Negación
22 de diciembre de 2025, 18:52
Checo llego a su casa exhausto. Max lo había hecho probarse cada traje que tenía. Y aunque eso no le molestaba, no sabia que tan apropiado era que tu jefe se ponga a ajustarte la corbata.
Se recostó en su cama recordando ese momento.
¿Por qué lo hacía?
—Tienes que verte bien siempre—Esa fue la excusa que el rubio soltó mientras hacía bien el nudo.
La cercanía de sus rostros había puesto nervioso al pelinegro. Él era un poco más bajo, así que su mirada no pudo evitar encontrarse con los labios de su jefe.
—¿Qué estoy haciendo? —Susurro Checo intentando despejar un poco su mente—Tengo que dejar de pensarlo así.
“Él solo es amable” pensó.
Pero no era del todo cierto. Si, era amable, pero solo con él.
El poco tiempo que había pasado en la oficina le hizo darse cuenta de que todos le temían a su jefe.
“Llega a ser muy grosero” fue algo que una persona de la oficina le comento después de cuestionarle el cómo podía aguantarlo.
Entendió que su jefe podía tener un temperamento fuerte, pero eso no lo hacia un villano.
Checo no era tonto. Sabia bien que se estaba sintiendo atraído por el rubio, y que incluso eso podría sesgarlo en sus pensamientos hacia este.
Sin embargo, había visto que tenia pareja, así que decidió no hacer nada al respecto.
Se convenció a si mismo de que solo estaba embelesado por su nuevo jefe. ¿Y alguien podría culparlo? Era demasiado amable con él.
Así que supuso que solo era eso y nada más. Y que pronto se le pasaría. O quizá no.
Max estaba acomodando bien su guardarropa. Se había divertido mucho esa tarde, pero también estaba cansado.
Camino hacia su baño y decidió tomar una ducha. Luego se puso su pijama y se recostó en la cama.
Un aroma cautivador invadió sus sentidos.
Sintiendo curiosidad, tomo parte de su playera y la acerco a su nariz.
Sin darse cuenta se había puesto a pijama que Checo uso esa tarde.
Sonrió cuando conecto todos los puntos.
Por un momento pensó si debía cambiarse de ropa, pero decidió dormir con esa.
Y justo cuando estaba a punto de cerrar lo ojos, una pregunta invadió su mente.
“¿Me gusta mi asistente?”
Intrigado, se sentó abruptamente intentando analizar dicha pregunta.
Recordó como se sintió la primera vez que lo vio. Le pareció atractivo, aunque no lo dijera abiertamente. Su boba sonrisa le gustaba. Le parecía tierno cuando se distraía.
Y esa tarde. No, no podía dejar pasar lo que sucedió.
La forma en como lo acorralo contra la pared.
Su respiración tan cerca de su rostro.
Su mirada penetrante.
Lo había dejado sin aliento.
“Dios mío” pensó.
Entonces comprendió que lo suyo no era simple amabilidad.
Se estaba enamorando de su asistente.
—De verdad me gusta—Susurro cuando se encontró a si mismo suspirando sobre su aroma en su playera.
Eso lo hizo sentir como un adolescente.
“Esto es culpa de ella” pensó.
Si Kelly no hubiera insistido con el tema del asistente, nada de eso estaría pasando.
—Todo por ese maldito viaje—Dijo con rabia para sí mismo.
“Si, era eso” pensó. Intento convencerse de que era el estrés por ese viaje que no quería hacer.
Incluso se aseguro a si mismo que todo era producto de su crisis con su novia. La absorbente personalidad de Kelly lo había orillado a buscar afecto en otro lado. Esa fue su excusa.
Y aun así no se atrevió a cambiar de pijama esa noche.
Al día siguiente Max debía tomar una decisión respecto al viaje. Había dicho que no quería ir, y estaba seguro de que odiaría cada segundo lejos del trabajo.
Pero su reflexión nocturna le había hecho darse cuenta de que necesitaba pasar más tiempo con su novia antes de caer con su asistente.
Cuando llego a su oficina vio otra tarjeta festiva dejada por su asistente.
Esto lo hizo sonreír, pero rápidamente cambio su expresión intentando controlarse.
