Nuevos horizontes
22 de diciembre de 2025, 18:52
Checo no se percato de la presencia del rubio. No fue hasta que este hizo ruido al cerrar la puerta, fue cuando el pelinegro volteo a verlo estupefacto.
Ninguno dijo nada.
El asistente se volvió tímido de golpe. No esperaba que alguien lo estuviera viendo, mucho menos su jefe.
Pero el silencio se vio interrumpido por un aroma en particular.
El pelinegro paso de la pena a la preocupación.
—¡Mis galletas! —Dijo mientras salía corriendo hacia la cocina.
Max se preocupó y pensó en seguirlo, pero entonces el timbre sonó. Sin embargo, el ruido en la cocina lo hizo ignorar la llamada en la puerta. Así que corrió a ver que ocurría.
El rubio llego y vio como el pelinegro desechaba las galletas a la basura. Pudo notar la decepción en su rostros, así que se acercó para intentar consolarlo.
—No te preocupes, puedes hacer más—Fue lo único que pudo decir.
—No, de hecho, debería estar empacando—Dijo mientras dejaba la bandeja—Lamento mucho esto, limpiare cuando termine.
Checo se apresuro a ir a su habitación, pero Max lo tomo del brazo para detenerlo.
—Espera—Dijo el rubio—¿Por qué no mejor te quedas?
No sabía por qué había dicho eso. Cuidar su departamento era una cosa, pero pedirle vivir juntos era algo muy diferente.
No había querido vivir junto a su novia, pero se lo había pedido a su asistente.
—¿Quedarme a vivir aquí? —Checo no se esperaba dicha propuesta.
Hace un momento estaba muy avergonzado, pero ahora no cabía de la felicidad.
—Si…—Max intentaba buscar una excusa—El pobre Samy te extrañara si te vas.
Samy es un gato, no le importaba quien entraba o salía de ese departamento, siempre y cuando no lo molestaran.
Así que lo dicho por el rubio no tenía sentido.
Checo no compro esa historia. Pero no le importaba porque estaba emocionado ante la idea de casa gratis.
—Bien, traeré mis cosas los próximos días—Aseguro y Max asintió aliviado por la falta de preguntas.
El pelinegro camino hacia su habitación y tomo su teléfono para llamar a su amigo.
Le conto lo emocionado que estaba ante la idea de no pagar alquiler y solo tener que caminar un poco para llegar al trabajo.
Carlos aprovecho esta oportunidad para pedirle dos cosas:
La primera, quedarse con el departamento de Checo. La renta era más barata y aprovecharía para quedar más cerca de él.
La segunda, le prometería dejarlo ver el departamento de su jefe. Pues ahora también viviría ahí, así que seria la excusa perfecta para entrar.
Checo accedió. No veía nada malo en las peticiones de su amigo.
El rubio dejo su maleta al lado de su cama y se recostó un rato intentando pensar en lo que había hecho.
“¿Por qué?” pensó.
Esta bien, era cierto. Tenía sentimientos por Checo.
Pero, ¿no estaba abusando de su poder? Era una duda que le venia a la mente una y otra vez.
Checo no podría negarse a algo que él le pidiera, todo por su posición de jefe.
Así que no quería sentir que se estaba aprovechando de él.
—Me gustas…—Susurro Max en su soledad.
No podía decírselo a la cara porque seria complicado.
Temía forzar algo que tal vez solo él sentía.
Tomo su teléfono y llamo a un número conocido.
Checo estaba viendo videos en su teléfono cuando escucho el timbre. Salió a ver quién era, pensando que podría tratarse de Lewis, pero para su sorpresa era un joven repartidor que venía con un pedido de su jefe.
El pelinegro lo recibió y llevo el pedido a la cocina.
Aviso a su jefe sobre su encargo, pero Max estaba vistiéndose para verse bien para la cena.
Una vez listo, el rubio salió de su habitación y le pidió a su asistente que cenaran juntos.
Checo no iba a protestar, le estaba dando todo sin decir nada.
Comieron en silencio, pero Max no sabia si debía iniciar una conversación.
