León enjaulado
22 de diciembre de 2025, 18:52
Sergio y Max escuchaban atentamente las palabras de su nuevo entrenador, pero el rubio no pudo evitar darse cuenta de una cosa.
En la fila frente a la suya, algunas chicas comenzaron a murmurar entre ellas y sus miradas se dirigían hacia el pelinegro.
“Es muy guapo” alcanzo a escuchar el rubio, despertando sus celos.
Sergio también las escucho y no pudo evitar soltar una pequeña risa mientras desviaba la mirada.
“Mira, está sonriendo” Dijo otra de las chicas, y Max no sabía cuánto más iba a soportar.
Nadie debería ver así a su amorcito.
“Definitivamente es gay” soltó otra de las chicas, pero las demás la ignoraron.
Max acariciaba la mano de su novio, al estar tan pegados casi no se notaba que lo estaba sosteniendo.
—Hablan mucho de ti —Susurró el rubio, intentando no llamar la atención —No las soporto.
—Ignoralas —Respondió Sergio en el mismo tono.
Sin embargo, las chicas seguían parloteando de lo lindo que les parecía Sergio y el león enjaulado amenazaba con salir en cualquier momento.
—No puedo ignorarlas —Continuó Max, viendo con cierto recelo a las jóvenes —Eres mío, quiero que lo sepan.
Entonces su mano abandono la del pelinegro, tocando su cintura y pegándolo más a él.
Sergio intento disimular lo nervioso que estaba, pues su novio comenzó a acariciar su cintura y sus dedos buscaban contacto con la piel.
—Son chicas, Max —Señaló Sergio como si fuera lo más obvio del mundo —Claramente no me interesan.
—¡Ustedes dos! —La voz de Kamui los alertó a ambos —¿Qué fue lo último que dije?
Los novios se miraron el uno al otro, como si estuvieran buscando la respuesta en los ojos de su pareja.
—Eh... —Balbuceó Sergio sumamente nervioso al estar siendo observado por todos sus compañeros.
—Usteded dos se me separan, no los quiero ver pegados cuando estoy dando indicaciones ¿Entendido? —Kamui se miraba sereno aunque su voz fuera dura.
El entrenador movió a Sergio de lugar, no permitiéndole estar al lado de su pareja.
Hicieron un ejercicio de integración donde cada uno fue a un equipo distinto de personas.
Para mala fortuna de Max, su novio termino en el grupo conformado por las chicas que no le habían quitado el ojo de encima en todo el día.
Sergio era naturalmente carismático algo que hizo más fácil la actividad para ellas. Además, todas estaban embelesadas por él y lo llenaban de cumplidos.
El rubio no soportaba escuchar las risas de esas jóvenes, sabiendo bien que eran gracias a su novio.
Sin embargo, a la hora del almuerzo todo parecía relajarse. Finalmente Max podía estar con su amorcito y platicar con sus amigos.
—Oigan —Comenzó Charles intentando no usar un tono muy alto —¿Podemos hablar de esos dos?
Los jóvenes se dieron cuenta hacia dónde miraba su amigo, centrando su atención en Carlos y Lando.
—Creo que todos tenemos la misma duda —Lewis uso el mismo tono —¿Qué están haciendo aquí? A los dos les fue pésimo en la competencia.
—Yo fallé el último tiro —Les recuerdo Sergio —Eso no habla bien de mí, y estoy aquí.
—No es igual, amorcito —Max no permitiría que se pusiera al mismo nivel —Tú llegaste a la final después de una racha muy buena, fuiste el mejor en la competencia.
Sergio sonrió cálidamente hacia la respuesta de su novio, pero Lewis rápidamente dió un aplauso frente a ellos.
—Concéntrense en la conversación —Insistió el moreno.
—Sergio no ganó porque perdió a propósito, se notó demasiado a—Ahora fue Charles quien habló —Pero ellos perdieron porque lo hicieron horrible, ¿Cómo es posible que ellos pasaran?
—Es muy obvio como Lando pasó —Max desvío su mirada a su mano e hizo un ademán con esta. Lewis asintió en aprobación.
—¿Dinero? ¿Crees que pago para entrar? —Charles susurró esto último, no quería llamar la atención de oídos ajenos.
—Es muy obvio —Respondió Lewis —Su padre tiene mucho dinero, no iba a dejar que la carrera de su hijo terminara en una competencia.
—¿Y Carlos? —Todos se tensaron al escuchar la pregunta de Sergio, no sabían si se tomaría bien o mal esa teoría —Él no aceptaría hacer algo así.
