Y vivieron felices para siempre [Extra]
22 de diciembre de 2025, 18:52
Max detenía su auto en el estacionamiento del edificio donde ahora residía.
Había salido temprano del trabajo porque era un día importante y debía pasar a casa para recoger a su esposo.
Toma su maletín y un ramo de flores amarillas que compro en su floristería favorita que quedaba en su camino a casa.
Le gusta mucho comprarle flores a su esposo, quien siempre las recibe con una amplia sonrisa.
El rubio pronto fue catalogado como un esposo muy consentidor, que siempre buscaba hacer feliz a su pareja con cada mínimo detalle.
Y, claro, también muy celoso.
Sabía que Sergio lo amaba solo a él, pero no le gustaba cuando uno que otro hombre se le acercaba con otras intenciones más allá de una amistad.
Lamentablemente el pecoso pecaba de confianzudo y su esposo siempre tenía que intervenir, marcando territorio como su pareja.
Camina alegremente hasta llegar al ascensor y la música en este es el único sonido que llena el espacio, pero apenas llega a casa y la voz de su esposo hace que todo se llene de color.
Max caminó unos pasos cuando escuchó el teléfono de su esposo sonar insaciablemente.
Se pregunta a si mismo la razón por la que no responde o quien lo estará llamando sin parar.
Es entonces que lo ve.
Sergio esta llamandose a sí mismo con el teléfono de la casa.
—Amor, ¿Qué haces? —Pregunta el empresario al verlo tan absorto con los dos objetos.
—Es que me gusta mucho mi nuevo tono de llamada —Comienza mientras su móvil sigue sonando —Y también le gusta a la pequeña Hamda, ¿Verdad, bebé?
La pequeña de un año y medio de edad llevaba dos meses con la familia Verstappen-Pérez, pues había sido adoptada por la pareja y era la menor de la familia.
—Amor, a ella le gusta todo lo que te haga reír —Señala el rubio acercándose para tomar a sus bebé en brazos y darle un fugaz beso a su esposo —Es una nena muy risueña o se ha contagiado de tu alegría.
—Quizá sea ambas cosas —Sergio prontó nota las flores amarillas que todavía carga consigo —¿Son para mí?
—No, son para el vecino —Max suelta un comentario sarcástico que solo hace que su esposo desvíe la mirada.
No le ha caído en gracia.
—Mi amor, perdón —Se apresuró en disculparse pero Checo solo se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la cocina, donde sé sirvió un vaso con agua en completo silencio —Corazón, era un chiste estúpido. ¿A quien más podría regalarle flores? Eres el amor de mi vida, perdóname.
Sergio hace todo lo posible por ocultar una sonrisa, le gustaba molestarlo fingiendo estar enojado con él.
—Solo no seas grosero —Se quejó haciendo un puchero que solo llevo a que su esposo se acercara con la bebé en brazos.
—Perdoname amor, ya no lo volveré hacer —Max podía llegar a ser muy rogón, algo que rápidamente se notaba cuando estaban juntos.
Claro que le rogaría las veces que fuera necesario, casi lo perdió una vez y no quería volver a vivir eso.
Incluso tantos años después, todavía seguían con su amor intacto.
—Ya amor, solo estaba jugando —Dijo el pecoso acercándose a él para besarlo en los labios —Debemos darnos prisa o llegaremos tarde.
El rubio suspiró aliviado y junto a su esposo arreglaron bien a la bebé, además de que terminó arrullandola para que se durmiera en lo que Checo terminaba de alistarse.
—Mi bebé —Susurró para después darle un pequeño beso en la mejilla.
La vida familiar le había sentado de maravilla, siendo muy amoroso con sus hijos.
—Carlos insistió en llevar a Pato al evento, ya sabes cómo le gusta pasar tiempo con él —La voz de su esposo hace que despierte de lo embelesado que estaba observando a su bebé —Como es su padrino, le gusta presumir que es uno muy atento.
Sergio sonríe al decir esto, le gustaba mucho lo unido que era su mejor amigo con su familia.
Y no era para menos, pues hacia unos años se unió en matrimonio con alguien muy cercano a la familia Verstappen.
—Seguramente Charles está con ellos, con razón no me responde los mensajes —Se quejó el rubio —Pero al menos mi niño está pasando tiempo con sus padrinos.
Carlos conoció a Charles en la fiesta de compromiso de su mejor amigo, desde entonces comenzaron a conversar e incluso bailaron en la boda de los Verstappen-Pérez.
Fue un evento sin igual, e incluso salieron en muchos artículos de sociedades.
Pero mientras Checo comenzaba a su vida matrimonial, Carlos comenzó a salir formalmente con Charles hasta que se comprometieron y casaron hacia ya unos años.
Desde entonces ambos matrimonios solían organizar cenas en sus respectivas residencias y salidas con los pequeños.
Porque el matrimonio Sainz-Leclerc había adoptado a un pequeño llamado Oliver, a quien cariñosamente llamaban “Ollie”.
No solo los matrimonios mantenían una gran amistad, sino que sus pequeños también eran compañeros en el colegio y se habían convertido en mejores amigos.
