For you
22 de diciembre de 2025, 18:52

No podía negar que estaba nervioso.
Bueno, era una mezcla de nervios y excitación.
Por un lado no sabía si estaba estirando demasiado la paciencia de su profesor y los límites de hasta donde llegarían lo suyo.
Claro que se entendían perfectamente bien en la cama, pero ¿Max estaba confiado en que guardaría su secreto? Eso estaba por verse.
Se había puesto su juego de lencería favorita, eran dos piezas de color rosa con encaje y mucha transparencia.
La parte de arriba era un hermoso brassier de encaje que cubría bastante bien sus pechos.
Mientras que la parte de abajo era una tanga del mismo color y que se pegaba a su piel canela.
Ya era bastante tarde, así que se puso su pijama blanco para cubrir su cuerpo en lo que llegaba.
Fantaseaba con la idea de montarlo, sentir su carne dentro suyo y ser llenado con su semen.
Parecía que no podía tener suficiente de él.
Entonces comienza a tocarse sobre el pijama, imaginando que es Max quien recorre su cuerpo con sus fuertes manos.
—Maxie... —Susurra cuando sus dedos tocan sobre la tela que cubre su coño y deja escapar un suspiro en sus labios.
En ese momento escucha la puerta cerrarse de golpe, algo que lo hace recobrar la compostura al sentirse expuesto.
Se levanta de la cama y camina hacia la puerta, pero no ve señal de nadie cerca y se apoya para ver en la mirilla.
Nada.
Apenas retrocede un paso cuando siente como un brazo lo envuelve y lo pega a su cuerpo.
Sergio suelta un pequeño grito por el susto que se llevó y ni siquiera puede ver a la persona ya que le está dando la espalda.
Sin embargo, sabe que es él cuando siente como se pega más a su trasero, con su miembro erecto en sus pantalones marcándose entre sus nalgas.
—Hola Sergio —Dice con esa voz extraña a su oído —¿Me extrañaste?
El pelinegro sonríe apenas escucha esto y comienza a moverse para generar más fricción con sus caderas.
Deja el que hombre lo toque, posando una de sus manos en su pecho y apretándolo ligeramente, mientras que la otra desciende hasta su entrepierna y comienza a acariciarlo.
Sus dedos presionan sobre su coño, que todavía sigue cubierto por la ropa, pero siente como mancha la prenda de lo mojado que está.
—Maxie... —Murmura haciendo que el rubio suelte una pequeña risa.
Sigue jugando con sus dedos mientras el joven se remueve en sus brazos y gime su nombre, y por un momento se detiene para quitarse el guante y arrojarlo al suelo.
Con su mano desnuda se cola entre el short de la delgada pijama y puede sentir el encaje de la tanga del joven, la cual remueve para poder tocar su desnudo y mojado coño.
Sergio se agarra a los ropajes de ghostface mientras siente como los dedos del hombre se abren paso en su interior.
No puede evitar tocar el miembro que roza su trasero, y logra liberarlo de sus pantalones, moviendo su mano mientras se mancha con su líquido preseminal.
—Quiero comerte la boca —Confiesa el hombre bajo el disfraz y el pelinegro logra sacarle la máscara para reclamar sus labios.
Max lo besa con fiereza, sigue moviendo sus dedos mientras el joven gime en su boca y gruñe cuando siente como aprieta su miembro.
Su mano libre busca la orilla del elástico de los shorts del pecoso y lo baja poco a poco hasta que se desliza por sus piernas, dejando su trasero expuesto.
Observa con atención esas bien formadas nalgas que resaltan por la tanga que las decora como si fueran un regalo para él.
Fue en ese momento que se dio cuenta de lo mucho que quería comerle el culo.
Sin decir nada, lo lleva hasta la habitación y lo despoja del resto del pijama.
Lo mira detenidamente, deleitándose con la exquisita vista de su piel canela en contraste con la lencería rosa que lleva puesta.
Max se desnuda mientras lo mira como un cazador observa a su presa.
Y, una vez desnudo, se acuesta en la cama y hace que el pecoso se siente en su cara.
Primero disfrutará de aquel coño que lo lleva volviendo loco desde la primera vez que se acostaron.
