Nuestro hogar
22 de diciembre de 2025, 18:52
Terminaron de arreglar las pocas cosas que tenían, pero Sergio sentía que algo le hacía falta a su nuevo hogar.
—Amor, ¿Todo bien? —Pregunto Max al verlo estático frente a la puerta del pequeño balcón.
El rubio se acercó a su novio y lo abrazo por la espalda, dejando un pequeño beso en su mejilla.
—Si, solo estaba pensando en como decorar el balcón —Confesó el pelinegro, dejándose mimar por sus besos que atacaban su mejilla y cuello.
—Ya tendremos tiempo para eso —Las manos de Max comenzaron a recorrer su cuerpo, llegando a colarse debajo de su playera y acariciando su abdomen.
Pero un ruido en su estómago lo hizo detenerse.
—Tengo hambre —Dijo Sergio mientras ponía su mano sobre su abdomen — Quizá deberíamos pedir algo para comer.
El rubio lo abrazo con más fuerza, y dejo otro beso en su mejilla antes de separarse de su pareja.
— Yo me encargo —Respondió Max muy seguro de si.
El pelinegro se asombro ante su iniciativa, pues desconocía si su pareja era buen cocinero o no.
La verdad era que Max había estado practicando desde que supo que vivirían juntos.
Su madre lo ayudo, pero él le hizo prometer que no diría nada.
Quería sorprender a Sergio, mostrarle su compromiso con él y su amor en cada plato que le hacía.
Así que se fue a la cocina y comenzó a preparar la cena, observando de reojo como su novio jugaba con el gato para después tomar su teléfono y alejarse hacia el balcón.
Max continuo cocinando, pero se moría de curiosidad por saber lo que hacía su pareja en ese momento.
Así que se acercó un momento que dejó la sopa en la estufa.
—¿Y como te sientes? —Pregunto el pelinegro mientras observaba hacia abajo.
Estaban en el onceavo piso, así que la altura era considerable.
El rubio lo observaba a la distancia.
— Estoy algo cansado, fue un día pesado —Continuó Sergio, quien al parecer no se había percatado de la presencia de su novio, el cual se sentía algo celoso respecto a la persona al otro lado de la línea —Esta cocinando algo, aunque huele un poco a quemado.
Max se percató de esto y regreso corriendo a la cocina.
Por suerte pudo salvar su sopa, que estaba a punto de derramarse.
—Te amo papá, hablamos después —El pelinegro rápidamente corto la llamada y camino hacia la cocina para ver a su novio —Hola, mi león.
Mad se giro para verlo por un instante y notó que ya había terminado la llamada.
—Ten cuidado con no dejar la puerta del balcón abierto, Jimmy es muy curioso y no queremos accidentes —Dijo el rubio mientras terminaba de apagar todo.
—¿Cómo sabes que estaba en el balcón? —La pregunta de su novio lo hizo detenerse en seco.
El rubio volvió a mirar a su pareja, quien tenía una expresión divertida al haber atrapado a su novio.
—Tal vez estaba espiandote —Confesó Max desviando la mirada.
En ese instante Sergio acortó la distancia entre ambos, y tomo su rostro con sus manos, acariciándolo delicadamente.
—Mi león, ¿Acaso no confías en mí? —La pregunta de su novio lo asusto ante la creencia de una desconfianza.
—Claro que confío en ti, mi amor —Insistió Max posando sus manos en las mejillas de su pareja —No quiero que pienses lo contrario.
Sergio posó sus manos en las muñecas de su pareja, y sonrió un poco ante sus palabras.
—Entonces, ¿Por qué te pones celoso cada vez que hablo con mi papá? —Una vez aclarado el tema de la llamada, Max se sintió como un tonto.
El rubio suspiro pesadamente y cerro los ojos al saber de quien había estado celoso, otra vez.
—Perdón, amorcito —Se disculpó sin poder mirarlo a los ojos y sintió como la vergüenza se apoderaba de su cuerpo.
