Capítulo 1
22 de diciembre de 2025, 18:55

A Charles le encantaban los desafíos.
Era un joven de diecinueve años algo mimado por sus padres pero también desatendido por estos.
Sus padres estaban pasando por una crisis, muchos hablaban de un posible divorcio y esto llevó a que su hermano menor entrar en una etapa de rebeldía.
Arthur comenzó a portarse muy mal, y sus padres decidieron prestarle toda la atención de la cual, sin intención alguna, terminaron privando al joven Charles.
El monegasco tenía la necesidad de portarse bien para no causar más problemas a su familia.
Mantenía excelentes calificaciones, y siempre resaltaba en actividades deportivas como su gran habilidad para el tenis.
Parecía el joven perfecto, ejemplar, e intachable. El sueño de todo padre.
Pero cuando salia a divertirse con sus amigos, le gustaba portarse muy mal.
Y después de una de esas fiestas, terminó conduciendo a casa en un estado poco aceptable. Chocando con un puesto de periódicos en la madrugada.
Esto dañó no solo su imagen ejemplar, sino también la relación que tenía con sus padres.
Sintiendo que era un dolor de cabeza que no necesitaban, terminaron contratando a un hombre de 27 años llamado Carlos Sainz.
Tenía experiencia manejando armas y era experto en defensa personal.
La primera vez que Charles lo vio sintió sus piernas temblar.
Le gustaba sus ojos oscuros, su cabello rebelde y sobre todo sus brazos.
Sus hombros era algo que lo hacía querer correr hacia él y refugiarse en su pecho.
No solamente era guapo, sino muy varonil.
Sin embargo, todos sus deseos se vieron truncados cuando descubrió un detalle que lo hizo despertar de su fantasía.
Carlos era un hombre comprometido y parecía muy feliz al respecto.
Había conocido a un joven inglés de nombre Lando Norris, y después de varios años de relación finalmente se decidieron por dar el siguiente paso.
Y aunque eso limitaba el actuar de Charles, no significaba que no podía mirarlo.
—¿A dónde le gustaría ir? —Pregunta el español mirándolo a través del espejo retrovisor.
—A casa de Max —Indicó el joven cautivado por aquellos ojos que lo observaban con seriedad.
Carlos no solo era su chófer, sino también su guarda espaldas y debía cuidarlo 24/7.
Siempre lo esperaba y se quedaba cerca en caso de necesitar su ayuda.
Y el español no se quedaba atrás, pues desde que lo vio sintió que no podía apartar la mirada de esos profundos ojos verdes.
No le agradaba Max porque casi siempre estaba junto a Charles, y mucho menos lo soportaba cuando se alejaban a alguna sala privada en algún club al que iban a divertirse.
En el fondo sabía que le tenía celos por la cercanía que compartian el uno con el otro, y que no podía hacer nada al respecto.
Era la misma desconfianza que le causaba Daniel, el mejor amigo de su prometido, principalmente cuando regresaba a casa y lo encontraba en una visita inesperada.
Nunca fue un hombre que se dejara llevar por sus celos, pero el hecho de reconocerlos como tal lo hacían sentir mal.
¿Por qué siente celos de Max, si Charles solo es el hijo de su jefe?
—Ese tal Carlos se nos queda viendo demasiado —Se quejó el rubio en voz baja mientras terminaba de ponerse brillo labial —¿Crees que le guste a Checo? No quiero que se sienta pegajoso cuando me bese.
Charles sonríe y lo ayuda a arreglar su cabello.
—Ustedes dos no pueden quitarse las manos de encima desde que se hicieron novios —Se burla el de ojos verdes y discretamente observa su guardaespaldas —Pero hoy yo también quiero algo para mí —El joven tomo una bolsa de compras que traía con él y se volteo hacia donde estaba Carlos —Déjanos solos.
El español lo observa con atención, viendo como comienza a desabotonar su camisa y, molesto, sale de la habitación.
—Es demasiado invasivo, yo no podría soportar que me sigan a todos lados —Dice Max tomando la bolsa —Charles, ¿En serio te lo vas a poner?