Introduce su lengua y presiona con su nariz, haciéndolo temblar, y sumergiendo su rostro en su piel.
Sergio mueve sus caderas mientras siente que la lengua del hombre lo come por completo.
Apenas puede mantener la postura, ya que su concentración está puesta a prueba cuando el húmedo músculo se desliza entre sus pliegues y se detiene en su apretado agujero.
Sus manos abren sus nalgas y deja que su profesor lo penetre con su lengua y uno de sus dedos lo acaricie con cuidado.
No quiere ser egoísta, así que alcanza el miembro del rubio y comienza a masturbarlo a la par que mueve sus caderas.
Max se ahoga en su piel, le encanta el sabor de su sexo pero el saber que le está comiendo el trasero le da un extra que no creía necesitar.
Los gimoteos del joven aumentan cuando siente como mete sus dedos en su coño mientras su boca sigue ocupada con su culo.
Sergio se inclina un poco hacia adelante, dejando que el pedazo de carne entre a su boca y lo saborea con su húmeda lengua.
El rubio se molesta por la intervención de aquella tanga que se recorre de nuevo hacia dentro, y esto hace que termine rompiendo la prenda para que deje de estorbar.
Se enfoca de nuevo en su coño, pero eso no significa que descuide su nuevo punto de interés.
Mientras su boca saborea los pliegues del pecoso, su dedo pulgar se introduce en su apretado agujero y lo hace removerse.
Sergio gime con los ojos llorosos.
Su boca, coño y culo están siendo torturados y siente que no puede más.
Deja en paz aquel miembro porque siente que se ahogara de tenerlo en la boca.
Se reincorpora y comienza a mover sus caderas para sentir a profundidad el tacto de su profesor.
No tarda en correrse en su cara, llenando su boca de todos sus fluidos producto de su excitación.
Max se relame los labios mientras el pelinegro se quita de encima y se queda estático a su lado.
El rubio se levanta y lo acomoda a su gusto, poniéndolo en cuatro y abriendo sus piernas.
El pecoso está a su voluntad y lo sabe.
Toma la máscara que había dejado en el suelo y se la acomoda en la cabeza.
Checo respira pesadamente, y da un pequeño brinco cuando una nalgada azota su trasero.
Max sonríe cuando lo escucha gemir ante tal contacto, y pega otra nalgada para escucharlo quejarse por esto y ver como su trasero rebota.
Toma su miembro erecto y lo pega a su coño, deslizándose entre sus pliegues como si se masturbara con su piel.
—Papi, dámelo, por favor, te lo ruego —Sollozaba Sergio sin pudor alguno a la par que movía sus caderas buscando meter ese pedazo de carne en él.
El rubio sonríe ante esto y comienza a acariciarlo con sus manos traviesas, tomando su miembro para golpear en medio de sus nalgas.
—No solo quiero llenarte el coño esta noche —Confiesa mientras se introduce lentamente en él —Quiero que me des el culo.
Deja ir toda su longitud y el joven asiente rápidamente.
—Si, papi, lléname el culo — Dice para después ahogar gemido que se estaba atorando en su garganta.
Max lo toma de la cintura y comienza a embestir su maltratado coño a la par que introduce un dedo en su apretado agujero.
Sergio gimotea mientras lo llena tanto que solo puede dejar que su cuerpo se entregue al placer que está sintiendo.
Cómo le gustaría brincar en esa polla todas las mañanas.
La máscara lo sofoca un poco pero no importa mientras sienta esa carne caliente en su interior.
Los músculos de su coño se aprietan al rededor del miembro del rubio, y esto hace que el hombre gruña al sentirse tan excitado.
—Chequito, se bueno y brinca sobre papi —Dice Max mientras sale de su interior para acostarse en la cama y subirlo sobre sus caderas.
Puede ver los suaves senos del pelinegro a traves del encaje de sus sostén y no duda en llamar sus manos y acariciarlos.
Checo se excita ante el tacto y no deja de mover su coño sobre la polla del hombre hasta que finalmente lo deja entrar.
Mueve sus caderas sintiéndolo tan adentro, se sostiene con sus manos en el pecho del rubio mientras que esté pellizca sus pezones hasta dejarlo colorado.
