Capítulo 1
28 de diciembre de 2025, 19:35
TW NSFW CONTENIDO ADULTO.
INSPIRADO EN HALLOWEEN. NO MAS IMAGINA LAS POSIBILIDADES CON MICHAEL MYERS🗣️🗣️🗣️

Era noche de Halloween y un extraño silencio reinaba en las calles.
El reloj marcaba cerca de la media noche y en la casa de los Pérez todo era oscuridad.
Un par de pasos cerca de una ventana y tenías la amplia vista de la pareja besándose en aquel sofá.
Lewis tocaba con lujuria a su novio, enredaba sus dedos en su espesa cabellera oscura y su lengua juguetona invadía su boca.
No iba a negarlo, lo estaba volviendo loco.
Traía puesta una falda negra de cuero, unas medias de red y un apretado corset rosa satinado, dejando una exquisita vista a sus pechos.
¿De que era su disfraz? Una esposa de Drácula, según el pelinegro.
Bajo una de sus manos y la metió debajo de su falda, haciendo que el joven abriera ligeramente sus piernas y dejará usar sus dedos en él.
Gemía en sus labios y movía un poco sus caderas, estaba tan excitado por lo que estaba por venir.
Sus dedos se movían en su interior, lo hacían gemir y retorcerse un poco, sabía bien como le gustaba.
Pero esto duro poco cuando sintió como los sacaba y ahora le prestaba atención a sus pechos.
Abrió los ojos y esa no era la fantasía que tanto estaba esperando.
—¿Por qué no te disfrazaste? —Preguntó Checo entre besos.
Habían acordado un juego de rol entre ellos, y aprovecharían que los padres de Sergio salieron de viaje y tendrían sexo esa noche.
Era su fantasía.
—Perdón, amor —El moreno se separó un poco —Tenia algunas opciones pero me sentía ridículo.
—Pero íbamos a jugar —El pelinegro hace un puchero cruzándose de brazos mientras se reclina en el sofá —Lo prometiste.
Lewis sonrió y se acercó a su rostro para juntar sus labios, le gustaba cuando se portaba así.
—Aún podemos jugar —Susurró para después volver a besarlo.
—No —Sergio se apartó bruscamente —Lo siento, pero no me parece justo.
El moreno entendía la insistencia con ese tema.
Con disfraz o no, era sexo y no necesitaban ropa.
—Vamos, amor, no seas ridículo —Lewis se quiso ver muy chulo al tomárselo como un juego, pero su novio se mostraba reacio —¿Es en serio?
El pelinegro se cruzó de brazos, se mantenía firme en su decisión.
—No es justo, ¿Sabes lo mucho que me costó ponerme estás medias? —Se quejó para después desviar la mirada.
—No será tan difícil quitartelas —Afirmó su novio acercándose a él para robarle un beso, pero Sergio se levantó de golpe.
—Faltaste a una promesa, no te mereces esto —El pelinegro hizo alarde de su belleza, y esto provocó que el moreno suspirara.
—Amor, tendría que ir a casa a cambiarme —Se quejó —¿Y si regresan tus padres?
—No estarán todo el fin de semana, así que tienes tiempo.
Podía ver la mirada retadora de Sergio. Sabía bien cuando había tomado una decisión y difícilmente lo haría cambiar de opinión.
Era una guerra perdida.
Lewis se levantó del sofá, se había rendido por sus encantos.
—No tardaré mucho, espérame en la cama —Se acercó y lo tomó por la cintura —Ya sabes cómo.
Pronto unió sus labios en un sucio beso que poco a poco se fue volviendo cada vez más candente.
Pero Checo sabía que debía parar eso para lograr que el joven hiciera lo que quiera.
Así que se separó sin ser tan brusco y le guiño el ojo.
—Sé como te gusta —Susurró el pelinegro después de separarse.
El moreno sonrió y salió de la casa, no se dio cuenta de que estaban siendo observados.
Entre las sombras, alguien lo vio marcharse de la casa de los Pérez, y miró como en el pórtico se encontraba Sergio, vestido deliciosamente y moviendo sus caderas de aquí para allá.
Pero ya después tendría tiempo para él.
En ese momento su objetivo era otro.
