Mírame
22 de diciembre de 2025, 18:52
Meses antes.
Sentado en el sofá, viendo al techo y sintiendo los ojos algo pesados.
Carlos se encontraba en la casa de verano de sus padres, y escuchaba las risas de sus amigos provenientes del exterior.
Habían disfrutado un grandioso día en la piscina pero él decidió entrar un rato para relajar su cuerpo en el sofá.
—Entonces los dos tuvimos la misma idea —Dice Charles llegando hasta él —Parece que Sergio se la está pasando bien.
—Me alegra verlo más tranquilo —Afirma el español observando a su amigo bromeando con Lance en la piscina.
No se da cuenta cuando el de ojos verdes se mueve para pegarse más a él.
—¿Te emociona regresar a Worsley? —Charles intenta continuar con la conversación a pesar del evidente cansancio del español.
Carlos asiente mientras poco a poco va cerrando los ojos.
El monegasco lo observa detenidamente, viendo como poco a poco se va quedando dormido.
Y cuando cree que lo está, se inclina y le besa en la comisura de los labios, algo que siente el español pero que se retiene a reaccionar.

Seria una tontería fingir que nada paso.
Pero fue exactamente lo que Carlos decidió hacer.
Cuando los jóvenes regresaron a Worsley, Charles comenzó a trazar un plan para poder acercarse a Carlos. Pues lo sentía más lejano después de lo ocurrido esa tarde.
Intentó entablar una conversación con él durante la junta del club de fútbol, pero tampoco dio resultado.
No quería presionarlo porque sabía que todo eso era nuevo para él, pero tampoco le gustaba lo distante que se estaba volviendo.
Y es que Carlos se sentía no solo confundido, sino asustado.
¿Desde cuando comenzó a sentirse así respecto a él?
¿Acaso había comenzado ese verano sin darse cuenta?
Ese tiempo que pasaron juntos sin duda alguna había logrado unirlos, pero tenía miedo de lo que eso pudiese significar.
No era nada tonto, recordaba perfectamente los primeros días de Sergio en Worsley después de terminar su relación con Max y no quería lo mismo para él.
—Carlos —La voz de Charles lo saca de sus pensamientos, pero no detiene su paso hacia las duchas del vestuario —¡Carlos!
No tarda en alcanzarlo, pues este debe detenerse para desvestirse.
—En otro momento, no ahora —Dice el español con un tono firme antes de alejarse de él.
Continua con sus actividades manteniendo la mayor distancia posible de su amigo, aunque todo esto lo tenia afligido.
—Maldición... —Murmuro mientras terminaba de ducharse.
Se dispuso a seguir actuando como si no le importara, pero cuando era el momento de la cena no pudo encontrar una excusa para no sentarse a su lado.
—¿Qué haremos este fin de semana? —Comenzó Lewis intentando crear alguna conversación entre el silencioso grupo.
—Dormir, si Dios así lo quiere —Respondió Lance mientras estiraba sus brazos —Se están poniendo más exigentes en el consejo, creo que me voy a salir.
—Creí que te gustaba tener poder —Dijo Charles con una sonrisa burlona.
Claro que ser parte del consejo los ponía en un escalón arriba a nivel de autoridad, pero lamentablemente para Lance, el verdadero poder lo tenia el líder de este.
Y ese no era él.
—El poder lo tiene George desde que se volvió el líder del consejo —Se quejo Lance mientras jugaba con la comida intentando distraerse —Van a cerrar varios clubs con pocos miembros, eso puede incluir el de música.
Lewis casi se atraganta cuando escuchó esto.
—¿Qué? Eso no es justo —El moreno no podía creerlo —Sé que somos pocos, pero no deberían cerrarlo. Eso es atentar contra las artes.
—Díselo a él —Respondió Lance sin darle mucha importancia.
—Eso hare, hablare con él —Dijo con firmeza —No permitiré que las artes sean aplastadas.
—Aplastado mi espíritu educativo —Murmuró el canadiense.
—¿Y a qué club piensas entrar después de salir del consejo? —Charles hace está pregunta mientras su mirada se dirige completamente hacia el español.
Pero este ni siquiera se voltea a mirarlo.