—Ma hace una bonita figura —Afirma el monegasco tomando la prenda con sus manos —Planeo robar todas las miradas está noche.
El rubio sonríe mientras niega con la cabeza.
—Ya demonos prisa o se nos hará tarde —Responde mientras lo ayuda a vestirse.
Por su parte, Carlos movía uno de sus pies con desesperación, ¿Qué tanto hacían ahí dentro?
—¡Max, con cuidado! —Escucha la voz de Charles quejándose y esto lo alerta.
—¡Es que está muy apretado! —Responde Max y esto solo hace hervir su sangre.
Sin embargo, al poco tiempo ambos salen de la habitación con toda la prisa del mundo.
El de ojos verdes lleva puesto un abrigo que cubre por completo su cuerpo, pero deja a la vista parte de sus lindas piernas.
Esto hace que el español se cuestione la falta de pantalones del joven.
Incluso sus zapatos son diferentes y no puede evitar observarlo caminar, contoneandose de aquí a allá.
Llegan al auto y la noche los atrapa.
Están a unas calles del club nocturno favorito del par de amigos, y allí los espera alguien especial.
Los dos jóvenes bajan y no hacen el intento por esperarlo, adentrándose al lugar mientras él les sigue el paso.
—Ya está aquí —Dijo Max mostrándole su teléfono —Tambien vino un amigo suyo, quiere presentartelo.
Charles asiente y voltea a ver a Carlos para asegurarse de que sigue detrás de ellos.
Llegan hasta la mesa donde se encuentra Checo y este los saluda animosamente, no tarda en presentar a Lewis, su amigo de la facultad de leyes.
El monegasco observa como el moreno toma su mano para darle un beso y esto lo hace sonreír.
Deciden bailar un poco y para esto el castaño se quita el abrigo, revelando un vestido rojo que llevaba puesto.
Uno que se pegaba muy bien a su cuerpo, marcando una linda cintura y que dejaba una buena vista a sus lindas piernas.
Sus hombros también eran el centro de atención al no llevar tirantes y solo tener un collar con el dije de su inicial adornando su cuello.
Lewis lo toma de la mano y lo saca a bailar, se pega a su cuerpo y no duda en tomarlo de la cintura.
Carlos observa molesto.
Había quedado impresionado por la belleza de ese joven, pero verlo en ese vestido despertaba en él algo que no le gustaba.
Se recordaba una y otra vez que tenía pareja y se iba a casar.
Pero ver al moreno tocando descaradamente al monegasco lo hacía enervar la sangre.
A su lado estaban Sergio y Max comiéndose las bocas sin ningun tipo de vergüenza.
Saben que las cosas pueden subir de tono en cualquier momento y se deciden por ir a una sala privada donde podían practicar karaoke, aunque eso sería lo último que harían.
Esto resultó muy malo para Carlos, quién tuvo que esperar en el pasillo al no permitirsele estar ahí dentro con ellos.
Charles ponía sus límites en sus salidas, y jamás lo dejaba estar dentro.
El español no podía con su propia mente imaginando los peores escenarios en su cabeza.
Y de pronto ve como Charles sale de la habitación mientras Lewis le toma la mano.
—Ire al sanitario, no tardo —Dijo el castaño mientras soltaba su mano y caminaba para alejarse de ahí, pasando al lado de su guardaespaldas —Acompañame.
Carlos vio como Lewis ya se había regresado a la sala, así que siguió al joven hasta el baño.
Se quedó esperando en los lavamanos en lo que el de ojos verdes estaba en uno de los cubículos.
Charles no estaba haciendo nada más que seguir un plan que había trazado en su cabeza.
Sale del cubículo y se acerca a dónde está el español, abriendo la llave para tomar un poco de agua con sus manos.
—Cubreme —Dice el monegasco confundiendolo —Este vestido se levantara si me inclino.
—No hay nadie más aquí —Señala Carlos mientras observa el lugar.
—Cualquiera podría entrar, y no quieres que me vean ¿O si? —Suelta en un tono algo coqueto mientras se inclina hacia adelante en el lavamanos, incluso más de lo necesario.