—No tienes que sentir celos, yo te amo a ti —Dijo Sergio y Max abrió los ojos para encontrarse con aquellos ojos cafés con tintes verdosos— ¿Cuántas veces debo decirlo? Eres mi único amor.
El rubio sintió como sus mejillas ardían de lo sonrojadas que estaban.
—Intentare no ser tan celoso —Respondió Max mientras se acercaba a sus labios para robarle un corto pero tierno beso— Es solo que eres tan bonito, amable y divertido, todos quieren tenerte de su lado. Y yo no quiero compartirte.
Sergio volvió a cerrar el espacio entre ambos, está vez atrapandolo en un beso mucho más atrevido y juguetón.
—Estoy muriendo de hambre —Dijo el pelinegro separándose abruptamente— ¿Podemos cenar? Me gustaría ver una película en nuestra habitación.
El rubio asintió y se apresuró en servir la cena.
Está era una rica sopa de tomate con pescado salteado y verduras hervidas.
Comieron tranquilamente, observando como la noche los envolvía y el cansancio se hacía presente.
—Le daré de comer a Jimmy —Max termino de lavar los platos y estaba más que listo para irse a su habitación una vez terminará con la cena del gato.
—Tomare una ducha —Respondió Sergio, algo que lo hizo apresurarse a un más.
Cuando Max termino de alimentar a Jimmy, su novio ya había terminado de ducharse.
Lo vio con una toalla cubriendo su cintura, mientras las gotas de agua se resbalaban por su bien formado pecho.
Se relamio los labios al ver tan exquisita figura, pero se contuvo lo suficiente para entrar a la ducha y aclarar su mente.
Sergio había dicho que estaba cansado y no quería presionarlo para tener intimidad.
Sin embargo, no pudo evitar estimularse pensando en su novio y su muy linda boca.
—Tenemos que escoger la película, no tardes —La voz de Sergio lo saco de sus sucios pensamientos y dejo de tocarse para concentrarse en terminar de bañarse.
Una vez que salió de la ducha, Max abrió la puerta del baño y vio a su novio acostado en la cama.
Se había puesto unos pantalones cortos que exponían gran parte de la piel de sus piernas y una playera que se pegaba a su cuerpo.
—¿Te parece bien si mañana salimos temprano? —Habló Sergio sin siquiera voltearlo a ver —Quiero buscar plantas para la casa, siento que le darían un toque más hogareño. Solo espero que Jimmy no las tire.
Max deslizó la toalla que se había puesto a la cintura, exponiendo su desnudes.
—Una flores serían bonitas —El pelinegro continuo hablando sin darse cuenta de que su novio se acercaba peligrosamente —De diferentes colores, pero me gustarían de...
—¿De que color te gustaría, mi amor? —Pregunto Max interrumpiendo a su novio y obteniendo toda su atención una vez que se puso a su lado— Aunque realmente no quiero hablar de plantas en este momento.
Su actuar dejo sin aliento al más bajo, observando su cuerpo desnudo y su miembro erecto, más que listo como necesitado.
—Yo... —Comenzó Sergio, pero no pudo desviar la vista de aquella zona y morderse el labio —Mañana debemos levantarnos temprano.
El rubio no dijo nada, solo se acercó y junto sus labios en un muy candente beso. Invadiendo su boca con su lengua y su mano traviesa tocando el miembro del pelinegro sobre aquella prenda.
Max movía su mano con habilidad, poniéndolo duro y colándose entre su ropa para tocar su sensible piel.
—Podemos ir por tus plantas a la hora que quieras —Dijo el más alto separándose un poco para tomar aire y sacando su mano de aquella zona ya estimulada —Pero si quieres dormir temprano, solo dilo.
Sergio sonrió ante su respuesta.
Y sin decir palabra, el pelinegro se levantó lentamente, haciendo retroceder al rubio y lo empujó delicadamente hacia el colchón.
Max lo observó con atención y dejo escapar un gemido ronco al ver cómo su novio se llevaba su miembro a su boca.
Dejo que su carne invadiera sus paredes vocales y apretó suavemente los labios, haciendo enloquecer al rubio.