—Al club de polo, creo que sería interesante —Afirmó un poco más relajado —No me vendría mal.
Charles sonríe con amabilidad, pero ya es bastante obvio que Carlos lo ha estado ignorando por demasiado tiempo.
Así que decide jugar un poco con él.
—Me gustaría ir a verte alguna vez —Comenzó el de ojos verdes, captando la atención del español —A mi también se me da muy bien montar.
Carlos se tensa un poco al escuchar esto, aunque el resto de su amigos no se han dado cuenta.
—¿Y por qué no te unes al club? Así ya tendría un amigo conmigo —Y Lance es demasiado distraído para notarlo.
—No con los caballos —Responde casi en un susurró y sonríe traviesamente mientras se divierte con la expresión desencajada del español.
Carlos casi se ahoga con su agua y no le quita la vista de encima.
—¿Cómo? No te entendí —Y el canadiense está en otro canal de la conversación.
—¿Creen que debería ir a hablar con George ahora mismo o hacer un oficio? —Lewis interrumpe la conversación con sus preguntas, no ha dejado de pensar en eso —¿O es demasiado formal? Sigue siendo una figura de autoridad.
—No es un profesor —Le recordó Lance.
—Así es, él no podría enseñarle nada a nadie —Continuó Charles intentando disimular una sonrisa que se asomaba en sus labios —Yo sí podría.
Mira a Carlos con esa actitud coqueta, y este siente que perderá la cordura si el de ojos verdes no comienza a comportarse bien frente a los demás.
—Puedes acercarte a él con facilidad, tampoco seas tan formal —Lance le da un trago a su agua y señala a lo lejos al joven de ojos azules y cabellos castaños —Ahi está, hazlo.
—No, está comiendo —Le recordó el moreno —Mejor iré mañana. También estoy agotado.
—Oigan, miren... —El pelinegro señala al joven rubio que va entrando al comedor y justo detrás de él viene alguien más bajo —¿Se volvieron a pelear?
Todos sus amigos miraron hacia donde se encontraban las personas que señalaba Lance.
Max tenía una expresión seria en su rostro, con una mirada dura y vacía.
Detrás de él iba Lando, se veía pequeño y tímido a su lado.
Tenía el labio lastimado, posiblemente de un golpe.
—No entiendo cuál es el problema entre ellos dos —Afirmó el de ojos verdes —Parecen odiarse, pero casi siempre los veo juntos.
Carlos los observa con suma atención.
No puede evitar mirar con desdén al rubio, quién difícilmente podría agradarle.
Era incapaz de perdonar lo que le hizo a su amigo. Jamas podría hacerlo.
Sergio era demasiado bueno para todavía amarlo, o al menos eso era lo que el español pensaba.
Sin embargo, durante el resto de la cena no le prestan más atención y sus conversaciones se vuelven cada vez más banales.
Finalmente se despiden para marcharse a sus habitaciones, siendo que los dos jóvenes castaños tenían sus cuartos el uno junto al otro.
—Descansa —Es lo único que dice Carlos antes de entrar.
Comienza a desvestirse para ponerse algo más cómodo.
Su mente es un desastre.
No ha dejado de pensar en Charles, en sus ojos y sus labios.
La calidez de su respiración chocando en su rostro, y esa sensación de pertenencia que llenaba su pecho.
Niega con la cabeza un par de veces.
—Ya deja de pensar en eso —Se dice para si mismo —Deja de pensar, déjalo ir.
Era incapaz de permitirse aceptar lo obvio.
No quería vivir lo mismo que su amigo.
Sin embargo, la noche todavía no terminaba para él y pronto la puerta de su habitación se abrió sin previo aviso.
—¿Qué haces aquí? —Pregunto Carlos apenas vio a Charles cerrando la puerta —No puedes entrar de esa manera. Nos pueden regañar a ambos porque...
—Que lo hagan, pero tú y yo necesitamos hablar —Dijo Charles poniendo el seguro de la puerta para que nadie los molestará —No puedes ignorarme.
—Podemos hablarlo mañana —Y el español se mantenía reacio a entablar la mínima conversación con él —Ve a dormir.
—No.