Caminaba a paso lento, cuidando de no llamar demasiado la atención.
Era bastante tarde y las calles estaban vacías.
Todo iba saliendo a la perfección.
Lewis se frotaba las manos por el frío, y después las escondía en los bolsillos de su chamarra.
Estaba a una cuadra de su casa cuando algo le hizo saber que no estaba solo.
Un escalofríos recorrió su cuerpo al sentirse observado. Vigilado.
¿Qué era esa sensación?
No lo sabía, pero si se hubiera percatado antes, quizá habría tenido oportunidad.
Apenas se giró, sintió como algo frío atravesaba su estómago y solo vio un rostro perturbadoramente blanco, estático, siniestro.
Cae al suelo y se retuerce al darse cuenta del objeto filoso en su piel.
El tipo saca el cuchillo y le da la oportunidad de arrastrarse en el suelo.
Esta jugando con su comida.
—¡Ayuda! —Grita el moreno, pero parece que nadie lo escucha —¡Auxilio!
En ese momento el atacante lo toma del cabello y usa el filo para acariciar su garganta.
Algunas lagunas carmesí se crean en el suelo, y el silencio vuelve a reinar en las solitarias calles de Haddonfield.
El asesino arrastra al joven hacia unos arbustos y lo cubre con hojas. De todos modos no estará ahí cuando alguien lo encuentre.
Antes de irse, toma el cuchillo y limpia el filo con la ropa del joven. Sonríe para sus adentros, fue más fácil de lo que pensaba.
Camina de regreso a la casa de los Pérez, ahí lo espera su siguiente presa.
Entonces el juego vuelve a iniciar.
Por su parte, Sergio puso algo de música para distraerse de lo caliente que estaba, pero esto dura poco.
Se acuesta en su cama y abre las piernas para acariciar su húmedo coño. Los dedos de Lewis sabían bien donde tocar.
Ni siquiera se molestó en callar sus alaridos de placer cuando comenzó a meterse los dedos, igual nadie lo escucharía gritar.
La puerta principal de la casa rechino al abrirse, unos cuantos pasos y fue fácil entrar.
Sin seguro, con la música en alto y las ventanas abiertas. Que descuidado ¿No?
Un escalón, luego el otro.
Poso el cuchillo sobre el barandal de la escalera y lo recorrió hasta llegar al segundo piso.
Lo escuchaba gemir, y lo vio retorcerse en la cama. Algo se removió en sus pantalones.
El pelinegro abrió los ojos al sentir que no estaba solo, y pegó un brinco al ver a aquel tipo.
Esto hace que este ensarte el cuchillo en una almohada, pero no era una amenaza. Estaba liberando sus manos.
—¡Mierda! —Gritó Sergio e inmediatamente dejo de tocarse —Me asustaste.
No recibe respuesta, solo mira como inclina la cabeza para un lado y esto lo hace reír.
Lo observa de pies a cabeza y la duda surge.
—Vaya que eres rápido —Continuó —¿Y de que es tu disfraz, amor?
Otro silencio se hace presente, pero esta vez hace más que solo quedarse viendo.
El sujeto lleva su mano al cierre de su traje y lo desliza suavemente, para finalmente sacar su miembro erecto y colorado.
—No hace falta preguntar dulce o travesura —Sergio gatea sobre la cama y logra llegar a la orilla de esta.
Toma el miembro con su mano y lo lleva a la boca, disfrutando su sabor y jugando con su lengua.
Saboreaba ese pedazo de carne como un hombre hambriento.
Su coño se humedecía con solo imaginarlo dentro de él.
No tardó comenzar a mover su cabeza para dejarlo follar su linda boca, ansiaba mucho todo eso.
Siente como lo toma con fuerza del cabello y lo hace metérsela hasta casi llegar a la garganta, provocándole arcadas.
Esto al principio lo molesta, pero le gusta su brusquedad y le sigue el juego. Usa su lengua y paredes vocales para complacerlo, chupando, succionando y apretando.
Le gustaba imaginarlo llenando su interior.
Se moría por rebotar en él.
—Ya cógeme —Se quejó el pelinegro después de sacarlo de su boca.
Y no hacía falta decirlo dos veces.
