Galletas de fresa
22 de diciembre de 2025, 18:52

—¿Quién es ese? —Murmuró Max para después acercarse con su vehículo.
Toca el claxon y esto alerta a ambos jóvenes.
Se detiene frente a ellos y baja el cristal de la ventana del copiloto.
—Hola pa, me asustaste —Confiesa Yuki acercándose para que lo pueda escuchar.
El abogado se pone nervioso al confirmar que se trataba de Max Verstappen, el padre de Yuki que siempre pareció detestarle.
—Hola señor Verstappen, no se si me recuerda —Comenzó Pierre deseando que no lo recordara —Pero soy el hijo de Jenson, él era su amigo hace muchos años.
El mayor hace una mueca al recordar quien es, pero rápidamente disimula para no incomodar a nadie.
—Pierre, ha pasado mucho tiempo —Dice Max algo incómodo por la idea de verlo junto a su hijo y ve la expresión nerviosa en el rostro de Yuki —Es bastante tarde para estar aquí afuera con la nevada, ¿Quieres que te llevemos a casa?
El rubio ha aprendido de la amabilidad de su esposo y tampoco le gustaría que su amado hijo estuviera solo en la calle, mucho menos en ese clima.
Yuki le lanza una mirada amable a Pierre, animándolo a irse con ellos en el auto de su padre pero en ese momento un taxi se estaciona detrás de Max.
—No es necesario, ya llegaron por mí —Señala el abogado mientras toma su maleta —Les agradezco su amabilidad, pero ya debo irme al aeropuerto.
El pelinegro se conmueve un poco ante esto. Apenas había podido reconocerlo y ya se iba.
—Que tengas un buen viaje —Es lo único que sale de sus labios antes de subir al auto.
Pierre asiente con una sonrisa amable y después camina hacia el taxi, marchándose de ahí.
—¿Todo bien? —Pregunta Max al notar lo callado que está su hijo.
Yuki siempre le contaba todo lo que pasaba en su dia, era un hábito que había tomado de su padre Max, pero esta vez no había dicho nada.
—Sí —Responde sin siquiera mirarlo.
En la mente del joven se agolpaban diversos recuerdos, pero también la memoria de muchos sentimientos que creía no volvería a sentir en su pecho.
Sumergido en sus pensamientos, recuerda un momento muy especial para él.
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En una de las habitaciones de la casa de los Verstappen-Pérez, dos niños jugaban en una pequeña cocina de juguete que tanto amaban.
Les gustaba pasar el tiempo juntos y a sus diez años ya estaban más que acostumbrados al otro.
Estaban acomodando todo en su restaurante ficticio, cuando Pierre saco una flor que había cortado del jardín y se la extendió.
Ya era costumbre que el pequeño robara flores del jardín de Sergio para dárselas a su amigo, quien siempre las recibía con una sonrisa.
Pierre era muy cariñoso y siempre le daba besos en la mejilla o en las manos.
—Je t'aime —Dice con una inocencia que derritiera el corazón de cualquiera.
Su padre Jenson le había estado enseñando diversas palabras en su idioma, queriendo que su hijo no pierda su herencia cultural al estar lejos de su país de origen.
—¿Qué es eso? —Pregunta Yuki sumamente confundido por dicha frase que le resulta extraña.
Entonces el castaño tomó su mano con cuidado.
—Papá dijo que es algo que se le dice a alguien que quieres mucho y que tiene un lugar especial en tu corazón —Explica mientras balancea sus manos juntas —¿Tú me quieres?
En respuesta, Yuki se acerca a su mejilla y le planta un beso lleno de baba.
Entonces continúan jugando, y Pierre lo llama chef Yuki en medio de su diversión, es en ese momento que el pelinegro le cuenta sus deseos de convertirse en uno.
—Y así todos me llamaran chef Yuki —Afirma el pequeño mientras finge cocinar algo en un sartén de juguete —Quiero un restaurante lleno de plantas, porque a mi mami le encantan.
—¿Una como la de tu abuelito? —Los pequeños no saben diferenciar un restaurante de una cafetería, pero entienden el concepto —En su pueblito.
—Mucho más grande —Responde el pelinegro con emoción —Y todos irán a comer ahi.
—¿Y me vas a invitar? —Pierre siempre buscaba la aprobación del más joven, porque realmente lo quería mucho.
—Si, porque siempre estaremos juntos —Afirma Yuki.
Continúan jugando sin pensar que dentro de un año sus vidas se separarían durante una década, y la memoria del otro se iría perdiendo con el tiempo.
Claro, hasta que se volvieran a encontrar.
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Los recuerdos se disipan apenas llegan a casa.
