Capítulo 1
22 de diciembre de 2025, 18:52
Septiembre, 1971.
Una semana antes del regreso a Worsley.
El sol brillaba esa mañana, la vida en la Toscana le había sentado muy bien al joven príncipe.
Miraba el impresionante paisaje mientras su afligido corazón intentaba no regresar a él.
—Es un día maravilloso ¿No? —Preguntó Carlos sacándolo de sus pensamientos —Si realmente no vas a volver, al menos me quedaré a tu lado lo que queda de las vacaciones.
Sergio sonrió.
—Lastima que los chicos se marcharon —Respondió —Principalmente Charles.
El castaño asintió.
—Es muy divertido, fue una buena idea invitarlo —Carlos se sentó frente a él mientras observaba el paisaje.
—Creo que le agradas demasiado, más de lo que crees —Checo comenzó a tantear terreno —Quizá sea otra clase de cariño.
—¿Qué otra clase de cariño? —Preguntó Carlos —Somos amigos y ya.
Sergio no era ciego, había observado la forma en cómo esos dos se trataban el uno al otro .
Además de todas las maneras en como Charles buscaba estar siempre junto a Carlos.
Sabía que algo más podría estar pasando, porque al verlos le recordaba lo que él había vivido.
Y quizás sea una parte suya que se niega a soltar el pasado, pero realmente no estaba tan equivocado.
Es solo que Carlos no es como él y no expondrá sus sentimientos tan fácilmente. Mucho menos después de ver lo que le pasó.
—¿De verdad no intentarías nada con Charles? —Soltó y rápidamente se arrepintió pero ya era tarde para retroceder —Quiero decir, ¿No lo ves de otra manera?
—No sé... No —Corrigió rápidamente.
—No tienes que mentirme, tú y yo somos amigos y sé lo horrible que se siente esconder tus sentimientos —Insistió el pelinegro.
—Checo, te juro que no siento nada por él. Es solo un amigo y ya —Carlos rápidamente cortó el tema y busco cambiarlo —Al menos tendré amigos cuando regrese, pero ¿Y tú? No me gusta que estés lejos y con desconocidos.
Sergio suspiro.
Era mejor dejar ir ese asunto.
Carlos no estaba listo.
—A dónde iré no tendré compañeros —Comenzó captando su atención —Serán clases privadas en una academia en Londres, mi padre quiere protegerme de cualquier caza fortunas que se quiera aprovechar otra vez.
—Suena a una vida muy solitaria—Soltó con cierta pena.
—Bueno, ahora me encantaría mantener el perfil bajo —Explicó e hizo una pausa antes de continuar —Tengo una carta para él.
—Sergio...
La voz de Carlos se volvió seria.
Había estado ayudándolo a superar a Max para poder sacarlo de su corazón.
No iba a dejar que su amigo se volviera el juguete favorito de ese “Mocoso malcriado” como solía llamarlo.
—No es nada de lo que te imaginas —Se apresuró en aclarar —Solo quiero darle un cierre a todo esto.
El castaño no parecía muy convencido.
—Solo debes entregársela al prefecto Horner y pedirle que se la dé —Continuó —Ni siquiera tienes que dirigirle la palabra.
El joven príncipe sabía bien lo mucho que su amigo detestaba a su ex novio. Pero confiaba en que entendería las razones por las cuales quería darle esa carta.
Y Carlos haría todo para que su amigo se sintiera mejor.
Así que tomó la carta y la guardó para no perderla. Sabiendo bien que eso marcaba el final de un capítulo en sus vidas.

El frío viento chocaba con su rostro.
Sabías que habías llegado a Worsley cuando su frío clima te azotaba el cuerpo.
Carlos bajó de su auto y vio como los demás jóvenes se apresuraban para entrar y sentir la calidez interior del lugar.
Vio a Max a lo lejos y no pudo evitar dedicarle una mirada de pocos amigos.
Realmente lo detestaba.
Camino rumbo a su habitación y dejó su abrigo para después Buscar al prefecto Horner y entregarle la carta.
Una vez cumplida su misión sabía que ya no le debía nada de respeto a Max.
Odiaba la asamblea de inicio de año. Tener que estar parado escuchando un discurso al que nadie le pone atención debería ser considerado una tortura medieval.
Y, aunque no lo admitiría en voz alta, estaba feliz al saber que echar sería su vecino de habitación.
Estaban sentados comiendo su almuerzo mientras Lance no dejaba de presumir que seguía siendo parte del consejo escolar.
—Deberían estar felices de que ustedes puedan salir cada fin de semana gracias a mí —Comenzó el pelinegro —Así no tienen que buscar a alguien que los acompañe.
—¿Ya vas a comenzar con tu abuso de poder? —Bromeo Lewis llegando junto a George.
Este último había sido invitado al grupo por parte del moreno y fue bien recibido.
