ID de la obra: 1505

HALLOWEEN (THE NIGHT HE CAME)

Slash
NC-17
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planificada Mini, escritos 14 páginas, 4.278 palabras, 2 capítulos
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Capítulo 2

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 En la casa de los Pérez todo era oscuridad. La noche se había vuelto sinónimo de enigma y horror, pues un asesino acechaba y terminaba con sus víctimas mientras el sol no miraba. Checo gemía al oído de su amante, el joven Russell de ojos claros y cabellos castaños, acariciando su músculosa espalda. Había pasado menos de una semana de la desaparición de Lewis, pero su amigo no tardo en meterse entre las piernas de su pareja. Y es que lo había deseado durante mucho tiempo. Checo no solo era bonito, sino también muy popular entre los chicos de su clase. Todos querían estar cerca de él. Pero el pelinegro solo tenía ojos para uno. —Georgie... —Susurra y el castaño siente como clava sus uñas en su espalda, soltando un pequeño gemido entre el dolor y el placer. Era como una fantasía hecha realidad. El pecoso lo habia invitado a estudiar en su casa esa tarde y fue recibido con el joven vistiendo lencería provocativa y unos tacones rojos que solo acentuaban su figura. No se pudo resistir. Al principio intentó pensar en su amigo, y en lo traicionero que estaba siendo en su ausencia. Pero luego Sergio lo beso y comenzó un bailen sensual con su lengua. Haciéndolo poner su mano en su coño para demostrarle lo deseoso que estaba. George no pudo evitar mover sus dedos sobre la tela de la lencería negra que usaba el pelinegro, librándose de ella y sumergiendo dos dígitos en su húmedo coño. Los quejidos se Sergio solo lo excitaron más, y terminaron desnudos en la habitación del pecoso. Su miembro se apretaba en las paredes internas del joven, el cual tenía las piernas abiertas y eran sostenidas por los fuertes brazos del castaño. Checo desliza una de sus manos de la espalda de su amante y la coloca sobre su coño, acariciándose mientras lo penetra. Se muerde el labio y esto hace que George tome un ritmo más constantemente, golpeando sus caderas con fuerza. Quiere pensar que lo está haciendo mejor que Lewis, que cualquiera que haya tocado a ese precioso joven de cabellos oscuros. Continúa golpeando su interior sin mucha vergüenza, le gusta escucharlo gemir junto a la expresión placentera de su rostro, mordiendo su labio para intentar ahogar un gemido. —Vamos, hazlo —Susurra Checo con cierta dificultad —Ya. George toma esto como una señal de lo cerca que está y se inclina hacia adelante para probar sus labios. El pelinegro gimotea un poco entre besos y cuando abre sus ojos mira una figura familiar acercándose a la cama. Pero el castaño ya ha hecho de las suyas, soltando un gemido ronco cuando llega al climax y llena a su amante con su esperma. Checo puede ver el filo tan cerca del joven, pero este ya está quejándose al sentir el objeto punzante que atraviesa su cuello y hace que se ahogue en su propia sangre. George abre la boca para intentar decir algo, pero solo un quejido ahogado logra escapar de sus labios. La aguja de tejer está en su cuello, y lleva su mano a esta para intentar quitarla, pero ya es muy tarde. Max toma del hombro al joven y lo echa hacia atrás, tirando lo de la cama para evitar que derrame el líquido carmesí sobre su pareja. —Tardaste demasiado —Señala el pecoso acomodándose en la cama —Mira lo que hizo. Abre sus piernas y deja ver como el semen del joven se desliza sobre su piel. —No es mi culpa que sea precoz —Se defendió el rubio quitándose la máscara —¿No es la aguja de tu mamá? Observa al joven todavía retorciéndose en el suelo, podrían salvarlo pero ninguno de todos lo haría. —Sí, olvide regresarla después de terminar la bufanda que te regalé en tu cumpleaños —Explica mientras se asoma para ver a su amante tendido en el suelo —Maldición, va a ensuciar toda la alfombra. Max se gira hacia él y lo toma de la barbilla para juntar sus labios, pero el pelinegro se mueve para evitarlo. —Amor, no esperaba que hiciera eso —Insiste el rubio viendo como se levanta de la cama y se pone sus tacones —Perdón. Sergio se acerca peligrosamente al castaño que todavía hace un esfuerzo burdo para detener el sangrado. —A-ayu... —Balbucea con todas sus fuerzas. —Se acabo