ʟᴀᴢᴏꜱ ᴅᴇ ꜱᴀɴɢʀᴇ~ᶜʰᵉˢᵗᵃᵖᵖᵉⁿ

Slash
NC-17
En progreso
3
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planificada Midi, escritos 73 páginas, 23.554 palabras, 10 capítulos
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Capítulo 1

Ajustes
La alarma del reloj provocó que el hombre mayor se despertara en su solitaria habitación. Había sido una noche difícil, teniendo que recurrir a las pastillas para poder dormir. Helmut se sentía agotado, pero nada le molestaba más que la idea de que ese día fuera su cumpleaños. Y con el paso del tiempo lo odiaba cada vez más. Su familia había preparado una celebración especial donde asistirían todos sus hijos y nietos. Este se llevaría a cabo en el hotel de París, uno de los más exclusivos de todo Mónaco. Helmut estaba orgulloso de la fortuna y el poder que poseía su familia. Desde donde se mirara, todo era perfecto. Nadie esperaba que las cosas cambiaran tan rápido en menos de 24 horas.  —Amor, despierta —Sophie se acercó a su hijo y le dio un suave beso en la frente —No puedes quedarte en la cama todo el día. Vamos, es el cumpleaños de tu abuelo. Sergio se removió en las sábanas sin intenciones de levantarse pronto. —Vamos cariño, no podemos llegar tarde —Su madre insistió y el joven finalmente se sentó —Date una ducha y vístete, debemos irnos en media hora. El pelinegro bostezo mientras veía como su madre se marchaba. Miró el reloj y notó que ni siquiera se había quedado dormido. Su alarma no había sonado porque faltaban quince minutos para eso. Y mientras él obedecía a su madre, su hermano se negaba a asistir. —No voy a ver a ese viejo —Dijo el rubio desafiando la autoridad de su madre. —Mick, ya hablamos de esto —Sophie intentaba mantener la calma —Es tu abuelo, tienes que respetarlo. —Él no respeta a nadie, nos trata como si fuéramos idiotas —Mick se acomodo en su cama, dándole la espalda a la mujer. —Mick, esto es importante para tu padre, para toda la familia —Recalcó —No puedes actuar así. Eso no es propio de un Verstappen. —Pues quizá no sea el Verstappen que ustedes esperaban, así que ya no me incluyan en sus eventos familiares —Mick mostraba resistencia. —Entonces te cortaremos todas las tarjetas y no vivirás más en esta casa —Amenazó y el joven rápido volteo a verla —Si no quieres ser un Verstappen, deberás comenzar a vivir como si no lo fueras. —¿En serio, mamá? —Mick se sentó en la cama —¿Vas a echar a tu propio hijo solo por no querer ir a un cumpleaños? —Es tu decisión —Fue lo último que dijo Sophie antes de salir de su habitación. La mujer superó una vez que estuvo fuera de la vista de su hijo. Le resultaba demasiado estresante lidiar con él. —Mi padre debe estar esperándonos —Dijo Jos apenas la vio llegar al salón principal. —Entonces dile algo a tus hijos, no se comportan —Se quejó Sophie tomando asiento en el sofá. —A ese viejo le llevará veinte minutos levantarse de la cama —Dijo Mick llegando —Otros veinte para ponerse los zapatos, y así hasta que se haga de noche y llegue al hotel. Jos sonrió ante la respuesta de su hijo. —Mick, ten cuidado con lo que dices —Comenzó el mayor —Recuerda que es tu abuelo. —Y el dueño del hotel —Le recordó su madre —Así que primero tendrás que ser igual de exitoso antes de querer burlarte de él. —Hijo, termina de cambiarte y dile a tu hermano que se de prisa —Dijo Jos y Mick asintió rendido para después irse. —Su comportamiento deja mucho que desear —Sophie suspiró molesta. —Es solo un chico. —Tiene 21, ya no es un niño —Señaló. Jos solo la miro y no dijo nada. Sabía que sí insistía, ella también lo haría y la conversación nunca iba a terminar.  Lejos de los lujosos edificios que adornaban Mónaco. En Niza, un joven apresuraba a su padre para salir rápidamente. —¡Apúrate, no pienso llegar tarde! —Gritó Max parado al lado de la puerta. Christian se apresuró en ponerse los zapatos y tomo su mochila para ir tras su hijo. —Perdón hijo, me demore un poco alistando todo —El mayor tomo sus llaves y abrió la puerta del pequeño departamento donde vivían. Bajaron las escaleras del edificio y el ruido de las calles los inundó apenas pusieron un pie afuera. Max no pudo evitar hacer una mueca de disgusto al observar el barrio que lo vio crecer. Odiaba ese lugar. —El tren sale en veinte minutos, debemos apurarnos —Dijo Max caminando sin esperar a su padre. Tomaron el autobús y se sentaron en silencio hasta que llegaron a la estación de tren. Christian pagó los pasajes y sonrió al ver la emoción de su hijo. En poco más de veinte minutos estarían en Mónaco, el lugar donde, por azares del destino, nació su hijo Max. Y mientras el mayor se perdía en su mente viendo la ventana, ese recuerdo se hizo presente. Hacía casi 20 años atrás, él y su esposa estaban de paseo en Montecarlo. Ahorraban lo suficiente para pasar un buen rato en aquel lujoso lugar. Lamentablemente el autobús donde viajaban sufrió un accidente y su esposa entró en trabajo de parto. Fueron llevados a The princess grace hospital, y el seguro del transporte de viajes pago los gastos.  