El candidato
22 de diciembre de 2025, 18:52
Era jueves por la mañana, Max se preparaba para ir al trabajo. Era una semana muy ocupada debido a la cantidad de reuniones a las que debía asistir. Pero ese día era diferente, ya que había solicitado un secretario para que le asista en todo lo que necesitaba.
En realidad, no le parecía algo que fuera urgente, pero su novia Kelly había insistido para que contratara a alguien que se encargue de los asuntos más banales y así él pueda pasar más tiempo con ella.
No quería discutir con Kelly, así que acepto. Pero ella le puso una condición: Nada de chicas. Max, sabiendo lo celosa que era su novia, cedió sin rechistar.
Tomo su abrigo y salió camino a su oficina. Y mientras conducía aprovechaba para preparar el discurso que daría el siguiente día. Era demasiado exigente y perfeccionista, cualidades que pueden ser tanto buenas, como malas en exceso.
Esa mañana había sido un desastre para Checo. Se preparaba para su entrevista de trabajo, pero no podía peinar bien su cabello. La camisa estaba algo arrugada, pero pensó que con el saco puesto no se notaria.
Necesitaba ese trabajo.
Su gran historial de empleos no reflejaba sus talentos, puesto que era la representación de todos los lugares de donde fue despedido.
No era malo ni un inútil, solo que había tomado una mala manía desde hacia un tiempo: Mentir en su hoja de vida.
Su mejor amigo Carlos había hecho lo mismo dos años atrás, y tiene un empleo estable. Pero la suerte no estaba del lado de Checo, y a la larga todo cae por su propio peso.
Lamentablemente ese había sido su caso. Hacia dos semanas que no conseguía empleo y se le estaba acabando poco dinero que le quedaba.
Mirando el reloj, checo se dio cuenta de que se le estaba haciendo tarde y salió corriendo de su departamento. Lamentando mucho su impuntualidad, pues tuvo que gastar en un taxi para intentar llegar a tiempo.
Y mientras iba en el taxi no pudo evitar recordar el anuncio en el periódico: "Secretario/asistente de dirección general..."
—¿Por qué puse que tenía experiencia? —Checo se lamentó.
Llego a un gran edificio que imponía demasiado con su majestuosa fachada.
Comenzó a caminar algo nervioso. Las personas iban y venían entre los pasillos. Todos se miraban muy formales y con un aura seria. Así que intento imitarlos.
Subió al ascensor junto a muchos de los empleados. Llego a un piso algo concurrido. Entonces camino hasta encontrar la oficina de recursos humanos, en donde lo hicieron esperar afuera.
Cuando dejo su hoja de vida, él realmente no pensó que lo llamarían para una entrevista, así que mintió mucho más que en otros trabajos.
—Sergio Pérez, puedes—Lo llamaron y él se levanto para entrar a la oficina.
Por su parte, Max había tenido una mañana algo tranquila a comparación de días anteriores. Así que decidió que tomaría el asunto del asistente en sus manos.
Llego antes de la hora acordada y espero dentro de la oficina de recursos humanos.
Cuando Checo entro a la habitación, Max se sintió muy interesado en él casi en ese mismo instante.
Pero esa sensación no duro mucho tiempo. Pues el pelinegro tropezó con sus propios pies casi cayéndose frente a él. A lo cual Checo se apresuro a retomar la compostura y sonreír ante lo ocurrido.
—Disculpe—Dijo con una sonrisa nerviosa.
—No se preocupe, tome asiento—Ofreció el rubio y Checo obedeció—Estuve leyendo su hoja de vida y me parece extraordinaria.
Checo sonrió aún más nervioso.
—No es la gran cosa—Susurro.
—Pedí que nos trajeran un poco de café antes de empezar—Dijo señalándole la taza que tenia enfrente—No tiene porque estar nervioso, quiero que tome esto como una plática común. Cuénteme, ¿por qué le interesa este trabajo?
—Bueno, eh, creo que es una empresa muy interesante—Comenzó Checo, pero había algo que estaba fastidiando a Max.
Por alguna razón, sin comprenderlo del todo, no podía concentrarse en la entrevista.
Quizá era el cansancio de varios días de trabajo, o el resultado de su fría vida personal. Pero no dejaba de mirar los ojos del chico que estaba frente a él. Sentía que eran los más brillantes que había visto en su vida.
Entonces se encontró a si mismo observando su rostro con detenimiento. Sus pecas, sus expresivos ojos, su sonrisa cautivadora. La forma en como levantaba sus cejas al momento de responder a su pregunta.
Cuando bajaba la mirada para calmar sus nervios. O acariciaba su mejilla mientras pensaba en sus siguientes palabras. Incluso en su observación, Max pudo darse cuenta de que Checo estaba mintiendo.
Lo sabia incluso antes de que entrara a la oficina. Era demasiado perfecto para ser real.
—¿Por qué mentiste sobre tu experiencia? —Soltó Max, tomando desprevenido al candidato.
—¿Disculpe? —Checo, atontado al ser descubierto, se acomodo en su silla accidentalmente moviendo la mesa de una manera tan brusca que provoco que su taza de café se derramara sobre sí mismo.
Entonces soltó un quejido de dolor debido a la temperatura caliente de la bebida.
—¿Estás bien? —Dijo Max levantándose de su asiento para ver cómo se encontraba—Llamare para que vengan a limpiar.
Mientras Max se distraía llamando por teléfono, Checo salió de la oficina tomando sus cosas y quitándose el saco.
Se sentía muy decepcionado de sí mismo.
Lo habían atrapado mintiendo, arruino su ropa y ahora todos sabrían que no plancho su camisa. Su día no podía ser peor.
Max termino la llamada y se dio cuenta de que Checo se había marchado. Salió de la habitación y lo busco con la mirada, no llevaba ni medio camino cuando logro alcanzarle.
—¿A dónde vas? —Dijo el rubio poniéndole su mano en el hombro para llamar su atención.
Entonces vio en el rostro del pelinegro un atisbo de derrota.
—Me voy a casa señor, no lo haré perder más el tiempo.
Quizá se había golpeado la cabeza esa mañana y no se dio cuenta, pero Max había tomado una decisión que, sin saberlo, cambiaria su vida para siempre.
—No te puedes ir, eres mi asistente.
Checo lo miro anonadado. ¿Cómo lo hizo? Se pregunto a sí mismo.
—N-no lo decepcionare—Tartamudeo un poco al hablar—Lo prometo.
Max no sabía si había tomado esa decisión por lastima o por quitarse un peso de encima. Pero era mejor que valiera la pena. Y lo valdría.