Nueva vida, nuevos desafíos
22 de diciembre de 2025, 18:52
Habían pasado un par de semanas desde los resultados y ambos jóvenes estaban emocionados.
Días de felicidad y tranquilidad, eso era lo que habían tenido en esas dos semanas.
El programa preolímpico les ofrece habitaciones compartidas, así que ellos buscarían ser compañeros.
Pero todo cambio una tarde.
Una muy caliente tarde.
Sergio gemía con fuerza, su novio no dejaba de mover sus caderas y su miembro en su interior le provocaba un gran placer imposible de callar.
— Cógeme así, más, por favor... —Se quejaba el pelinegro mientras el rubio apretaba uno de sus pezones con sus dedos — Lléname con tu semen...
Max no hacía más que obedecer las peticiones de su novio, embistiendolo sobre su cama y llevándolo al clímax.
Observando como la excitación de su pareja escurre y manchan el abdomen de este.
Sergio se vuelve presa de su orgasmo y Max no puede evitar sentirse excitado ante tal imagen.
Continúa moviendo sus caderas y pronto sintió como su excitación se acercaba, y se dejo llevar por el calor.
Lo hizo girarse un poco para tener una mejor vista de su trasero y le dio una nalgada, dejando una marca en su piel.
—Solo tú puedes hacerme sentir así —Dijo el rubio mientras continuaba embistiendolo y apretando su muslo, aumentando su excitación.
Max soltó un gemido ronco al alcanzar el climax dentro de su pareja, observando como se escapaba un poco entre sus piernas.
Se acerco a su rostro y lo beso en los labios, mostrando una sonrisa traviesa.
Justo salió de su pareja, para después darle una palmada en el trasero, cuando la puerta de su habitación se abrió de golpe.
Sophie pego un grito al verlos desnudos y en aquella posición tan comprometedora.
Max rápidamente cubrió a Sergio con una sábana y él se tapo con sus manos.
La mujer desvío la mirada, sumamente avergonzada y todavía sorprendida.
— Vistanse y bajen—Ordenó para después marcharse.
Sophie había estado limpiando la casa y escuchaba música en sus audífonos. Así que ninguno de los tres se percató de la situación en la que estaban.
Ya que los jóvenes se habían ido a la casa de Max a pasar el rato, debido a que Don Toño estaba en casa de Sergio.
Ella no estaba cuando llegaron, así que fue una sorpresa cuando la vieron entrar en la habitación.
—¿Era tu mamá? —Pregunto Sergio quitándose la sábana de encima.
—Si —La expresión en el rostro de Max era un poema.
Estaba muy avergonzado y agitado por lo ocurrido. Se había puesto rojo como un tomate y todavía le tocaba enfrentar las consecuencias de sus actos.
— Hay que obedecerla, o sino esto se pondrá peor —Dijo el pelinegro levantándose y caminando hacia el baño.
Max lo siguió y ambos se apuraron en limpiar todo lo que pudieron. Se vistieron y tranquilizaron el uno al otro.
Cuando bajaron, ambos se quedaron estáticos al ver a Don Toño en la sala.
No dijeron nada, solo se sentaron en la mesa y los dos adultos hicieron lo mismo.
Se sentían como niños regañados, y ni siquiera les habían dicho palabra.
—Voy a ser sincero —Comenzó Don Toño, poniéndolos más nerviosos a ambos —Ya lo sabía.
Los dos jóvenes se miraron en ese instante, sorprendidos ante la confesión del mayor.
—¿Ya lo sabía? —Pregunto Sophie, en una mezcla de sorpresa y reclamo —¿Desde cuándo?
— Hace un par de semanas encontre sus objetos que usan para sus aventuras —Explicó el hombre con cierta dificultad en la elección de sus palabras.
Sergio se sintió mucho más avergonzado en ese instante. Lo ponía muy rojo la idea de que su padre hubiera visto lo que escondieron y que lo supiera todo esté tiempo.
—Hemos sido cuidadosos —Dijo Sergio intentando mantener la calma.
—Le juro que nunca me he sobrepasado con su hijo —Respondió Max viendo fijamente a Don Toño.
—No seas desvergonzado, Max, te vi como lo agarrabas —Regaño la mujer mientras el joven se ponía rojo como un tomate.
—¡Así le gusta a él! —Se defendió el rubio, usando a su novio de escudo.