Pronto lo saco de su boca y comenzó a recorrerlo lentamente con su lengua, manteniendo la mirada firme sobre su pareja.
—¿Te gusta verme así? —Se burló el pelinegro.
—Sí, me encanta —Confesó el rubio, provocando una sonrisa en sus labios.
Sergio volvió a meter el miembro de su novio a su boca, comenzando un vaivén que solo llevo a que su novio lo tomara de los cabellos y lo guiará.
Max movía sus caderas al ritmo que la boca de su pareja subía y bajaba por su carne, siendo esto tan húmedo como excitante.
Pronto las manos del pelinegro comenzaron a acariciar sus testículos, aumentando el placer que sentía y soltando gemidos intensos que solo anunciaban la llegada de su orgasmo.
El rubio observó como Sergio sacaba su miembro de su boca y bajaba para saborear sus testículos mientras que con su mano seguía estimulandolo.
Esta situación llevó al límite a Max, quien termino corriendose sobre su abdomen.
Cuando él pelinegro se dio cuenta de esto, subió una vez más y se permitió ser más sucio, pasando su lengua sobre el abdomen de su pareja y limpiando su excitación con esta.
Max, todavía recuperando el aliento, miró toda esa escena y se mordió el labio ante tal imagen pecaminosa.
—Todavía no terminamos —Dijo Sergio levantándose de la cama y buscando en uno de sus cajones.
Pronto se acercó a un novio destapando el lubricante que usaban en sus encuentros.
El rubio puso sus manos y permitió que este cayera sobre sus dedos, masajeandolos hasta sentir un calor en estos.
El pelinegro pronto se desnudo frente a su pareja, mostrando lo duro que estaba y lo necesitado que se sentía.
Se colocó encima de él, sintiendo su miembro debajo de sus caderas y arrancando un gemido de los labios del rubio.
Tomo la mano de Max, haciendo que esté se levantará un poco y se apoyará en su codo, para así alcanzar su entrada y comenzar a estimularlo con sus dedos.
El pelinegro soltó un gemido de placer al sentir como su pareja comenzaba tocarlo en su zona más sensible.
Cómo su manos se abría paso entre sus nalgas para atacar su apretado agujero e intentar insertar un dedo dentro de él.
Esto provocó que comenzará a moverse sobre su novio, buscando más contacto y provocándolo al mismo tiempo.
Sergio se movía sobre el miembro de Max, estimulandolo con su piel pero sin dejarlo entrar en él.
Max movía sus dedos sabiendo donde y como tocar, hasta que finalmente dejo entrar uno, el cual hizo que su pareja se sostuviera de sus hombros con fuerza.
El pelinegro continuo con un vaivén sobre sus caderas, recorriendo el falo entre sus muslos y sintiendo como la respiración del rubio se agitaba ante la necesidad de ser atendido correctamente.
Pero el pelinegro quería divertirse un poco más.
— Déjame estar dentro de ti, te lo ruego —Sollozó Max mientras sentía como sus muslos jugaban con su delicada piel —Tu lindo trasero tan lleno de mi miembro.
Sergio se mordió el labio al escuchar esto. Le encanta cuando su novio le hablaba así.
Otro dedo se hizo presente, pero la posición comenzaba a resultar incómoda para el rubio. Pues tenía casi todo su peso sobre su codo.
El pelinegro sentía como sus dedos invadían su interior y se movían para provocar un calor intenso que no llegaba nada si no cedía ante los deseos de su pareja.
—Entonces follame de una vez —Pidió Sergio acercándose a su rostro y una sonrisa traviesa se asomo en los labios del rubio.
Max saco sus dedos, algo que lo molesto por un momento, y pronto sintió una palmada en una de sus nalgas, haciéndolo brincar ligeramente.
El pelinegro pronto sintió como su pareja, en un rápido pero cuidadoso movimiento, lo acostaba sobre la cama y le plantaba un beso en los labios.