El de ojos verdes era terco, así que Carlos se acercó a él para intentar sacarlo por la fuerza, pero este se movió rápido hacia una esquina de la habitación.
—Charles, por favor... —El español se notaba agotado —¿Por qué quieres hablar de eso? Simplemente finjamos que no pasó.
En ese momento el monegasco soltó una sonrisa algo molesta, pero no iba a ceder.
Tenían que hablar.
—Tú y yo nos besamos —Le recordó el de ojos verdes —¿Por qué lo ignoras?
Esto claramente lo tensa pero, viendo la situación, no podía evitar afrontar esa conversación.
—Porque esta mal —Carlos se muestra nervioso al ser encarado por lo que sucedió entre ambos —Lo sabes.
—No, no lo sé. ¿Qué tiene de malo que nos besemos? —La pregunta de Charles lo confunde.
—La razón es bastante obvia —Y la tensión pareció crecer entre los dos —Me agradas pero...
Ni siquiera lo deja terminar, aunque es muy obvio que solo está balbuceando una excusa para intentar librarse del embrollo.
—¿Te agrado o te gusto? —Y esta simple pregunta casi hace que el corazón del español se detenga, y esta bastante seguro que se le fue el aire por un segundo —Porque es bastante obvio para mi lo segundo. De lo contrario, ni siquiera habrías volteado a verme.
Carlos niega repetidamente con la cabeza y una sonrisa nerviosa se asoma en sus labios.
—No digas tonterías, Charles... —Su respuesta fue evasiva.
En ese momento el monegasco dio unos cuantos pasos acercándose a él, y Carlos se sentía petrificado ante esto.
La tensión entre ambos era palpable al estar tan cerca de sus rostros, con sus respiraciones mezclándose y sus ojos encontrándose en un juego de deseo y pasión.
—Dime que no te gusto, y me iré —Murmuro Charles tan cerca de sus labios que sintió rozándolos con los suyos.
Su mano se posa delicadamente en la mejilla del español, deslizándose a paso lento hasta su barbilla y con su dedo pulgar toca brevemente el labio inferior de este.
Baja la mirada hasta sus labios y luego regresa la vista a sus profundos ojos oscuros que lo observan con atención, puede ver el deseo tan dentro de estos.
Sin embargo, da un paso hacia atrás dispuesto a marcharse ante su silencio.
Pero en ese momento Carlos lo toma de la cintura y lo acerca de nuevo a él, las puntas de sus narices chocan pero rápidamente se mueve a un lado para buscar sus labios.
No se pudo resistir.
Había algo en él que lo tenia tan cautivado, embriagado de deseo.
Charles no tarda en rodear su cuello con sus brazos buscando profundizar el beso, le gusta la forma en como lo toma de la cintura y sabe que tiene que aprovechar que ha cedido a sus encantos.
Torpemente comienza a intentar guiarlo hacia la cama, pero Carlos se detiene al percatarse de esto.
—No puedo... —Murmuro en sus labios, pero el piojos verdes aprovechó para darle otro beso.
—Si puedes, no tengas miedo —Respondió para después volver a besarlo —Nadie tiene que saberlo, nos podemos divertir juntos.
Carlos se detiene a pensarlo por un momento, no podía seguir luchando contra eso.
De verdad le gustaba y era inútil negarlo.
Pero luego recordaba a su amigo y todo lo que había atravesado solo.
—No creo que sea una buena idea... —El español no parecía muy convencido ante la propuesta de su amigo.
—Vamos, ¿No sientes ni un poco de curiosidad? —Susurró Charles colocando su mano en el abdomen de este y deslizando sus dedos lentamente hasta casi llegar a su entrepierna —Te puedo ayudar a experimentar conmigo.
Carlos suspiro pesadamente ante esto.
Podía sentir su mano tan cerca de esa zona peligrosa que sabía debía detener todo eso.
—Necesito pensar —Respondió mientras lo tomaba de la muñeca para alejarlo de ahí —Ve a tu habitación, es bastante tarde y nos pueden castigar.
Charles sonrió ante el nerviosismo de su amigo, y termino cediendo a detenerse.
Pero si algo había logrado esa noche, eso era tentar sus deseos más ocultos.