ID de la obra: 1512

𝕰𝖗𝖔𝖘 𝖊𝖓𝖆𝖒𝖔𝖗𝖆𝖉𝖔 |𝕷𝖆 𝖋𝖑𝖊𝖈𝖍𝖆 𝖉𝖊 𝖈𝖚𝖕𝖎𝖉𝖔 2

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
423 páginas, 135.158 palabras, 51 capítulos
Descripción:
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Alguien especial

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Max abordo el siguiente metro para llegar lo más rápido posible. Para su buena suerte, este no venía tan lleno y pudo encontrar un lugar para descansar con la caja en sus piernas. Intentó mantener la calma mientras avanzaba en su camino, le angustiaba la idea de haber dejado solo a su novio y esperaba que este no entrara en pánico. Aprovechando su posición, el rubio saco su teléfono y llamo a pareja. —Mi león —Escuchó su preocupada voz al otro lado de la línea —No me di cuenta en qué momento te separaste de mí. —¿Dónde estás? ¿Te bajaste en la estación correcta? —Soltó Max con suma desesperación. —Tranquilo, estoy bien —Sergio se apresuró a calmarlo —Y sí, me bajé en nuestra estación. —Bueno amorcito, no te muevas de ahí —Respondió el rubio un poco más sereno —Espérame, voy en camino. —Tranquilo, cariño —Sergio camino hacia un grupo de gente que observaba algo —No me moveré, te lo prometo. Pero Max no podía tranquilizarse después de terminar la llamada. Pues temía que alguien con malas intenciones se acercara a su novio y le hiciera algo. Sin embargo, el sonido de su teléfono sonando lo alertó y rápidamente atendió sin ver de quién se trataba. —Hola hijo, ¿Puedes pasarme a mi Sergio? —Don Toño se apuro a hablar antes de que el rubio pudiera decir algo—Lo he estado llamando pero no responde. —¿S-sergio? —Balbuceó el rubio sin saber que decirme. No quería confesar que había perdido a Sergio en su primera salida juntos en la ciudad. Imágenes de su propio funeral pasaron en su cabeza. —¿Max? ¿Hijo está todo bien? —Comenzó Don Toño al notar su silencio— No me digas que... —De pronto el mayor se detuvo, como si estuviera esperando algo —Ay, no me lo puedo creer. ¿Los agarre haciendo...? —¡No! —Max se apresuró a hablar pero su suegro hizo oídos sordos. —Chamacos jariosos —Soltó el señor, pero el rubio seguía negando a pesar de no entender el significado detrás de estás palabras —Mejor dile a mi hijo que me llame, adiós. Un afligido Max guardo su teléfono en el bolsillo de su pantalón. Ahora no solo estaba preocupado por su novio, sino también por lo que el padre de este pensaba de él. Cuando finalmente llegó a su destino, comenzó a buscar con la mirada a su novio y se encontró con una figura conocida a unos metros de él. Sergio se encontraba viendo el show de unos músicos ambulantes, mientras aplaudía y bailaba sin ser demasiado llamativo. El rubio acortó la distancia y se paró a su lado, viendo lo feliz que estaba ante tan cálido ambiente. —Pensé que te encontraría asustado —Dijo Max y Sergio rápidamente volteo a verlo —Pero te veo muy feliz. —Mi amor —Respondió el pelinegro e intentó darle un beso, pero la caja entre sus cuerpos impidió el contacto —Vamos a casa. Max asintió y los dos comenzaron a caminar rumbo a su departamento, y aunque Sergio intento ayudarlo con la caja, el rubio nunca cedió. Llegaron a casa y comenzaron a alistar todo para tener listo su balcón con todas las plantas que habían comprado. Colocaron las macetas y Max trabajo toda la tarde para asegurarlas y que no cayeran. Además de colgar unas en el techo que tenía su balcón y así se viera más estilizado. Sergio coloco una silla justo al lado de la puerta y admiro ese pequeño espacio que se miraba tan mágico. Para cuando terminaron, decidieron limpiar toda la tierra que había caído dentro de su departamento. Mientras Sergio recogía todo, Max se apresuró a lavar sus manos y buscar un listón que lo ayudara con la decoración. Había apartado las flores de papel de la vista de su novio y ahora había armado un ramo con estas, siendo unidos por un listo blanco que le daba un toque más inocente. —Mi amorcito —Comenzó el rubio abrazándolo por