El rubio tomo el lubricante y está vez puso un poco en su miembro, observando como Sergio comenzaba a masturbarse al verlo y abriendo las piernas para una gran vista de su entrada por demás estimulada.
Max se agachó y hundió su rostro entre aquellas piernas que tanto le gustaban, dejando que su lengua entrara por aquel apretado agujero y sosteniando a su novio, quien se movía al sentirlo dentro de él.
El rubio sabía que su pareja estaba listo y no quería hacerlo perder más el tiempo. Así que se reincorporo y acercó su miembro a su entrada, tomandolo fuerte de las piernas y accediendo a él poco a poco.
Sergio soltaba quejidos de placer que solo aumentaban la excitación de su pareja. Pero la imagen que tenía el pelinegro sobre su novio era por de más estimulante, observando lo colorado que se ponía cada vez que tenían sexo.
—Eres tan bonito —Comenzó Max, sumamente excitado —Si tan solo pudieras ver lo lindo que te miras cuando tomas toda mi verga.
—Quizá deberías tomarme una foto para que lo vea —Sergio ni siquiera pensaba lo que decía, solo le seguía el juego.
El rubio sonrió ante esto, pero comenzó a mover sus caderas y vio como su novio se tocaba el miembro, estaba tan necesitado que no se privaba de soltar sus gemidos de placer, que eran tan alaridos como excitantes.
—He estado soportando todo el día las ganas de cogerte —Continuó el rubio, pero solo recibió sus quejidos como respuesta —Y ya no tenemos que escondernos. Te tengo solo para mí.
El pelinegro sonrió ante esto, y se arriesgo con una pregunta que solo calentaría las cosas.
—¿Y que quieres hacerme? Me tienes solo para ti.
Max comenzó a moverse con más fuerza, imaginando todo lo que le haría. Chocando sus caderas con las de su novio, a la par que esté se masturbaba y sentía aquella carne caliente en su interior.
El pelinegro comenzó a sollozar de placer, sintiendo como sus manos se manchaban con su propia excitación.
—Eres mío —Dijo el rubio tomando con sus dedos aquel líquido caliente y llevándolo a su boca —Pero todavía no terminamos.
El pelinegro soltó un gemido ronco al ver dicha escena, y sintiendo como su novio salía de él.
— Házlo —Continuó Sergio — Cógeme como quieras.
Con luz verde, Max lo hizo girar un poco su cuerpo. Teniendo una linda vista de su trasero pero observando su rostro lleno de deseo.
Sin previo aviso, dejo ir toda su carne por aquel apretado agujero y comenzó a embestirlo con fuerza.
Sergio balbuceaba mientras sentía como su novio movía sus caderas, llenandolo de su miembro y dándole una que otra nalgada.
Sus manos fuertes lo volvían loco, y la forma en como lo tomaban solo aumentaba el calor.
El sonido de sus cuerpos chocando y sus respiraciones agitadas llenaban la habitación junto a sus quejidos y sollozos de placer.
—Mierda... —Susurro Max, notando lo colorado que estaba el trasero de su pareja debido a su palmadas.
Pero Sergio realmente estaba disfrutando eso. Rogándole por más y llorando por sentir como su miembro lo tomaba.
No tardaría mucho para correrse dentro de su pareja. Llenandolo de su líquido caliente y dándole una última palmada.
El rubio se recostó a su lado, intentando recuperar el aliento.
Sergio se giro y dejo ver cómo también había llegado al clímax mientras Max lo follaba.
El pelinegro se abrazo a su cuerpo y le sonrió.
—Deberiamos bañarnos de nuevo —Sugirió y el rubio sonrió.
—¿No te lastime? —Pregunto Max y Sergio se acercó a su rostro para darle un corto beso en los labios.
—Estoy muy bien —Su respuesta tranquilizó al más alto.
El rubio volvió a juntar sus labios, acariciando su cabello, para después susurrarle al oído lo mucho que le quería.
Se tomaron un momento para recuperarse, y pronto se levantaron para ducharse una vez más.
Esta vez juntos, como lo había querido el rubio.