Capítulo 1
22 de diciembre de 2025, 18:55

La navidad era la época favorita del año para la parejita más melosa de toda la universidad.
Llevaban casi un año de relación cuando Max decidió invitar a su novio para pasar las vacaciones de invierno con sus padres.
El rubio era todo un alfa bastante guapo y sexy. Llamaba la atención de todos, pero solo tenía ojos para su lindo Omega.
Si bien Checo no había presentado su casta, sus padres le hicieron una prueba de sangre que confirmo lo que todos ya sabían.
Sin embargo, Max respetaba completamente a su pareja y no habían mantenido intimidad en todo ese tiempo.
Su dinámica era más tierna y dulce.
El rubio era un alfa demasiado consentidor y atento, muy amoroso con su pareja porque eso era lo que le habían enseñado sus padres.
Y cuando llegaron a la casa familiar de Max, después de un largo viaje en avión, fueron recibidos cálidamente.
Sebastian Vettel era un omega muy amable y generoso con el novio de su hijo, le parecía adorable y muy tierno.
Congeniaron de inmediato, pero Checo se sintió muy intimidado por el alfa de este y padre de su novio, Mark.
El alfa cabeza de familia era alto, guapo, fuerte y con una expresión seria que ponía nervioso a más de uno.
Apenas le dirigió la palabra cuando se y se fue a su estudio para continuar con el trabajo que le quedaba.
Manejaba una exitosa empresa que requería su atención la mayor parte del tiempo.
Así que no fue un desplante para el pecoso, pero sí llegó a incomodarlo.
—Y el árbol no va a llegar, así que tenemos que ir a un lote a comprar uno —Sebastian le explicaba a la parejita que debían salir esta tarde.
Pero Sergio apenas puso atención a lo que le decía, no se había sentido bien en todo el viaje y quería descansar.
Así que madre e hijo se marcharon, dejando el pelinegro descansando en su habitación.
No sabía muy bien qué le pasaba, pero un calor en su interior se hizo presente.
De pronto un aroma invadió su nariz, madera quemada y cuero, algo picoso.
Al ser tardía su presentación como Omega Sergio no podía percibir los aromas de otros alfas y omegas.
Hasta esa tarde.
Así que no sabía los distintos aromas que tenía la familia Webber.
Sebastian tenía un rico aroma a chocolate blanco con capuchino.
Max, su novio, tenía un fresco aroma mora azul con miel.
Y Mark... bueno, ya lo averiguaría.
Se levantó de su cama para ir por un poco de agua.
Ese aroma era agobiante, y pronto se dio cuenta de que no se trataba de nadie más que su suegro, Mark.
—No, mierda... —Susurro para después beber un sorbo —¿Por qué ahora?
El pecoso lo supo en ese instante, su presentación de Omega llegó con su primer celo y no tenía supresores que lo ayudarán a sobrellevarlo.
Regreso corriendo e su habitación, pues varias ideas pecaminosas invadieron su mente en un instante.
Mark era un alfa con mucha presencia, además de ser bastante atractivo, y él ahora está en una posición donde solo quiere una cosa.
Checo se sentía tan caliente, movía sus caderas intentando calmarse pero era imposible.
El aroma de Mark era penetrante, absorbente y cegador.
Ni siquiera podía ir a pedirle ayuda por algún supresor porque sabía que al mirarlo se le echaría encima.
Solo escuchaba como trabajaba en su computadora en su oficina a unos cuantos pasos de dónde él se encontraba.
No debería hacer eso, pero no puede evitarlo.
Ha entrado en celo y lleva su mano a su coño, acariciándose sobre sus shorts grises que se manchan por lo mojado que estaba.
Suelta un pequeño gemido y cierra los ojos mientras imagina que es su suegrito quién lo está tocando.
Se muerde el labio intentando ahogar un gemido, pues ha abierto más las piernas y la fricción con la tela hace que su respiración se vuelva más pesada.
Cómo le gustaría montar a ese alfa.
Y si bien hacer eso lo relaja un poco, no es suficiente y termina desvistiendose de la cintura para abajo.
No sabe que Mark ha salido de su oficina para buscar algo que comer en lo que llega la hora de la cena.
Pero cuando pasa cerca de su habitación, se encuentra con la puerta entre abierta y unos gemidos que salen sin vergüenza.
—Si, cógeme así —Susurra el pecoso lo suficientemente sonoro para que su suegro se tense y la escena frente a él no ayuda.
