ID de la obra: 1506

𝐓𝐇𝐄 𝐒𝐄𝐂𝐑𝐄𝐓 𝐒𝐓𝐎𝐑𝐘 𝐎𝐅 𝐓𝐇𝐄 𝐒𝐖𝐀𝐍

Slash
NC-21
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
162 páginas, 49.035 palabras, 21 capítulos
Descripción:
Notas:
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•19•

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. ¿No era eso una locura? Sergio conducía sin prestar mucha atención en el camino. Su ropa seguía sucia, sus manos tenían algunos moretones pero sus ojos estaban rojos de tanto llorar. Más que tristeza, era coraje. Max era suyo, solo suyo, y se esfumó en un segundo. Se robo su diario, algunos ahorros que tenía guardado y destruyo la mayoría de sus cosas. Lee el periódico que compro esa mañana y niega con la cabeza. Había sido muy descuidado en Rochford. “Joven ejemplar de reconocido colegio sale por la puerta falsa” —Pobre idiota —Susurra mientras regresa la vista al camino. Se detiene en una gasolinera y revisa el mapa que compro en la última estación de servicio en la que estuvo. Marca unas fuertes equis rojas en los lugares que visitó, llevaba un tiempo intentando seguir el rastro de su amado cisne. Quizá debía dejarlo ir. Max ya no estaba más en su radar, se había ido por sus propios medios y no debería preocuparse más por él. Pero habían dos cosas que hacia que no se rindiera: La primera, nunca antes un cisne se le había salido tanto de las manos al punto de arruinarlo. Debía tener un castigo. Porque él era el único que podía decidir el destino de sus cisnes. La segunda, supo que no fue el único que abandono Rochford después de la muerte de Charles. El director del colegio Rochford, Torger Wolff, se fue esa mañana para nunca más volver. Lewis Hamilton, uno de los profesores del colegio, sabía que el hombre iba a anunciar su retiro en esos días pero no espero que fuera tan abrupto. Para Sergio todo esto hacia sentido, y no deja de recordar aquella imagen de Max en el local hablando feliz al teléfono. La primavera de la que hablaba Torger la última vez que lo vio. Todo eso fue premeditado. Él sabía que se llevaría a Max, por eso tanta confianza en aquella junta. Esto claramente alimento su deseo por encontrarlos, pero para bien o para mal, la familia Wolff era muy acaudalada y tenía diversas propiedades. Buscarlo de una en una sería una pérdida de tiempo, además de una locura, porque ellos podía estar en constante movimiento y no podría darles alcance con facilidad. Además, él también tenía otras prioridades y debía enfocarse en encarrilar su vida, en lugar de perseguir un fantasma.  El tiempo paso, los meses avanzaron y una brillante primavera iluminó los días del joven rubio. Max estaba conforme con la vida que llevaba. Toto le cumplía cada capricho, lo llevaba a todos los lugares que quería y no ocultaba su afecto frente a los sirvientes. Porque la familia Wolff era bastante respetada, pero sobre todo conocida. Torger podía ser tan espontáneo como extraño, haciendo que el joven lo montará en el jardín de una de sus casas. NO LE IMPORTABA QUIEN VIERA, NADIE DIRÍA NADA. Todas sus propiedades eran privadas y rara vez podía encontrarte con alguien que no fuera un empleado. Max se sostenía de su firme pecho mientras brincaba sobre él y su cuerpo se humedecía por el agua que era expulsada por los aspersores. Para el rubio resultó extraño el actuar del hombre, eso al principio, porque después fue acostumbrandose al silencio de los demás. Ya tenía experiencia en eso. Torger era amable, si, pero no muy diferente a Sergio, solo un poco más discreto en público. En casa era un animal hambriento que gustaba de presumir de su amante, mientras que en sociedad se comportaba como alguien intachable. Lo llevo a distintos lugares, descubrió sitios inimaginables y disfruto pasar el tiempo con él. En su cumpleaños diecinueve le regaló un auto, pero no le enseño a conducir. Había un doble discurso en esto, pero el rubio no fue capaz de entenderlo. Después de casi un año juntos yendo de aquí para allá, una noche, mientras están en la cama, tienen una conversación que marcaría al inicio del fin. —Es tu primera navidad conmigo, es importante para mí —Afirma Torger dándole un beso en la mejilla —Solo tienes que seguir mis indicaciones. Max asintió y se recostó en su pecho. No le costaba nada seguir sus reglas mientras lo siguiera tratando bien. Pero cuando se arregló y llegó a la cena familiar de navidad, todo comenzó a tener un tono distinto. Entonces se dio cuenta de que no sabía mucho sobre aquel hombre con el que dormía todas las noches. Frente a la familia Wolff, Max era un estudiante apoyado por el ex director y que tenía una amistad especial con él. Todos sabían bien cuál era la dinámica, pero nadie lo diría en voz alta. Y