Mío
22 de diciembre de 2025, 18:52
Pasaron un par de días y la familia Verstappen había decidido guardar silencio sobre lo ocurrido.
Sergio fue dado de alta y regresó a casa, donde su madre se volvió alguien hostigante y nerviosa.
Iba a su habitación por las noches y le daba un beso en la frente. Por las mañanas lo levantaba con un abrazo y le decía que era su hijo, solo suyo.
El joven recibía esas muestras de cariño con extrañeza, pues su madre nunca había sido tan afectuosa y mucho menos con él.
—Checo, salgamos esta noche —Dijo Mick llegando a su habitación y acostándose a su lado.
Descubrieron ese apodo hace un par de meses y de vez en cuando le decía así, sólo él tenía permitido llamarlo de esa forma.
—¿A dónde? —Preguntó sin despegar la vista de su laptop, estaba terminando una tarea.
—Al casino —Apenas terminó de decirlo cuando vio como su hermano desvió la mirada —Vamos Checo, hay una fiesta privada con espectáculo incluido, no le dirías que no a eso ¿O si?
—No tengo muchas ganas de salir —Respondió cerrando su laptop —Quizá otro día.
—Vamos, acompañame —Insistió —No dejarías solo a tu hermanito, ¿O si?
—Eres mayor que yo —Le recordó con una sonrisa en los labios.
—Así, justo así te quiero ver —Dijo el rubio —Sonríe, hace días que no lo haces.
—¿Qué les pasa a todos? —Cuestionó el pelinegro —Primero mamá siendo muy cariñosa, papá no me castigo por el accidente y me regaló un auto, y ahora tú siendo muy meloso de querer salir todas las noches. Es raro, ¿Acaso paso algo?
Sus instintos eran acertados, sabía que algo estaba pasando y el comportamiento de su familia solo se lo confirmaba.
El mayor de los hermanos se puso nervioso, pero rápidamente busco la manera de calmar las aguas.
—Claro que paso algo —Comenzó —Tuviste un accidente, tonto, nos dejaste alterados ante la idea de perderte. Por eso estamos así.
Su voz sonaba molesta, pero era una mezcla de miedo y nerviosismo.
—Bien, perdón —Dijo el más joven —Es solo que no estoy acostumbrado.
Bajo la mirada un poco triste al decir eso.
Su hermano se acercó más y le dio un abrazo.
—Eres mi hermano favorito, claro que te quiero mucho y no necesito de un accidente para demostrártelo —Susurró.
—Soy el único hermano que tienes —Sergio se burló sin desconocer el peso de esas palabras.
El rubio sonrió amargamente. Era difícil, por no decir imposible, aceptar la idea de que su verdadero hermano era un extraño y no el joven pelinegro con quien había crecido toda su vida.
—¿Qué te pasa? —La voz de su hermano lo sacó de sus pensamientos —Normalmente hablas mucho pero hoy estás callado.
—¿Qué? ¿Por qué dices que hablo demasiado? —Preguntó con indignación —Y luego te quejas porque estoy callado, ¿Quien te entiende?
—No quise decir eso —Comenzó el pelinegro, pero se detuvo al ver la sonrisa traviesa de su hermano —Pensé que estabas molesto.
—No podría enojarme contigo, lo sabes —Esto solo hizo sonreír a su hermano —Entonces, ¿Salimos o no?
—Quiero dormir —Aseguró mientras se acomodaba en su cama.
Mick se levantó sabiendo que no lograría hacerlo cambiar de opinión.
—Bien, tú te lo pierdes —Dijo antes de marcharse.
Sergio cerró los ojos y dejó que su cuerpo se relajara hasta quedarse dormido, desconociendo todo lo que sus padres estaban discutiendo en ese momento.

En uno de los despachos más reconocidos del principado, el matrimonio Verstappen discutía las posibilidades que tenían frente al problema que estaban atravesando. Recurriendo al abogado y amigo de la familia, sabían que estaban en buenas manos
—¿Alguien más lo sabe? —Preguntó el abogado mientras se quitaba los lentes y se recargaba en en su silla.
—Nuestro hijo Mick y, claro, el médico que atendió a Sergio —Respondió Jos mirándolo con atención —Vamos, Torger, dinos qué debemos hacer.
—Es claro, deben demandar por negligencia —Toto vio que sería difícil al notar la expresión de molestia en el rostro de Sophie.
—No, sería un escándalo —Respondió Sophie —No quiero exponer a mis hijos a esa clase de atención. Sergio no lo soportaría.
—Entonces, ¿Qué planean hacer? ¿Fingir que nada pasó? —El abogado se mostraba reacio ante esa idea.