Checo no solo se había bajado los shorts, sino que ahora estaba sobre una almohada frotando su necesitado coño.
La vista de ese Omega tan abierto y sediento por polla, con su rico aroma a fresas con crema, solo removió algo en los pantalones del mayor.
Mark se queda estático por un momento y Sergio acomoda su mano para que con sus dedos abra sus labios vaginales y se acomode mejor sobre aquella almohada que le provoca una fricción placentera.
—Lléname el coño —Las palabras sucias del joven tienen efecto inmediato en el hombre, quién decide regresar a su estudio.
Buscar entre sus cajones algún supresor pero no da con ellos.
—Mierda —Susurra para sí mismo y se sienta en su silla frente a su computadora.
Mira como su miembro se marca en sus pantalones y lleva una mano hacia esa zona para acariciarse mientras cierra los ojos pensando en su yerno abierto y listo para él.
Estaba tan excitado que no se dio cuenta cuando alguien abrió la puerta.
Abre los ojos apenas escucha como se cierra y su mirada se encuentra con la del joven.
Este estaba de nuevo vestido, pues no planeaba meterse desnudo así de la nada.
Pero la fricción con la almohada no fue suficiente y sabe lo que realmente necesita.
Su cerebro está frito por el celo, solo quiere ser llenado.
El pecoso se acerca a él, quién lo mira con mucha atención, y lo empuja un poco para hacer un espacio entre el alfa y el escritorio.
Ya no está pensando, solo quiere follar.
Sin dudarlo sienta sobre él, moviendo sus caderas para restregarle el humedo coño en la entrepierna.
Sus rostros están tan cerca y sus respiraciones se mezclan junto a sus aromas tan contrarios.
—Checo, ¿Qué haces? —Mark se siente inundado por las feromonas del Omega que no deja de pegarse a él —¿Estás en celo?
El cuerpo del mayor reacciona positivamente ante el contacto, y su miembro se siente aprisionado en sus pantalones.
—Maxie no está —Comienza mientras sigue moviéndose y se gira para verle, sentándose sobre él en una incómoda posición —Quiero tu polla palpitando dentro de mi.
Mark todavía es consciente y lo hace levantarse para que deje de frotarse contra él.
—No estás pensando con claridad —Dice el mayor levantándose y tomándolo de la mano para sacarlo de su estudio.
Checo provecha esto y lleva la mano del hombre a su entrepierna, Mark se queda estático mientras que el joven usa sus dedos para intentar satisfacerse.
Su delicioso aroma a fresas con crema se siente tan penetrante que no puede evitar mover su mano sobre el coño de este.
Siente lo húmedo de la tela y el pecoso suelta un pesado suspiro.
Mark lo piensa detenidamente, sabe que está mal pero su estado lo está afectando y nublando su juicio.
Quizá una mano de ayuda no es malo ¿Verdad?
Se acerca más a su cuerpo y con una mano lo sostiene de la cintura, mientras que con la otra comienza a tocarlo.
Sergio abre un poco más las piernas y cierra los ojos para disfrutar de su toque, pero pronto se decide por bajarse los shorts buscando un contacto piel con piel.
El mayor titubea un poco cuando observa su coño desnudo y necesitado, más cerca que cuando lo vio en la cama, pero solo lo está ayudando ¿No?
Acerca su mano y con sus dedos separa ligeramente sus labios vaginales, introduciendo uno de ellos entre ambos, manchandose de su excitación.
Poco a poco comienza a ser más atrevido, moviendo sus dedos mientras el joven gime a su lado.
El pecoso lo sostiene de la muñeca con una mano, pero con la otra se apoya en su hombro.
Puede sentir sus músculos bien trabajados, así que comienza a tocarlo, deslizándose hasta llega a su pecho y finalmente llegar a su entrepierna, viendo como su duro miembro se marcaba en sus pantalones.
No puede evitar tocarlo, desea tanto una polla de alfa que se muere por saltar sobre él.
Pero eso no está en los planes de Mark, quién lo toma de la muñeca y aleja su mano de esa zona.
—Te ayudare solo con mis manos —Afirma el hombre con una voz ronca, visiblemente afectado por el estado del omega.
Entonces el hombre introduce dos dedos en el coño el joven, penetrandolo con estos y haciéndolo sollozar de placer.
Sus dedos eran grandes, una cualidad que no pasó desapercibida para el más joven, quién ahora los disfrutaba en su interior.
