In my bed
22 de diciembre de 2025, 18:52

Era lunes y a Sergio le tocaba presentar el último examen que le quedaba, para finalmente empezar sus merecidas vacaciones.
Levantó ligeramente la vista de su examen y su mirada se cruzó con la del profesor Verstappen.
No iba a negar que había sentido curiosidad por saber cómo actuaría en su presencia después de lo que hicieron aquella noche.
El hombre lo mira diferente, lo sabe y abre un poco las piernas mientras se acomoda en su asiento.
Lleva unos shorts deportivos cortos y una playera al mismo tono que se pega al cuerpo.
No iba a mentir, se había tocado en diferentes ocasiones imaginando que era su profesor sobre él.
Max lo observa y su mirada baja hacia su entrepierna, algo que el pelinegro ve y lleva su mano hacia ahí, tocando con sus dedos sobre la tela y haciendo que el hombre se relamiera los labios.
Suelta un gran suspiro, tampoco ha dejado de pensar en él.
Mira el reloj y sabe que es momento de dejarlos ir, la universidad ha puesto un tiempo límite para salir temprano.
Pues una serie de desapariciones ha azotado en la zona y temen por la seguridad de sus estudiantes.
—Se acabó el tiempo —Afirma el rubio y los jóvenes comienzan a murmurar entre ellos.
Van dejando los exámenes de su escritorio uno a uno. Y el profesor se mantiene en su asiento, pues no quieren que se den cuenta del bulto en sus pantalones.
—Adios profesor Verstappen —Dice Kelly, una de sus alumnas que siempre le están coqueteando.
Estaba en su lista, no había podido cazar a alguien de su clase y cuando lo intento se lo llevó a la cama.
—Disfruten sus vacaciones —Responde secamente, sabe que no pasará de esa semana.
Siguen dejando los exámenes y despidiéndose de él hasta que el aula se vacía.
Entonces observa a la única persona que se quedó, Sergio.
El pelinegro se levanta de su asiento y camina hacia el hombre, dejando el examen junto a los otros y sentándose en el escritorio.
—¿Qué hará estás vacaciones? —Pregunta con cierta coquetería, ni siquiera se molesta en cerrar las piernas, por el contrario, las abre.
—¿Quieres que califique tu exámen? —Max ignora su pregunta, y toma el papel en la mano, intenta no mirar aquella zona tan deseosa.
—No tengo prisa para eso —Afirma Sergio apoyando sus brazos detras de su espalda y levantando un poco las caderas.
¿Podía ser más entregado? No lo sabía.
Pero esto hace que el rubio deje el examen aun lado y gira para verlo.
Se quita los lentes y su mirada baja hacia su entrepierna, no puede evitar recordar cómo se sentía estar dentro de él.
Sin embargo, rápidamente niega con la cabeza, se había dicho así mismo que lo haría bien y no debía ser descubierto con su doble vida.
—¿Sabe? Cuando lo vi hoy sentí un deja Vu —La voz del pelinegro lo saca de sus pensamientos —¿Nos vimos este fin de semana?
Esa pregunta lo tensa.
Ese fin de semana su departamento y lo había atacado con la intención de asesinarlo, pero todo salió completamente diferente.
¿Acaso lo había descubierto?
—No recuerdo haberte visto —Afirma volviendo a tomar el exámen —Se hace tarde, deberías irte o será peligroso para ti.
Piensa que con eso lo puede espantar, pero ni siquiera lo inmuta.
—¿Seguro? —Pregunta con cierta burla —Es extraño porque se parecía a usted, pero...
—¿Pero? —Había captado su atención —¿Pero qué?
El pelinegro sonríe y se mueve un poco, deja ver las marcas rojas que le había dejado en las piernas durante su encuentro.
—No le vi la cara, solo la verga —Afirmo con tanta soltura que lo dejo sin aire.
Entonces Sergio se reincorpora, llegando es un poco hacia, adelante acercándose a su rostro.
—¿Seguro que no era usted? —Insistió y el profesor dejo de lado el examen, levantándose de su asiento y colocándose entre sus piernas.
