Chocolate caliente y malvaviscos
22 de diciembre de 2025, 18:52

Están tan cerca el uno del otro que casi pueden sentir el roce de sus labios.
Pero un olor penetrante rompe la magia.
—¿Qué es eso? —Pregunta Pierre haciendo una pequeña mueca de disgusto al mover su nariz por el aroma que lo molestaba.
Yuki presta atención a esto y su expresión pasa de relajado a preocupado.
—¡Mis panqueques! —El más joven se aleja apurado y logra tirar el panqueque quemado de la sartén —Me estaba quedando bonito.
El abogado lo observa con ternura, siempre le había parecido adorable cuando hacía pucheros.
—Lo importante es que no iniciaste un incendio —Se burló recordando la ocasión donde los regañaron por estar jugando con fósforos.
—Debes pensar que soy un tonto —El pelinegro se sintió un poco avergonzado por lo sucedido, pero también por su confesión antes de casi besarlo.
—Yuki, eres el dueño de este restaurante, que por lo que veo es muy popular —Señala el castaño acercándose a él —Solo un verdadero tonto pensaría que eres un tonto.
El joven siente sus mejillas arder cuando Pierre toma su mano con delicadeza.
—¿Q-qué haces? —Balbucea un poco al hablar, se siente tan pequeño a su lado.
—Dime la verdad —La cercanía hace que se ponga cada vez más nervioso —¿Todavía sientes algo por mi?
Yuki ya es un manojo de nervios y Pierre no está ayudando a que la situación sea más tranquila, por el contrario, parecía disfrutar el verlo de esa manera.
Aunque, claro, realmente estaba jugando para molestarlo.
—Yo... —Sin embargo, el pelinegro se siente acorralado.
Su corazón palpita fuerte al pensar que algo podría pasar.
—¡Ya lo vi, jefe! —La voz de uno de sus empleados lo desconcentran —¡Abra la puerta, por favor, nos estamos congelando!
El chef se había quedado parado frente a la pequeña ventana que daba vista hacia afuera, dejándose en evidencia su presencia.
Ni siquiera se dio cuenta que ya era la hora de entrada de sus empleados y había dejado la puerta cerrada.
—Creo que ya no estamos solos —Pierre retrocede en sus pasos.
Aunque no lo quería admitir, dentro de su jueguito también había algo de verdad y se sintió decepcionado cuando se vieron interrumpidos.
Así que salió de la cocina para no parecer impertinente ante el trabajo del restaurante.
Yuki abre la puerta y los saluda de uno a uno, observando la ausencia de alguien.
Toma su teléfono y se retira a la parte de atrás del local, donde nadie puede verlo.
Lo ve regresar visiblemente frustrado y los primeros clientes del día se hacen presentes.
Camina de aquí para allá hasta que finalmente se sienta en la misma mesa donde está el abogado.
—Mi día no podía empezar peor —Se queja mientras echa la cabeza hacia atrás en el respaldo de la silla.
—¿Qué pasó? —Temía que tuviera algo que ver con su pregunta.
No le gustaba la idea de creer que lo había fastidiado, así que se prometió ser un poco más serio al respecto.
—Uno de mis meseros no vendrá porque la tormenta de nieve dejó casi enterrada la entrada de su casa y la visibilidad es nula —Explicó —Le dije que no habría problema, pero no se que hacer. No puedo partirme en dos para atender y cocinar.
—Yo lo hago —No tardó ni un segundo en ofrecerse —Puedo atender las mesas.
—Pierre, no es necesario —El joven se sintió muy apenado al escuchar su oferta —No te lo dije para que te ofrecieras a cubrir ese turno.
—Pero lo quiero hacer —El castaño se levantó de su asiento y caminó hacia la cocina, siendo seguido por Yuki —Y no me puedes decir que no.
El pelinegro lo ve tomar un mandil que termina atando a su cintura.
Lo conoce bien y, sin importar que pasen los años, seguía siendo igual de terco que como era cuando estaban pequeños.
Así que solo sonríe y lo ve alejarse para apoyarlo tanto como pueda. Se siente feliz de tenerlo cerca.

Pasaron un par de horas donde la tormenta de nieve los alcanzó y parecía intensificarse.
Poco a poco dejaron de llegar clientes, pues nadie estaba tan loco para salir con ese clima.
Y aunque a Yuki no le gustara la idea de cerrar temprano, sabía que tampoco debía poner en riesgo la seguridad de sus empleados y clientes.
—Creo que es todo por hoy, pueden retirarse y veremos si mañana el clima nos da tregua —Dijo el pelinegro poniendo el cartel de "Cerrado" —Descansen.
Sus empleados no tardaron en tomar sus cosas y marcharse.
Eran casi las seis de la tarde, así que tenía algo de tiempo antes del recital de su hermana.
Saca su teléfono para mandarle un mensaje a su padre y cuando se gira mira al abogado dejando el mandil en su lugar.