Mark no puede evitar bajar la mano que tenía en la cintura del joven y comenzar a acariciar sus muslos.
El omega tenía un cuerpo muy bonito, con caderas anchas y un trasero que haría a varios voltear a verlo, también notaba sus pequeños pechos cubiertos por la playera de tirantes que llevaba.
Definitivamente se follaria a ese Omega si no estuviera casado y este no fuera el novio de su hijo.
Todavía se controlaba, pero no sabía cuánto aguantaría así.
—Papi, que rico —Susurra Sergio en medio de su excitación y siente como el hombre reacciona a sus palabras aumentando el ritmo, entonces se arriesga —¿A qué hora me das tu verga de alfa? Quiero saltar sobre ella.
Mark siente aumentar la presión en sus pantalones, ese Omega sabía cómo provocarlo.
Lo arrastra hasta el sofá de su estudio y se sienta mientras que el joven que coloca boca abajo en su regazo.
Tiene una amplia vista a su trasero desnudo y separa sus piernas para poder ver su coño.
Esta tan excitado que ha mojado hasta sus piernas.
—Chequito, te estás portando muy mal al desear la polla de tu suegro —Mark no tardar en darle unas cuantas nalgadas como castigo, haciendo que su piel se ponga colorada.
Sin embargo, el alfa vuelve a introducir sus dedos en el interior del joven Omega, cuyos gemidos comienzan a ser más sonoros.
Sergio siente como sus dedos tocan firmemente en su punto dulce y lo hace temblar, hasta que finalmente se corre en su mano.
En ese momento Mark siente que se le ha ido todo el autocontrol que tenía. Pues el dulce aroma del Omega se intensifica y la excitación en su mano solo lo hace más exquisito.
Sabe que, de hacer lo que va a hacer, ya no habría vuelta atrás. Pero termina llevándose los dedos a la boca, saboreando la corrida del más joven.
El pecoso todavía no estaba satisfecho y aprovecha la distracción de su suegrito para volver a sentarse sobre él, pero está vez dándole la espalda.
Puede sentir su verga dura en sus pantalones, así que se pega más a él para generar más fricción.
Cuando siente las manos del alfa en sus caderas, piensa que lo hará levantarse y está vez lo sacará de su estudio.
Pero no es así.
Mark lo guía a moverse sobre él, acaricia su cintura y mueve sus caderas simulando pequeños embestidas contra su coño.
Checo se gira a verlo y le sonríe, hay mucha lujuria en su mirada y eso excita al alfa.
Entonces el joven se quita la playera de tirantes que llevaba puesta y expone sus pechos al mayor, quién rápidamente lleva una mano hacia estos para acariciar su suave piel.
Sigue moviendo sus caderas y gimiendo por lo bajo, pero de un momento a otro Mark se levanta sosteniendolo de la cintura.
—No le puedes decir a nadie, será un secreto entre nosotros —Señala y el pecoso asiente.
Mark comienza a desabotonar su camisa y la tira al suelo.
El Omega lo mira con atención y el hombre simplemente se acerca a su rostro y le planta un beso en los labios, tomándolo de la barbilla para obligarlo a abrir su boca e introducir su lengua.
Sergio gimotea al inicio, pero pronto logra seguirle el ritmo y siente como sus fuertes manos acarician su cuerpo.
Se decide por no perder el tiempo, así que lleva sus manos hacia el cinturón del hombre y logra deshacerse de este junto al pantalón, dejándolo en boxers.
La polla de Mark se está asfixiando, así que se deshace de su ropa interior y mira aquel pedazo de carne más que listo para llenarlo.
Su miembro erecto era de un tamaño considerable y hacia salivar al joven al ver esas venas que se marcaban al rededor del tronco.
Lo toma en su mano y comienza a masturbarlo al mismo tiempo que Mark no deja de devorar su boca.
Siente los dedos del alfa acariciando su coño y pronto este lo hace ir al sofá una vez más.
Ahí, Mark le dice como debe acomodarse sobre él, haciendo que el joven se siente en su cara mientras sigue tocando su miembro.
Sergio tiembla cuando la húmeda lengua del alfa se abre sus pliegues, introduciendose en su coño y dando grandes lamidas a su paso.
Siente como su nariz se presiona en su entrada, y con sus dedos separa sus labios vaginales para meter su lengua tanto como puede.
El pecoso se muerde el labio e inevitablemente comienza a mover sus caderas para sentirlo más adentro.