Pronto le dio la espalda y levantó el culo, sus piernas abiertas hacían a la falda enrollarse hacia arriba y sus medias de red apenas cubrían su coño desnudo.
Uso una de sus manos para separar más sus nalgas y dejarle una linda vista de aquello que se comería su verga esa noche.
El hombre se acerca y coloca sus manos en sus muslos, toma las medias de red y las rompe para poder ver bien aquello que tanto le gustaba.
Comienza a acariciarlo, llevando sus dedos hacia aquella zona y juega con sus pliegues.
—Te necesito, ya no puedo más —Rogó Sergio moviendo el culo para invitarlo a apresurarse.
Esto es bien recibido y siente como golpea sus nalgas como respuesta.
Ahoga un gemido y sonríe, sabe lo que viene.
Pronto el tipo toma su miembro y posa la cabeza de su pene sobre el coño del joven, restregandose para mancharlo de sus jugos.
El pelinegro se queja ansioso, así que lo deja ir poco a poco, llenando sus paredes y sintiendo cómo lo aprieta al estar dentro de él.
— Uhm, si... Cógeme con fuerza —Ordenó.
El hombre lo agarra de la cintura y comienza a embestirlo sin cuidado, sintiendo cómo sus nalgas chocan con sus bolas y el sonido de sus pieles chocando llenan toda la habitación.
Checo no controla sus alaridos de placer, y todo empeora cuando siente la palma de su mano chocar contra una de sus nalgas.
Su piel arde pero eso solo lo excita demasiado.
—Joder... —Susurra cerrando los ojos con fuerza.
Ese miembro lo puede partir en dos si así lo desea y estaría muy feliz.
Se gira un poco para ver al hombre enmascarado con traje azul de mecánico, pero la poca luz no le deja ver las manchas de sangre en este.
Puede ver su marcado abdomen asomarse, era algo que le gustaba de su pareja.
Acerca su mano y lo acaricia mientras el tipo sigue embistiendolo. Se muerde el labio y un hilo de sangre se mezcla con su saliva.
El enmascarado ensarta sus dedos en su suave piel, mira con atención aquellos pechos que amenazan con salirse del apretado corset e intenta tocarlos.
Sergio se da cuenta de esto y sonríe.
—¿Quieres ver? —Pregunta juguetonamente y pronto comienza a desamarrar el listón de este.
Sus pechos desnudos comienzan a rebotar con cada embestida, esto los excita a ambos y hace que el pelinegro juegue con estos.
Aprieta sus pezos y gime con fuerza al sentir como se corre después de un par de nalgadas que acompañaban a las embestidas que poco a poco lo hacen abrirse más.
El tipo está fascinado con la vista de aquel culo rebotando contra su cuerpo y los pechos redondos y perfectos del joven.
Su piel está roja, marcada y maltratada, a ensartado sus dedos y uñas lo suficientemente para dejar rastros de estos, delatando su presencia.
Golpea una vez más y siente como lo llena hasta dejarlo desbordando de su líquido caliente.
Su coño lo aprieta y sabe que están al borde de la excitación. Principalmente cuando ve lo colorado que está.
Sale de su interior y acaricia su piel con delicadeza, sabe que no fue demasiado lejos en su actuar, y esto lo confirma cuando ve su linda sonrisa.
—Oh Maxie... —Susurra el pelinegro y le quita la mascara con facilidad —Lo hiciste tan bien.
El rostro del rubio estaba más que sonrojado, sudado y con el cabello revuelto.
Sus labios estaban rojos e hinchados, los había estado mordiendo porque le había prometido silencio.
Él sabía cumplir sus fantasías más oscuras.
—¿Que te gustó más? ¿Ensartarle el cuchillo o darme tu verga? —Sergio apenas podía hablar debido a la adrenalina recorriendo su cuerpo.
Max sonrió satisfecho.
—Jamás te compares con ese idiota —Respondió para después darle una fuerte nalgada —Ahora eres mío.
Se acerca a su rostro y le roba un beso tan sucio, húmedo y brusco, que los hace ahogarse en su respiración.
—Solo tuyo —Afirmó con una sonrisa.
Cegados por su lujuria y deseo, habían llevado a cabo un plan maquiavélico que terminó con ellos en la cama y alguien en el suelo.