la espalda, entonces el pelinegro sonrió —Tengo algo para ti. —No necesito ningún regalo —Dijo Sergio girandose para verlo —Soy feliz con solo tenerte a ti. Sin embargo, eso no iba a detener a su novio de hacerle regalos cada vez que podía. —Este es único, lo prometo —Insistió Max —Lamento no haber encontrado tus flores amarillas, pero conseguí estás para ti. Porque eres muy especial para mí. Entonces saco el ramo de flores que tenía oculto detrás de él. El rostro del pelinegro se iluminó al ver tan bello obsequio. —Esta un poco maltratado porque lo traía en la caja —Explicó el rubio al notar el silencio de su pareja —Lo arregle tanto como pude. Lo siento. —Son preciosos —Respondió Sergio y lo tomo con cuidado —Es el mejor regalo que me han hecho. Gracias amor, lo aprecio mucho —Entonces acortó la distancia y lo envolvió en un cálido abrazo. —Amorcito, ¿De verdad te gustaron o solo lo dices para que no me sienta mal? —Preguntó Max mientras lo abrazaba por la cintura. Entonces Sergio se separó un poco y junto sus labios en un dulce beso. —Me encantó —Insistió el pelinegro para después darle otro beso —Principalmente porque tú me los diste, la persona que más amo en este mundo. Max sintió sus mejillas arder de lo colorado que se puso al escuchar esto. Incluso teniendo por seguro de que el corazón de Sergio le pertenecía, no podía evitar emocionarse cada vez que su novio le aseguraba cuánto lo quería. En momentos así llegaba a cuestionarse qué había hecho bien para merecer el amor de su pareja, incluso después de todos los errores que había cometido. Se abrazó más a su cuerpo y acarició su cabello con una de sus manos, Sergio hundió su rostro en su cuello y su respiración chocando en su piel provocó un escalofrío en el rubio. —Buscaré un jarrón para ponerlas —Dijo Sergio deshaciendo el abrazo —Aunque no tengamos que darle agua, sería un buen centro decorativo. —¿No las pondrás afuera con las demás flores? —Preguntó Max observando a su pareja colocar el ramo en un jarrón de cristal. —Son de papel, no quiero que se mojen y se arruinen —Explicó el pelinegro —Son muy especiales, así que debemos cuidarlas Sergio terminó de limpiar todo y se metió a bañar mientras Max terminaba de hacer la comida. Jimmy lo miraba con atención, rogando porque le diera algo de lo que estaba haciendo. Y el rubio no pudo contenerse, dándole un pedacito de carne. Fue así que el gato comenzó a pasearse entre sus pies, animandolo a que le diera más comida. Pero eso ya no sucedió. —No te voy a malacostumbrar —Afirmo el rubio —Mamá me dijo que el gato no manda, mando yo. —¿Amor? —Escucho la voz de Sergio llegando hasta él — Date una ducha rápida y yo termino de cocinar, limpiare un poco la cocina y después podemos comer. Max asintió y salió de la cocina para dirigirse al baño. El pelinegro termino lo que su novio había cocinado y el gato lo convenció de darle un poco de comida. Al final comenzó a limpiar todo, lavando los platos y dejando impecable el espacio. Le encantaba limpiar, lo encontraba relajante. El rubio termino de vestirse y al salir vio a su novio en el balcón, observando todo. Sergio se había reído cuando descubrió de dónde había sacado las flores que su pareja puso en la mesa durante el desayuno. En el balcón vecino habían unas flores en una pequeña maceta, se notaba que habían arrancado unas de ellas. Negó con la cabeza al imaginar a Max estirándose para alcanzarlas. —Amorcito, ¿Todo bien? —Pregunto el rubio mientras lo abrazaba por la espalda. —Estoy viendo las flores que pusiste está mañana —Respondió el pelinegro y el rubio se abrazo aún más a su cuerpo —No es necesario que robes flores, amor mío, principalmente si estás mueren en el proceso. —Solo quería hacerte feliz —Confeso y entonces su novio se giro y se separó de su cuerpo por unos centímetros. —Mi león, tú ya me haces feliz —Fue en ese instante que Sergio acortó la distancia y junto sus labios en un dulce beso. Pero el rubio poco de dulce tenía