se tuvo que aguantar las miradas de desprecio de las dos hijas de Torger. Si, ese era un pequeñito detalle que el hombre oculto. Sarah, de veinticinco años, era la hija mayor de Toto y vivía en Londres junto a su hermana, Jane, de veintidós, quién estaba empezando un proyecto de una galería de arte. Hacia años que había fallecido la madre de ambas chicas, esto había ocurrido en un accidente de barca y significo un golpe muy duro para la familia. Esto llevo a que los Wolff terminarán fragmentandose, al punto de convivir de vez en cuando. Las hermanas no estaban para nada contentas con la nueva relación de su padre, pero sabían que tarde o temprano se aburriría de su nuevo juguete. Max, de diecinueve, era dos años menor que la más joven de los Wolff y se sentía intimidado por estás personas. —Ellas me odian —Dijo el rubio cuando Torger le cuestionó su extraña actitud. El pelinegro sonrío ante tal respuesta. —Lo que ellas piensen no importa —Señaló —Vamos, siéntate. El hombre se sienta en un sofá y da unos golpecitos en su pierna. El joven obedece, mientras que el mayor lo toma de la cintura para hacerlo pegarse más a él. Lleva una de sus manos a su entrepierna y lo comienza a acariciar, volteando a ver a las jóvenes que niegan en desaprobación y se alejan de ellos. —Nos van a ver —Le recordó el rubio. Ya no estaban frente a solo empleados, sino de la familia del ex director y no quería arruinar su imagen. —Nadie nos está prestando atención —Susurró el respuesta —Relajate. Max se acerca a su rostro y le da un fugaz beso, pero Torger lo toma con fuerza y reclama sus labios con fiereza. El rubio no podía decir que el mayor le había mentido, porque como tal nunca negó tener familia. Pero quizá debió darle más atención a esas señales, porque ¿Qué más estaría ocultándole? Y si hubiera profundizado más en su instinto, quizá Max hubiera podido evitar lo que estaba a punto de pasar. Porque Torger no era como cualquiera. Su fuerte presencia era innegable, se le consideraba socialmente intachable, pero le gustaba mucho las aventuras esporádicas con jóvenes que no tenían a nadie que los pudiera proteger de su mundo. Le encantaba divertirse con ellos, y estos no ponían en duda su actuar debido a la falta de figuras autoritarias en sus vidas. Max era perfecto porque no había nada de nadie que lo atara a un solo lugar. No tenía a nadie. Y este pronto descubrió cualidades que nunca pensó que el ex director tendría. Porque así como le disfrutaba divertirse, no era para nada egoísta y le gustaba compartir. Eso fue algo que lo dejó anonadado cuando escuchó la propuesta que le dio una noche al inicio de enero. —No tienes que ponerte nervioso —Insistió Torger —Es un buen amigo, te prometo que no te va a lastimar. Max estaba inmóvil al escuchar esto, porque aunque parecía una propuesta, en realidad sonaba como una indicación. Al otro lado de la puerta estaba el amigo del hombre, Christian Horner, quién había estado presente en la cena navideña y obtuvo una demostración visual de lo que era ese joven para el ex director. —No me siento cómodo —Susurra el joven algo nervioso. En ese momento el pelinegro suelta una pequeña risa llena de frustración. —Pero si te he dado todo lo que quieres —Señaló casi echándoselo en cara —¿Cómo te vas a sentir incómodo? Tienes todas las comodidades del mundo gracias a mí. Se podía creer que Torger lo malinterpretó y confundió su comodidad como persona, con la material, pero no era así. Y Max quería que todo eso fuera una broma, pero tampoco era así. Cada cosa que le había dado tenía un precio y ahora le estaba haciendo cuentas. No había forma en que pudiera retribuirle monetariamente, al menos no por ahora, así que tomaba aquello que era lo único que le pertenecía. Y eso era algo que no podía arrebatarle de sus manos, pero sí obligarlo a dárselo. Su cuerpo. El rubio nunca se había sentido tan traicionado, pues creía que su unión era genuina en algún punto. No sabía que todo ese año juntos era un pequeño disfrute antes de lo que Torger tenía planeado para él. Por más que suplica, que ruega porque no quiere hacer eso, sus sollozos no son escuchados. Sabe que tiene que obedecer pero no le gusta. Y cuando Christian se acerca a él, completamente desnudo, y comienza a quitarle la ropa al joven, se queda estático sin saber cómo reaccionar. Todo se siente tan familiar pero al mismo tiempo lejano. Sabe que el hombre tiene esposa e hijos, porque los vio en la cena de Navidad, pero por alguna razón esto no detiene al mayor. —Que rubio tan bello y delicado, justo como una princesa —Comienza Christian mientras se deshace del pantalón del joven —No seas tímido, puedes tocarme, esto quedará entre