el juego —Susurra el pecoso para después apoyar su pie sobre su pecho y presionar un poco, haciéndolo gemir de dolor —Pero te portaste bien, así que podrás ver. Se voltea y posa sus manos en el hombro de su novio, quién rápidamente entiendo lo que está pasando y no pierde el tiempo cuando ya está devorando su boca. —Él no sabe cómo complacerte, solo yo —Murmura el rubio cuando se separan por un momento —Quiero que te ahogues con mi verga. Checo se relame los labios y al poco tiempo ya se encuentra en la cama, con su cabeza en la orilla y el miembro de su pareja llenando su boca. Esta de cabeza y puede ver al joven todavía dando sus últimos respiros, mientras que Max comienza a acariciar su coño, manchando sus dedos con la excitación de su víctima. Los ojos del pecoso se llenan de lágrimas al sentir los dedos de su novio dentro de él y su polla llenando su boca, mientras que George agoniza en el suelo. La situación le resultaba demasiado excitante. Saborea el pedazo de carne que se desliza sobre su lengua y su animosidad lleva a que el rubio comience a embestir su boca. Max sabe lo que quiere, lo puede ver en ese destello de lujuria y deseo que he en sus ojos cafés con un poco de verde. Sale de su boca y retira sus dedos de su interior, tomándolo del brazo para levantarlo de la cama y después recostarlo en el suelo, junto al cuerpo estático bañado en colores carmesí. —Maxie, te necesito —Solloza el pecoso y el rubio no tarda en acomodarse entre sus piernas. Su traje de mecánico color azul todavía tiene manchas secas de la sangre de Lewis. Lo desabotona hasta la cintura donde no le pueda estorbar para lo que está por hacer, dejando su pecho y espaldas desnudas donde se podía apreciar su buen trabajado cuerpo. Usando el semen de su víctima como lubricante, Max se prepara para su tarea. Sergio gimoneta cuando la cabeza del pene de su novio entra en su suave coño, arqueando ligeramente la espalda y soltando pequeños quejidos que apenas puede controlar. Sus manos fuertes lo toman bruscamente de las piernas y su coño es maltratado con cada embestida. Al rubio le encanta ver rebotar los pechos de su pareja, suaves con pezones tan duros que solo quiere llevárselos a la boca. Se agacha para poder disfrutar de su sabor mientras su novio gime pidiendo más. Sus dientes se marcan en su piel canela, y el pecoso suspira con su húmeda lengua saborea su pezon sin vergüenza. Los dedos del pecoso que enredan en la cabellera rubia de su novio y le da pequeños jalones que solo incentivan su comportamiento. Les gustaba jugar con la pequeña línea que separa lo permitido de lo violento. Termina arañando su espalda cuando siente como mordisquea su pezón y deja finas líneas rojas en su piel lechosa. —Solo yo puedo llenarte tan bien —Max murmura contra su pecho y levanta la cabeza para ver como su novio asentía ante esta declaración —Entonces cabalga mi polla como la primera vez. Sergio sonríe ante esto, y no tardan en cambia de posición. Se sienta sobre las caderas del rubio y se mueve sintiendo su miembro resbalandose entre sus pliegues. Muerde su labio ante el recuerdo que invade su mente cuando la polla de Max termine colandose en su interior. Aún recuerda cómo inicio todo. El pecoso estaba cursando su primer año en el instituto cuando conoció a Max en el equipo de fútbol de la escuela. Rubio, alto, con una expresión seria que podría intimidar a más de uno, pero a él le parecía sumamente atractivo. Max también le había prestado especial atención, pero pronto su dulce pelinegro comenzó a salir con Lewis, el presidente de la sociedad de alumnos. Pertenecía al club de debate y era sumamente respetado. Se había sentido flechado por Checo desde la primera vez que lo vio y no dudo en cortejarlo. Pero que el pecoso tuviera novio no impidió que el rubio siguiera viéndolo de manera lasciva en cada entrenamiento. Sus gruesas piernas canela eran algo que lo tenía cautivado, principalmente cuando usaba aquellos shorts que por momentos se le subían por encima de lo que sus ojos deberían ver. Y Sergio no ayudaba con sus constantes insinuaciones, pues notaba lo duro que se ponía con solo ver el bulto en su entrepierna en cada entrenamiento. Pero había algo que todos los demás pasaron por alto peor, todos menos Max. Checo siempre esperaba a que los vestidores estuvieran vacíos para poder