Flores para ti
22 de diciembre de 2025, 18:52
A la mañana siguiente, Sergio se levantó por la voz de su amado llamándolo con dulzura.
Apenas abrió los ojos cuando fue recibido por una sonrisa amable de su novio.
Max estaba acostado a su lado, sus impresionantes ojos azules se miraban maravillosos por la mañana, bajo la calidad luz del sol.
Sergio sonrió al instante, y con una de sus manos alcanzo su rostro y acarició su mejilla.
El rubio aprovecho esto y acercó su rostro al de su novio, juntando sus frentes y dándole un pequeño beso en la punta de la nariz.
—Buenos días, amorcito —Dijo Max retrocediendo un poco —Llevo diez minutos intentando despertarte, ¿No querías ir por tus plantas?
El pelinegro estiró los brazos, invitándolo a abrazarlo, a lo cual su novio accedió al instante.
—Solo quiero quedarme un poco más de tiempo así —Susurro Sergio mientras se recostaba en su pecho —Me gusta escuchar tu corazón.
El rubio sonrió, sintiendo la calidez de su piel y tocando sus cabellos para despeinarlo aún más.
Se mantuvieron abrazados por un buen rato, hasta que Max comenzó darle besos en la frente y Sergio soltó un bostezo.
—Mi amor, levántate —Insistió el rubio para después llenar su rostro de besos —No nos podemos quedar así todo el día.
—Si podemos —Insistió el pelinegro, intentando aferrarse al cuerpo de su novio pero percibiendo como este ponía un poco de resistencia.
Entonces, molesto, Sergio lo soltó y se giro para darle la espalda. Max lo miró confundido, sin terminar de entender lo que acababa de pasar.
—Si no me quieres abrazar, solo dilo —Continuó Sergio, sin siquiera voltearlo a ver.
El rubio se apresuró a abrazarlo por la espalda, besando su cuello y acariciando su cuerpo.
—Vamos mi amor, no es por eso —Comenzó Max mientras soltaba uno que otro peso en el cuello y hombro de su novio —Yo también quisiera quedarme todo el día acostado a tu lado, pero anoche estabas muy emocionado por tus plantitas.
Entonces Sergio se giro para encontrarse con su mirada, observando con detenimiento su rostro.
—Pero me compras un helado —Max sonrió ante su respuesta.
—Sí, te comprare uno, pero hay que levantarnos —El rubio le dio un pequeño beso en los labios y abrazo a su pareja obligándolo a levantarse de la cama.
Las sábanas cayeron al suelo, sus pies se encontraron con aquella madera fría y sus cuerpos desnudos se acercaron torpemente al baño.
Ahí Max lo obligó a entra a la ducha, con la temperatura adecuada para no ser brusco con él.
Sergio mantenía los ojos cerrados, ya sea por el sueño o el agua cayendo sobre él, pero sosteniéndose del cuerpo de su pareja.
El rubio tomo un poco de shampoo y comenzó a masajear la cabellera de su novio, quien se dejaba mimar por él.
El pelinegro se miraba un poco más despierto para cuando su pareja comenzó a enjabonar su cuerpo.
Sonriendo torpemente mientras su novio pasaba sus manos por su cuerpo.
Sergio observó como Max comenzaba a enjabonar su propio cuerpo, dándose prisa para terminar rápido.
Pero en su afán de conseguir un baño rápido, termino tirando el jabón al suelo.
—Mierda... —Susurro Max agachándose para tomarlo.
Fue entonces que sintió las manos de su novio en su cintura, pegándose peligrosamente a su cuerpo.
—¿Así de rápido? —Pregunto Sergio con cierta burla y Max rápidamente se reincorporo —Te juro que se siente tan bien.
El rubio acortó la distancia y junto sus labios con los suyos, mientras sus manos abrían la llave y el agua volvía a cubrirlos.
Sergio lo atrapó en un abrazo, pegándose a su cuerpo y enredando sus dedos en su rubia cabellera.
Pero Max aprovechó esto para terminar de enjuagar su cuerpo, obligándolo a terminar el baño.