El pelinegro se tapo el rostro con sus manos, esa situación lo estaba sobrepasando.
—Ya no hablemos de esto, hijos —Interrunpió Don Toño al notar la actitud de Sergio —Es demasiado extraño.
—Pero hay un problema, Don Toño —Sophie se tranquilizó un poco —Si ellos se quedan juntos en una habitación compartida, ¿Cuánto tiempo cree que pase hasta que los corran por indecencia? Los pueden echar del programa. Así que no creo que deban quedarse en el mismo cuarto.
—Espera mamá, ¿Acaso estás diciendo que no debemos vivir juntos? —Pregunto Max y la mujer asintió —¿Enloqueciste?
—¡Max! No le hables así a tu mamá —Sergio alzó un poco la voz y Max se abrazo a su cuerpo, guardando silencio y mirando con molestia a su madre.
—No es mi intención hacerte enojar, pero debes entender las cosas —Continuó Sophie —Si se quedan en la misma habitación, no habrá forma de que no... Ya saben. Así que no me parece correcto arriesgar sus futuros de esa manera.
Don Toño,quien se había quedado en silencio todo ese tiempo, lo pensó un poco y luego miro a sus dos muchachos.
—¿Y si se quedan en un departamento? —Propuso el mayor —Podemos buscar uno cerca de las instalaciones del instituto.
Los ojos de Max se iluminaron al escuchar esto. Pronto se giro a ver a su madre con la esperanza de que aceptara esto.
Sergio tomó su mano con fuerza, demostrándole apoyo en esta situación.
—No es una mala idea —Respondió Sophie y el rubio sonrió al instante, volteando a ver a su pareja, quien hizo lo mismo al verlo tan feliz.
— Me ofrezco a pagar el alquiler, pero deben prometer que se van a portar bien y actuar como adultos responsables —Advirtió Don Toño.
Los jovenes aceptaron al instante.
Y si bien Sophie no se sentía cómoda con la idea de que Don Toño pagará el alquiler del departamento, e intento ofrecer la mitad, eso fue en vano.
Al final los tres la convencieron de que sería lo mejor.
Aunque el tío Paul haya ofrecido su departamento, la mujer sabía que era por poco tiempo y ella debería buscar su propio lugar en la ciudad.
Apesar de que estuvieran en la misma ciudad, su camino debía separarse del de su hijo para dejarlo volar y crear su propio hogar. Aunque esto le doliera.
Finalmente llegó el día de la mudanza, algo que tanto tiempo habían estado esperando pero que igual los ponía muy nerviosos.
Habían encontrado un lindo departamento, algo pequeño pero acogedor.
Lamentablemente Max perro no podría acompañarlos a esa aventura, aunque a Sergio le doliera mucho.
Pero el pelinegro había demostrado una mejoría enorme en sus ataques de pánico, siendo casi nulos. Y ahora era su novio quien sabía bien como tranqulizarlo.
Además, la vida en la ciudad podía ser estresante para un perro como Max. Pues estaba acostumbrado a la tranquilidad del pueblo y a sus paseos por las tardes.
Al estar en el programa, Sergio casi nunca lo vería por lo ocupado que estaría. No quería ser egoísta con él y obligarlo a vivir una vida de soledad.
Así que Don Toño le prometió que Max perro se quedaría con él y pasaría sus tardes en la cafetería, siendo cuidado por todos los empleados.
Despedirse de sus amigos tampoco fue fácil.
Le dieron un gran abrazo a Pato, pues sin su intervención jamás se hubieran reconciliado.
Y Óscar les prometió mantenerlos informados de todo lo que pasará en la cafetería y con Don Toño.
Agradecieron a Kelly por haberse preocupado mucho por Sergio, incluso después del enredó que Max había provocado.
Lance les pidió que no se embarazaran, lo cual era una tontería que los hizo reír.
George no había convivido tanto con ellos, pero habían hecho un vínculo debido al accidente de Pato y al círculo se apoyo que se formó entre todos.
Además, él sufría con la separación de Lewis. Pues este también había sido aceptado en el programa y ahora su relación debía ser a distancia.
Misma situación paso con Charles y Logan, cuya luna de miel llegó al final al terminar el verano. Y ahora su amor debía soportar la lejanía física entre ambos.
Y si bien Sergio quería despedirse de Carlos, este no se mostró por ningún lado.