Su vestido se levanta un poco, poniendo muy nervioso a su guardaespaldas que termina poniéndose detrás de él.
Carlos podría haberlo hecho dándole la espalda, pero lo hizo de frente, poniendo sus manos en la orilla de lavamanos para atraparlo entre sus brazos.
El monegasco aprovecha esto para pegar sus caderas a las suyas, sintiendo sus piernas chocando contra sus nalgas.
Se mueve ligeramente, provocando una fricción que le arranca el aire a su guardaespaldas.
El español podría alejarse y marcharse como si nada de eso estuviera pasando, pero en lugar de retirarse, se dejo llevar.
Colocó una mano en la cintura del joven y termino de cerrar el diminuto espacio que había entre ambos.
Con su otra mano fue más atrevido, colocándola en su pecho para hacerlo pegarse a su espalda.
El monegasco no deja de moverse, puede sentir como se pone duro en sus pantalones y se muere porque lo tome en ese baño.
—Carlos... —Murmura cuando siente su respiración en su nuca —¿Te gusta?
Desliza su mano hacia la entrepierna del mayor, acariciando sobre la ropa y mordiéndose el labio al sentir lo duro que estaba.
El guardaespaldas se estaba quedando sin autocontrol. No podía soportar más tenerlo así. Realmente lo deseaba.
—Te quiero follar —Confiesa haciéndolo sonreír.
—Entonces hazlo —Responde el castaño levantando la falda de su vestido y revelando su redondo trasero solo cubriendo su coño por una tanga negra.
Carlos no titubea y desliza una de sus manos hasta las nalgas del joven, deteniéndose en aquella pequeña prenda y tocandolo sobre la tela. Esta tan mojado que termina relamiendose los labios.
Presiona ligeramente con su dedo y logra arrancarle un gemido de sus labios.
Lo toca un poco más, sintiendo cómo sus dedos se humedecian por el lubricante natural del joven.
Toma de la orilla aquella tanga y la remueve un poco para tener una exquisita vista de aquel coño desnudo y mojado listo para él.
Pero justo en ese momento escuchan como dos jóvenes abren ligeramente la puerta entre risas, y al estar tan distraídos no terminan de entrar.
Sin embargo, esto les da tiempo para reacomodarse la ropa sin que nadie sospeche lo que estaban haciendo.
—Salgamos de aquí —Dice Charles tomando su mano para salir de aquel baño.
Carlos no deja de regañarse a si mismo por dejarse llevar al punto de casi follar a ese joven frente al lavamanos.
Lo ve entrar a la sala privada e intenta despejar su mente, aunque el problema en sus pantalones lo incomode demasiado.
No sabe cuánto tiempo se quedará Charles con sus amigos, quizá dos horas en las que preferiría estar en su auto quitándose las ganas.
Pero lo ve salir al poco tiempo mientras se despide de sus amigos, y de Lewis con un beso en la mejilla.
Sin embargo, el moreno es rápido y atrevido, tomándolo de la cintura para acercarlo a él y robarle un beso en los labios.
El de ojos verdes titubea un poco pero al final le sonríe para luego marcharse.
Charles y Carlos caminan fuera del club y este último le abre la puerta del auto para que entre.
Comienza a conducir pero no puede olvidar ese problema en sus pantalones y en la forma en cómo tocó a aquel joven.
Pronto se detiene por un semáforo en rojo y siente una mano tocando su hombro.
—Carlos, hazlo, continuemos donde lo dejamos —Ofrece el monegasco con una voz tan sensual que casi hace flaquear al guardaespaldas —Nadie tiene porque saberlo.
Y aunque él lo desea demasiado, siente que la interrupción en aquel baño fue suerte para despertarlo de su fantasía.
—Lo llevaré a su casa —Afirmó mientras movía su brazo como si quisiera alejarse de su agarre.
El joven regresa a su lugar y se frustra al pensar que todo fue en vano. Había usado a Lewis para ponerlo celoso y aún así se resistía a él.