—¿Y como estuvieron las cosas por aquí? —Pregunto Max mientras lo veía con atención.
—Eh… bien—La mirada de Checo se desvió a los paquetes de chocolate que había devorado con George.
—¿Qué es eso? —Max se había fijado en la acción de Checo, así que no dudo en preguntar.
—Llegaron a la oficina, los trajimos… traje, los traje solo—Respondió con evidente nerviosismo.
—Debes ser fuerte para cargar eso solo—Soltó sin pensar.
—Si…—Checo deseaba cambiar el tema de conversación, así que aprovecho eso—Hago ejercicio cada mañana.
—¿En serio? ¿Vas al gimnasio? —Checo negó.
—Voy a correr, me gusta hacer eso—Explico—Pero ahora saldré a correr por las noches, ya que debo estar en la oficina temprano.
—Entonces, ¿No practicas ningún deporte? —El pelinegro negó—Bien, mañana vendrás conmigo.
Checo asintió algo nervioso. Su jefe se había mostrado interesado en él, quizá demasiado.
Esa noche el pelinegro cayó rendido en su cama. Estaba cansado, así que no tardo en quedarse dormido.
En cambio, Max estaba nervioso. ¿Así sería cada noche? Eso no lo había pensado cuando decidió que no quería vivir sin él.
Se quedó dormido entre suspiros.
A la mañana siguiente retomaron su rutina en la oficina. Checo extrañaba levantarse algo tarde, pero sabia que debía esforzarse para no decepcionar a su jefe.
Se moría de la curiosidad por saber cómo había sido el viaje. Pero sabia que eso era la vida privada de Max, algo que no le incumbía.
Max, por su parte, comenzó a buscar excusas para llamar a Checo a su oficina.
“Saca una copia de esto…”
“Trae mi café…”
“No encuentro estos documentos…”
Pero pronto se quedo sin opciones. Y se lamentó, ya que deseaba tenerlo cerca todo el tiempo.
Para la tarde Checo volvió a esconderse en el baño. Charlo un rato con Carlos, vio memes y después bajo a platicar con George.
Ambos estaban nerviosos por si Max abría los paquetes y se daba cuenta de la farsa que habían armado.
Max salió de su oficina y noto que Checo ya se había marchado. Esto lo hizo sentirse un poco mal, ¿Sería demasiado pedir que lo esperara?
Bajo y lo vio charlando alegremente junto a un joven que lo miraba sonriente. Checo posaba para una serie de fotos que el desconocido le estaba tomando.
El pelinegro tomo el teléfono y mostraba su cálida sonrisa, mientras que se acercaba al joven recepcionista.
Max no pudo evitarlo y camino más rápido hacia donde estaba la fiesta.
—¿Cuál foto se ve mejor? —Pregunto Checo mientras le pasaba el teléfono a George, quien lo miraba con atención.
—Me gusta más esta—Señalo—Te ves más guapo ahí.
—¿Quién se ve más guapo? —Pregunto Max acercándose.
Checo, nervioso, le arrebato el teléfono a George y lo guardo en su bolsillo.
—El gato—Explico el pelinegro—Le tome fotos a Samy y se las estaba mostrando a George.
—¿Eres nuevo aquí? —Pregunto Max mientras le tendía la mano como saludo.
—Si, señor, me llamo George Russell—Correspondió a su salud.
—Un gusto, George—Respondió el rubio con una sonrisa forzada—Ya nos vamos, ¿no?
Checo no sabia si eso era una pregunta o una orden, así que se limitó a asentir.
Una vez en el auto, el pelinegro no pudo evitar hacer una pregunta que lo llenaba de curiosidad.
—¿Por qué conduce hacia el trabajo cuando puede venir caminando? —Checo soltó y Max sonrió.
No podía responder a esa pregunta, porque ni siquiera él sabía porque lo hacía. Quizá para despejar su mente, o simplemente por pereza.
Llegaron al departamento y Max le pidió que se vistiera de manera particular para su salida. Debía ir lo más cómodo posible.