Sin embargo, se relame los labios cuando ve aquel pene que lleva deseando llevarse a la boca desde que entró por aquella puerta.
Se inclina hacia adelante y mueve su mano sobre aquel pedazo de carne, manchando sus dedos con su líquido preseminal.
Su respiración caliente choca contra su húmeda piel, provoca un escalofríos.
Sergio no flaquea y abre bien la boca para dejar que ese miembro entre tanto como pueda recibirlo.
Saborea la cabeza de su pene con la lengua, marcando pequeños circulitos está y apretando los labios.
Mueve la cabeza en un vaiven que de vez en cuando le provocaba arcadas, debía tener cuidado porque no tenía experiencia en eso más que lo que le habían contado que se hacía.
Pero la nariz de Mark presionando contra su coño hizo que moviera más sus caderas, no podía soportarlo.
El hombre lo comía como si estuviera hambriento. Su lengua resbaladiza lo penetraba con habilidad y sus dedos jugaban con su clítoris.
Deja en paz su polla y se concentra en el placer que está sintiendo en su entrepierna. Moviendo sus caderas mientras que el hombre sigue devorandolo.
No tarda en correrse en su boca, soltando una gran bocanda de aire mientras cierra las piernas en una reacción instintiva que solo ahoga al hombre entre su piel.
Cuando el pecoso se levanta, Mark está ahogado en placer y solo desea maltratar ese coño hasta dejarlo lleno y desbordante de su semilla.
—Sientate sobre papi —Indica el mayor y Checo obedece colocándose sobre él, sintiendo su miembro presionando contra su coño —Hoy probaras la verga de un hombre.
El joven comienza a restregar su coño sobre el tronco duro que tenía Mark entre las piernas.
Siente su cálida piel resbalarse entre su pliegues y esto provoca pequeños gemidos que poco a poco se intensifican.
La cabeza de su pene choca con su entrada pero lo acomoda para seguir rozando su piel.
Es muy diferente a la almohada.
Esta tan caliente, duro y necesitado, que su deseo de brincar sobre él se hace realidad cuando lo deja entrar.
Mark gruñe cuando se desliza dentro de ese suave coño y el joven gimotea de placer al probar su primera verga.
—Oh, dios... —Susurra el pecoso con dificultad —Mierda.
El mayor sonríe orgulloso de su mismo, puede ver el placer en el rostro del más joven y no duda en ayudarlo para que lo folle.
Coloca sus manos en su cintura, y lo hace levantarse un poco para bajar de nuevo, guiándolo en su primera montada.
—Joder, tan estrecho —Susurra el alfa mientras disfruta del placer que le está dando aquel apretado coño que ahora envuelve su falo.
Checo entiende rápido, así que no tarda en marcar el ritmo sobre aquel miembro que lo llena por completo.
Sus mejillas se sienten coloradas, como si ardieran, gimotea alaridamente, pues no hay nadie más en casa.
Mark le pega una nalgada mientras observa como sus pechos brincan con cada embestida.
Definitivamente Max supo escoger a un buen y hermoso Omega, era lástima que no estuviera presente para su primer celo, pues ahora su padre se lo estaba follando.
—Se siente tan bien —El pecoso solloza de placer mientras monta aquella polla.
Pero Mark lo abraza de la cintura y en un movimiento rápido ya se encuentra arriba de este.
Abre sus piernas de lado a lado y con sus manos fuertes lo toma de las caderas y comienza a follarlo con desesperación.
Sergio baja una de sus manos a su entrepierna y comienza a masturbarse mientras el hombre lo embiste.
—Mark, quiero tu nudo —Suplica con ojos llorosos de tanto placer.
El hombre analiza que, si ya se lo estaba follando, ¿Qué más daba si lo anudaba?
Sus movimientos se intensifican y el sonido de sus pieles chocando se vuelve más sonoro.
Con una de sus manos pellizca uno de los pezones del joven y este chilla ante el contacto.
Lo hace ponerse en cuatro para disfrutar de la vista de su trasero rebotando sobre su polla.
—Eres tan hermoso —Susurra el mayor mientras lo sostiene con fuerza.
Sergio empuja sus caderas hacia atrás cuando cada embestida de Mark, desea profundizar el contacto.
El alfa toma ambas nalgas y las separa para después pegarles hasta marcar su mano.
Hacia mucho tiempo que no disfrutaba de un buen sexo y mucho menos con alguien tan joven.
El pecoso no solo era bonito, sino también sensual.