—Bueno, a mí me gustaría salir este fin de semana —Dijo Charles —Debemos aprovechar la poca libertad que nos queda.
—Ugh —Se quejó Lance y Carlos volteó a verlo pensando que era por Charles —No puedo creer que se atreviera a regresar a Worsley.
Entonces se dio cuenta que no hablaba de él y se giró ligeramente para ver de quién se trataba.
Max caminó hasta encontrar una mesa vacía y se sentó a comer con la mirada perdida.
Se le miraba visiblemente afectado y con los ojos muy rojos.
—¿Estará enfermo? —Preguntó George —¿Qué tal si lo invitamos a sentarse con nosotros?
Entonces casi todo el grupo volteó a verlo como si hubiera dicho la peor cosa del mundo.
—¿Estás loco? ¿Acaso no es conocido porque estafó a su amigo? —Charles le recordó ese rumor —Casi no regresó a Worsley por su culpa. No debieron dejarlo regresar, afecta la imagen de la institución
Lance, Lewis y Carlos se quedaron viendo cómplices de su mentira
—Pero me da mucha pena verlo tan solo —Confesó George y sintió como Lewis ponía una mano en su hombro —Además, solo es un rumor. No significa que sea verdad.
—Es porque eres muy inocente —Respondió el moreno —¿No recuerdas que el año pasado se puso violento contigo? ¿Necesitas más pruebas del actuar de ese tipo?
—Así es, todos en el consejo escolar están muy atentos a su comportamiento —Comenzó a Lance —Propuse poner una queja para que lo expulsaran o no lo dejaran regresar, pero al parecer su familia tiene ciertas conexiones.
—¿Conexiones? Si hace un año apenas se podía costear la colegiatura —Soltó Carlos —Todo el mundo lo sabe. Si él está aquí es porque su familia cometió estafa para poder mantener su estilo de vida.
Había cierta rabia en sus palabras, una que no se podía disimular e hizo un poco más tenso el ambiente.
—Bueno pero, ¿No los Verstappen son la rama pobre de los Wells? —Preguntó Charles —O al menos eso es lo que he escuchado.
—Son familia lejana —Explicó Lance —Pero eso no lo vuelve uno. Así que nadie debería tenerle miedo ni respeto.
—¿Es correcto que digas eso? —Señaló George —Eres parte del consejo escolar, ¿No es incorrecto incentivar esa clase de comportamiento hacia un alumno?
—Él no es un alumno cualquiera, es un estafador y debe de ser tratado como tal —Contestó Carlos con una voz firme —Ya no hablemos de esa idiota, solo nos amarga el día.
El grupo de amigos continuó con lo suyo ignorando al joven solitario que estaba a unas cuantas mesas con el corazón roto.

Habían pasado un par de días desde que regresaron a Worsley, tiempo en el que Carlos se encontraba en una encrucijada sobre aquel joven.
¿Debería ignorar a Max porque no vale la pena? ¿O seguir esparciendo rumores sobre su persona para arruinarlo completamente?
Quería escoger la primera opción, sabía que cortar por lo sano era lo mejor.
Pero también le molestaba el hecho de verlo seguir adelante a pesar de lo que le hizo a Sergio.
No lo podía evitar, necesitaba hacerlo pagar.
Y si su amigo sufría, Max debía sufrir el doble.
Pronto llegó el viernes y uno de sus maestras había decidido que era un buen día para salir a hacer una excursión botánica en un bosque cercano al pueblo donde quedaban colegio.
Era la única que materia que compartía solo con Charles. Así que sus demás amigos no estaban.
Y eso, por alguna razón, ponía muy nervioso al español.
El día estaba nublado, las nubes amenazaban con una lluvia inminente
Así que había llevado su paraguas para evitar mojarse y así no enfermarse antes de ese fin de semana.
Algunos de sus compañeros hicieron lo mismo, menos Charles.
—¿Puedo ir junto a ti? —Preguntó el príncipe pegándose a su lado y Carlos asintió.
Entonces comenzaron a caminar el uno junto al otro, y por momentos Charles se sostenía de su brazo para evitar caer en el fango.
Sin darse cuenta comenzaron a quedarse atrás. O quizá era una acción cometida a propósito.
—De prisa o vamos a perdernos —Dijo Carlos intentando avanzar un poco más rápido.
—Mira ese lugar —Charles señaló un sitio que parecía estar abandonado.
Era una enorme casa, o más bien una mansión. Donde la naturaleza había reclamado el espacio y le daba una vista algo encantadora pero también nostálgica.

(Referencias)
—¿No te gustaría ir a ver? —Propuso y Carlos negó con la cabeza —¿O me dejarás ir solo?
Era como si supiera que Carlos lo perseguiría en cualquier escenario.
Entonces los dos jóvenes comenzaron a acercarse al lugar, perdiendo todo el rastro de sus compañeros.
