ID de la obra: 1506

𝐓𝐇𝐄 𝐒𝐄𝐂𝐑𝐄𝐓 𝐒𝐓𝐎𝐑𝐘 𝐎𝐅 𝐓𝐇𝐄 𝐒𝐖𝐀𝐍

Slash
NC-21
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
162 páginas, 49.035 palabras, 21 capítulos
Descripción:
Notas:
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•20•

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Sergio pasó poco más de medio año persiguiendo a Max. Era una  tarea sin fin, ya que Toto no lo hacía quedarse en un solo lugar por mucho tiempo. Se obsesionó con la idea de encontrarlo, principalmente porque le había tomado cierto resentimiento. Torger le había ganado, humillado. Y no había podido encontrar a otro cisne en ese tiempo. Sus cisnes... Amo a cada uno de ellos, algunos con más intensidad que a otros. Él recuerda claramente cuando inicio todo. —¡Les diré a todos, ya me canse de este juego tonto! —La mujer gritaba con molestia. Era la mejor amiga de su madre, y la amante de su padre. —No seas estupida, nos arruinaras a ambos —Su padre alza la voz, lo suficiente para intimidarla pero no para llamar la atención como ella lo hacía. Sergio había estado jugando a las escondidas con sus hermanos, a quienes les pareció gracioso la idea de dejarlo solo en casa e irse con los hijos del vecino. Era una forma de molestar al más joven de los Pérez. Pero no esperaban a que su padre llegara temprano del trabajo y se pusiera a discutir con su amante, que no sabian que tenia, y que comenzará a querer callarla a la fuerza mientras Sergio presenciaba todo a través de las rejillas de un armario. Lo ve tomarla por el cuello, ella patalea y manotea tanto como puede, pero no es capaz de defenderse ante la fuerza del hombre, quien termina con su vida en un instante. Sergio se orina en sus pantalones y se mueve lo suficiente como para hacerle saber que está ahí. Tiene miedo, pero pronto la puerta se abre y queda frente a frente con su padre. Lo toma de los hombros y lo hace salir, le comienza a explicar que ella se estaba portando mal, que quería hacerle daño a él y su familia. Que a veces no hay otra salida. Le pide que guarde el secreto, pero esto solo se convierte en una justificación para sus futuras acciones. No sabía que su hijo estaba en la mente de su vecino y amigo. Mark Webber gustaba de pasar tiempo con Sergio, y pronto su dinámica escaló a situaciones inapropiadas. Con el paso de los años el más joven de los Pérez se volvía un poco extraño para sus padres, algo rebelde y frío. Se convirtió en alguien muy demandante frente a Mark, con quien mantenía encuentros furtivos en secreto, y se sintió traicionado cuando este se comprometió de la nada. —No sea ridículo, lo nuestro era pura diversión —Dice el mayor con cierta mofa —Ya vete a casa a terminar los deberes, no tienes nada que hacer aquí. Esto claramente lo molesta, y en su mente comienza un debate interno. Cuando lo vuelve a confrontar, Mark amenaza con contarle todo a sus padres y que sepan "Lo mal que se ha portado". Esto claramente era manipulación, pues con la diferencia de edad el que se metería en problemas serios sería él y no Sergio. No todos reaccionan igual al trauma. Así que, desesperado y con el recuerdo fresco de lo que presenció aquella tarde hace años, entonces toma una decisión. Sergio prepara un jugo que pronto lleva a la casa de Mark, le pide disculpas por su actuar y lo observa beberlo hasta el fondo. Lo que el mayor no sabe es que esa mañana había logrado sacar el liquido toxico de un viejo termómetro de mercurio que tenían guardado en casa y lo mezclo en aquel vaso de jugo que ahora bebía. Mark comenzó a sentirse mal, pero sergio se marchó de ahí cuando lo vio inmóvil en el suelo. —A veces no hay otra salida —Susurra antes de marcharse, pero tomo un único recuerdo de él. Un cisne de cristal que tenía en la mesita de café de la sala. Siempre le había gustado, y Mark una vez le dijo que este cisne era tan bello como él. Pasó los siguientes años intentado ocultar esa parte extremista de él, una reacción peculiar a su propio trauma. Intentó