Esto lo entristeció, algo que Max notó de camino en la carretera. Así que lo abrazo para hacerle saber que todo saldría bien.
Pero no era que Carlos no había llegado, de hecho, lo hizo.
El castaño llegó a la cafetería sabiendo que era la última parada de los dos jóvenes antes de marcharse.
Sin embargo, estaba muy nervioso y no pudo hacerlo. Sentía que Sergio lo rechazaría, pues su amistad estaba más que fracturada.
Y mentiría si dijera que había dejado atrás a Lando.
Don Toño era un revoltijo de emociones que se guardaba para no preocupar a su hijo.
¿Cómo podía dejarlo ir tan fácilmente? Era su niño.
Pero sabía que era su sueño, su deseo, su futuro.
Más allá del programa, era su nueva vida con Max.
Y él no era tonto, veía lo enamorados que estaban y no planeaba arrebatarles ni un segundo de su felicidad.
Los miraba de reojo, sonriendo al verlos tan emocionados.
Pero, ¿Qué se sentirá regresar a una casa vacía?
Sergio era su mundo y él llenaba cada parte de su vida, siendo su mayor alegría y orgullo.
Sabía que dolería, pues los días anteriores le había costado mucho dormir ante la idea de separarse de su hijo.
Al menos Sophie estaría en la misma ciudad, pero él no tenía eso.
Solo un cuarto vacío, lleno de recuerdos de su niño.
Llegaron al lugar y comenzaron a admirar su nuevo departamento.
Don Toño tomo la mano de Sergio y la apretó con fuerza, en verdad no quería soltarlo.
— Estaremos bien—Prometió el pelinegro al ver la preocupación en su rostro— Te llamaré todos los días, cada noche.
El hombre le sonrió con calidez, abrazando a su hijo como si esa fuera la última vez que lo vería.
Pero si era la última vez que vería a ese Sergio, a su niño, porque pronto se convertiría en un hombre adulto que haría su vida con su nueva familia.
Max también lo abrazo, amaba a Don Toño como a un padre y hubiera deseado tener más tiempo que solo el verano.
No sabía cómo, pero Don Toño logro aguantar el llanto hasta que finalmente estaba de nuevo en carretera.
Lloraba desconsoladamente, y cuando llegó a casa dejo a Max perro en el patio, para después entrar a la habitación de Sergio y suspirar pesadamente.
Nadie podría entender bien lo mucho que un padre puede amar a su hijo, incluso si debe sufrir para dejarlo ir.
—Ya tienen mi dirección, si pasa una emergencia no duden en llamarme —Dijo Sophie mientras se preparaba para irse —Es muy difícil no seguir viéndolos como niños, pero se que estarán bien.
— Visítenos cuando guste —Respondió Sergio para después darle un abrazo.
De pronto escucho como Jimmy peleaba con una caja.
Jimmy y Sassy eran los dos gatos de Max, él decidió quedarse con el primero y el segundo a su mamá, como compañía.
Sergio corrió a ver lo que estaba destrozando el gato, dejando a madre e hijo solos.
—Solo avisanos antes de venir —Dijo Max recordando lo que había pasado en su habitación.
Sophie sonrió ante ese comentario, ahora le causaba gracia.
— Cuídalo bien, es un buen muchacho —Le pidió su madre mientras veía a Sergio a lo lejos —Y cuídate bien, no te guardes nada.
Sophie se acercó a su hijo y le dio un beso en la mejilla.
—Te quiero mucho —Respondió el rubio, haciéndola sonreír.
—Y yo a ti, hijo —Sophie se acercó a la puerta y con un último abrazo a Sergio se marcho.
Ahora que se encontraban solos, Max volteo a ver a su novio y lo abrazo por la espalda.
—¿Esto es real? —Comenzó el rubio —Me he preguntado eso todo el día, se siente como un sueño.
Sergio sonrió mientras sentía como su novio besaba su mejilla.
—Es muy real, mi león —Respondió Sergio —Ahora somos tú y yo, y el gato.
Max sonrió ante esto último y lo hizo girarse para besar sus labios.
Su vida solo había mejorado con el pasar del tiempo, y deseaba que continuará así.
Y agradecía mucho que ese día se hubiera acercado a Sergio en ese parque, porque fue ahí donde su vida comenzó a tener color.