nosotros. Esto visiblemente frustra al rubio, quién siente su respiración alterarse ante la idea de lo que está por ocurrir. Y mientras todo pasa, en su mente se golpan recuerdos que no creía que existían. Memorias de lo que alguna vez fue. Se agobia mientras más recuerda. Ese hombre viejo y feo, jefe y amigo de su padre, muy cercano a la familia Verstappen. “No seas tímido” Podía escuchar su voz en su cabeza y esto le causa un escalofrío. “Esto quedará entre nosotros” Sus ojos se llenan de lágrimas ante el recuerdo del inicio de todo. Lo único que puede ver en su mente es aquella imagen viva que se mantiene estética y perturbadora, el rostro enfermo de aquel hombre. Comienza a sollozar en medio del acto, llora incontrolablemente y cae en un estado de pánico. Horner se detiene y lo observa estupefacto. —¡No, no, no! ¡Suéltame! ¡No! —Grita el rubio sumamente desesperado —¡No quiero! ¡Suéltame! —Manotea mientras intenta alejarlo de él —¡Quiero ir a casa! ¡Mamá, llévame! Max se abraza asimismo en posición fetal, y Christian se levanta de la cama solamente molesto. —¡¿Que mierda le pasa?! —Grita el hombre mientras sale de la habitación —¡Está como un loco y me ha arañado! Torger no tarda mucho en llegar y lo encuentra sollozando mientras niega con la cabeza. Intenta tocarlo pero este brinca asustado. Sabe que no puede hacer mucho en ese estado, así que regresa al pasillo y le pide disculpas a su amigo. Lo dejará estar solo esa noche, pero tendrían que hablar sobre lo que pasó.  Sin embargo, pasaron los días y Max se cerró ante cualquier palabra o afecto que pudiera darle el mayor. Su actitud se volvió distante y fría. Por momentos se perdía en su propia mente. Se pasaba la mayor parte del tiempo llorando y no parecía poder salir de eso. Toto intentó tenerle paciencia al inicio, pero pronto sintió como un año de trabajo se había ido al caño. —No puedes continuar así —Le dice intentando llamar su atención —No quieres decirme que te ha pasado y te has vuelto agresivo. Max no responde y solo se queda viendo a la nada. —Si te vas a poner a llorar por cada cosa que quiera hacer contigo, me temo que esto no puede continuar —Amenaza pero esto no lo conmueve —Max, no me sirves de nada si estás así. Una lágrima solitaria se desliza por la mejilla del rubio. Sabe que ese es el final del camino, ¿Pero cómo podría continuar si no tenía nada? Al menos Sergio fingía entenderlo, Torger no era así. Y esto llevó a que el rubio se diera cuenta de algo horripilante: Más que ser una mascota para el ex director, se había convertido en un objeto que podía usar pero también compartir. Notaba lo molesto que estaba por no haber “cooperado” con el asunto de Horner. Y tres días después entra a su habitación para decirle que debía irse. Lo hace tomar la pequeña maleta que traía consigo desde que se marchó lejos del profesor. Max afligente la idea de regresar a Rochford, pero el camino se siente más largo que cuando se fue. Torger le hace beber algo que lo deja somnoliento y cuando abre los ojos se sorprende de ver dónde estaba. Acostado en la acera de la calle, con la maleta tirada a su lado y un sobre que, al inspeccionarlo, tenía alrededor de quinientos euros. Aturdido se levanta del suelo y se queda estático al reconocer la puerta de la casa de sus padres. —¿Qué? —Murmura el rubio sin poder creer dónde lo había dejado. —Hijo de perra —Y la voz de su padre hace helar su sangre. Jos regresaba del trabajo cuando pudo reconocer la figura de su hijo en la puerta de su casa. Max voltea y siente como el hombre lo toma del brazo bruscamente, obligándolo a entrar a la casa y empujándolo al suelo de manera violenta. El rubio apenas puede levantarse del suelo cuando siente como su padre le da un puñetazo en el rostro. No es capaz de retomar la compostura, y recibe varias patadas en el estómago. Un bebé llora y esto hace que levante la vista. Sophie llega cargando en brazos a su pequeño Mick, que no deja de sollozar por el ruido y los gritos de Jos. La mujer mira el sobre en el sobre lo recoge, revisando la gran cantidad de dinero que había dentro. No se molestó en preguntar de dónde lo había sacado, o en detener a su esposo de la bruta golpiza que le estaba dando. Por el contrario, guardó bien el sobre y se retiró a su habitación. Max yacía inmóvil en el suelo, su cuerpo dolía pero no tanto como la traición que Torger le había hecho. Hacía unos meses atrás le contó sobre la dinámica familiar difícil que llevaba en su casa. Sabiendo bien esto, igual lo regresó a cardiff como si ya no le sirviera. Porque al igual que Sergio, él solo miraba un muñeco roto y usado, uno que ya no le servía. 
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