hacer su vida, pero no pudo evitar repetir los patrones de Mark en sus aventuras esporádicas. Pero todo era en secreto, pues su familia jamas lo aceptaria si sabían de su gusto por los hombres. Conoció a Esteban Ocón en un viaje en tren cuando ambos tenían veinte años, y comenzaron una relación en secreto. Sin embargo, se repitió el mismo escenario con Mark, y Esteban amenazó con revelar su relación. Sergio se acerca a él y pone su mano en su barbilla, finge que ha cambiado de opinión pero es una trampa. Su mano se desliza por su mentón hasta llegar a su cuello y toma con fuerza. —¿Como te atreves a decir eso? —Ahora sus dos manos en su delgado cuello de cisne —¿Con quien crees que hablas? Tengo una reputación que mantener, y no la arruinarás por decir que me acuesto con un maricon. Las palabras de su padre resuenan en su mente cuando mira cómo la luz en los ojos de aquel joven se desvanece. Le resultaba fácil montar escenarios en los que parecía que sus cisnes se arrebataban el aliento por si solos y con una simple cuerda. Lo hizo con Esteban a los veinte, Lance a los veintitrés, Oliver "Ollie" a sus veinticinco, cada dos años uno distinto. Hasta que el tiempo entre ellos se fue reduciendo y termino con nueve cisnes. Ser profesor lo mantenía lejos de casa, pero también en constante movimiento. Era muy bueno en su trabajo, pero también dejaba problemas a su paso. Por eso nunca se quedaba demasiado tiempo en un solo lugar. Cinco años antes de llegar a Cardiff, se detuvo. Creyó haber cambiado y superado esa parte de él. Y luego le ofrecieron ese puesto de profesor en lo que se liberaba alguna vacante en Rochford, el cual era su objetivo principal. Cardiff no era un mal lugar, pero no estaba en sus planes. Rápidamente volvió al mismo juego de siempre, con su décimo cisne, el más roto de todos. Le gustaba mucho, y se sintió adicto a él. A esa inocencia que tenía cada cisne frente a él y la cual siempre buscada en cada uno de ellos, pero max estaba lo suficientemente roto como para empatizar con su situación. Por eso no acabo con ese cisne durante su ultimo dia en Cardiff, porque este provo querer seguir a su lado y darle toda su atención. Lamentablemente, cuando todo se derrumbó en Rochford, no tuvo la misma compasión con Charles y lo arrastró hacia el bosque para terminar con su onceavo cisne. El décimo se le fue de las manos, y quería terminarlo todo, pero no lo pudo encontrar. Después de meses supo que era momento de volver a casa, de retomar su camino con una fachada perfecta de si mismo.  Dos semanas después de su regreso, Max estaba haciendo su cama en el internado al que sus padres lo habían mandado para mantenerlo encerrado. Estaba molesto con todos y se sentía muy perdido, principalmente después de saber que su su actuar con Lando tuvo consecuencias tan graves que el joven ya ni siquiera puede hablar bien. Se sentía como una horrible persona. —Apúrate, no te esperarán todo el día —Uno de los encargados va por él y lo lleva a su cita con la doctora, quien lo recibe con una sonrisa amable. Doriane era muy buena en su trabajo, así que no tarda en hacerlo sentir cómodo con ella. El joven llegó enfermo, así que le ofreció una bebida caliente para relajarlo. No era su primera sesión, así que ya tenía bastante avance con él. Comienzan a hablar de todo lo que pasó en el año que desapareció, en cómo lo afectó la manera en que Torger lo trato pero sigue omitiendo la razón por la que se fue de Cardiff. Max se sentía tan estúpido. Incluso después de todo ese tiempo, de las traiciones y el maltrato, seguía teniendo sentimientos por el profesor. Tanto era el apego que sentía por él que siempre cargo con aquel diario que le robo e incluso lo llevó consigo al internado. Leía su capítulo una y otra vez, consolandose con las cosas bonitas que decía de él pero omitiendo la parte final donde comienza a despreciarle. Pronto caen en un tema de conversación demasiado doloroso y complejo. —¿Por qué crees que tus padres