Bajan del auto y Max toma la mochila de su hijo para ayudarlo.
—Ya llegamos —Afirma el rubio apenas entra abre la puerta de casa y deja pasar a su pequeño.
—Mira pa, se me olvido dártelo antes de que te fueras —Dice Alex extendiéndole un papel.
Max lo toma y lo revisa, es su boleta de calificación con una nota de excelencia.
—Mi niño listo —Responde mientras abraza a su hijo y le da un beso en la frente.
—Puro diez, pa que veas que si le echo ganas —Afirma mientras se abraza a su padre, quien lo aprieta más a su cuerpo —Ay, apa, me está ahogando.
—Amor, deja al niño —La voz de Sergio hace que el rubio suelte a su pequeño y se acerque a su esposo para darle un beso —Se ve que nevara toda la noche.
—Si, espero que mañana en la noche no este igual —Dice Max mientras todavía lo toma de la cintura.
Yuki se sienta en el sofá mientras estira las piernas para poder descansar un poco antes de cenar.
—Mira, ya llego Yuki —Dijo Thierry mientras bajaba las escaleras y se acercaba a él —Ve, abrazalo.
En ese momento el mayor de los hermanos voltea y mira a su hermanita extendiéndole los brazos para que la cargue.
Victoria, que había nacido hacía ya cinco años, era la menor de la familia y la más consentida por sus hermanos.
Siempre buscaba abrazarlos y pegarse a ellos, y estos no se molestaban en absoluto.
Cuando se enteraron que su mami estaba de nuevo en cinta, el primero en criticar a su padre fue el menor de los hermanos.
"No sea inconsciente, apa" le había dicho.
Thierry se emocionó cuando supo que era niña y no tenía que convivir otro niño, pues era un poco más tranquilo a comparación de sus otros hermanos.
Y Yuki se sorprendió con la noticia, pues pensaba que su mami ya no podía quedar embarazado otra vez.
Pero Victoria fue una bendición para todos y Sergio estaba más que feliz con su nuevo bebé, e inmediatamente supo que sería una bailarina de ballet.
Sin embargo, Max fue el que mas se emociono de todos ellos.
Apenas supo que era una niña comenzó a presumirlo con todos sus conocidos, y se enfocó en comprarle absolutamente todo lo que quisiera.
Nueve meses de embarazo y una cesárea para que se pareciera en todo al papá.
Pero amaban a su niña de ojos azules y cabellos dorados, quien siempre sonreía al estar en los brazos de su familia.
—Fresa —Y ella amaba las fresas.
—¿Quieres galletas de fresa? —Pregunta Yuki y su hermanita asiente —Primero cenamos y despues te doy una galleta, ¿Okay? Porque sino mami se va a poner triste de que comiste el postre antes de la comida.
Alexis y Thierry comienzan a poner la mesa mientras que su padre le da de comer a Calos, el perro.
Victoria no deja de balbucear sobre lo que hizo en el dia y le muestra sus uñas torpemente pintadas con esmalte de distintos colores.
Llega el momento de cenar y todos se sientan en familia.
Alex platica sobre lo interesante que ha sido terminar su primer semestre en la universidad, empezando su carrera de derecho, y siendo el más aplicado de su clase.
—Increible, viendote uno pensaría que eres un vago —Suelta Yuki para molestarlo.
Ellos siempre se habían llevado pesado.
—Increíble, viendo tu tamaño uno pensaría que eres un estudiante de primaria —Alex se la regresa y Victoria suelta una risa sin entender nada.
—Niños, dejen de pelear —Max les llama la atención y los dos se ríen al ver que su papá pensó que estaban discutiendo de verdad.
—Espero que ya hayan hecho sus maletas —Ahora fue Sergio quien habló, recordándoles lo que tienen que hacer —Porque nos vamos mañana en la noche, después del recital de Vic.
Thierry afirma que él ya hizo la suya pero le preocupa que su taza de colección de Friends se vaya a maltratar en el camino.
Mientras que Alex dice que la hará después de cenar, pero que ha ayudado a su hermanita con la suya.
Yuki no sabe cómo abordar el tema, pues no irá con su abuelo porque quiere quedarse para la temporada más alta para su restaurante.
Siente que su negocio lo necesita, y siempre ha priorizado sus sueños.
No siente que vayan a entenderlo por completo, pero desea que respeten su decisión.
Así que, después de cenar, le da sus galletas favoritas a su hermanita e intenta mentalizarse para darles la noticia.
Sin embargo, no puede.
Escucha como su mami habla sobre la navidad y lo mucho que le gusta ir al pueblo para visitar al abuelo.