Intentaba pensar claramente, ignorando las insinuaciones de su pareja que solo buscaba una excusa para distraerlo de su misión de sacarlo de la habitación.
—Debemos cambiarnos—Dijo Max cerrando la llave y observando un pequeño atisbo de molestia en el rostro de su pareja —Preparare el desayuno.
El rubio salió de la ducha y tomo una toalla, envolviendo su cuerpo y saliendo del baño. No se molestaría en ayudar más a su novio, apenas tenía autocontrol.
Se vistió rápidamente y se fue a la cocina a comenzar con el desayuno, preparando la mezcla de sus panqueques.
Sergio salió del baño algo molesto porque su pareja no le siguió el juego, así que se colocó su ropa lo más lentamente posible que pudo.
Cuando salió de su habitación, un delicioso aroma impregnó el ambiente. El rubio estaba sirviendo el desayuno cuando el pelinegro se sentó y observó todo.
La mesa estaba perfectamente puesta, teniendo el café servido y decorado con un pequeño jarrón que contenía unas flores que Sergio no supo de dónde las saco su novio.
Y su bien al pelinegro le había encantado lo detallista que es su pareja, Max estaba molesto porque sus panqueques no salieron perfectos.
Solo esperaba que su pareja no lo notará, le daba pena que no salieran como él hubiera deseado.
Desayunaron mientras hablaban de todo lo que harían en su día, que rutas debían tomar en el metro y como siempre debían estar juntos, pues al ser nuevos podían perderse fácilmente.
Ambos jóvenes salieron del departamento y caminaron hacia el elevador, sosteniendo sus manos en todo momento.
El camino al metro fue más fácil de lo que pensaban, sentándose el uno junto al otro y prestando atención de estación a estación.
—Vamos —Dijo Max cuando llegaron a la correcta y tomo su mano para salir del vagón.
Continuaron su recorrido hasta salir a la superficie, siendo atacados por los fuertes rayos de sol y el estruendoso ruido de la ciudad.
Y mientras Sergio abría un mapa de la ciudad para intentar ubicarse, el rubio vio un puesto de helados a lo lejos y recordó su conversación de esa mañana.
—Te prometí un helado ¿No? —Sergio levantó la vista al escuchar esto y asintió rápidamente.
Caminaron hasta el camión de helados y cada uno pidió uno, siendo pagados por el rubio.
Max vio como Sergio estaba a punto de comer su helado, así que movió su mano rápidamente y provocó que se manchara con el postre.
Soltó una risa, a la cual su pareja correspondió con una tímida sonrisa por lo apenado que estaba, pero pronto cambio a carcajadas cuando el helado del más alto se le cayó en su descuido por burlarse de su novio.
—Eso te pasa por andar tonteando —Se burló el pelinegro, pero vio la tristeza y el desconcierto en el rostro de su pareja, lo cual lo hizo sentir mal —Pero puedes comer del mío.
El rubio miraba el cono vacío en su mano, pero cuando se giro para ver a su novio, sonrió al ver sus labios manchados por el helado gracias a su tonta broma.
Sergio dijo que podía tomar del suyo ¿No?
Así que acortó la distancia, lo tomo de la cintura y junto sus labios en un muy dulce beso, limpiando los restos del postre de su boca.
El pelinegro sonrió entre besos, acariciando su mejilla mientras intentaba no perder el equilibrio.
Una vez se separaron, Sergio comenzó a comer su helado y obligó a Max a hacer lo mismo.
Caminaron mientras veían a través de los ventanales de las tiendas, observando los artículos a la venta y deteniéndose de vez en cuando para mirar con atención.
—Mira mi amor, aquí parece que venden decoraciones para casa, quizá hay plantas —Dijo Max deteniéndose en una de las puertas de un local.
Sergio camino hacia él y el rubio le abrió la puerta para que pasará, y seguido de esto camino detrás de él.
—Mira cuántas cosas, ¿Se necesita tanto para decorar una casa? —El pelinegro observaba todo el lugar de arriba a abajo, asombrado por las diferentes decoraciones del lugar.
—Ranas —Max se acercó a un estante lleno de figuras de cerámica, observando una enorme cantidad de diversas ranas de distintos colores —No puede ser.