Sophie y Jos se miraron el uno al otro.
—¿Qué hay de nuestro hijo? —Preguntó Jos —¿Qué sabemos de él? ¿Hay alguna información sobre su paradero?
—¿Pretendes buscarlo? —La mujer parecía molesta con la idea.
—Es lo lógico, estamos hablando de nuestro hijo —Respondió a Jos como si fuera lo más obvio del mundo, no entendía la actitud de su esposa —Quiero saber si está bien.
—Claro que está bien, estamos en Mónaco. ¿Qué pretendes? ¿Que sea un vagabundo? —Sophie señaló con molestia —Lo único que harás al buscarlo será que la familia que lo cuidó todos estos años comience a reclamar a Sergio y yo no pienso entregarles a mi hijo.
—Sophie, no se trata de eso —Toto intervino —Es muy probable que las personas que tengan su verdadero hijo le están dando una buena vida, de eso no hay duda. Pero si ellos llegaran a descubrir la verdad y de que ustedes ya lo sabían y no hicieron nada, el problema podría empeorar.
—No voy a entregarles a mi hijo —Insistió a la mujer.
—Yo no pretendo eso —Dijo Jos —Sergio también es mi hijo y no se lo voy a entregar a extraños. Pero también quiero saber qué clase de vida lleva nuestro otro hijo.
—¿Y qué pasará si ellos lo descubren? —Sophie se levantó su asiento —Arruinarán sus vidas. Porque todo lo que vivieron fue una mentira.
—Les propongo algo —Comenzó Toto al ver que la pareja no llegaba a un acuerdo —Puedo investigar todo lo que ocurrió el día de nacimiento de Sergio. Ver qué bebés fueron registrados en el mismo hospital y así poder dar con su verdadero hijo.
—¿Y luego qué? ¿Los intercambiamos? —Sophie lo interrumpió pero Jos le hizo una señal para que se quedara callada y lo dejara terminar.
—No se hará un intercambio —Continuó el abogado —Los dos jóvenes ya son mayores de edad y pueden decidir lo que quieran. Pero si ninguno de los dos sabe la verdad, entonces no habrá nada de qué preocuparse —Intentó tranquilizarlos —Podemos llegar a un acuerdo con la otra familia para que este secreto no salga la luz y los dos jóvenes continúen sus vidas y ustedes puedan estar en paz.
—Y si la otra familia pide dinero —Soltó la mujer tomándolos por sorpresa a ambos —Lo mejor es no intervenir.
—No podemos fingir que no conocemos la verdad —Comenzó Jos —No puedo sentarme tranquilamente y saber que mi hijo está allá afuera en medio de una familia de extraños.
—Ellos Pensarán lo mismo y querrán quitarnos a Sergio —Sophie insistió en ese tema. Se mostraba muy temerosa y nerviosa.
—No se va a intercambiar nada —Toto volvió a hablar —Déjemelo todo a mí. Yo investigaré sobre lo que ocurrió y les daré toda la información para que estén más tranquilos sobre su hijo, y todo sin que ninguno de los dos jóvenes se entere.
Sophie se seguía mostrando negativa ante este tema. Sentía que al hacer esto solo estaban atrayendo más problemas.
Pero ya era muy tarde para poder hacer algo, y solo era cuestión de tiempo para que la caja de Pandora se abriera.

A la mañana siguiente, Max se encontraba charlando con su mejor amigo de toda la vida. Les gustaba mucho hojear las revistas y hablar sobre los escándalos de los famosos.
Estaban hablando de una nueva película por salir cuando Max se dio cuenta de algo muy interesante.
—Mira es el joven que te conté —Dijo mostrándole la revista a su amigo —Dicen que tuvo un accidente y fue el mismo día en que papá y yo lo vimos.
—¿Qué? ¿Conociste a Sergio Verstappen? —Preguntó Carlos tomando la revista para ver detenidamente el artículo —Que tonto, ¿Cómo puedes chocar un auto tan caro?
—Debe tener varios así —Señaló el rubio volviendo tomar la revista para seguir leyendo —Ahí dice claramente que su abuelo es el dueño del hotel de París.
—Claro, su familia es una de las más ricas de Mónaco.
—Qué envidia —Susurro Max mientras volví a mirar la foto de Sergio —Es bastante atractivo, ¿No?
—¿Crees que es atractivo por su físico o por su dinero? —Señaló su amigo y el rubio le dio un manotazo en el brazo —Solo preguntaba.
—Claro que es lindo, si lo hubieras visto con tus propios ojos lo sabrías —Dijo sin despegar la vista de la revista —Parece un muñeco, te lo juro.