No quiere romperle el corazón, no esa noche.

Por otro lado, Pierre no la estaba pasando muy bien.
Su vuelo había sido cancelado y ahora tenía que buscar otra manera de movilizarse para llegar a su destino.
Intento conseguir asiento en algún otro vuelo pero de nada le sirvió.
Todos los vuelos habían sido cancelados por el mal clima, pues la nieve estaba jugando todo en su contra.
Tuvo que hospedarse en un hotel que le quedaba cerca al aeropuerto, pero que le costó mucho dinero y no tenía más opción que pasar la noche en esa ciudad llena de recuerdos.
Y la mañana siguiente el panorama no cambió, quedándose más tiempo del que hubiera deseado.
Con todos los vuelos atrasados y gran trafico que habia por estar en la época más movilizada del año, sabía que sería casi imposible conseguir algún boleto que lo sacara de ahí.
Podía quedarse en el hotel a desayunar, pero se animo a salir rumbo al restaurante de Yuki.
Si iba a quedarse otro dia, no veía motivos por los cuales no ir.
Así que se alistó y salió para tomar un taxi que lo llevaría a su destino.
Era bastante temprano y dudaba que estuviera abierto, además, la noche anterior había nevado bastante y ahora estaba lloviendo, quizá el lugar estaba vacío ese día.
Cuando el taxi se detuvo, pudo ver la camioneta del señor Verstappen marchándose de ahí y al adorable Yuki abriendo la puerta del restaurante.
Sin embargo, no puso el cartel de "Abierto".
Esto lo hizo titubear un poco, pero aun así bajó del taxi y se asomó al restaurante, viéndolo prendiendo las luces y aprovechó para tocar la puerta.
Yuki, quien había llegado temprano antes que el inicio de operaciones en su negocio, se sorprendió al pensar que algun cliente había madrugado.
Gira y la sorpresa se volvió grata al reconocer al joven en la puerta.
El pelinegro no tarda en acercarse y abrirle.
—Buen dia, pasa —Dice casi en un susurro, no recordaba ser tan tímido en su presencia.
—Mi vuelo se cancelo y quise venir a saludarte, pero veo que no está abierto —Pierre se siente algo nervioso, pero rápidamente se pone colorado al sentir la mano de Yuki sobre su brazo.
—No te preocupes, puedes hacerme compañía en la cocina —Afirma el joven para después cerrar la puerta tras de él —No eres cliente, eres familia.
Pierre asiente y lo sigue hasta la cocina, donde el pelinegro comienza a mostrarle todo como cuando eran niños y jugaban a tener su restaurante.
—¿Tú hiciste los panqueques de ayer? —Pregunta el abogado y Yuki asiente —Con razón sabían tan bien, algo hecho con el corazón y con mucho amor.
Yuki se pone colorado al escuchar esto. Pierre siempre fue alguien que sabía cómo y qué decir para ponerlo así de rojito.
—Es la receta de mi papá —Afirma el joven antes de comenzar a preparar la mezcla —Te enseñare como hacerlo si no le dices a nadie.
Pierre asiente y por un momento cree ver un destello en aquellos ojos negros que tanto le gustan y por los cuales su mente luchó tanto por no olvidar.
Cocinan como si todavía fueran aquellos pequeños con grandes sueños y aspiraciones.
En un instante sus manos se tocan y eso genera un escalofríos en ambos, como si sus cuerpos conectaran al mínimo roce de su piel.
—Le pusiste Je t'aime a tu restaurante, ¿Fue por mí? —Pregunta muy cerca de él, e inconscientemente sus rostros se acercan.
Hay un frescor seductor en el aire, uno del que ambos no pueden escapar y se sienten hechizados ante los sentimientos que vuelven a aflorar en su interior.
—Bueno, es que me gustabas mucho —Yuki confiesa y rápidamente se muerde la lengua —Quiero decir, la frase me gusto mucho y eras mi mejor amigo.
Su explicación carece de sentido cuando su restaurante apenas tiene dos años abierto y ellos se dejaron de ver hace poco más de una década.
—¿Tanto me extrañaste? —Se burla un poco, sabiendo bien que lo pone nervioso.
Ahora de adultos, ambos saben que habia mucho amor entre ellos y quizá hubieran sido algo de no haber separado sus caminos.
Yuki desvía la mirada hacia los labios del mayor, sintiéndose cautivado por el aroma de su perfume y su altura algo intimidante.
No puede evitar cerrar los ojos ante la idea de lo que está por pasar.

Nota: Gracias por el apoyo en esta mini historia, espero que la estén disfrutando tanto como yo 💖