Espía
22 de diciembre de 2025, 18:52
Esa mañana Checo firmo el contrato que lo confirmaba como el secretario/ayudante de Max. Estaba muy emocionado, ya quería contárselo a su mejor amigo.
—Cámbiate esa camisa y saco—Dijo Max interrumpiendo sus pensamientos—Busca en el armario de mi oficina. También trae una libreta, necesito que tomes apuntes. Te vere en la sala de juntas.
Max lo dejo solo en su pequeño escritorio.
Checo se levanto y camino unos cuantos pasos a la oficina de su jefe.
Era muy amplia y elegante. Pero también fría y sin vida.
Se sintió un poco pequeño al estar ahí solo, incluso un escalofrió recorrió su espalda. No sabía si de emoción o miedo.
Abrió el armario y vio la cantidad de trajes que había ahí dentro.
Toco la suave tela con sus dedos. Por un momento quiso imaginar que todo eso era suyo. Una simple fantasía de alguien que nunca había tenido acceso a tal nivel económico.
Checo vio cada uno de los sacos y camisas, quería escoger alguno que no se viera tan costoso.
Una vez listo, tomo una libreta del escritorio de su jefe y salió rumbo a la sala de juntas.
Max estaba algo impaciente debido a que su asistente estaba tardando más de lo que esperaba.
Casi no le gustaba que alguien entrara a su oficina, y mucho menos si apenas conocía a la persona. Y dejarlo hacerlo sin compañía solo empeoraba su situación.
Por eso no quería un asistente.
—Ya estoy aquí señor—Dijo Checo entrando—No encontraba la sala, me disculpo.
Max sonrió aliviado. Quizá debería tenerle más confianza.
—Bien—Comenzó—En unos minutos se dará lugar una pequeña junta y necesito que tomes notas de lo más importante de esta reunión.
Checo asintió y saco un bolígrafo para estar listo para la reunión.
Cuando esta comenzó, Max le dedico unas cuantas miradas para observar el desempeño de su asistente.
Mientras que el pelinegro apuntaba prácticamente todo lo que salía de la boca de los asistentes de la junta. Sentía que todo era importante.
Una vez terminada la junta, y que los asistentes se hayan marchado, Max comenzó a hojear unos papeles y los separo con cuidado.
—Necesito dos copias de este documento—Dijo el rubio mientras le pasaba la hoja a su asistente—Una de este, cuatro de esta otra, y dos de este último.
Checo los tomo y separo entre sus dedos para no confundirse.
—En seguida los traigo.
—Iré a mi oficina, llévalos en una carpeta sin maltratarlos.
El pelinegro asintió y salió de la sala de juntas en busca de una copiadora.
Max salió detrás de él sin que se diera cuenta. Lo siguió con la mirada, observando como buscaba la fotocopiadora.
—Estoy muriendo de hambre, vayamos a comer—La voz de una mujer distrajo al pelinegro.
Pues recordó que no había tenido tiempo para desayunar y no había llevado nada para pasar el rato.
El rubio observo como su asistente se desviaba del camino y fue tras de él.
Checo vio que estaban regalando galletas, y no podía pelear contra su estómago. Así que camino hasta la mesa cerca del comedor, tomo un paquete y volvió a su camino.
Max lo vio regresar mientras se llevaba algo a la boca. Esto hizo que el rubio se detuviera y se ocultara detrás de una columna.
Para cuando Checo encontró la copiadora, lamentablemente había olvidado cuantas copias eran para cada documento.
Así que se detuvo a observar cada una de ellas.
El rubio se dio cuenta de esto, pero prefirió no intervenir. Quería saber que tan bueno era Checo resolviendo las cosas por sí mismo.
—Pues tendré que sacarle cuatro copias a cada una—Susurro Checo.
Y mientras la maquina trabajaba, el pelinegro terminaba su paquete de galletas.
Max sonrió cuando vio la cantidad de copias que había sacado su asistente.
Entonces checo coloco todas las hojas en una carpeta y se dispuso a irse.
Pero las galletas le dieron sed, lo que provocó que tuviera hipo.
Así que camino buscando agua para beber. Cuando finalmente sacio su sed, Max se dio cuenta que debería estar regresando a su oficina antes de que su lindo asistente lo atrapara espiándolo.
El rubio regreso exhausto debido a que corrió para llegar antes que Checo. Aunque igual sabía que este terminaría distrayéndose por otra cosa en el camino.
Sorprendentemente no estaba molesto con su asistente. De hecho, le había parecido tierno lo fácil que era para desviarse de la tarea pedida.
Se acomodo en su silla, y sintió mucha sed. Tomo un poco de agua, pero sonrió al recordar a su asistente buscando una.
Checo llego con la carpeta llena de documentos.
—Listo—Dijo mientras se paraba junto a él y sacaba uno de los documentos—Del primero.
—Son dos copias—Dijo Max cuando vio que solo le dio el original.
Entonces Checo le paso las dos copias.
—El segundo…—Continuó Checo mientras le pasaba, de nuevo, la original.
—Una copia—Max sonrió al darse cuenta de la táctica de su asistente.
No le dio la carpeta completa, sino se la dio de una en una, mientras que al mismo tiempo Max le recordaba cuantas copias eran.
Entonces el rubio admitió su error si es que en algún momento considero tonto a su asistente.
Quizá era algo torpe, pero eso no lo hacía ningún tonto.
Cuando terminaron con las copias, Max recordó la escena de las galletas.
—Salgamos a comer—Dijo Max levantándose de su asiento.
Checo sabia que no llevaba dinero suficiente para comprarse algo, y mucho menos si era en algún restaurante al que podría estar acostumbrado su jefe.
—Si gusta, puedo quedarme ordenando sus citas de mañana—El pelinegro quiso buscar una excusa para no irme.
—Me gustaría invitarte a comer por tu nuevo empleo—Respondió Max y eso lo tranquilizo—¿Estas seguro de que no quieres venir?
Checo sonrió emocionado.
—Esta bien, iré con usted.
No podía negarse a la comida gratis.
Ambos caminaron hacia la salida del edificio. Y aunque el silencio era algo incomodo, ambos no le dieron importancia.
Checo creía que finalmente podía tener una buena relación con un superior. Mientras que Max sentía un interés extraño. Algo que aún no podría descifrar, pero lo haría.