—Debería volver al hotel, he estado todo el día molestándote —Pierre toma su abrigo dispuesto a irse —Me hizo muy feliz estar contigo un poco más, definitivamente manejar un restaurante no es igual a cuando juegas a hacerlo.
Esto provocó una risa en ambos, pero Yuki pronto lo tomó del brazo.
—¿No te gustaria ir a mi casa a comer? —No puede evitar preguntar, le gustaría alargar esa reunión tanto como fuera posible.
—¿Estás seguro? —El castaño lo duda debido al recelo que parecía tenerle el padre de su amigo.
—Mamá estará feliz de verte —Da una excusa bastante convencible —Vamos.
Pierre recuerda con mucho cariño a Sergio, quien siempre lo animaba cuando se sentía mal y le daba besos y abrazos por igual. Quizá sabiendo que la ausencia de su madre le afectaba.
La mano de Yuki se desliza de su brazo hasta entrelazarse con sus dedos, y le gusta la sensación de su tacto.
—Esta bien, vamos —Cede automáticamente, casi susurrando su respuesta.
Se deja llevar por él hasta salir del restaurante y se disgusta un poco cuando suelta su mano para cerrar el local.
Apenas voltea, toma su mano de nuevo y se acerca lo suficiente para tensarlo, haciendo que sus mejillas se ruborice.
No se ha dado cuenta de que un auto se detuvo detrás de él y el sonido del claxon los despierta de su fantasía.
Max, quien estaba cerca cuando recibió el mensaje de su hijo, se detuvo frente al restaurante justo cuando estaba cerrando y sus ojos fueron testigos de cómo ese francés lo tomó de la mano.
—Uy —Susurra Thierry, quien iba a su lado en el auto, pues lo había acompañado a hacer unas compras —Creo que estamos interrumpiendo algo.
En ese momento el rubio toca el claxon de manera inesperada y hace que su hijo se tape los oídos ante esto.
—Ahora si los interrumpimos —Dijo el mayor y baja el cristal del asiento del copiloto —Hijo, sube.
Pierre se quedó inmóvil, como si pensara que se hacía invisible a falta de movimiento.
No había peor momento que ese para intentar ser romántico.
Y el saber que se trataba del señor Verstappen solo lo empeoro todo.
—P-papá... —Yuki estaba tan nervioso como él, sabía que los había visto y rápidamente se acercó al auto con una sonrisa, intentando disimular su vergüenza —Pierre se quedó atrapado por la tormenta, y me pareció buena idea invitarlo a comer a la casa.
Max al principio no dijo nada, pero despues intento disimular lo mal que le caía el muchacho.
—Mi niño, eres tan noble. Claro que es una buena idea —Responde para después quitar los seguros del auto —Suban.
Pierre abre la puerta del auto y se hace a un lado para que Yuki entre primero, algo que hace que Max desvie la mirada con molestia.
Thierry se da cuenta de esto y suelta una pequeña risa.
—¿Qué es gracioso? —Pregunta Yuki acomodándose en el asiento de atrás y junto a él se encuentra el abogado, que cierra la puerta del auto.
—Nada, mejor veo el directo de Alex —Dice el más joven y no tarda en tomar su tablet para ver a su hermano en vivo.
El chef no está muy convencido con su respuesta pero lo deja pasar porque no están solos.
—Muchas gracias por la invitación y por llevarme, señor Verstappen —Pierre no quería incomodar, pero era el mayor quien lo estaba incomodando.
La forma en cómo lo miraba por el espejo, como si lo estuviera amenazando constantemente.
—No hay de que, eres amigo de mi hijo y siempre serás bienvenido a nuestra casa —Responde el rubio haciendo énfasis en la palabra que limitaba la relación con su amado hijo.
—La tormenta nos obligó a cerrar temprano —Yuki intervino para intentar cambiar el rumbo de la conversación —Y Pierre me ayudó en el restaurante, tuvimos una mañana movida.
—Al menos eso te dio el tiempo que necesitas para hacer tu maleta, recuerda que nos vamos esta noche —Su padre le recordó aquel tema que tanto había querido esquivar.
Así que se queda callado ante esto, no sabe como decirles que no irá.

El resto del camino fue silencioso.
Llegaron a la casa y Pierre se asombra al verla, es tal como la recordaba.
Observa los rosales completamente cubiertos por la nieve y sonríe ante sus memorias donde cortaba alguna para dársela a Yuki.
—Mami, ya llegamos —Dice Thierry apenas Max abre la puerta y se hace a un lado para que sus hijos entren.
—Que bueno, corazón —Sergio se apresura a ir hacia donde están —Prepare un poco de chocolate caliente para esta noche. No quiero que mis bebés se congelen.
—Amor, siempre eres tan considerado —Responde Max acercándose a él para darle un beso en los labios.
Pero es cuando se separan que el pecoso se da cuenta de la presencia del joven.