Sin embargo, no iba a rendirse tan fácilmente y se decidió por ser más atrevido.
Busca debajo de su vestido aquello que necesita quitarse con urgencia, se abre de piernas y le avienta su ropa interior al guardaespaldas, quién se percata de que algo cayó en su regazo y al tomarlo se queda sin palabras.
Entonces escucha un gemido proveniente de la parte trasera del auto, y por el retrovisor puede observar al de ojos verdes con el vestido hasta la cintura, las piernas abiertas y su mano en su coño.
Le muestra una sonrisa pícara cuando lo descubre mirándolo y se muerde el labio cuando comienza a tocarse frente a él.
El español hace todo lo posible por ignorarlo, pero sus gemidos son tan audibles que lo desconcentran demasiado.
No puede evitarlo, ya no tiene fuerzas para luchar contra aquello que tanto desea.
Desvía su camino y se mete en una zona boscosa lejos de cualquier invitado no deseado.
No es capaz de soportarlo más.
Se baja del auto y rápidamente camina hacia la puerta de atrás, abriendo bruscamente y tomando por sorpresa al joven.
Lo empuja para acerlo acostarse por completo y hunde su cabeza entre sus piernas.
Charles ahoga un gemido mientras coloca sus manos en la cabellera del guardaespaldas.
Su lengua se resbala entre sus pliegues, con su nariz presiona contra su coño y su respiración chocando en su delicada piel le provoca escalofríos.
El de ojos verdes gimotea con cada lamida y arquea un poco la espalda cuando uno de los dedos del hombre se adentra en él.
Cualquiera podría decir que Carlos llevaba tiempo resistiéndose a eso.
Ni siquiera piensa por un momento sobre su compromiso o que está metiéndose con el hijo de su jefe.
No le importa, solo quiere saciar sus deseos.
—Carlos... —Murmura Charles mientras lo jala de sus cabellos para pegarlo más a él —Follame, te necesito dentro de mi.
Sin embargo, el guardaespaldas de concentra en su tarea y hace oídos sordos a lo que pide el joven.
Hace uso de sus dedos para separar sus pliegues y hundir su lengua en él.
Saborea cada parte de su piel y levanta ligeramente la vista, observándolo perder la cabeza en aquel asiento trasero.
Finalmente lo tenía a merced después de portarse mal toda la noche.
Se separa un poco y el de ojos verdes se reincorpora levemente algo confundido por haberse detenido.
Carlos acerca sus dedos a su boca y los lame descaradamente antes de colocarlos sobre su coño, frotando lentamente su prominente botón.
Esto es una tortura para el monegasco que no podía estar más mojado, caliente y deseoso por la polla de ese hombre.
Mueve sus caderas a la par que el guardaespaldas lo estimula con con sus dedos y pronto le da una pequeña palmada que lo hace temblar.
—Mira como te contoneas, moviendo tus caderas desesperado por una polla —Se burla del joven y no tardar en acomodarse para meter uno de sus dedos —Has estado pidiendo esto toda la noche.
—Carlos, por favor —Charles ruega y esto hace reír al mayor —Dámelo, no lo soporto más.
El guardaespaldas sonríe y una idea pasa por su cabeza, una que necesita una confirmación.
Porque era muy obvio que Charles había movido sus piezas para terminar en aquella situación.
Y él no podía negar su participación y como dejo pasar una serie de miradas e insinuaciones solo porque realmente le gustaba.
Estaba mal, era consciente de eso.
Pero Charles era tan cautivador que no se pudo resistir.
—¿Te has tocado pensando en mi? —Incluso hacer esa pregunta calentó al hombre de solo tener esa imagen en su cabeza —Responde.
Ni siquiera ponía un alto al movimiento de sus dedos llenando al joven, le gustaba tener el control.
—S-si... —Confiesa —Me meto los dedos pensando en ti. Y deseo tener tu polla en mi boca.
Eso fue suficiente como para que el guardaespaldas sacará sus dedos y comenzará a desabrochar su cinturón.
—Te daré lo que quieras —Dijo mientras lo ayudaba a sentarse —Y tú serás mi último mi despedida.