—Suena como si tuvieras enamorado de él —Respondió el castaño con cierta burla —Pero no sueñes demasiado, los chicos como él no se fijan en personas como nosotros. No estamos en el mismo círculo social ni al mismo nivel económico, no podríamos pagar ni la habitación más barata del hotel de París.
Max cerró la revista con molestia, sentía que no pudo disfrutar ni un segundo de esa fantasía a causa del golpe de realidad que le dio su amigo.
—Que no estemos en su círculo social no signifique que no pueda alcanzarlo —Comenzó el rubio —¿Recuerdas a Lance?
—Sí, el que conocimos en la excursión a Mónaco —Respondió su amigo sin entender muy bien su pregunta —¿Por qué?
—Logre que me diera su número y hemos estado platicando mucho —Dijo Max y le hizo una señal a su amigo para callarse al notar que lo iba a interrumpir —Me dijo que podríamos ir a una fiesta en el casino.
Carlos soltó una pequeña risa al escuchar esto.
—Está jugando contigo, no te llevará a una fiesta ahí. Es muy exclusivo —Señaló el castaño.
—Se lo exclusivo que es —Comenzó el rubio —Por eso dijo que primero nos llevará a una pequeña fiesta con sus amigos. Y si les agradamos, entonces nos llevarán a la fiesta del casino.
—¿Y cómo se supone que vas a ir a esta fiesta en Mónaco? —Cuestionó su amigo —Papá Christian no te va a dejar ir. Jamás te ha dejado viajar solo, lo sabes.
—¿Y quién dijo que va a enterarse? —Respondió el rubio con una sonrisa en los labios y regresando su vista a la revista.
—Estás loco, ¿Y qué tal si pasa algo malo? —Señaló Carlos quitándole la revista de la mano para que le prestara atención —No conocemos a esas personas.
Esto molestó al rubio y le arrebató la revista de vuelta.
—Nos están dando la oportunidad de ir a una de las fiestas más exclusivas en Mónaco y tú solo buscas excusas para no ir —Se quejó —Tendré que ir solo, pero luego no te enojes si ya no te invito a nada.
Carlos suspiró pesadamente. Max sabía muy bien que no lo dejaría ir solo, y mucho menos rodeado de desconocidos.
—¿Cuando es la fiesta? —Preguntó rendido.
—Esta noche —Respondió el rubio sin ánimos de ocultar la sonrisa que se formó en sus labios.
El castaño lo miro con molestia, tendria que buscar una excusa para salir de casa esa noche.
Por su parte, Max estaba feliz.
Definitivamente había logrado su cometido de convencer a su amigo de acompañarlo, y sabía que sería fácil engañar a su padre, mucho más ahora que cubría algunos turnos por la noche en el restaurante.

En un restaurante modesto se encontraba Christian, esa noche cubriría doble turno para poder solventar los gastos de casa. Eran alrededor de las cuatro de la tarde cuando su vida cambiaría para siempre.
Un lujoso auto se estaciono afuera del lugar, en una posición que le daba la vista perfecta a los pasajeros dentro del vehículo.
—Es el único que encaja con el perfil —Aseguró el abogado —Mismo hospital, en el dia y hora exacta. Su padre trabaja como mesero en este lugar.
—¿Cómo es esto posible? —Pregunto Jos removiendose en su asiento —Nació en Mónaco, pero mi hijo vive en un barrio de Niza. No puedo quedarme de brazos cruzados.
Toto lo observó con atención.
—¿Estarías dispuesto a hacer el intercambio? —Esa pregunta aumentó la tensión entre los dos hombres.
—Claro que no —Dijo Jos con firmeza —Pero lo ayudare economicamente, podremos hacer un trato y que esto no llegue a más. Y, por favor, que Sophie no se entere de esto. Va a enloquecer si lo hace.
—¿Quieres entrar conmigo? —Preguntó el abogado antes de abrir la puerta para salir del vehículo.
—Prefiero quedarme aquí, y no le digas que familia está haciendo este arreglo —Pidió mientras miraba por la ventana —No queremos más problemas.
Toto no dijo nada y bajó del vehículo para caminar hacia la entrada del local. Habían muchas personas y pocas mesas disponibles.
Por su parte, Christian se encontraba terminando de recoger los platos de una mesa cuando levanto la mirada y se encontró con aquellos ojos oscuros que cautivaron su atención.
El abogado caminó con paso firme hacia él, pero no pudo evitar sentir un deja vu en su interior.
Parecía que el destino quería volver a juntarlos.

Nota: gracias por leer 💖