ID de la obra: 1503

Je t'aime~ʸᵘᵏⁱᵉʳʳᵉ [EROS ENAMORADO EXTRA]

Slash
G
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2
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planificada Mini, escritos 21 páginas, 6.706 palabras, 3 capítulos
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Capítulo 1

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 Era una mañana fría de diciembre. Yuki terminaba de alistarse mientras en la planta baja su padre lo llama. —¡Hijo! ¿Ya está listo? —Pregunta Max mientras toma las llaves de su auto —Tengo que llevar a Thierry al instituto, vamos. —¡Voy! —Grita el joven mientras toma sus cosas y sale de su habitación. —No olvides despedirte de tu papá —El rubio le recuerda justo cuando está pasando frente a la habitación de sus padres. Yuki toca ligeramente la puerta y entra para encontrarse a su padre, Sergio, abrazando a su hermanito Alex. —Ya me voy, mami —Yuki se acerca al pelinegro y este le da un beso en la mejilla —¿Y este qué? Le da un ligero golpe en la frente a su hermanito y este le arroja una almohada mientras le dice: —Que te valga. —Ya los dos —Sergio les llama la atención y Yuki sonríe mientras se marcha de la habitación. Baja las escaleras y ve a su papá Max dándole mimos a Calos, el perro de la familia. —Vamos, hijo —Dice el rubio reincorporandose y tomando su mochila. —Papá, no tienes porque llevar mis cosas, yo puedo solo —Insiste el pelinegro pero su padre solo lo abraza. —Sé que ya estás grande, pero siempre serás mi niño —Afirma antes de que salgan de casa. Suben al auto y ahí está Thierry, quién mira su serie favorita en la tablet. Yuki sonríe cuando mira la pantalla, sabe que le encanta “Friends” y se ríe como si fuera la primera vez que lo estuviera viendo. —No olviden que hoy tienen que tener listas sus cosas, no quiero que anden de aquí para allá a última hora —Dijo Max mientras no despejaba la vista del camino. Llegan al instituto olímpico, donde Thierry baja y se encuentra con su entrenador, Jo, quién saluda a Max con visible afectó. Jo ha mantenido una larga y buena amistad con la familia Verstappen-Pérez, cosechando éxitos en lo profesional y siendo muy cercanos a nivel personal. Thierry era muy talentoso y a sus dieciocho años había sido aceptado en el instituto al que asistieron sus padres. No había duda de que llenaba a sus padres de orgullo. Yuki, por su parte, era bastante exitoso teniendo su propio restaurante de gran reconocimiento en la ciudad. Un talento nato para los postres, no se limito a solo eso, sino que exploró la diversidad de sabores y técnicas que podía ofrecer la alta cocina. A sus veintiún años, se mostraba cómo un joven avispado, amable y muy perseverante. Creció con unos padres que lo amaban y nunca limitaron sus sueños, un par de hermanos mellizos que siempre lo molestaban pero también admiraban y amigos que lo apoyaban y aconsejaban en su día a día. Sentía que su vida era perfecta, pues no le faltaba nada. O eso creía.  Por otro lado, un joven de veintitrés años perdía la cabeza en el aeropuerto. —No puede ser posible, por eso lo reserve a tiempo —Dijo Pierre intentando contener su molestia —Señorita, yo tengo que irme hoy. El abogado era alguien paciente, pero se sentía frustrado porque debía llegar hasta el otro lado del país y los vuelos estaban llenos. Y ahora estaba atascado en la ciudad de su infancia sin nadie que conozca ni un lugar para llamar su hogar. —Lo siento, pero todos los vuelos se atrasaron por el clima —Insistió la joven. Ya no sabía que más decirle, pero era una situación que no estaba en sus manos. Pierre estaba molesto, pero sabía bien que no era culpa de la chica y solo se retiró. Tomo asiento en una silla y miró el reloj en su muñeca, 09:30 hrs, era bastante temprano y tenía hambre. Toma su maleta y camina hacia la salida, donde logra subirse a un taxi y le da indicaciones de un hotel donde buscaría hospedarse