te odian? —Pregunta la rubia y el joven sonríe. No es de felicidad, sino una mueca de dolor disfrazada de diversión. —Porque no solo lo veo, sino también lo escucho, lo siento —Afirma jugando con un oso de peluche que le ha dado para relajarlo —Mi madre nunca me quiso, y mi padre cree que no es mi padre. Se echa hacia atrás, apoyándose en el respaldo de la silla y lleva el peluche a su pecho mientras lo abraza. —Mi madre nunca quiso tenerme, por eso me odia, cree que arruine su vida —Continua y desvía su mirada hacia el techo de la habitación, moviendo sus pies hacia delante y hacia atrás, sin tocar el suelo —Se casó con mi padre por obligación, pobre idiota, lo sigue engañando incluso después de casados. —¿La odias? —Pregunta observando con atención al joven. —¿Alguna vez ha comido del piso? —El rubio suelta su pregunta sin molestarse en responder la suya —Es asqueroso y degradante, peor si es sopa —Se reincorpora en su asiento pero no suelta el oso —Mi hermano Mick no es hijo de mi padre, yo sí. Adivina a quien odia. —Max, ¿Odias a tu hermano? —Quiere que responda a sus preguntas pero el joven vuelve a negarse. —¿Sabe que odio? La maldita casa de Rochford, no había lugar más frío en la tierra —Se queja —Pero hubiera preferido quedarme ahí, en lugar de irme con ese traidor. Max aprieta la mandíbula antes de continuar. —Porque soy tan tonto para sentir amor por ese idiota —Confiesa —Dígame la verdad, ¿Cree que puede lograr algo conmigo? ¿O estoy tan perdido como ellos dicen? Seguramente piensa que soy estúpido. —No, no pienso eso, creo que eres alguien muy listo que terminó en una mala situación —Asegura intentando ganarse su confianza. —Ni siquiera me cree, ¿No? —Esto sonaba más como un reclamo, uno muy cansado —Sobre lo de Torger, lo que hace Wolff, nadie nunca me cree. Incluso hace años cuando hablé sobre el decrepito de Marko, mis padres dijeron que dejara de inventarme cosas. Que por mi culpa papá se quedaría sin trabajo. —Max, yo nunca he dicho no creerte —Comienza y mira como se abraza a aquel oso —Tu hipersexualidad es una respuesta al trauma que sufriste, una forma no funcional de lidiar con este. Cada reacción para enfrentar el dolor es algo muy personal e individual, pero eso no te hace el único. Y... NO ES TU CULPA, SOLO NO SABÍAS CÓMO AFRONTARLO. El rubio se hunde en su silla, no puede evitar sentirse avergonzado. Él creía que su comportamiento era lo normal, así que nunca se cuestionó cuando comenzó a actuar así. Hasta que lo ocurrido con Horner despertó en él los recuerdos que creía perdidos. Y ese día regresó a su habitación sintiéndose tan miserable como las últimas semanas. Saca el diario de su escondite y lo hojea hasta llegar a su capítulo, ¿Por qué nadie lo entendía como Sergio? Extrañaba la forma en cómo lo abrazaba, el sentirse seguro en sus brazos. Quizá las cosas hubieran sido diferentes de no haberse marchado. Que mentira, solo iría a peor. Pero le gustaba la idea y fantasía que el profesor le vendió. La necesidad de saber que todavía lo amaba. ¿Sergio lo amaba? No lo sabía y eso lo afligía, porque él sí lo hacía. Lo admitía en silencio, estaba enamorado de él o la idea de este. Solo quería volver a verle. Y, como si su deseo hubiera sido escuchado, el diario se le cae de las manos y termina en el suelo, abriéndose en una de las últimas páginas. Es una dirección. Max sabe bien que no se encuentra tan lejos y una muy mala idea se cruza por su mente.  