Habían unas escaleras que parecían llevar a una especie de túnel al cual Carlos no quería avanzar.
Pero Charles parecía no tenerle miedo a nada. Avanzando a paso firme y perdiéndose entre las sombras.
Carlos no dudó en seguirlo porque tenía miedo de que algo le pasara.
Pronto lo vio cerca de una especie de kiosco que daba vista a un hermoso estanque.

(Más referencias di)
Charles de sentó en el borde y comenzó a desabrocharse la parte de arriba de su camisa.
El clima era fresco y una ligera llovizna acompañaba ese momento que parecía ser tan íntimo.
Carlos lo observaba con curiosidad.
Ya había tenido cierta conversación con Checo sobre el asunto de Charles, y había dejado en claro que no le interesaba.
Pero muy en el fondo sabía que eso era mentira.
El príncipe se mostraba muy especial ante sus ojos.
No solo era guapo sino también muy agradable y encantador.
Tampoco era ciego, habían tenido momentos en donde se sentía más cercano de lo normal.
Ese deseo de querer estar cerca pero alejarse por temor a que las cosas salgan mal.
Había visto lo afectado que quedó Sergio después del asunto con Max. Cómo a veces se ponía a llorar insistiendo en ir a buscarlo, pero se calmaba sabiendo que nada de lo que hiciera iba a cambiar las cosas.
Sin embargo, ¿Por qué estaba caminando hacia él? Acortando la distancia con cada paso que daba hasta quedar frente a Charles.
—¿No te alegra estar solo conmigo? —La pregunta del príncipe lo saco de sus pensamientos —Te he esperado todo el verano, pero siempre había alguien más.
Carlos suspiró profundamente mientras intentaba entender ese nuevo tono que usaba su amigo.
Era diferente.
Atrevido.
—¿No te agradan mis amigos? —Intentó desviar un poco el tema.
Charles sonrió.
—No es eso —Comenzó mientras se acomodaba ligeramente para verlo más de cerca —Es que nunca estábamos solos.
Carlos sintió como sus mejillas ardían al notar el coqueteo de su amigo.
El monegasco se levantó de dónde estaba y termino de cortar el espacio entre ambos, notando como el español se tensaba un poco al estar tan cerca el uno del otro.
—Ahora lo estamos —Continuó y notó como la mano de Carlos temblaba un poco mientras sostenía el paraguas —¿Puedo?
Carlos instintivamente bajo la mirada a los labios del príncipe y este último tomo ese gesto como una invitación.
Entonces lo tomo de la barbilla con delicadeza y junto sus labios en un corto beso.
El español cerró ligeramente los ojos, y aunque el contacto fue fugaz, aún podía sentir el dulce sabor de sus labios sobre los suyos.
Y quizá un día se arrepentiría de lo que estaba a punto de hacer, o sería un grato momento que recordar, pero tiro a un lado el paraguas y tomo al príncipe de la cintura para pegarlo más a él y volver a reclamar sus labios.
Esta vez el encuentro fue un poco más atrevido, sintiendo como Charles enredaba sus dedos en su espesa cabellera y abría sus labios para dejar entrar su lengua.
Uno de las manos del príncipe se posó sobre el brazo de Carlos, acariciando sus bien formados músculos y soltando pequeños quejidos al sentir sus fuertes manos en su cintura.
El sonido de la lluvia y sus respiraciones entre mezclándose era lo único que se podía escuchar.
Entonces sintió como Carlos lo hacía retroceder en sus pasos, pegándolo a una de las columnas del kiosco y haciéndolo soltar un quejido.
Las cosas se estaban calentando.
Así que Charles decidió aventurarse un poco más y bajo su mano hacia el abdomen de Carlos, acariciándolo mientras bajaba lentamente hasta casi llegar a su entrepierna.
Fue entonces que algo hizo click en la cabeza del español, separándose bruscamente.
—Carlos... —Dijo Charles un poco asustado al ver que su expresión cambio.
—No debí hacer eso —Respondió —Esta mal.
Entonces tomo su sombrilla y comenzó a alejarse.
Charles se quedó parado bajo esa ligera lluvia.
Él deseaba mucho a Carlos. Le había llamado la atención desde el momento en que entro a Worsley y las cosas solo se fueron intensificando con el tiempo.
Ese verano que compartieron juntos le sirvió para entender que de cierta forma su deseo era correspondido.
Así que hacía de todo para llamar su atención cada vez que estaban cerca.
Pero Carlos era diferente. Estaba confundido y temeroso. No quería vivir lo mismo que su amigo.
Sabía que Charles no era Max, pero las imposiciones sociales eran las mismas.
No quería sufrir y tampoco lastimarlo.
Para él no era tan fácil.
Y definitivamente los dos no estaban en la misma sintonía.