.
Pronto lo vio hablando con otro chico, haciéndolo molestarse al sentirse traicionado una vez más.
El amor que poco a poco se convierte en odio, tarde o temprano se transforma en algo peligroso.
Y una idea se repite una y otra vez en su mente.
Intentando maquinar un plan, queriendo llevar a cabo un deseo perverso.
Lucha contra esto, pero resulta en vano.
No puede soportarlo, no más.
Es un domingo por la tarde, y todo parece estar demasiado tranquilo.
Lando baja de su bicicleta, estacionandose justo enfrente a la mansión Verstappen.
Lleva en sus manos un paquete bien envuelto y toca el timbre.
Comienza a pensar que no hay nadie en el lugar, ya que la mayoría de las luces están apagadas y no parece que alguien vaya a atender.
Para su sorpresa, la puerta se abre y es justamente la persona que ha estado buscando con desesperación.
Su deseo de estar cerca de él es insoportable.
—Perdón —Dice el castaño levantando el paquete —Fui un tonto y lo arruine, ¿Podemos volver a ser amigos?
El pecoso lo piensa un poco pero al final accede dejándolo pasar a su casa.
Lando ha traído tiramisú, aquel que una vez Checo le había dicho era su favorito.
Se sirven una porción y deciden ir a la habitación del joven.
Sergio le habla como si nada hubiera pasado. Cómo si todo ese dolor que le provocó no significara algo.
—Me serviré un poco más —Dice el castaño levantándose de la cama y el pelinegro asiente sin prestarle mucha atención.
Ya no puede soportarlo, su cabeza arde y siente un deseo incontrolable por hacerle daño.
El pecoso esta acostado boca abajo en la cama, meciendo sus pies de aquí para allá.
—Tardaste —Comenta sin voltearlo a ver.
No sabe que está parado en el marco de la puerta y sostiene un cuchillo en sus manos.
El castaño camina rápidamente hacia él y lo apuñala por la espalda.
Sergio no tarda en intentar levantarse de la cama y su garganta se desgarra al soltar un grito de horror.
Gimotea mientras intenta quitarse al joven de encima, quién sostiene el filo con fuerza y lo clava en diferentes partes de su cuerpo.
Logra moverse un poco para poder empujarlo con sus piernas, pero Lando es rápido y acerca el arma a su rostro, haciendo un corte preciso en su garganta.
Finalmente se quita de encima, pero ve al pelinegro tambaleándose mientras sus manos intentan para la lluvia roja que mancha el suelo.
Cuando habla se ahoga con su propio líquido carmesí, y sus heridas son tan letales que no tarde en caer al suelo.
Se arrastra un poco más en busca de un escape y alguien que lo auxilie, pero está demasiado débil para poder hacerlo.
Entonces el castaño se sube encima suyo y coloca el filo de nuevo en su cuello, presionando sobre la piel ya destrozada e intentando separar esa parte de su cuerpo.
No lo logra, así que se desquita clavando el filo tanto como puede en todo el cuerpo inmóvil en el suelo.
Llora y lo insulta por obligarlo a hacer eso.
Sabe que lo ha arruinado por completo.
Se agacha hasta donde sus labios se encuentren con los suyos, robándole el beso que tanto deseaba.
Para al final levantarse del suelo y salir corriendo de aquella casa.
No debe ser visto si quiere librarse de las consecuencias de sus actos.
Llega a su casa y se quita la ropa que llevaba puesta y la lavo tan rápido como pudo, intentando limpiar las oscuras y rojizas manchas.
Sus nudillos lastimados y un dolor en su brazo eran evidencia del esfuerzo que le había llevado deshacerse de la persona que creía lo obligó a eso.
Cuando sus padres le preguntan si le pasa algo, este niega y apenas come algo en la cena.
Ya es bastante tarde cuando decide preguntar algo que podía resultar extraño.
—¿No hay ninguna noticia?
—¿Sobre qué, hijo? —La respuesta de su padre lo lleva a retractarse y se pregunta a si mismo cuánto tiempo pasará antes de que descubran el cuerpo.
Y esa noche apenas duerme.

A la mañana siguiente, llega al colegio sintiendo los nervios de punta.
Espera que en la primer clase le den la noticia del fallecimiento de Sergio, o más bien de su brutal asesinato.
Escucha a sus compañeros balbucear cualquier tontería sobre su fin de semana, pero nada que le interese.
Todo parece ir normal.
Llega el profesor y comienza la clase, pasando lista y notando la ausencia de uno de sus alumnos. Ya lo reportará.
Lando es un manojo de nervios pero parece que no han descubierto el cadáver y eso le parece extraño porque sus padres no dejarían pasar algo así.
Hasta que la puerta se abre y siente que su mundo da vueltas.
—Buenos días, disculpe la tardanza —Sergio está en la entrada del aula y lo voltea a ver con una sonrisa en sus labios.
El profesor lo regaña por llegar tarde pero igual lo deja pasar.
El pecoso camina hacia su lugar y lo mira fijamente antes de tomar asiento.
Lando siente que no puede respirar y escucha una pequeña risa del joven que piensa viene de su imaginación.
¿Acaso fue un sueño?
¿Realmente lo mató o lo alucinó?
Entonces mira como el pelinegro se voltea a verlo, lo mira a los ojos y le guiña para después regresar su vista al frente.
A Sergio siempre le gustaba jugar yas cuando sabía que siempre iba a ganar.

Nota: Me aventé una antología para vivir mi fantasía de Checo como una especie de Tomie 🙏 amén