Pasa los siguientes dos días ganándose la confianza de Doriane, y esta le permite acompañarla a la ciudad. Piensa que hay un avance, no sabe lo bueno que es fingiendo. El rubio aprovecha un momento de distracción, sabiendo lo cerca que puede estar de Sergio, y corre como si no hubiera un mañana. No mira hacia atrás, lleva consigo el diario del profesor y piensa que todavía tienen una oportunidad. Avanza tan rápido como puede y siente que el aire se le escapa de los pulmones. Es veintiséis de enero, pero el día es sorprendente soleado y caluroso. Hay mucho movimiento en las calles y el joven se asusta ante la idea de perderse. Ya no está en Cardiff, así que no conoce de calles y atajos. Sus pasos se sienten pesados, pero ha tenido la ventaja de que su acompañante lo perdiera de vista. Cuando se detiene, puede escuchar el sonido del mar muy cerca y se siente tentado a ir hacia allí. Pero decide continuar su camino hasta la casa de su ex amante, solo desea que todavía vivo ahí. —Por favor... —Susurra cuando nota que la dirección da a una casa en una calle muy cerca de la playa, era un paraíso terrenal. La casa era bastante grande y parecia que habia una fiesta. Suspira aliviado al reconocer la Ford del profesor estacionada frente al domicilio. Toma con cuidado el diario y confirma que es el lugar. Apenas pisa el jardín decorado con bastantes rosas blancas, y escucha diversas risas provenientes de la propiedad, pero no flaquea y continua avanzando. Se asoma por una de las ventanas y mira la espalda del pelinegro alejándose de ahí, perdiéndose en el pasillo. Su vestidura es casual, llevando unos shorts beige que le llegaban a la rodilla y una playera del mismo tono pero un poco más oscuro. Ha llegado muy lejos como para retroceder, así que se acerca a la puerta y toca el timbre. Sostiene el diario con fuerza, esta muy nervioso. Pero se lleva una sorpresa cuando una mujer abre la puerta. —Dime —Dice la castaña mientras lo mira con confusión. —Creo que me confundi de casa —Se miente a si mismo. —¡Mami! ¡Mami! —Una niña de cinco años llega hasta ellos y la jala del vestido —Papi no me quiere dar otra galleta. El rubio se siente nervioso y las observa con detenimiento, la pequeña tiene un aspecto familiar. —Nena, no molestes a papi en su cumpleaños —Afirma la mujer agachándose para estar a su altura —Ve con tu tía y dile que si te puede dar otra galleta. —¡Si! —Grita la pequeña mientras se marcha corriendo. —Disculpa, ¿Eres alumno de mi esposo? —Pregunta la mujer mientras se reincorpora y observa el diario en su mano —Es de él. Dios, ya le he dicho a Sergio que no sea tan olvidadizo. El joven extiende el diario y ella lo recibe mientras se hace a un lado. —¿No quieres pasar? Mi esposo estara agradecido, tenia tiempo que no miraba esta cosa —Continua mientras observa la libreta de cuero. —No, ya debo irme, Señora Pérez —Responde Max en automático. Todo es demasiado para poder procesarlo en ese instante. Se da la vuelta y comienza a caminar lentamente sin esperar una respuesta. Al principio se muestra imperturbable, pero poco a poco sus ojos se llenan de lágrimas. Aprieta sus manos formando dos puños, donde sus dedos se ponen rojos por la presión. Un sollozo escapa de sus labios y su paso se acelera, ahora su labio inferior tiembla y no puede hacer más que entregarse el llanto desconsolado. Cuando Sergio se entera de lo que ha pasado, primero guarda la compostura pero sale de casa para buscarlo. Ya no está. Max corre como si no hubiera un mañana. Huye, ¿Pero de qué? Parece que lleva toda su vida corriendo, quizá en círculos, intentando escapar de sí mismo y de los fantasmas que constantemente atormentaban su mente. De los recuerdos, de los momentos, de los golpes, de los insultos. Quiere escapar pero está encerrado en su propio ser. Llora y siente cómo su garganta se desgarra. Llega hasta la playa, donde las olas se deshacen junto a la arena y el agua limpia la suciedad. Max tose, como lo ha hecho las últimas semanas, pero hay algo atorado que necesita sacar. Ese algo que finalmente se libera con la noticia de que su amor no es correspondido. Se da pequeños golpes en el pecho y mira al suelo con lágrimas en los ojos, pujando hasta que una flor blanca cae al suelo bañada en sangre. Atónito, lleva su mano hasta su boca y mira la sangre que manchan sus dedos. Levanta la vista como si quisiera buscar ayuda con la mirada, una que se posa en ti. Una que marca el inicio del FIN. 
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