bañarse y cambiar su ropa. Solo que una tarde eso cambio, porque Max lo siguió y lo encontró en la ducha dándose placer a si mismo. Intentaba ahogar sus gemidos mientras introduce dos dedos en su coño y un chorro de agua caía cerca de este, siendo el ruido de la regadera lo único que disimula lo que está haciendo. —Maxie... —Murmura con los ojos cerrados. El rubio sonríe y su ego se llena al saber que el joven piensa en él cuando se toca y no en su estúpido novio. Sin dudarlo, se baja los pantalones cortos que llevaba puestos y se sienta en una banca cercana, completamente desnudo y exponiendo su duro miembro. Tocándose mientras observa al joven pelinegro, se aclara la garganta para hacerlo abrir los ojos y que se dé cuenta de que no está solo. Checo se queda estático al ser descubrierto, pero Max solo sonríe y se acuesta completamente en la banca mientras lleva sus manos detrás de su cabeza. Su miembro erecto y colorado está tan húmedo por el líquido preseminal que sale de este, y se mantiene rígido esperando a que el pecoso tome una decisión. Que la toma. El pelinegro nunca había hecho eso, y quizá su frustración con su pareja no sería tanta si Lewis no estuviera tan ocupado. Sale de la regadera y se acerca a él, colocándose encima suyo moviendo sus caderas hasta sentir como el pene del rubio se desliza sobre su coño. La presión lo está matando. Así que apoya sus manos en el pecho de Max mientras deja que lo llene con su miembro y muerde sus labios con fuerza al intentar retener un gemido. Ninguno de los dos dice nada. El pecoso mueve sus caderas en un vaivén constante que lo hace gimotear de placer. El rubio no duda en llevar sus manos hacia sus piernas y obligarlo a ir más rápido. Se reincorpora un poco y lo abraza a su cuerpo, la humedad de su piel hace que su respiración se sienta más caliente de la que es. Sus pechos brincan y saborea uno con la boca, haciendo que el joven se detenga por un momento. Intenta no marcarlo para no levantar sospechas, sabe bien que lo podría meter en problemas. Lo hace levantarse para terminar arrastrándolo hacia las regaderas, donde el agua los cubre a ambos mientras Max lo carga para seguir golpeando su coño hasta llenarlo de su esperma. Después de ese primera encuentro las cosas siguieron su rumbo, y Sergio intento replicar ese placer con su pareja. Pero cuando le pidió que fuera más rudo, este se negó porque no le gustaba ser violento al momento de hacer el amor. La naturaleza cariñosa y delicada de Lewis contrastaba fuertemente con la forma de ser tan extremista y violenta de Max. Ahora, meses después de la primera vez juntos, disfrutaban de un buen sexo después de acabar con otra de sus víctimas. El pecoso tenía muchas fantasías, pero ese Halloween llevaron acabo la más perversa de todas. Checo solloza de placer mientras brinca sobre el miembro del rubio, chorreando su excitación por sus piernas y recibiendo una que otra nalgada. En un movimiento rápido, Max lo termina poniendo de nuevo en el piso, pero esta vez en cuatro y no tiene piedad con sus embestidas. Golpea su trasero y marca su piel ensartando sus uñas en esta. Está demasiado cerca para ser considerado con este. Llenando su coño con su esperma y sintiendo cómo el pecoso llega de nuevo al climax. Exhaustos, no se mueven de la posición en la que se encuentran. Se mantienen estáticos por unos segundos que parecen horas, pero saben que no pueden quedarse así para siempre. Max es el primer en ceder, saliendo de su pareja y levantándose del suelo. —Tenemos que moverlo antes de que apeste la casa —Afirma el pelinegro extendiendo su mano para que lo ayude a levantarse —Pero esto me lo quedó yo. Se acerca a George y con cuidado hace uso de su fuerza para quitar aquel objeto del cuello. —Date un baño, cariño —Comienza el rubio —Yo me encargaré de él. Max se coloca de nuevo la parte de arriba del traje y la abrocha bien. Se dan un beso antes de que Sergio se dirija al baño y el rubio usa la alfombra para envolver al castaño. Ninguno de los dos sabía cuál era el límite que podían alcanzar para satisfacer sus más profundos y oscuros deseos. Porque ninguno de los dos estaba dispuesto a acostumbrarse a la idea de renunciar a aquella adrenalina que llevaba consigo esas aventuras nocturnas que terminaban en muerte.
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