—No podría olvidar haberte llenado el coño —Se acerca a sus labios y los roza ligeramente —Debes de estar tan mojado.
Pone su mano sobre el coño del pecoso y comienza a acariciarlo sobre la tela, sintiendo su humedad, y su respiración pesada y caliente chocando contra su rostro.
—¿Me dará un crédito extra? Creo que me fue mal en el examen —La voz de Sergio sonaba muy inocente apesar de la situación.
—Depende de que tan bien lo hagas —El rubio presiona con sus dedos y lo hace suspirar —¿En qué nos parecíamos si solo le viste la verga?
El joven sonríe y se relame los labios.
—Quizá debería hacer eso ¿No? —Su pregunta la confunde —¿Por qué no lo descubrimos? Muestreme su verga y la medire con mi boca para saber si es la misma.
El profesor se aleja un poco y comienza a desabrochar la hebilla de su pantalón y se baja el cierre, mete su mano y libera su miembro erecto frente a él.
Sergio lo toma y empieza a mover su mano sobre el falo, manchandose con su líquido preseminal y esto lo ayuda a la estimulación.
Pronto busca sus labios y comienzan a besarse mientras sus lenguas juegan entre ellas, y el joven no deja de mover su mano sobre su miembro.
Max gime entre besos, se siente tan caliente que se cree capaz de bajarle los shots y entrar en él sin previo aviso.
Pero unas risas los hace detenerse.
—Olvide mi libro, ahora vuelvo —Escuchan la voz de Charles, otro de sus alumnos.
Sergio rápidamente se baja del escritorio y esconde debajo de este. El profesor se sienta e intenta actuar con normalidad, aunque sus mejillas están tan coloradas que siente que lo delatan.
—Joven Leclerc, ya se había ido —Señala cuando lo ve entrar —Recuerde la restricción de horario.
—Perdón profesor, no volverá a pasar —El castaño se apresura a tomar su libro y no puede evitar observa la mochila de Sergio todavía en su sitio —¿Checo olvidó su mochila?
El pelinegro, tan travieso como atrevido, toma el miembro de su profesor y se lo mete en la boca, haciéndolo tensarse y casi perder los estribos.
—Se ofreció... —Soltó con algo de dificultad al sentir como lamía la punta de su pene y acariciaba sus testículos con sus manos —A... —Finge toser para disimular un gemido ahogado que amenazó con salir gracias a la presión de los labios del joven al rededor de su falo —Ayudarme.
—¿Calificando los exámenes? —Completo Charles y el profesor asintió —¿Es por un crédito extra? Porque yo también lo necesito.
Sergio saca el miembro de su boca y sonríe para después pasar su lengua sobre toda la longitud.
Jala de su pantalón para llamar su atención , lo cual consigue, Max voltea a verlo y el provoca pone el miembro sobre sus labios, susurrando un apenas audible “Shhh”.
—Te daré un crédito extra si te vas a casa temprano y priorizas tu seguridad —Afirmó el profesor con una sonrisa fingida.
Charles sonríe y se marcha, está feliz de conseguir algo sin apenas esforzarse.
—¿Por qué tan afligido? —El pelinegro sale de su escondite y se sienta sobre el mayor, sintiendo su miembro chocando contra su coño, siendo separado por la tela de sus shorts —Parece que viste un fantasma.
Empieza a moverse sobre él, provocando una fricción torturadora.
Max toma su cintura, esto le trae recuerdos.
—Dejame follarte sobre este escritorio —Sabia que no tenía mucho tiempo y se moría por estar dentro de él.
—Quiero que me des tan duro como puedas —Susurró Sergio para después juntar sus labios en un muy candente beso.
Entonces el mayor lo abraza con fuerza hasta levantarse y dejarlo sobre el escritorio.
Le quita las zapatillas deportivas y jala de sus shorts hasta dejarlo desnudo de la cintura para abajo.
Lo hace recostarse casi por completo, sosteniéndose de sus codos, y el profesor se agacha hasta hundir su rostro en aquel húmedo coño.
