ID de la obra: 1504

Love, inc.

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
98 páginas, 27.801 palabras, 22 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
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Un mundo a color

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Ese día Checo salió a correr junto a Lewis, y pronto se hicieron cercanos. El pelinegro descubrió que su nuevo amigo era el dueño de varios restaurantes de comida vegana. Tiene un perro al cual adora y tiene una gran pasión por la moda. Le gustaba pasar tiempo con él, ya que Carlos estaba muy ocupado con su trabajo. En su tiempo libre comenzó a experimentar con la comida. Aprendió a preparar diversos platillo, claro, después de arruinar casi todos los ingredientes. Estaba decidido a comprar más víveres con la tarjeta que su jefe le había dejado para emergencias. Cuando de repente su teléfono sonó. Era un número desconocido. —¿Hola? —Dijo el pelinegro. —H-hola, ¿Eres Sergio? —Pregunto una voz del otro lado de la llamada. —Si, soy yo—Respondió sin pensarlo. —Hola, soy George de recepción—Checo intentaba recordar quien era, pero no podía—Llegaron dos paquete a la oficina, es para el señor Verstappen ¿Puedes venir a recogerlo? —Claro, en seguida salgo—El pelinegro corto la llamada y salió rápidamente del departamento. Camino un poco antes de llegar a su trabajo. A lo lejos vio al chico que lo llamo, nunca lo había visto. —Hola, vengo a recoger unos paquetes—Dijo con una gran sonrisa. —Si, aquí están—Checo vio como el muchacho tomaba dos cajas y se lo acercaba. —¿Puedes ayudarme a llevarlas? Siento que se me van a caer si las llevo yo solo—Pidió Checo y el joven miro su reloj. —Salgo en media hora, de momento no puedo moverme de mi lugar—Explico. —Entonces regreso en media hora—Respondió el pelinegro—Iré a hacer unas compras. Checo se fue sin esperar una respuesta del joven. Quien solo se sentó a verlo irse muy seguro de si mismo. Llego al supermercado y tomo todo lo que necesitaba, pero dio un par de vueltas distrayéndose con todo lo que veía. Finalmente pago y se fue a casa. Estaba acomodando las cosas cuando se dio cuenta de que había olvidado pasar por los paquetes. Salió casi corriendo del departamento y llego al lugar, viendo al joven sentado cerca de su escritorio. George había esperado casi una hora por el regreso del asistente. —Disculpa, se me fue el tiempo—Dijo y el chico solo le paso uno de los paquetes mientras cargaba el otro. Caminaron en silencio hasta el departamento del jefe de ambos. Checo coloco la caja que cargaba sobre la que llevaba George. Sacos las llaves y abrió la puerta. Luego tomo de nuevo el paquete y ambos entraron. —¿Quieres ver que es? —Propuso Checo intentando romper el hielo. —No deberíamos—Funciono. —No está aquí para darse cuenta—Insistió—Podemos cerrarlo después de ver. El joven George era muy curioso. Y tener de cómplice a alguien solo hacia más fácil tomar esa decisión. —Un vistazo rápido—Propuso y Checo asintió. Abrieron uno de los paquetes con cuidado y descubrieron que se trataba de una caja llena de chocolates. Todos perfectamente ordenados y con nombres. —Probar uno no le hará daño a nadie—Dijo el pelinegro y su compañero más joven sonrió. Tomaron uno de los chocolates y lo partieron por la mitad, comiendo una parte cada uno. Ambos asintieron satisfechos, viendo con deseo el resto de la caja. No supieron quien tomo el siguiente chocolate, cuando finalmente habían llegado a la mitad del contenido. —Checo, dejaste la puerta abierta—Dijo Lewis llegando. —¿Quieres? —Pregunto Checo mientras George mostraba la caja. Entonces Lewis se agacho para recoger una nota que estaba tirada en el suelo —Muestras de los nuevos productos, puede seleccionar aquellos que deberán ser lanzados en la edición navideña—Leyó—¿Esto es de ustedes? Checo y George se miraron, delatándose el uno al otro. —¿Qué vamos a hacer? —Dijo George con algo de chocolate entre los dientes—Me van a despedir y es mi primera semana. —Es mi segunda semana—Reflexiono Checo. Ambos intentaron acomodar los pocos chocolates que quedaban en la caja. Pero era notoria la falta de contenido. —Tranquilos, tengo la solución—Respondió Lewis y ambos voltearon a verlo. Para cuando se dieron cuenta, estaban en un supermercado buscando chocolates de su empresa. Llenarían