Se sentía bendecido de que su esposa e hijo tuvieran la mejor atención médica, sin saber ese mismo día una de las familias más adineradas de Mónaco también estaba en ese mismo hospital. Los Verstappen estaban ansiosos con la llegada de su segundo hijo. Sophie se había puesto en parto de manera natural, dando a luz a un fuerte varón al que decidieron nombrar “Sergio”. Pues en uno de sus viajes ella escucho ese nombre y le pareció muy bonito, interesante y diferente. Sin embargo, la dicha maravillosa de tener un nuevo integrante de la familia se vio perjudicada cuando alguien decidió cambiar a los niños. Accidente o no, esto afectaría sus vidas para siempre.  —Bienvenidos —Dijo uno de los empleados cuando la familia verstappen arribó al hotel. Sergio y Mick bromeaban entre ellos mientras caminaban por los pasillos. Todos los empleados sabían quiénes eran y esto los ponía muy tensos. Pero sabían que los dos jóvenes eran sumamente amables con el personal a pesar de su estatus social. A diferencia de sus padres, que se mostraban muy exigentes. —Hay una fiesta esta tarde —Comenzó Mick hablando por lo bajo. —Ya estamos en una —Respondió el pelinegro juguetonamente. —No, tonto, me refiero a una fiesta en una zona exclusiva del casino —Susurró —No tenemos que quedarnos aquí para siempre. Este lugar es muy aburrido. Sergio entendía bien a lo que se refería a su hermano. Y a pesar de que Mick era muy aventurero, él tenía la presión de ser el más correcto de los hermanos. —No lo sé —Respondió en el mismo tono —Si papá o mamá lo descubren, estarán muy enojados con nosotros. —Ni siquiera se van a dar cuenta —Insistió el rubio —Estarán pegados al abuelo diciéndole lo maravilloso que es. —Sí, pero mamá me tendrá del brazo todo el tiempo —Sergio sabía bien cómo actuaba su madre cuando estaba el abuelo presente. Todos parecían tener una enorme necesidad de complacer al mayor. Y Sophie había hecho de Sergio un joven intachable y muy reconocido por sus buenas calificaciones y su talento en el golf. Le gustaba presumirlo. No porque estuviera orgullosa de su hijo, sino de ella misma. —Mira, llegaron los Norris —Mick hizo una señal con los ojos y el pelinegro miró discretamente —¿Lando sigue enamorado de ti? —Como si no supiéramos de lo que realmente está enamorado —Se burló. —Solo esperemos que no se acerque a nosotros —El rubio se acomodo en su silla dándole la espalda a los Norris —No somos como los Wells, no nos casamos entre primos. Sergio sonrió ante esto. Lando había estado insistiendo en un enamoramiento hacia él. Pero los dos hermanos sospechaban que todo se trataba de una artimaña por dinero. Los Norris eran sus primos lejanos, y era notoria su hambre por el poder y el dinero que poseía la familia Verstappen. Así que por más que el joven castaño intentara acercarse a alguno de los hermanos Verstappen, estos dos siempre buscaban la forma de alejarse de él. Fue entonces que el abuelo Helmut llegó al lugar y todos aplaudieron como si hubiera hecho algo maravilloso. Habían muchos invitados. Todos de las esferas más altas de la sociedad. —Vamonos —Dijo Mick cuando vio a su madre muy distraída platicando con su abuelo. —Sergio, cariño, ven aquí —Sophie llamó a su hijo más joven, haciendo que esté se encogiera de hombros a su hermano. —¿Sí, madre? —Preguntó cuando llegó hasta donde estaba ella. —Cariño, saluda a tu abuelo —Dijo la mujer y él obedeció —Estábamos conversando sobre tu maravilloso promedio en el examen final del colegio. —Fui el segundo mejor —Respondió el joven con una sonrisa. Había sido muy complicado para él ese último curso escolar antes de la universidad. Se sentía cansado y agobiado. Su madre ponía mucha presión sobre él, y sabía bien que se había decepcionado cuando recibió la noticia de que no fue el mejor en la prueba final. Pero se sintió mejor cuando descubrió que había pasado el examen de admisión de la universidad con excelencia. —Pero en la universidad ha sido el mejor —Aclaró la mujer. —Tienes casi 20 años, ¿Por qué apenas estás iniciando la universidad? —La pregunta del hombre los tensó a ambos. Sergio estaba a punto de responder, pero se vio interrumpido por su madre. —Se tomó un año sabático para practicar golf —Respondió —Es muy bueno, este verano participó en un torneo y se llevó el primer lugar. —Me llevé el segundo —El joven la corrigió y ella lo miró con molestia. —Pero en el siguiente