Saborea todo con su lengua, entrando en él y siente como lo toma de los cabellos para presionar más contra su entrada.
El pecoso arquea la espalda y de sus boca salen pequeños quejidos que apenas puede controlar cuando la nariz del rubio lo presiona en su zona más sensible.
—Maxie... —Susurra dejándose llevar por el placer que le genera el que su profesor le este comiendo el coño —Dame tu verga, como la otra noche.
El rubio se levanta, ya no puede hacer nada más que continuar con lo que está haciendo.
Toma su miembro y lo presiona contra el coño del joven, observa sus ojos suplicantes, esos que le gustó esa increíble noche.
Se desliza dentro de él y su cálido interior abraza su polla, húmeda y caliente, estaba tan necesitado.
Lo agarra con fuerza de la cintura y comienza a mover sus caderas mientras el más joven gemía debajo de él.
Sergio apoya sus manos en el pecho del hombre, arruga su camisa blanca y la desabotona para ver más de esa piel blanca que poco a poco se vuelve colorado.
—Deja de abrir tus piernas en clase, me distraes —Max suelta mientras golpea el interior del joven —Ese coño tan expuesto, solo quiero llenarlo.
—Lléname por favor, como la otra noche —Insiste en el tema, no se detendrá hasta obtener una confesión —Con tu máscara puesta y el filo en mi cuello.
Se siente tan caliente con sol recordarlo.
Le gusta su profesor, pero le encanta cuando es ghostface.
—Y tu coño tan lleno de mi semen —Completa el hombre, al menos lo admite.
Continúa moviendo sus caderas y el joven rodea su cintura con sus piernas, dejando que lo tome por completo.
Están tan excitados que no se molestan en guardar silencio o controlar sus gemidos.
Los exámenes caen por los lados, Max está casi completamente encima del joven y sus movimientos son tan bruscos que el escritorio cruje con cada embestida.
Las manos de Sergio suben a sus hombros y se agarra con fuerza, no da crédito a la fantasía que está viviendo.
Siente su respiración chocando contra su cuello, sus gemidos y el sonido de sus cuerpos chocando hacen eco en el aula.
—Correte en mí, papi —Suplica el pecoso cegado por su lujuria.
Max continúa con su vaivén y sus uñas se ensartan en la piel canela de sus caderas, lo siente tan cerca que no es capaz de controlarse.
Golpeando más fuerte y viendo como el joven se desmorona en sus brazos de tanto placer, arañando su hombros y jalando su camisa con fuerza cuando se corre sobre el escritorio de su profesor.
El rubio se acerca a su rostro y junta sus labios, invadiendo su boca con su lengua y jugando con ella.
Se detiene cuando siente como llega al climax, dejando su líquido caliente en el interior de su estudiante y mordiendo su labio inferior al separarse de él.
No sale del joven, solo observa lo que ha hecho.
Su miembro colorado dentro del maltratado coño del pecoso, bañado en su corrida y escurriendo su semen entre sus pliegues.
En ese momento se escuchó un golpeteo en la puerta y los dos se giraron asustados.
—¡Profesor Verstappen, es la hora límite! —Escuchó gritar a un guardia al otro lado de la puerta.
Max se separa completamente de él y mira como su semen se escapa entre las piernas del más joven.
Se acomoda su miembro en sus pantalones y abotona su camisa para al final abrochar su cinturón.
Sergio sonríe nervioso y recoge sus shorts del suelo para después ponérselo.
—Esta noche dejaré mi puerta sin seguro —Dice el pelinegro mientras toma su mochila —Usare mi lencería especial, quizá a Ghostface le guste.
El rubio lo observa y sonríe, sabe que le gusta.
Y quizá no sea mala idea llegar esa noche y volver a meterse entre sus piernas.
Lo ve marcharse, y le gusta la idea de que este lleno de su semen caminando por la universidad hasta llegar a su departamento.
Ese joven que lo ha hecho mezclar doble vida para entregarse completamente al placer.