Max lo llevo a un campo de golf, quería practicar con él. De hecho, jamás había ido acompañado. Normalmente iba solo cuando no quería pensar en nada, así que esta era la primera vez que compartía algo con alguien.
Le enseño lo básico, pero también aprovecho sus lecciones para acercarse a él.
Masajeaba sus hombros, acomodaba su piernas. Esta teniendo mucho contacto físico.
Checo no era ningún idiota, sabia bien lo que hacía. Pero se limitaba a no intentar nada, aunque cada vez confirmaba más la atracción que sentía por su jefe.
Max hacia todo eso de manera inconsciente. Su yo interno le pedía estar cada vez más cerca de su asistente, así que lo hacía sin darse cuenta.
Regresaron al departamento y Checo se recostó en el sofá. Entonces Max se acerco a los paquetes que lo habían estado esperando.
Checo estaba tan agotado que ni siquiera pudo encontrar una excusa para aplazar ese tema. Pero para su suerte, el timbre sonó.
El pelinegro se iba a levantar, pero el rubio le hizo un ademan indicándole que él abriría.
—¿Sí? —Dijo Max mientras abría la puerta y se encontraba con su vecino frente a esta.
Lo había visto un par de veces, pero dudaba que este se hubiera percatado de su presencia.
—Oh, ¿Checo se ha ido? —Pregunto Lewis, algo que despertó la curiosidad del rubio.
—¿Lo conoces? —Max, tontamente, esperaba que se tratara de una confusión.
—Si, salimos a correr cada mañana—Explico, y todo cuadro para el rubio.
Pero esto solo le trajo más preguntas que respuestas.
¿Son amigos o solo salen a correr? ¿Y solo salen a hacer ejercicio? ¿Cuánto tiempo tienen de conocerse? ¿Por qué lo busca? ¿Qué quiere?
—¿Lewis? —Pregunto Checo acercándose, quien creyó reconocer la voz de su amigo.
El rostro de este se ilumino al ver a Checo, algo que no paso por desapercibido por Max.
—Me alegra encontrarte—Respondió Lewis con una sonrisa—¿Podemos hablar? A solas.
Checo asintió, y Max, molesto, los tuvo que dejar a solas en el pasillo.
Esa noche, cuando ellos se fueron, George había enviado un mensaje a Lewis.
“Creo que ya te robaron a tu enamorado”
El joven recepcionista se había hecho muy amigo de Lewis, y Checo casi siempre el tema de conversión. Algo con lo que el joven comenzó a molestarlo, insinuando que el vecino estaba enganchado con el asistente.
También verlos correr juntos alimentaba su juego, porque siempre los veía desde su lugar de trabajo. Sonriendo y bromeando entre ellos.
Pero no era del todo un juego.
Lewis se había interesado por el asistente. Solo un ciego no vería sus encantos.
Pero le preocupaba que Max estuviera aprovechando su posición para abusar de la amabilidad del atractivo asistente.
Así que cuando recibió ese mensaje, no dudo ni un segundo en ir a buscarlo.
Pero nadie lo atendió, hasta que los vio regresar cerca de la media noche.
—Quisiera preguntarte algo—Comenzó Lewis para luego tomar su mano—Me gustaría saber si te gustaría salir conmigo mañana en la noche.
Checo se sorprendió al escuchar esto, no esperaba eso de Lewis. De hecho, no se había puesto a pensar en él de esa manera. Sin embargo, no podía negar que también le parecía muy atractivo, además, pensaba que no tenía oportunidad con su jefe.
Por otro lado, Max los estaba espiando a través de la mirilla de la puerta.
No podía escuchar nada, pero el simple movimiento de Lewis tomando la mano de su asistente lo hizo enfurecer.
¿Quién era para hacer eso?
Quería salir a separarlos, pero se recordó a si mismo que no tenía ningún derecho sobre Checo. Hacer eso solo les daría la razón a sus dudas de si se estaba aprovechando de su posición.
Pero ¿Qué debía hacer? ¿Dejar que Lewis lo aleje de él? ¿Simplemente rendirse?
No, él no era así. No se iba a rendir con Checo. No sin dar pelea.