A Max le gusta la forma en que lo monta, el como su boca se abre ligeramente para dejar escapar pequeños quejidos de placer y sus mejillas se vuelven coloradas, al punto de que sus pecas resalten mucho más.
Le encanta ver cómo sus pechos saltan y la manera en como su coño aprieta su carne.
Sabe que me gustan las nalgadas que le da, por eso no duda en darle un par para animarlo a saltar sobre él.
No hay duda alguna que son muchas las cualidades que le encantan de él. Pero sobre todo su discreción y silencio.
Sergio le confesó el conocimiento que tenía sobre su identidad detrás de la máscara y no lo uso para amenazarlo.
¿Eso significaba te aceptaba esa parte suya?
No lo sabía, pero al menos no le espantaba.
Sus uñas enterrandose en su pecho lo hizo temblar y le dio otra estocada que lo llevo a llenarle el coño con su líquido caliente.
Y podría dejarlo así, abrazarlo y besarlo mientras está en sus brazos.
Pero todavía no tiene lo que quiere, y apenas recupera el aliento lo hace acostarse con el trasero hacia arriba.
Todavía podía ver líneas de semen deslizándose por la piel canela del joven, y le excita la idea de dejarlo bien lleno de ambos lados.
Sumerge su rostro en su trasero y da una última lamida antes de continuar.
Sergio no puede ver nada porque todavía lleva la máscara puesta, pero siente un líquido tibio cayendo directamente su apretado agujero.
Entonces la cabeza del pene de Max hace presión y si bien le gustaría introducir toda su longitud de un solo tajo, sabe que debe ser cuidadoso de no lastimarlo.
—¿Estás bien? —Max no quiere creer que está siendo algo brusco, principalmente porque no acordaron ninguna palabra de seguridad.
Pero el pelinegro asiente y le da luz verde para continuar.
Poco a poco entra en el joven, quién se tiene que tomar un momento para acostumbrarse a lo que está sintiendo.
El movimiento era lento, pero al poco tiempo Sergio comenzó a mostrar iniciativa de querer más de él.
Max no se detiene a pensarlo y comienza un vaivén de caderas donde su polla golpeaba duramente el interior del joven.
El pecoso se arranca la máscara cuando siente que le falta el aire y esto es aprovechado por el rubio para hacerlo levantarse un poco y juntar sus labios.
Su miembro llena el culo del joven mientras que con sus dedos masturban el coño de este, no es capaz de dejarlo en paz.
Su trasero rebotando en sus caderas lo llenan de un placer sin igual, sus gimoteos desordenados y las pequeñas lágrimas que se deslizan por sus mejillas hacen que todo se sienta tan embriagador.
Le gustaría estar así con él siempre, tan unidos que no se sabe dónde termina uno e inicia el otro.
Lo siente tan cerca que comienza a dar embestidas más fuertes y duras, mientras que sus dedos hacen un buen trabajo dentro del joven.
No duda en su brusquedad, hasta que finalmente alcanza el climax y deja su culo lleno de su semilla.
Al salir de él lo ve derramando aquel líquido de su interior, está hecho un desastre.
Lo dejo tan llenito como se lo imagino, y se acostó a su lado para darle un beso algo más tierno en comparación con los anteriores.
Sergio desliza lo que queda de su tanga rota, pues gracias a su calentura había dejado pasar ese detalle.
—No tenías que romperla —Se queja mostrando la tela inservible.
Max sonríe ante esto.
—¿No tienes otra? —El pecoso bufa molesto al escuchar está pregunta.
—Si, pero está era mi favorita —Señala.
El rubio se pega a él y besa su mejilla, a la par que acaricia su barbilla y le quita la tela de la mano.
—Te comprare otra y todas las que quieras, pero amor, dime que serás solo mío —Es una forma bastante compleja de confesarse, pero el pelinegro acepta.
—Si soy tu novio, deberás ser discreto en clase —Se burla —Porque sabes que me gusta mucho abrir las piernas frente a ti.
Max sonríe y ahora besa sus labios.
Dentro de todo lo extraño, al menos ya habían formalizado.