ganarás el primero —Dijo Sophie. No era algo que deseara, sino más bien una exigencia. Sergio lo sabía y esto lo molestó. —Tengo las mejores calificaciones de mi grupo —Comenzó el pelinegro con visible frustración —He estado mejorando en el golf y todos me felicitan por eso. Dicen que tengo un gran futuro, aunque gané el segundo lugar. —Sergio —Dijo su madre con visible molestia. Quería callarlo. —No, madre —El pelinegro se defendió —Todos están contentos por lo que he logrado, todos menos tú. No entiendo por qué eres así conmigo. —Este muchacho —Susurró Helmut dándole la espalda a madre e hijo para comenzar a alejarse de ahí, lo habían hartado. —Mira lo que hiciste, ya estarás contento —Señaló Sophie levantando la voz y llamando la atención de algunos presentes —¿Por qué te cuesta tanto comportarte? —No me cuesta comportarme —Sergio la interrumpió —Solo que no entiendo porque nunca soy suficiente para ti. —Claro que lo eres, pero también quiero lo mejor para tu futuro —Insistió Sophie bajando el tono al darse cuenta de que los estaban observando —Hablaremos de esto en casa. —No quiero hablar contigo —Sergio no dejó que su madre lo tocara —Me esfuerzo para impresionarlos a todos y nunca será suficiente. Nunca será el hijo que siempre has querido. Sergio comenzó a caminar lejos de ahí, no le importaba nada. Estaba harto de la misma rutina de siempre Sophie podía ser una pesadilla. Era muy exigente con Sergio, mucho más que con Mick. Ponía todos sus sueños y esperanzas sobre él, presionándolo hasta el punto de hacerlo estallar Sergio ya no lo soportaba. Quería irse a casa y olvidar la vergüenza que pasó. Se sentía muy cansado y no quería hablar con nadie. —Hermano, espera, no te vayas —Dijo mick persiguiéndolo. Pero Sergio fue más rápido y tomó las llaves del auto de la familia y se aventuró en irse. No era consciente de que estaba siendo observado por su verdadero padre. Christian y Max estaban paseando cuando pasaron cerca del hotel de París. Era un lugar simplemente majestuoso y el rubio se tomó varias fotos con el hotel de fondo. Cuando estaban dispuestos a irse, ambos fueron testigos de como un joven salía a toda prisa de ahí y se marchaba a alta velocidad en un auto.  —Papá, ¿Viste eso? —Dijo Max mirando a su padre. —Sí, espero que no le pase nada malo. Va muy... —Comenzó Christian pero fue interrumpido por su hijo. —Ese auto es del año —Dijo el rubio —Y su ropa, sus zapatos, todo es de diseñador. Estas personas viven en el paraíso. Christian sonrío con amabilidad a su hijo. Pero algo en su interior hizo que volteara a ver una vez más el camino por donde el auto había desaparecido de su vista. Sergio presionaba el volante con fuerza. Quizá no consiente de cuán veloz iba. Fue entonces que perdió el control del auto y terminó estrellándose contra una fuente. Por otro lado, en la fiesta Sophie siguió actuando con normalidad. Fingiendo que nada había pasado. Llegó el momento de cortar el pastel y se le pidió a Helmut pedir un deseo. El hombre cerró los ojos y deseo que su familia, los Verstappen, tuvieran éxito y fortuna para siempre. Quería y deseaba a la familia perfecta. Todos aplaudieron y la celebración continuó. En ese momento el teléfono de Sophie comenzó a sonar y se tensó un poco al notar que el número era desconocido. Atendió la llamada y su rostro se transformó con un atisbo de horror al recibir la terrible noticia. Con discreción, llamó a su esposo y a su hijo para marcharse hacia el hospital. No tardaron en llegar y el doctor les hizo saber que Sergio había sufrido un aparatoso accidente y necesitaba transfusión de sangre. Sophie se mostraba muy nerviosa y se ofreció para ser quien le donara sangre a su hijo. Volvieron a llamar a la familia y esta vez pidieron pruebas de sangre para compatibilidad con Jos y Mick. —Familia verstappen —Dijo el doctor llegando hacia ellos con una cara de preocupación —Lo que voy a decir no es fácil. Mick comenzó a negar con la cabeza, estaba horrorizado ante la idea de perder a su hermano. —¿Qué pasa, doctor? Dígalo —Exigió Jos visiblemente frustrado. —Sergio está estable, pudimos encontrar un donador viable para él —Comenzó el doctor y los tres se vieron más relajados —Sin embargo, en el proceso descubrimos algo muy interesante. —¿Qué pasa, doctor? —Susurro Sophie todavía asustada. —Su ADN no concuerda con el de su hijo Sergio —Explicó y los tres se miraron entre ellos —En otras palabras, él no es su hijo. Sophie llevó una mano a su boca, intentando detener un quejido de dolor y molestia que no pudo evitar sacar de su interior. En un abrir y cerrar de ojos, Sergio se había convertido en un extraño para su propia familia. 
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