Checo estaba saliendo del baño cuando vio a la novia de su jefe caminando hacia la oficina de este.
El pelinegro le sonrió con amabilidad, creyendo que lo reconocería por esa ocasión en el restaurante.
Pero la expresión de la joven mujer no podía ser más fría hacia él.
—Hola, mi amor—Dijo ella entrando sin siquiera tocar.
—Cuando una puerta esta cerrada es con el propósito de tener privacidad—Explico el rubio—Siempre debes tocar.
—¿Por qué? Acaso hay alguien más aquí contigo—Reclamo la joven—Siempre estas molesto cuando me vez.
Las quejas de Kelly no eran verdaderas, Max sabia bien que solo lo hacia para forzarlo a ser amoroso con ella.
—Siempre estas molestándome—Pero esta vez el rubio no se iba a dejar.
—¡Amor! —Se quejo y él sonrió—Eso fue muy cruel.
—¿A que viniste?
—Lamento mucho lo que paso—Max sabia que solo lo hacia por un motivo—Pero no podemos cancelar nuestro viaje.
El rubio sonrió al notar que no se había equivocado.
Lo había pensado bien. Tanto los pro como los contra. Tenia una respuesta a su dilema.
—No lo cancelaremos, pero deja de presionar tanto—Le pidió—Solo por esta vez.
Kelly sonrió feliz porque todo se haría como ella quería.
—Te amo tanto—Dijo mientras se acercaba a él y le plantaba un beso en los labios.
Checo se había asomado a la ventana para ver que estaba ocurriendo, y se alejo cuando vio esa escena.
Se sintió incomodo al presenciar eso.
—Bien, tengo cosas que hacer—Respondió Max mientras la alejaba.
—¿Podemos pasar la tarde juntos? —Dijo casi en un ruego.
—No—El rubio respondió con firmeza—Debo dejarle a mi asistente las instrucciones del cuidado de Samy.
Esto hizo que la expresión de Kelly cambiara.
—¿Dejaras que tu asistente cuide al gato? Deberías dejarlo en alguna pensión—Respondió algo molesta—Creo que existen unas para esos animales.
—No voy a dejarlo con cualquier persona—Respondió sumamente molesto por su intervención.
—¿Lo dejaras quedarse en tu departamento? —Reclamo—A mi nunca me has permitido quedarme una sola noche. Y te negaste a que viviéramos juntos. ¿Pero ahora dejaras entrar a ese tipo que apenas conoces?
—Te he dicho en más de una ocasión que no intervengas en mi trabajo—El tono de voz del rubio era menos que amable, incluso algo intimidante.
Kelly suspiro antes de pronunciar palabra.
—Bien—Respondió la joven—Saldremos mañana temprano, te esperare para irnos juntos.
—Como sea—Dijo Max volviendo a centrar su atención a los papeles en su escritorio.
—Te amo, nos vemos—Dijo ella mientras salía de la oficina con cara de pocos amigos.
Cuando Kelly salió, se encontró con el asistente de su novio sentado tranquilamente mientras separaba unos documentos.
Checo levanto la mirada y volvió a sonreírle con amabilidad. Ella camino hacia él.
—Buenos días señorita—Dijo el pelinegro intentando ser atento con ella.
—¿Eres el asistente de mi novio? —Checo asintió—Bien, si sabes que también tienes que hacer todo lo que yo diga, ¿no?
El pelinegro no supo que responder.
—Soy la persona más importante en su vida—Continuó la joven—Si hay alguna otra mujer, me lo harás saber ¿Entiendes? —Checo se sentía confundido—¿Entiendes o no?
Él trago en seco antes de responder.
—Lo entiendo—Dijo algo confundido por su trato rudo hacia él.
Kelly sonrió preparándose para continuar su camino. Entonces fingió acomodar algo en su bolso y con este golpeo la taza de café de Checo, haciendo que su contenido se derramara sobre los papeles.
—Perdón, no lo vi—Pero Checo pudo darse cuenta de que era una mentira.
La joven se fue triunfante. Sintiendo que había dejado en claro quien de los dos era más importante.
Checo comprendió que su nuevo trabajo sería más difícil de lo que pensaba.