ID de la obra: 1504

Love, inc.

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
98 páginas, 27.801 palabras, 22 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
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Deseos

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Lewis observo como la mujer movía impaciente su pie mientras esperaba que abrieran la puerta. Golpeaba una y otra vez, pero nadie atendía. —Se que estás ahí —Ella hablo sin percatarse de la presencia del vecino—No seas cobarde. —Disculpe, está haciendo un escándalo—Lewis intervino y ella se giro para verlo. Kelly le dedico una sonrisa incómoda, pues no pensaba que alguien la encontrará en el pasillo. —Lo siento, olvide mis llaves adentro— Mintió— ¿Crees que puedas ayudarme? Él sonrió sabiendo su engaño. —No, me temo que no hay nadie dentro y no hay nada que pueda hacer para remediarlo. Parpadeo un parte de veces antes de contestar. Pues fue capaz de observar que la puerta del departamento de enfrente estaba entreabierta. —¿Vives aquí?—Ella camino hacia la casa del vecino. —Si...—Dijo mientras la seguía. —¿Puedo pasar a tu baño? Lewis no quería ser grosero, así que asintió. Por su parte el pelinegro observaba como el rubio probaba uno de los chocolates y le acercaba otro  a su boca. Checo quiso tomarlo con sus dedos, pero Max movió la mano, insistiendo en querer alimentarlo. Puso el chocolate entre sus labios, sintiendo el sabor del dulce pero también el tacto de los dedos de su jefe. Sonrió atontado. Estaban sentados uno junto al otro. El ruido en la puerta hacia cesado, así que estaba más relajado. Sus pensamientos se concentraron en el aspecto de su jefe. Se miraba bien, demasiado bien. El rubio tomo otro chocolate y lo puso de nuevo en sus labios. No sabía que clase de juego era ese, pero le gustaba. Y con cada chocolate, el espacio entre ambos se iba reduciendo. Max se sentía cautivado por la cercanía con su asistente, quería tenerlo así siempre, solo para él. Checo no hacía más que seguirle el juego. Ni siquiera se centraba en qué tan bueno era el chocolate. Pronto sintió que estaba subiendo de tono. Pues con cada chocolate que ponía en su boca, el rubio rozaba sus labios con sus dedos y sin ser una accidente. Max se acercó a su rostro, sintiendo su respiración casi al instante. Quería besarlo desde que volvió a casa, pedirle que dejara todo por él, tal como lo había hecho al dejar a su ex novia. El pelinegro pensó en retroceder, pero se sentía hechizado por el momento. Se imaginaba como se sentiría tener sus labios sobre los suyos. El aroma a alcohol inundó sus pulmones, despertándose de su fantasía, a la vez que su jefe quedaba a milímetros de sus labios, rozando sus narices. —No—Dijo Checo separándose un poco, pero Max insistió. —¿Por qué no?—El rubio volvió a cortar la distancia entre ellos—¿Por qué con él sí y yo no? —Estas ebrio—Le recordó—Y así no es real. Sergio se levantó de su asiento y camino hacia su habitación. Le dolía haberlo rechazado, pero nada lo lastimaba más que el saber que solo ebrio podría acercarse así a él. Max se sintió aturdido por lo sucedido. Había tomado valor en el peor momento y lo había arruinado todo. Sin embargo, el alcohol hizo efecto en él y cayó dormido en el sofá. Kelly estaba arreglándose el cabello en el baño de Lewis. Había observado con detenimiento todo lo que pudo del departamento de ese hombre extraño. Le parecía divertido haber entrado a su casa sin siquiera saber su nombre. Pero se animó cuando vio la exquisita decoración. Se notaba que estaba al nivel de su novio. Había analizado su situación actual. Tenía que presionar a Max o buscar alternativas. Se dio cuenta de que podría hacer ambas cosas. Y tenía la herramienta indicada al otro lado de la puerta. Por su parte, Lewis estaba exasperado. "¿Que tanto hace allá dentro?" Se pregunto. Quería que Kelly se fuera. Era una extraña y no estaba cómodo con su presencia. Además, solo debía encargarse de que se fuera, no a entretenerla toda la noche. Y los segundos se hacían eternos. Checo tomo su teléfono y llamo a Carlos. Necesitaba un consejo de amigo. —¿Tienes idea la hora que es?—Exclamo su amigo del otro lado de la línea. —Y aún así respondiste—Bromeo—Necesito tu ayuda. —¿No puede esperar hasta mañana?—Se quejo. —No puedo esperar, es urgente. —Bueno, empieza. —¿Recuerdas a Lewis? —El vecino que te invito a salir. —Bueno, ahora que somos novios me invitó a vivir con él y no sé que hacer. —Espera un momento—Carlos se acomodo bien en su cama antes de continuar —¿Novios? ¿Vivir juntos? —Me estás poniendo atención ¿o no?—Checo se estaba desesperando porque no había terminado de contar el chisme. —Disculpa, pero siento que vas muy rápido. —El punto es que no se que hacer—Continuó—Él no es muy fan de mi jefe, me ha dicho que no me conviene vivir con él porque me quedaré en la calle y sin trabajo cuando me despida. —¿Y por eso fue esa propuesta?—Interrumpio—Amigo, es gracioso que seas la única persona que conozco que se debate entre vivir con dos desconocidos. —¿Cómo? —Si, ¿O vas a decir que los conoces muy bien a ambos?— Comenzo—Aceptaste vivir con un completo extraño solo porque es tu jefe, y te debates sobre mudarte con otro extraño que acabas de convertir en tu novio. Checo no sabía que responder. —No lo habías pensado, ¿Verdad?—Continuo su amigo—Pero si te parece bien, te daré mi más honesta opinión. El pelinegro sabía que vendría un regaño. —Dime—Respondió rendido. —Tiene razón sobre quedarte en la calle si tu jefe te despide—Comenzó— Pero también lo estarás si terminas con tu novio. La diferencia es que si te despiden es probable que tu Lewis te acepte en su casa, pero no funcionaría así al revés—Carlos suspiro antes de continuar—No te mudes si no tienes motivos para deshacerte de ese empleo. —Te lo agradezco —Respondió Checo con las ideas más aclaradas—Es tarde, mañana continuamos ¿Vale? —Descansa—Dijo su amigo—Y no te preocupes por problemas que ni siquiera existen. La llamada termino y Checo no pudo más que suspirar por todo lo que le había dicho su amigo. No quiso contarle lo sucedido con Max. Quizá solo había sido un mal entendido debido a su embriaguez. Aunque tales malentendidos nunca existen.
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