al menos por ese día. Solo quería dejar su maleta y descansar. Pero, durante un semáforo en rojo, pudo ver un restaurante que llamaba mucho su atención por lo familiar que le resultaba. Decide seguir su instinto y bajar del vehículo, pagándole al taxista y tomando sus cosas. Camina lentamente, con curiosidad, pues era una sensación extraña la que sentía en su pecho. Hacia tiempo que no viajaba a ese lugar, no desde que se mudaron y su papá falleció. Se puso al mando de los negocios de su familia, pero comenzó a vivir en automático, olvidándose de sí mismo. La campana de la puerta suena apenas la empuja un poco, y es recibido por uno de los meseros para darle una mesa. Se acomoda en una de las sillas, dejando su maleta a su lado, y toma la carta para ordenar. No puede evitar mirar hacia todos lados, observando cada parte del lugar como si fuera un recuerdo lejano de un sitio que nunca visito. Entonces se percata del nombre del restaurante: “Je t'aime” Y una ola de sensaciones familiares vuelve a envolverlo. Cuando el mesero le pregunta si ya está listo para ordenar, su respuesta lo hace sorprenderse a si mismo. —Sí, quiero panqueques. Una opción fácil, práctica y común. Pero si había algo que Pierre no había olvidado, eran unos deliciosos panqueques que comió en su infancia y que siempre pensó eran de su padre. Y mientras se distraía con la decoración del lugar, en la cocina hablaban del poco movimiento de esa mañana. —¿Panqueques y café? Yo me encargo —Dice Yuki, quién se moría por cocinar algo para distraer su mente de lo que debía hacer esa noche. ¿Cómo le diría a sus padres que no iría en navidad a la casa del abuelo? Negó con la cabeza para intentar disipar esa idea y se concentro en el pedido. Le gustaba mucho hacer panqueques porque le recordaban a cuando era pequeño y sus papá Max le enseño a prepararlos. Jamás había probado comida más deliciosa que la que hace su padre. Así que, cuando abrió su restaurante, lo primero que puso en la carta eran aquellos panqueques que siempre se sentían como un abrazo a su hogar. Amaba a su familia, eso nadie lo podía negar. Pensando en sus recuerdos, Yuki terminó la orden y está fue llevabada a la mesa de Pierre. Apenas dio el primer bocado y sintió como esa sensación de familiaridad se incrementaba cada vez más. Esos panqueques no solo sabían deliciosos, sino que le recordaba a aquellos que probó de pequeño. Quería hacer memoria, intentar descifrar algo más que le diera pistas sobre a quien le recordaba todo esto. Porque a su mente solo venían el recuerdo de unos hermosos y profundos ojos negros. Incluso después de terminar su comida, Pierre no se mueve de su lugar. Siente que, de marcharse, todos esos recuerdos se esfumaran en un instante. Decide pedir otro café mientras acomoda su laptop en la mesa, está dispuesto a avanzar con su trabajo tanto como puede. Aunque el buen internet del lugar es solo una excusa para no irse de ahí. Pasa gran parte del día en el lugar, viendo de vez en cuando a la calle y recordando momentos fugaces de su infancia, cuando paseaba junto a su padre. Notó como el lugar se iba llenando más y más de personas. Familia, amigos y parejas, quienes pasaban un buen rato de convivencia. Era obvio que el lugar gozaba de popularidad, y muchos se tomaban fotografías para presumir en sus redes sociales. Los diferentes platillos que provo en la comida y la cena eran sin duda deliciosos, pero no replicaban el aura familiar de los panqueques. Esto quizá se debía a qué Yuki solo había preparado los panqueques, no los demás platillos.  