—Mamá, no se si recuerdas a... —Yuki no puede terminar de hablar cuando es interrumpido.
—¡Pierre! —Dice Sergio para luego caminar hacia él y envolverlo en un cálido abrazo —Mi niño, no cambiaste tu carita. Solo te hiciste más alto.
El castaño sonríe al ser recibido con tanto amor.
Pronto lo invita a sentarse en con él en la mesa y platicarle sobre lo que ha sido de su vida en estos años.
Yuki los acompaña mientras que Max se encarga de arreglar a Victoria, pues dentro de un rato deben irse a su recital y ya tenían el tiempo encima.
Thierry, por su parte, corrió escaleras arriba para llegar a la habitación de su mellizo, quien había terminado el directo.
—¿Qué te pasa? ¿Por qué entras así? —Alex observa lo agitado que está por el esfuerzo que hizo al correr hacia allí.
—Yuki —Dice para después detenerse a tomar aire.
Esto lo preocupa.
—¿Paso algo malo? —No duda en preguntar temiendo que haya ocurrido algún incidente en el restaurante.
—No —Pero su hermano le da una respuesta que lo alivia —Creo que tiene novio.
Y su respuesta lo asombra.
—¡¿Como?! —Grita algo estupefacto, nunca le habían conocido una pareja.
Entonces su hermano le tapa la boca con su mano.
—No grites —Lo regaña —Esta abajo, vino a comer a la casa —Esto solo llevó a que la sorpresa fuera mayor —Y lo mejor, estaban agarrados de las manos afuera del restaurante.
Alex levanta las manos y las pone en sus mejillas todavía sorprendido.
—No le conocimos ni un amigo y ahora nos sale con novio —Responde el menor para después echarse unas risas —Un novio —Repitió —Vamos abajo.
Los mellizos salen de la habitación del joven y se encaminan hacia donde está el resto de la familia.
—Es él —Susurra Thierry señalando al abogado que está de espaldas a ellos.
—No manches, pense que era coto —Dijo Alex en el mismo tono.
—Es alto.
—Cualquiera es más alto que Yuki —Señaló.
—Mi princesa ya está lista —La voz de Max llamó la atención de todos cuando llegó con su pequeña en brazos, quien traía puesto un lindo tutú.
—Mi bebé bonita —Dijo Sergio levantándose para tomarla en brazos —Lo bueno es que Vic ya comió, así que no podrá ensuciarse.
—Niños, pongan la mesa —Ordenó el rubio y los mellizos obedecieron.
La cena fue bastante entretenida para ambos, quienes observaban cada cosa que hacían Yuki y Pierre.
Estaban levantando los platos cuando su padre comienza a bajar las maletas para meterlas al auto mientras que Sergio alista los termos con chocolate caliente para el viaje en carretera.
—Yuki, ¿Y tu maleta? Te dije que la hicieras apenas llegáramos —Max regaña a su hijo y nota como se pone nervioso —Sube y hazla, no tenemos toda la noche.
—Obedece a tu papá —El pecoso señala a su hijo, pero este no se mueve de su sitio —Yuki, por favor.
El joven sabe que no puede seguir aplazando la situación, y que el tiempo se le ha agotado.
Así que toca enfrentar las consecuencias de su decisión.
—Mamá, no iré —Eso sale de sus labios más rápido de lo que quería y se siente como un golpe que aturde a sus padres.
—¿Qué? —Y Sergio piensa que ha escuchado mal.
—¿De que hablas, hijo? —Max se acerca a donde están y se posiciona al lado de su esposa, sabiendo que de confirmar esto, le dolerá demasiado.
Y si bien Yuki se sienta mal por esto, sabe que no puede dar marcha atrás.
—No iré a casa del abuelo —Afirmó —Me quedaré aquí, el restaurante me necesita.
Sergio lo mira con atención, esperando que diga que es una broma, pero eso no sucede.
La tensión es palpable.
—Pero vamos todos los años, siempre en familia —Comenzó el pecoso —Es nuestra tradición por navidad. Debemos estar juntos.
—Bueno, mamá, es que para mí la navidad no es tan importante —Responde sin darse cuenta de como esas palabras solo empeoran la situación —Es la mejor temporada y no puedo cerrar el restaurante, lo siento.
—Yuki —La voz de Max es dura, sabe que su hijo ha hecho mal con ese comentario.
—No, déjalo, es su decisión —Sergio se remueve en su sitio, visiblemente incómodo —Y debemos respetar lo que es importante para él.
El pecoso no dice más y toma a su pequeña victoria en brazos, para después caminar hacia la puerta principal de la casa.
Yuki suelta un pesado suspiro cuando escucha como cierra la puerta del auto.
Las cosas no salieron como él quería, pero ya estaba hecho y no lo podía remediar.

Nota: feliz cumpleaños Aracg11 (Wattpad) 💖 espero que te haya gustado el capítulo de hoy 🩷