Todo era perfecto.
—Todavía no puedo creer que Carlos se casó con Charles, pero creo que fue un flechazo tan rápido como el nuestro —Afirmó el pelinegro sentándose a su lado —Y ahora tenemos a nuestra hermosa familia.
En ese momento Max soltó un pequeño suspiro.
—Nunca pensé que algún día tendría todo esto —Comenzó sin poder evitar sonreír —Estoy muy agradecido de que decidieras darme la oportunidad de hacerte feliz.
—Gracias por no despedirme el primer día —Su comentario solo los hace reír, pero rápidamente bajan la voz para no despertar a su pequeña —Hay que irnos antes de que se no haga más tarde.
El rubio asintió y se levantó del sofá con cuidado de que su pequeña Hamda no se despertara de sus siesta.
Subieron al elevador en silencio, pero no era uno incómodo, sino más bien sereno.
Con la tranquilidad que se proporcionaban el uno al otro, sabiéndose enamorados.

El camino al colegio fue tranquilo.
Hamda dormía plácidamente mientras sus padres conversaban sobre el restaurante a dónde irían a cenar después del evento.
Al poco tiempo llegaron y se adentraron al lugar. Max llevaba a la pequeña en brazos y su esposo buscaba a dónde podrían sentarse.
—¡Checo! —Gritó una voz conocida, haciendo que el pecoso volteara y viera a su amigo Carlos desde las gradas —¡Aquí!
—Mira amor, están de aquel lado —Señaló el pelinegro y su esposo miró hacia donde le dijo, notando lo nervioso que estaba Charles.
Esto lo alertó y pronto se dio cuenta de la razón detrás de eso.
Con cada paso que daban, más nervioso se ponía.
Era un evento especial y no quería que se viera empañado por una disputa familiar.
Justo detrás de sus amigos y los asientos que habían reservado para ellos, estaban sentados los padres de Max.
—Amor... —Susurró el rubio deteniéndose antes de llegar, algo lejos para que no pudieran ser escuchados —¿Sabías que ellos estarían aquí?
Claro que la actitud poco preocupada de su esposo lo hizo pensar eso.
—He estado hablando con Sophie los últimos meses, me ha jurado que tu padre quiere reconciliarse contigo pero no le respondes las llamadas —Explicó el pecoso mientras buscaba su mano para tomarla con delicadeza —Amor, ¿No crees que es tiempo de dejar ir todo el dolor del pasado?
Max baja la mirada, no sabe bien que decir.
Claro que le gustaría retomar el contacto con su familia, pero si no lo aceptaban a él y a su esposo, entonces no quería nada con ellos.
Se gira discretamente y observa como Jos no le quita la mirada de encima, pero no parece haber dureza en su expresión.
Parece esperanzado por algo.
Entonces ve a Sophie, su madre, con sus manos inquietas tocándose entre ellas, buscando mantener la calma.
Esta visiblemente nerviosa, afligida ante la idea de que esto no salga bien.
Max regresa su mirada a su esposo y coloca una mano en su mejilla, acariciándolo suavemente.
—Amor, siempre has sido demasiado bueno —Le dice casi en un susurro —Un alma generosa, con un enorme corazón. Siempre pensando en los demás.
—Solo quiero que seas feliz —Afirmó el pecoso y en ese momento su esposo le dio un corto beso en los labios.
—Primero lo primero, la competencia de Pato —Max tenía en claro que por el momento debía ser accesible, después escucharía lo que su padre tenía por decir.
Así que caminaron hacia donde estaban sus amigos y saludaron con amabilidad a todos los presentes.
—Espero que a mi niño le vaya muy bien, se ha esforzado demasiado —Dijo Checo mientras acomodaba a Hamda en sus brazos.
—Pato y Ollie son los mejores de su curso, estoy seguro de que ganarán —Charles se mostraba muy optimista.
—Cariño, solo puede ganar uno —Su esposo le recordó con una sonrisa.
—Mientras que sea uno de los dos, aquí celebraremos —Insistió el de ojos verdes bastante decidido.
La competencia dio inicio y Pato junto a Ollie se detuvieron un momento para buscar a sus padres en el público.
Los rostros de ambos pequeños se iluminaron al verlos apoyándolos.
Habían crecido cada uno en diferentes orfanatos y la vida que ahora tenían era una bendición.
Sus padres los amaban demasiado y jamás se perderían ningún momento especial para ambos.
Así que la competencia continúa, animando a todo el público a un alboroto de gritos sobre diferentes nombres de cada niño.
Por buena fortuna, y sabiendo como eran esa clase de competencias, Max había llevado unas orejeras para Hamda, así no se asustaba con todo el ruido.
Extasiados de felicidad por el triunfo de Pato y el segundo lugar de Ollie, ambos matrimonios no dejaban de hablar de lo orgullosos que estaban de sus pequeños.
Aprovechando que los pequeños todavía tenían que ir a cambiarse, Max se separó del grupo para poder hablar con su padre.