Charles no le dio mucha importancia a esto último, ya el tiempo lo diría.
Pero sonrió al verlo tan listo para él, bajándose los pantalones para liberar su miembro erecto frente suyo.
El de ojos verdes se muerde el labio al observar aquella polla con la que tanto ha fantaseado.
Es mucho mejor que en su imaginación.
La toma con sus manos y comienza a estimularlo, machando sus dedos con su líquido preseminal.
Carlos se recuesta en aquel asiento y deja que el joven haga con él lo que quiera.
Entre abre los labios cuando siente su calida lengua saboreando la cabeza de su polla, y un suspiro se le escapa al momento en el que lo recorre con esta, delineando sus venas.
Respira pesadamente, Charles lo deja entrar en su boca y se queja cuando casi toca su garganta.
Poco a poco comienza a mover su cabeza para dejar que le folle la boca, y su lengua resbaladiza le roba suspiros al español.
Carlos lo toma de sus cabellos castaños y lo hace ir más rápido con sus movimientos, gimiendo con subida y bajada sobre su tronco.
El joven no deja de mirarlo, aunque sus ojos parezcan algo perdidos y abrumados por el placer.
Le gusta ver es expresión placentera en su rostro, sabiendo que le gusta el trabajo vocal que está haciendo para él.
Siente sus piernas mojadas de lo excitado que está al encontrarse en esa situación.
Ni en sus mejores fantasías imagino algo así.
Carlos observa su cuerpo semi desnudo, cuerpo en parte por aquel vestido rojo y solo puede ver sus pálidas nalgas sobresaliendo de la posición en la que están.
Se muere por follarlo.
—Acuéstate bonito, esto te va a gustar —Ordenó y Charles no tardo en hacerle caso.
Saco aquel miembro de su boca y se acosto abriéndose de piernas.
El español se acomodo para quedar entre estás y con su polla estimulaba al joven posando la cabeza en esta entre sus pliegues.
—Hazlo, mételo —Insiste el más joven —Deja de dudarlo, me tienes tan abierto para ti. Tómame.
Suspira pesadamente al escuchar estás palabras.
Ya había llegado muy lejos como para dar marcha atrás. Y no iba a flaquear.
Presiona con su polla en la entrada del joven, abriéndose paso mientras lo llena deliciosamente.
Se inclina hacia adelante, buscando estar tan dentro suyo que apenas note donde termina él y comienza el otro.
—Charles... —Murmura —Siempre quise meterte la polla.
Su confesión viene acompañada de un jalón a su vestido, bajándolo por la parte del pecho para poder observa bien su cuerpo.
El joven sonríe ante esto y se relame los labios mientras juega con sus pezones frente a él.
Carlos lo toma de las caderas y comienza a mover las suyas en un ritmo lento pero constante.
—Que rico me follas, papi, hazlo más fuerte —Pide mientras lleva una mano a su coño para comenzar a estimularse.
El guardaespaldas se excita y toma un ritmo más brusco, tomando con fuerza a aquel joven que gime por él en ese auto.
—Que coño tan delicioso —Responde mientras continúa follandolo sin piedad —¿Así querías que te agarrara en ese baño? Toda una pvta que necesitaba de mi polla.
Charles continúa tocándose, frotando sin piedad mientras siente como ese hombre lo llena por completo.
Le gustan sus manos fuertes agarrandolo de la cadera, ensartando sus uñas en él como si quisiera marcar territorio.
El hilo de sudor sobre la frente del mayor, con su cabello alborotado y la camisa arrugada.
Se detiene un momento para arrancarse la corbata que siente lo asfixia con cada embestida.
Esta hecho un desastre por aquel joven que solo tuvo que pegarle el culo en aquel baño para hacerlo caer en sus más bajos instintos.
Continúa embistiendo a aquel joven que parece estar mirando las estrellas con cada estocada.
Esta tan caliente y mojado que el sonido chicloso de sus pieles chocando llevan el reducido espacio en dónde se encuentran.
Tendrán suerte si no pasa ningún auto y note lo que están haciendo.
