Contigo
22 de diciembre de 2025, 18:52
El iré frio recorrió el cuerpo de ambos. Max sintió un escalofrió recorriendo su espalda, no sabia cuanto tiempo llevaban en esa posición. Pero no quería ser quien diera un paso a un lado.
Por otro lado, Checo se quedó contemplando el rostro de su jefe. ¿Por qué se había tardado tanto en prestarle atención? Le gustaban sus ojos, le parecían hipnóticos. Pero rápidamente su atención bajo a sus labios, dándose cuenta de que realmente lo encontraba atractivo.
Pero la magia del momento no duro tanto.
El teléfono de Max volvió a sonar y este desvió la mirada para ver que se trataba de su novia. Sin embargo, cuando respondió esta corto de inmediato.
Checo se aparto de inmediato. Se sentía algo avergonzado por el acercamiento.
Max se preocupo ante el acto de Kelly. Iba a subir a su auto, pero volteo a ver a su asistente, quien estaba realmente sucio.
—Toma—Dijo el rubio sacando unas llaves—¿Ves el edificio de allá? —Checo asintió—Ve y sube a mi departamento a cambiarte, es el número 11.
El pelinegro no sabía por qué le pedía eso. Entonces se percató de su ropa arruinada, la cual había estropeado al intentar proteger a su jefe.
Checo tomo las llaves y vio como Max se subía a su auto para después marcharse rápidamente.
El edificio no estaba muy lejos, de hecho, se podía llegar caminando. Le pareció increíble que su jefe viviera tan cerca a su lugar de trabajo.
Así que entro al edición, mostro su identificación personal y laboral, así pudiendo pasar.
Abrió la puerta y camino intentando no ensuciar nada. Así que opto por desnudarse en la entrada.
Tomo su ropa y camino buscando el cuarto de lavado.
Después de encargarse de su ropa, decidió que era una buena idea darse una ducha rápida.
Max llego al departamento de su novia, subió hacia su piso y toco el timbre con desesperación. Al darse cuenta de que no iba a responder, tomo la llave que escondía cerca por alguna emergencia.
Entro al lugar buscándola desesperadamente.
Reviso cada habitación hasta llegar a la principal.
—¡Ahí estas! — Dijo ella con emoción.
El rubio se tranquilizó al encontrarla con bien. Camino despacio hacia su closet.
—¿Qué paso? —Respondió en un tono serio.
Kelly sonrió intentando fingir confusión.
—¿De qué hablas, amor? —Ella continúo fingiendo.
Max sonrió incrédulo por la situación.
—Dijiste que había una emergencia—Le recordó—No me digas que tiene que ver con esas maletas.
El rubio había observado que su novia estaba haciendo su equipaje.
—Amor, eres demasiado serio—Se burlo—No decidía que llevar para nuestro viaje.
Max se giro para comenzar a irse del lugar, pero ella lo siguió.
—No iré a ningún lado contigo—Respondió—Te he pedido que nunca bromees con algo así. Las emergencias no son un chiste.
—Amor, lo siento—Dijo ella abrazándolo por la espalda—Solo quería estar contigo, sabes que no podría vivir sin ti.
El rubio no sabia que hacer. Pero sabia que ella hablaba en serio cuando decía eso. Lo sabia porque una vez quiso probárselo cuando eran más jóvenes.
Pero una sola imagen se presentaba en su mente, una y otra vez.
Checo con el cabello mojado, sucio por el lodo y con su respiración tocando su rostro.
El único afectado era él. A causa de Kelly se había arruinado su ropa.
—Lo hablaremos después—Respondió Max liberándose de su asfixiante abrazo.
El rubio condujo hacia su departamento, con la esperanza de encontrar a su asistente en el lugar.
Sabia que era demasiado despistado, así que no se sorprendió cuando encontró la puerta sin llave. Dejando libre el acceso para cualquiera que se diera cuenta.
Camino tranquilamente escuchando sus risas al fondo.
—Vamos pequeño, puedes atraparlo—Lo escucho decir juguetonamente.
Entonces se sorprendió al encontrarlo jugando con su pequeño gato anaranjado.
Samy, como lo había llamado, era conocido por su temperamento algo huraño.
Pero parecía muy feliz jugando con su asistente, quien estaba muy sumergido en el juego como para darse cuenta de su presencia.
—Supongo que interrumpo algo—Dijo el rubio captando la atención de su asistente.
Checo dejo la varita de juguete a un lado y se levantó del suelo.
—Perdón—Comenzó el pelinegro—Se paseaba entre mis pies y no pude evitarlo.
Max sonrió, pero entonces se pudo dar cuenta de la vestimenta de su asistente.
Llevaba puesta una de sus pijamas.
—Es muy adorable…—Soltó sin pensar—Samy es adorable—Se apresuro en corregir—Pero solo conmigo.
—Quizá le agrado—Respondió el pelinegro mientras el gato se posaba cerca de sus pies.
—Veo que te has vestido bien—Max sonrió mientras lo seguía observando.
El pelinegro lo había olvidado. Decidió tomarla prestada en lo que se secaba su ropa, pero no espero que su jefe llegara temprano a su departamento.
—Lo siento, sé que fue mal educado—Comenzó intentando excusarse, algo que divertía al rubio—Pero de no haberla tomado, estaría desnudo frente a usted.
Esto hizo reír a Max, quien apreciaba la sinceridad de su asistente.
—No te disculpes, no estoy molesto contigo—Lo tranquilizo—Le agradas a mi gato, no puedes tener malas intenciones.
Checo sonrió ante esto.
—Si me lo permite, revisare la secadora—Dijo el pelinegro mientras se levantaba corriendo para irse a cambiar.
Max lo siguió de cerca y observo como revisaba sus pantalones.
—Deberías tomar uno mío—Ofreció el rubio pero Checo negó con la cabeza—Ya arruiné tu ropa, no me hagas obligarte a aceptarlo.
—Gracias—Dijo el pelinegro algo avergonzado.
—Olvide agradecerte por lo que hiciste hoy—Recordó—Así que tómalo como que estamos a mano.
Checo sonrió.
—Vamos a mi habitación—Continuo el rubio—Podemos escoger uno.
Ambos llegaron a la habitación. Max comenzó a revisar los trajes y le ofreció uno a su asistente.
—Le agradezco—Respondió mientras lo tomaba.
—Pruébatelo—Pidió Max y Checo se negó.
—No es necesario.
—La apariencia es esencial para trabajar conmigo—Insistió—Probaremos cada uno hasta que escojamos el mejor.
Checo asintió rendido.
Ese día le hizo probar todos los pantalones, camisas, sacos y corbatas que tenía.
El pelinegro al principio se sentía apenado, pero después comenzó a jugar al modelo.
Esto divirtió mucho a Max, quien gozaba de la compañía de su asistente.
Pues estar junto a él lo hacia olvidar el trago amargo que vivió a causa de su novia.
Entonces se dio cuenta de que no había reído tanto en mucho tiempo.
Le gustaba el efecto que Checo tenia en él. Incluso podía comparar el tiempo con su novia y no era lo mismo. Con él era diferente. Las enormes cargas de expectativa desaparecían. La tranquilidad inundaba su alma. Como si realmente pudiera ser él mismo. Como si finalmente fuera libre.