—No quiero que hablemos frente a mis hijos, Pato no sabe quién eres y eso podría confundirlo —Afirmó el rubio mostrando su molestia por su presencia en el evento —Recurrir a mi esposo, sabiendo el buen corazón que tiene, es bajo.
—Max... —La voz de Jos ni siquiera era dura como la recordaba —Te trate mal, fui injusto contigo.
Y sus palabras lo sorprenden, pero no lo hacen flaquear de su decisión.
Porque más allá de la discusión que tuvieron cuando su padre se enteró de su relación con Sergio, algo que lo lastimó demasiado fue su ausencia en su boda.
Max esperaba que su padre se arrepintiera y asistiera, pues no era un evento cualquiera, era su boda.
Quiso darle esa última oportunidad, pero Jos, reacio, no asistió y obligó a su esposa a no ir.
Toda esa situación fue el golpe que necesitaba para romper ese lazo que los unía.
Y una simple disculpa no arreglaría nada.
—¿No crees que es un poco tarde? —Comenzó el rubio todavía molesto —Yo necesitaba a mis padres en la fiesta de comportarte, en el día de mi boda, y cuando le dimos la bienvenida a Pato, o hace unos meses con Hamda. ¿Por qué haces esto? ¿Por qué ahora?
Jos se notaba derrotado al escuchar esto.
Todos esos momentos especiales que se perdió por culpa del orgullo.
—Lo siento, no tienes idea de cuanto lo lamento —Continuó —Al principio pensaba que todo esto de la boda era un berrinche que hacías para llevarme la contraria, que no entendías el amor y solo estabas tomando decisiones apresuradas —En ese momento se detuvo para cuidar bien sus palabras —Pero quizá era yo quien no entendía el amor. Y me arrepentí por mi actuar, por mis palabras. Por favor, dime que no he perdido a mi hijo por culpa de mi estúpida ignorancia.
Max podía notar que el hombre no mentía.
Su padre, quién siempre había sido un hombre duro y poco amable, pronto se mostraba vulnerable frente a él.
El hombre que nunca ofrecía una disculpa, no dejaba de rogar por su perdón.
Era alguien completamente diferente frente a él.
—¿Cómo cambiaste de opinión? —El rubio sintió como su voz casi se quebraba, pero se mantuvo firme.
—Sergio... —Su respuesta lo toma por sorpresa y el hombre pronto se explica —Él ha estado enviando tarjetas de navidad los últimos años, Y pensé que era algo tuyo, como si quisieras echarme en cara que te saliste con la tuya. ¿Que estúpido suena, no? Pronto descubrí que lo había hecho a tus espaldas, porque quería que no nos perdiéramos la vida de Pato, mi nieto. Eso me hizo reflexionar que él realmente te ama, y tú a él, tanto que jamás respondiste mis llamadas.
—Porque no quería discutir contigo sobre mi esposo, porque sé que no lo aceptabas —Max se justificó.
—Antes no, ahora sé que sin él quizá seguirías encerrado en tu oficina trabajando a estas horas —Señaló —Sergio fue la mejor elección que has tomado en tu vida, y lamento darme cuenta hasta ahora.
El rubio se quedó en silencio y la voz de su pequeño llamándolo lo hizo darse cuenta de lo mucho que habían tardado en su conversación.
—¿Cuánto tiempo hemos perdido? —Preguntó mirando su reloj en su muñeca.
—Mucho, pero espero que no perdamos más, si puedo obtener tu perdón —Jos no se rendía, realmente quería reparar la relación con su hijo.
Max se lo pensó por un momento, analizando si debería dar ese paso.
Pero recordó las palabras de su amado esposo, aquellas sobre dejar ir el dolor del pasado.
Y quizá eso era necesario, ya no solo por él, sino por sus hijos.
—Esta bien, te perdono —Soltó el rubio y no pudo describir con palabras el enorme peso que había desaparecido de sus hombros.
Como si se hubiera librado de una gran carga que llevaba hace años y no se había dado cuenta.
Sonrió aliviado y pronto ambos hombres regresaron con el resto del grupo.
Checo sonrió cuando notó lo tranquilo que estaba al lado de su padre y le presentaron a Pato a su abuelo.
El grupo se fue a cenar a un restaurante y celebraron el triunfo de los pequeños.
Fue una velada mágica llena de risas, amor y alegría.
Jos le susurro un “Gracias” a su hijo antes de que se marchará justo a Sophie y una sonrisa cálida a Checo, quién había conseguido que ambas familias se reconciliaran.
Ahora que habían dejado atrás cualquier fantasma del pasado, podrían adentrarse a esta nueva etapa en su vida familiar, incluyendo a los abuelos de sus hijos.
Finalmente el círculo de cerró.
Y la familia Verstappen-Pérez continuaría viviendo en su maravilloso mundo de amor, felicidad y unión.
Pero sobretodo, un mundo donde no se daba cabida al odio.

Nota: Feliz cumpleaños adachi16 (Wattpad)♥️ Tkm Amix 💖 que la pases muy bien en este día tan especial.