Y tendrá aún más suerte si su jefe no se entera de la forma en cómo cuida a su hijo.
—No te corras dentro —Le recordó el joven y el mayor asintió.
Sabía que no podría resistir más tiempo, así se que acomodo encima suyo para poder tomar su cuerpo de la manera en que se le antojaba.
Se pega a él y siente sus respiraciones entre mezclándose mientras llena su coño con su polla.
Charles lo observa fijamente mientras gime en sus labios lo mucho que le gusta como lo está tomando.
Se muere por besarlo.
El español acaricia su barbilla mientras lo mira fijamente, abre la boca y escapan quejidos llenos de placer que ya no puede contener.
Tiene la polla tan adentro que siente que lo va a romper con cada estocada.
El monegasco gimotea tan cerca de sus labios que lo siente como una tortura.
Pero en el momento en que el joven pierde el control de su cuerpo y se entrega por completo al placer, Carlos atrapa sus labios en un encuentro lleno de deseo.
Su lengua invade la boca del joven y rápidamente busca la suya para comenzar un baile sensual que poco a poco los deja sin aliento.
Charles no lo soporta y se deshace con aquel hombre dentro de él, chorreando su excitación en sus piernas.
Una mano dura d Carlos se posa en uno de sus pechos y siente como le da un pellizco en su pezón que lo hace brincar.
El monegasco solloza bajo suyo, y no tiene tiempo de recuperar la respiración cuando el hombre le está devorando la boca.
Carlos se está dejando llevar, porque está seguro de que no se volverá a repetir.
Así que aprovecha todo lo que puede para deleitarse con el cuerpo de ese joven tan hermoso.
Deja en paz su boca, dándole tiempo de tomar algunas bocanadas de aire, y se reincorpora sin dejar de lado su tarea de follarlo.
—Volteate —Le dice con una voz autoritaria que solo lo excita más.
Charles obedecer después de que el hombre sale de él, y se queda boca abajo hasta que Carlos vuelve a meter su miembro en su coño.
Al guardaespaldas le encanta ver ese trasero rebotando sobre su polla y le suelta una nalgada que hace gemir al más joven.
Posa sus manos sobre aquellos pedazos de carne y lo jala más hacia él.
El de ojos verdes no es capaz de procesar un pensamiento, su cerebro está frito debido al placer que siente con cada embestida.
Carlos no parece tenerle piedad y se vuelve cada vez más brusco.
Charles gimotea, siente como un calor oprime su abdomen y hace temblar sus piernas.
Sabe lo que es y suelta un fuerte gemido al sentir como se vuelve a correr mientras aquel hombre sigue haciéndolo suyo.
El español sonríe orgulloso.
Se sentía tan satisfecho al cumplir sus deseos, pero no pensó que el joven estuviera tan excitado al punto de correrse dos veces por él.
Él también esta cerca, pero sabe que no puede hacerlo dentro.
Le suelta una nalgada y sale del monegasco, comenzando a estimularse hasta que termina corriendose sobre el trasero de Charles.
Se mantiene dentro suyo por unos instantes, intentando procesar todo lo que acaba de pasar.
Todo lo que acaba de hacer.
Sale de él con cuidado y se acomoda en el asiento para intentar recuperar el aliento.
—Carlos... —Susurro el joven mientras giraba para verlo —Eso fue fantástico.
El español sonríe ante esto.
—Lo fue —Responde —Cosas así solo pasan una vez.
Con esta frase deja en claro que su encuentro no podía pasar de eso. Era algo de una vez, solo por placer.
Charles asiente poco convencido e intenta acomodarse el vestido.
Carlos lo ayuda y pronto él termina arreglando su propia ropa.
—Nadie debe saberlo —Le susurro el español antes de darle un suave beso en los labios y después salir del auto.
El de ojos verdes lo observa subirse al asiento del conductor y comenzar a manejar de regreso a la ruta habitual.
Claro que estaba satisfecho con haberse salido con la suya. Pero no estaba seguro de si sería algo de una sola vez.
No, Charles quería más.