Besos de mentira
22 de diciembre de 2025, 18:52
Lewis suspiro aliviado cuando logro sacar a Kelly de su departamento.
La joven le había hecho tantas preguntas que parecía un interrogatorio.
Al menos ya sabía de quién se trataba ella, pero no pudo evitar molestarse al saber que su novio tenía que lidiar con alguien así.
Tomo su teléfono y comenzó a llamar a su novio para avisarle que todo estaba resuelto, pero este no respondía.
Pensó que estaba dormido, así que lo dejo en paz.
Checo no podía dormir. No tuvo el valor para responder la llama de su pareja.
Hace unos momentos estuvo apunto de serle infiel con su jefe y no podía dejar en evidencia los sentimientos que tenía hacia este.
Lewis de por si detestaba a Max, y con esa información sería mucho peor.
Lo mejor era evitarlo hasta que pudiera hablar con Carlos y aclarar su mente sobre todo este tema.
A la mañana siguiente Max se levantó con un horrible dolor de cabeza.
Miro a su alrededor y se dio cuenta de que no estaba en su habitación.
Vio la caja de chocolates vacía y su gato se reposo en su vientre.
Su cabeza daba vueltas, se sentía aturdido.
“¿Que tontería había hecho anoche?” pensó.
Entonces pequeños flashbacks aparecieron en su mente.
Había tomado un taxi hasta su departamento y vio a lo lejos a Kelly.
Asustado, entro corriendo para intentar que no lo viera.
Luego estaba Checo, sentado junto a él, con la mirada perdida.
El casi beso.
Y su rechazo.
“Soy un imbécil” pensó.
Movió a Samy con cuidado de no molestarlo. Se levantó del sofá y se miro en el espejo.
—Estoy horrible—Susurro mientras intentaba peinarse.
Escucho ruidos en la habitación de Checo, algo que lo hizo ponerse en alerta.
El pelinegro se estaba arreglando para ir al trabajo, pues era inicio de semana y necesitaba estar fuera del departamento lo máximo posible.
Nunca había sentido una necesidad tan grande por trabajar.
O quizá simplemente no quería estar en medio de dos hombres que peleaban por él.
Salió de su habitación y se encontró a Max todo desalineado y rojo como un tomate.
El rubio estaba avergonzado por su actuar la noche anterior, y porque no estaba presentable frente al hombre que le gusta.
Pero a Checo le gustaba verlo despeinado como anoche. Ese aspecto poco formal lo hacía ver más atractivo que de costumbre.
—¿Vas a la oficina?—Pregunto el rubio y Checo asintió—Entonces te veré ahí.
El pelinegro no dijo palabra y solo se marchó.
Sentía que estaba haciendo algo malo con solo mirarlo.
Le gustaba y lo sabía.
Pero Lewis no debía saberlo.
Y para su mala suerte, se lo encontró en el pasillo.
—¿Dormiste bien?—Pregunto Lewis mientras se acercaba a él.
—No tanto.
Lewis se extraño por la respuesta de su novio.
¿Por qué no le respondió anoche?
—Te llame anoche, pero supuse que estabas dormido—Checo no supo que responder—Tal vez no lo escuchaste.
—Perdón, estuve muy ocupado intentando que no se vomitara encima—Mintió.
Lewis no se trago del todo esa mentira.
Su novio estaba evasivo, podía notarlo.
Pero no quiso insistir más, sabía que tarde o temprano sabría lo que estaba ocultando.
—Pero no te robo más el tiempo, no quiero que llegues tarde—Checo se dio cuenta de que algo había entristecido a Lewis, así que se acercó a darle un beso de despedida.
—Nos vemos más tarde—Dijo el pelinegro con una tierna sonrisa, algo que su novio correspondió.
Max se estaba duchando cuando no dejaba de recordar aquel casi beso.
Jamás había estado tan cerca de Checo, o de otro hombre.
Tomo algo para el dolor de cabeza, pero no había medicina que curara la vergüenza.
Se apuro en alistarse para poder alcanzar a su asistente, necesitaba hablar con él sobre lo que ocurrió.
Cuando llego a su oficina lo encontró muy ocupado con unos papeles.
Y por más que lo intentara, usando cualquier excusa para acercársele, este parecía ignorarlo.
Si, Checo lo estaba ignorando lo máximo que podía. Necesitaba aclarar su mente y su corazón.
El teléfono de Max había estado muerto los últimos días. Así que lo puso a cargar, para terminar recibiendo cientos de mensajes y llamadas de su ex novia.
Llamo a recepción pidiendo que le prohibieran la entrada.
Sabia que las cosas seguirían siendo incomodas si no hacia algo para remediarlo.
Por la noche, cuando ya casi era hora de partir hacia casa, Checo se refugio en el baño para llamar a su mejor amigo.
—Finalmente la segunda parte—Expreso Carlos al otro lado de la línea.
—Hay una cosa que no te conté anoche—Comenzó—Casi me besa.
—¿Tu novio? Es lo normal ¿No?—Se burlo.
—No, Lewis no—Intento no alzar demasiado la voz—Max, mi jefe. Él intento besarme.
—¿Cómo? ¿Cuando? ¿Dónde?— Carlos sintió la desesperación correr por sus venas, necesitaba toda la información.
—Anoche, hizo un juego extraño con unos chocolates y luego intento besarme—Explico—Y casi lo dejo hacerlo. Pero me detuve porque sabia bien que no estaba consciente de sus actos.
—Y por tu novio ¿no?
Checo se quedo en silencio. Sabia bien, muy en el fondo, que nunca se detuvo a pensar en Lewis cuando casi se besa con su jefe. No lo hizo hasta después de irse a su habitación.
Era un mal novio.
—Como sea, ahora no sé que pensar.
—Odio ser quien te lo diga, pero tienes que tomar una decisión—Comenzó Carlos—No había conocido a alguien que estando en un problema fácilmente se mete en otro.
—Lo sé, soy un idiota.
—Hey, primero analiza las cosas y después te regañas—Continuó—¿Estas con Lewis porque te gusta o solo para ignorar a tu jefe?—Checo no dijo nada—No es bueno utilizar a alguien para aliviar tu propio dolor. Toma una decisión.
—Tienes razón, creo que hablare con ambos y seré sincero sobre lo que ambos me hacen sentir—Checo suspiro—¿Te parece venir conmigo mañana? Para distraernos un rato y podrás ver el departamento.
—¿No se enojara tu jefe?
—Puede ser en mi horario de almuerzo.
—Hecho.
Checo colgó la llamada, se miro al espejo intentando no parecer derrotado y salió del baño.
Poco sabia él que no estuvo solo todo ese tiempo.
Para su mala suerte, un George Russell de oído agudo escucho las partes más importantes de esa conversación y rápidamente tomo su teléfono para dar las malas noticias.
Max espero a Checo y ambos se fueron juntos en su auto. Sin embargo, el pelinegro se sorprendió cuando la ruta que tomo no era la habitual.
Le esperaba una noche llena de sorpresas, y esa solo era la primera.