Y tenerlo de esa manera había sido una bendición para el mayor.
El Omega muerde la almohada que esta bajo suyo cuando otro chorro de corrida se hace presente.
—M-mark... —Gime su nombre cuando llega al climax y esto solo provoca que el Alfa se vuelva más dominante.
Aturdido y cegado por el placer, continúa golpeando el interior del joven sin ninguna vergüenza.
Hasta que escuchan el ruido de la puerta principal cerrándose.
—¡Ya llegamos! —Grita Sebastian apenas da unos cuantos pasos y llega a la puerta de su estudio —Amor, ¿Podrías ayudar a Max a bajar el árbol del auto?
Checo se lleva la mano a la boca, intentando no emitir sonido.
El mayor le hace una señal para guardar silencio y este obedece, pero mueve un poco sus caderas al sentir el miembro estático en su interior.
Mark lo mira con molestia pero se aclara la garganta antes de hablar.
—Estoy en una junta en video llamada —Sabe que su esposo no entrara si le dice eso.
—Perdón, lo ayudare y luego prepararé la cena —Afirmo el rubio del otro lado de la puerta para después alejarse.
—-Hum... —Checo de queja mientras se mueve para seguir sintiéndolo dentro — Cógeme, no te detengas.
El alfa intenta pensar con claridad, pero la simple idea de ser descubriertos le genera tanto morbo que siente que se correrá en ese instante.
Sergio era una belleza y sería una lástima no darle su nudo.
—Shh... —Susurra Mark mientras lleva un dedo a sus labios —Sin hacer ruido.
El Omega asiente y se muerde el labio cuando el hombre comienza a embestirlo.
El ritmo lo está matando, pero necesitaban ser cuidadosos para no ser descubiertos.
Cuando escucha un ruido fuera de casa, sabe que debe aprovechar esa oportunidad por la distancia.
Hace que el joven se acueste sobre el sofá y está vez no tiene cuidado al comenzar a embestirlo, follandolo tan fuerte que serían capaces de escucharlo si pusieran un pie dentro de casa.
Mark gruñe mientras siente como el calor entre ellos aumenta y el joven abre la boca sin emitir sonido de lo tan excitado que está.
Toca sobre su coño, lo maltrata mientras lo folla y siente como sale otro chorro de corrida acuoso que mancha el sofá blanco en el que están.
Ataca de nuevo sus labios para intentar ahogar cualquier gemido y pronto siente como la punta de su pene se hincha para ensancharse en el interior del Omega.
Se corre dentro de él mientras se forma el nudo que los mantiene estáticos en esa posición, con las piernas del pecoso rodeando su cintura.
Quiere morderlo para marcar su cuello, pero sabe que no debe hacerlo, así que usa toda su fuerza de voluntad para evitarlo.
Sergio suspira pesadamente cuando siente su líquido caliente dentro de él y su nudo llenando sus paredes.
—Ay... —Se queja el pecoso por haberse movido un poco.
—No te muevas, cariño —Ordena el mayor —Lo hiciste bien, muy bien.
Se acerca a su rostro y le planta un dulce beso en los labios.
Está vez no es tan desesperado, sino más ameno y erótico.
Disfrutando de sus bocas mientras esperan que el nudo entre ellos se deshaga.
Mark introduce su lengua en la cavidad bocal del joven, quién la recibe ánimosamente.
Se deleitan disfrutando del otro, hasta el hombre siente como la hinchazón va bajando poco a poco.
—Mark... —La voz de Checo vuelve a ser tan tímida como al inicio —Sé que esto no está bien pero, me gustaría que esto fuera más que de una ocasión. Quiero volver a hacerlo contigo.
El alfa lo observa y decide pensarlo por un momento.
—Ahora sería una locura —Afirma pero el pecoso niega con la cabeza.
—No ahora, las vacaciones de invierno son largas y tendremos muchos días —Señala el más joven —Nadie tiene que saberlo, pero no me prives de ti.
Sergio baja su mano hacia el miembro de Mark y lo acaricia mientras sale de su interior.
En respuesta, el mayor solo le da un beso que dice más que mil palabras.
No tardan mucho en volver a ponerse sus ropas y el pecoso sale casi corriendo para llegar a su habitación antes de que descubran que no estuvo ahí todo ese tiempo.
¿Era una locura? Sí, ¿Le había gustado? También.
Pero ahora debería bajarse de su nube y centrarse en lo que era importante, disfrutar de esa nueva faceta en su relación.