en ese momento. Jalandolo hacia dentro del departamento y cerrando la puerta tras de si. El pelinegro soltó un pequeño quejido al sentir como la intensidad del beso iba en aumento. Y las manos de su pareja se posaban en su cintura con delicadeza. Max comenzó a acariciar la espalda de su novio, mientras que sus labios lo atrapaban con deseo. Un juego que dio inicio en el momento en que sus dedos comenzaron a bajar los pantalones cortos de Sergio, dejándolos a la mitad del muslo, para después hacer lo mismo con la ropa interior. El rubio se separó un poco de los labios de su novio, llevando sus dedos a su boca y mojandolos con su saliva, para después llevarlo hasta su entrada y comenzar a estimularlo. Volvió a juntar sus labios con los de su pareja, siendo interrumpido por los pequeños gemidos que salían de su boca. Y Sergio, ni corto ni perezoso, llevo una de sus manos a la entrepierna del rubio y comenzó a acariciar su miembro sobre la tela de sus shorts. Fue entonces que el sonido del timbre los hizo separarse rápidamente. El rubio bufo molesto ante la interrupción. El pelinegro se apuro en colocarse bien su ropa, asegurándose de que no se notará lo que estaban haciendo. Max se acercó a la mirilla de la puerta y vio de que se trataba. —Nos trajeron el sofá —Respondió todavía enojado. —Yo lo atiendo —Dijo Sergio notando lo molesto que seguía su pareja. Por otro lado, en las instalaciones del instituto nacional del deporte, muchos jóvenes que entraron al programa preolímpico llegaban a sus nuevas habitaciones. Charles jalaba su maleta cuando a lo lejos vio una figura conocida. —¡Lewis! —Dijo el castaño llegando hacia él —Que bueno verte. El rostro del moreno se iluminó al verlo, se había sentido perdido desde que llegó y no conocía a nadie. —Charles, gracias a Dios llegaste —Se quejó Lewis cuando lo vio llegar —Me dieron mi habitación, por favor, dime que es la misma. —16-A —Respondió Charles leyendo la etiqueta de la llave que le habían dado. Lewis suspiro pesadamente. —44-B —Dijo el moreno mostrando su llave —No tuvimos mucha suerte. —Que suerte que Sergio y Max tienen su propio departamento —Señaló el castaño — No tienen que pasar por esto. —Que envidia, si me hubieran dicho hubiera aceptado ser su roomie —Soltó Lewis y Charles le pego en el hombro. —Si sabes que ellos viven como pareja, ¿No? —Pregunto el castaño mientras caminaban por los pasillos y el moreno asintió en respuesta— ¿Podrías soportar vivir con ellos y escuchar sus quejidos cuando hacen sus cochinadas? —No, mejor no —Lewis se apresuró a decir y esto provocó una risa de parte de su amigo —Esta es tu habitación, yo debería irme a la mía antes de caer de sueño. Nos vemos. —Nos vemos mañana —Respondió Charles y lo vio marcharse. Un poco nervioso, tomo su llave y la colocó en la cerradura de la puerta. Y la abrió. Para su sorpresa, su compañero de habitación ya estaba ahí. Carlos estaba acomodando sus cosas cuando escuchó como la puerta se abría, revelando a su compañero de habitación. —¿Carlos? —Dijo Lewis entrando y metiendo su maleta a la habitación. —Supongo que seremos compañeros —Respondió el castaño acercándose para saludarlo con su mano. —Si, eso veo —El moreno no se miraba muy contento. Era extraño para él verlo ahí, principalmente porque había escuchado que no paso las pruebas preolímpicas. Sin embargo, no quiso hacer más preguntas para evitar que el encuentro fuera más incómodo. Charles suspiro pesadamente al percatarse de quien se trataba. Su compañero de habitación se giro para verlo de frente, pero no hacía falta hacerlo cuando su presencia era clara. —Hola, Charles —Dijo Lando con una sonrisa en los labios —Supongo que viviremos juntos, y creo que será muy divertido. Charles parpadeo un par de veces, intentando controlarse. Le parecía una locura. ¿Cómo era eso posible? Alguien con un rendimiento tan mediocre, ¿Qué hacia ahí? Y, principalmente, ¿Qué quería?
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