El rubio se separo por un momento de su novio, caminando rápidamente hacia un mueble muy llamativo.
Sergio lo siguió cuando se dio cuenta de que se alejaba, alcanzando y observando lo enamorado que había quedado de una mesita con forma de gato.
Era muy bonito, peculiar y llamativo, pero también bastante caro.
—Mi león, no te separes así —Dijo el pelinegro deteniéndose junto a su novio —¿Te gusta?
—Tiene carita y todo, me encanta —Respondió el rubio observándolo con gran entusiasmo, entonces se dio cuenta del precio y su sonrisa desapareció —Busquemos la sección de plantas.
Sergio notó el cambio de actitud en su pareja, así que lo siguió de cerca y lo abrazo por la cintura.
—Podremos comprarlo después —Susurró en su espalda —Compraremos todos los muebles que quieras.
Max sonrió al escuchar esto, se giro y abrazo a su novio para después darle un beso.
—Te amo —Dijo el rubio en el mismo tono, sintiendo como su respiración chocaba con la piel de su pareja.
—No más que yo —Respondió el pelinegro, entonces Max lo jalo más hacia su cuerpo.
—Nunca más que yo —Insistió el rubio, para después plantar un dulce beso en sus labios.
Después de recobrar la compostura, se tomaron de las manos y siguieron avanzando por los pasillos.
Llegaron a una zona donde habían diversos artículos de cocina, principalmente de repostería.
Los ojos de Sergio brillaron cuando vio unos cortadores de galletas en forma de flores. Mientras que Max se emociono por unos en forma de gato.
Decidieron llevar uno de cada uno, pues a ambos les había encantado dichos objetos y no pudieron evitarlo al estar tan baratos.
Después de guardar todo en un canasto de compras, finalmente llegaron a la zona donde habían diversas plantas.
Sergio reviso de arriba a abajo, buscando las más bonitas, pero no encontraba unas en específico.
El pelinegro estaba feliz porque estaban en oferta, pero se lamentaba al no encontrar unas flores amarillas que llenarán de color su balcón.
—Las que llevas son muy lindas —Max intento animarlo mientras hacían fila para pagar.
—Si, pero tendré que buscar en otra tienda y no quiero que nuestro día sea solo pasar de una tienda a otra —Se quejó mientras pasaban los productos para ser escaneados.
Aunque Sergio deseaba encontrar sus amadas flores amarillas, Max insisto en que mejor retomarán la búsqueda otro día y volvieran a casa.
La caja de plantas era pesada y el rubio no dejo que su pareja cargará ni una sola de ellas, pues no quería que se lastimara su brazo.
Llegaron al metro y mientras esperaban, Sergio miraba su mapa de las estaciones y escuchaba con atención los llamados del lugar.
Max descanso la caja un momento en el suelo, para recuperar fuerzas y estirar los brazos.
De pronto se giro y vio a una mujer vendiendo un objeto que llamo rápidamente su atención, eran unas flores de papel.
El rubio tomo de nuevo la caja de plantas y camino hacia ella, buscando entre sus objetos algunas flores amarillas.
Y se creyó con mucha suerte al verlas, en un pequeño ramo que sabía que le gustarían a su novio.
—¿Cuánto por ellas? —Pregunto el rubio mientras volteaba para notar que Sergio estaba muy sumergido en el mapa.
—¿Todas? —Pregunto la mujer.
—Si, todas las amarillas —Afirmó Max y la mujer le dio el precio.
Rápidamente bajo la caja y saco su billetera, pagando el ramo y poniéndolo junto a las demás plantas que llevaba.
Cuando se giro, Sergio ya no estaba y el metro se marchaba.
El pelinegro se volteo y se encontró con la mirada de su novio fuera del vagón, mirándose con preocupación el uno al otro.
Sergio coloco una de sus manos en el cristal, como si quisiera tocar a Max a lo lejos y el metro solo avanzo.
El rubio corrió pero no tenía sentido, no podía subir y ahora debía esperar el siguiente para encontrarse con él en su próxima estación.
Se lamento haber faltado a su primera regla: No alejarse el uno del otro.