Cuando la noche cayó, Pierre estaba dispuesto a saludar al chef antes de marcharse al aeropuerto porque su vuelo saldría en dos horas y media. Claro, si todo salía bien. Le da el comentario al mesero y este se retira a la cocina. Yuki se asombra por el pedido, ya que no tenía conocimiento de que algún crítico de comida llegaría ese día. Y quizá Pierre no debió mentir en ese aspecto, pero sabía que era la manera más viable de que le hicieran caso. Comienza a guardar sus cosas dispuesto a irse apenas termina de hablar con él, pero se queda estático cuando lo ve llegar. Esos ojos eran iguales a los que recordaba. Un suspiro pesado escapa de sus labios y siente que el mundo se detiene para que ellos dos tenga el tiempo necesario para hablar. —Ha pedido hablar conmigo —Dice el pelinegro llegando hasta él —Soy Yuki Tsunoda, un gusto. Pierre se queda sin palabras, en su mente ese nombre resuena una y otra vez como si fuera lo más importante del mundo. —Pierre Gasly, abogado —Confiesa su mentira y esto hace reír ligeramente al joven —Solo quería agradecer por la buena comida, principalmente el desayuno. Yuki observaba al abogado con atención. Su rostro le parecía tan familiar al igual que su nombre, pero no lo incomodaría con el tema. También le parecía atractivo, pero era algo que no diría abiertamente. —Me alegra que le haya gustado la comida —Responde el pelinegro inclinándose un poco hacia adelante como saludo. Pierre asiente con la cabeza y toma su maleta. —Si vuelvo a pasar por la ciudad, me aseguraré de probar su comida otra vez —El abogado extiende su mano y el otro corresponde su saludo. Sale del restaurante y se queda en la acera esperando el taxi que ha llamado. Ya es bastante tarde y el lugar ya está cerrando, así que Yuki también busca sus cosas para marcharse. La nieve cae suavemente sobre sus hombros y las luces de la ciudad hace que todo se vea más cálido. Sin duda alguna todo se veía hermoso. Se acomoda la mochila cuando voltea y se encuentra con el abogado todavía ahí parado, mirando su teléfono. Pero ni siquiera está prestando atención a lo que esta viendo, porque en su mente solo piensa en Yuki, el restaurante y el nombre de este. No sabe que el joven pelinegro está caminando hacia él. —Je t'aime... Un lugar en tu corazón...—Pierre susurra por lo bajo, pero es escuchado por Yuki, quién se detiene en seco. El abogado había escarbado en sus recuerdos, logrando completar la frase que le daba nombre al restaurante. Yuki, en su mente, era más que aquel joven que dirigía ese lugar. Ahora podía verlo claramente. Crecieron juntos, jugaron junto al otro y se cuidaron entre ellos. Yuki tenía las mejillas coloradas al recordar de dónde había sacado el nombre de su restaurante. Entonces Pierre levanta la mirada y mira al joven a menos de un metro de él. Ambos se miran sabiendo bien a quién tienen enfrente El abogado guarda su teléfono en el bolsillo de su abrigo y corta la distancia entre ambos. —Yuki... —Susurra haciendo que el joven se sonroje aún más —Aún puedo recordar tus ojos. Esto hace que el pelinegro suspiré pesadamente. No sabe qué decir, ni como comenzar una conversación con alguien que no ha visto hace más de diez años. La nieve se intensifica un poco, cubriendolos a ambos y haciendo todo un poco más mágico. —Te recuerdo... —Susurra el joven y una pequeña sonrisa se forma en sus labios. Ambos continúan mirándose fijamente y sonríen cálidamente al otro, sin poder creer que sus caminos volvieron a cruzarse. Y justo cuando parecía que uno de los dos tenía la iniciativa para continuar con la conversación, el sonido de un claxon los alertó. Max, quién había ido a recoger a su hijo al trabajo, se puso en alerta al verlo con un hombre sospechoso. Así que se apresuró a llegar hasta ellos, intentando divisar si era algún amigo de su hijo. —Ay, es mi papá —Dijo Yuki sabiendo bien lo que eso significaba. Entonces Pierre recordó que nunca le agrado al señor Verstappen, y ahora sabía bien que era porque él reconocía los sentimientos del francés hacia el hijo de este. —Dios, otra vez no, por favor —Susurró Pierre con una sonrisa forzada. Pero eso apenas era el reinicio de una historia de amor congelada en el tiempo. 
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