la caja de producto ya en tienda, rezando para que Max no se diera cuenta. —Se ve bien—Dijo George cuando terminaron de colocarlos todos. —Además, todos se veían iguales cuando la abrimos—Checo sonrió triunfante. Mentira, no se parecían. —Al menos se solucionó el problema—Les recordó Lewis—Cierren esa caja antes de que vuelvan a sus andadas. Esa tarde llevaron a George hasta su casa, ya que quedaba algo lejos y estaba oscureciendo. —Tu jefe no suena muy agradable—Dijo Lewis cuando iban en su auto de regreso a casa—George parecía muy asustado. —De hecho, es muy generoso—Lo defendió—Me ha regalado cosas y me deja quedarme en su casa. —Pero eso es tu trabajo, ¿no? —Esa pregunta lo incómodo. —Si, pero no a todos les das esa confianza—Intento excusarlo. Lewis sonrió. Esto le hizo creer que Checo era ingenuo o demasiado amable. Max lo tenia cuidando su casa 24/7, además de hacerlo responsable de su gato y cualquier cosa que pudiera suceder en su ausencia. Lewis dudaba que le pagara por esas horas extra, que, lo quiera o no, robaba de su vida. Por otro lado, el rubio ya estaba preparando sus cosas para regresar a casa. Logro convencer a su novia de volver antes, ya que necesitaba estar presente en una reunión importante, siendo esto mentira. Ella acepto a cambio de una cena romántica. En el fondo creyendo que él le haría la gran pregunta. No fue así, y ella amenazo con desaparecer de su vida si no lo hacía pronto. Él prometió pensarlo si ella no se hacía daño. Había sido el peor viaje de su vida, mientras que para su novia había sido el mejor. Al menos ya se acabarían las insistencias de una boda. O al menos eso creía. Tomo su teléfono para llamar a su asistente. Quería avisarle que regresaría antes de lo esperado. Aunque solo era una excusa para escuchar su voz. Checo entro al departamento algo desanimado por su conversación con Lewis. Él realmente había sentido que provocaba algo en Max, aunque solo fuera por un momento. Esos acercamientos que habían tenido, esas miradas, quizá solo era amabilidad. O solo se estaba confundiendo porque le importaba que fuera bueno para el trabajo. Su teléfono comenzó a sonar, y al ver el contacto atendió rápidamente. —Hola Carlos—Dijo Checo algo animado—Hasta ahora solo había podido hablar con su amigo en la noche. —Hola, ¿Cómo esta mi niño favorito? —Bromeo del otro lado de la línea—¿Qué se siente cuidar un gato todo el día? —No hago eso todo el día—Corrigió Checo riendo—En unos días todo volverá a la normalidad. —Pero me dejaras ver el departamento antes, ¿no? —Insistió—Vamos, quiero ver como es. Siempre he tenido curiosidad de como viven los hombres de arriba. —Pues es muy gris—Respondió Checo mientras miraba a su alrededor—Incluso su vecino, Lewis, pensó que nadie vivía aquí. —Tu jefe suena como un fantasma—Se burlo. Checo sonrió. No sabia por que nadie más podía ver a Max de la misma forma en que él lo hacía. —Iré a dormir, hablamos mañana. —¿Pero me dejaras verlo? —Checo colgó sin responderle a su amigo. No creía buena idea dejar entrar a Carlos al departamento de su jefe. No por falta de confianza, sino por respeto. Aunque admitía que había sido muy descuidado con dejar pasar a Lewis y George, pero se excusaba con que eran escenarios diferentes, ya que había necesitado su ayuda en situaciones que los obligaba a pasar. Max hizo una mueca de molestia cuando escucho a la grabadora decir que el número estaba ocupado. Pensó en llamar después, pero ya era muy tarde y su vuelo seria a primera hora de la mañana. A la mañana siguiente Checo siguió su rutina. Salió a correr con Lewis, saludo a George al pasar cerca de la oficina, regaba las plantas que tenía su jefe, las cuales recuperaron su brillo. Para la tarde decidió empezar una nueva receta. Puso algo de música y mientras sus galletas se horneaban, comenzó a bailarle a Samy, así obteniendo toda la atención del gato. Max abrió la puerta con cuidado. Siendo atrapado al instante por un ambiente poco conocido, con música alegre, un Checo muy feliz bailando frente a su gato y el sol entrando cálidamente por las ventanas. Entonces entendió perfectamente todo lo que sentía. Antes de Checo su vida era gris, fría y repetitiva. Pero con él en su vida, todo tomaba color. Todo se sentía más cálido. Más agradable. Feliz.
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