—Su padre también tiene mucho dinero —Señaló Charles —Y Carlos tiene una fijación muy grande en Lando.
—Don Carlos no haría eso —Insistió el pelinegro —Pero Carlos...
—Carlos sí lo haría —Respondió Charles como si estuvieran en una competencia de quién tenía razón —Carlos fue tu mejor amigo hasta que se mudó lejos, yo fui su novio al menos un año y sé bien lo mentiroso que puede ser.
—Una pareja no es igual que un amigo —Señaló Lewis antes de que Sergio contestara —Y Charles lo sabe muy bien. Y tú también lo sabes, tienes conocimiento de todo lo que pasó.
Charles había sido muy abierto respecto a su historia con Carlos, no podía quedarse con la inquietud de que el ex líder de los Eagles se paseara con tanta tranquilidad después de lo que le hizo.
Sin embargo, un nuevo drama estaba a punto de comenzar. Pues la atención de Max se había centrado en otra persona muy cerca de su mesa.
No muy lejos de ellos, las chicas que habían estado observando de pies a cabeza Sergio almorzaban mientras murmuraban sobre el joven.
El pelinegro se dio cuenta de que Max ya no estaba en la conversación, y siguió su mirada hasta encontrarse con las de las chicas.
Una de ellas comenzó a jugar con su cabello mientras saludaba a Sergio, mostrándole una sonrisa coqueta.
El ex estrella de los Eagles solo la miro sumamente confundido, pero no supo cómo reaccionar cuando Max le puso la capucha de su hoodie y la cerro ocultando su rostro.
—¡Max! —Charles regaño al rubio, e intento ayudar a Sergio a recuperar la vista de la oscuridad en donde lo había atrapado.
“¿Que le pasa a ese idiota?” soltó una de las chicas, lo suficientemente audible para despertar al león.
Ya había sido suficiente, el rubio no soportaba más la idea de que su novio fuera devorado por las miradas de esas chicas.
Max se levantó de su asiento, bajo la atenta mirada de Lewis, y comenzó a caminar en dirección hacia la mesa donde se encontraban las jóvenes.
—¿Maxie? —Dijo Sergio finalmente libre de la capucha, y rápidamente se dio cuenta de lo que estaba apunto de pasar, teniendo que correr tras él.
—¿Quién te crees que eres? —Dijo Max una vez que estuvo frente a ellas.
Las chicas lo miraban expectantes, no tenía ni idea de lo que estaba pasando.
—Max, por favor, basta —Susurró Sergio a su oído.
—Hola, Sergio —Dijo la castaña sentada frente a ellos, ignorando completamente a Max.
Su actuar coqueto no pasó desapercibido para el rubio, algo que solo encendió el fuego en su interior.
—No le hables así —Max interrumpió cualquier jugada que estuviera intentando la joven.
—¿Cuál es tu problema? —La chica finalmente se giro a verlo y con una expresión de molestia le dejo en claro que su presencia le fastidiaba.
—¿Qué cuál es mi problema? Llevas toda la mañana coqueteandole a mi novio —señaló el rubio con un tono de voz lo suficientemente elevado para que todos en la cafetería voltearan a verlos.
—¿Novio? —Repitió la chica y las demás comenzaron a murmurar.
—Maxie... —Sergio se pego a su espalda, abrazándolo por la cintura e intentando ocultar su rostro sonrojado por atención que estaba recibiendo.
—Si, y ya va siendo hora de que dejes de andar de resbalosa —Continuo Max para después girarse y abrazar a su novio, caminando juntos lejos de los demás.
“Les dije que era gay” fue lo último que alcanzaron a escuchar proveniente de aquella mesa.
La pareja de novios camino hasta llegar a una banca, cerca del patio frontal de la institución.
—Eso fue innecesario, Max —Comenzó Sergio —Me dio mucha vergüenza, todos nos estaban viendo.
—¿Te doy vergüenza? —Fue lo único que escuchó el rubio, hablando con una voz un poco apagada.
El pelinegro entendió que eso lo había lastimado, así que se acercó y tomo su rostro con sus manos.
—No, mi león, yo te amo —Sergio acarició su mejilla delicadamente —Pero una escenita así no nos dará una buena imagen.
—Mi amorcito, no fue mi intención —Max lo tomo de la cintura, acercándolo más a su cuerpo —Pero no soportaba ver la forma en que te miraban, eres mi novio, mío.
—Lo sé mi león, y por eso te amo tanto —El pelinegro le dio un corto beso en los labios —Pero ninguna de ellas me podría interesar. No les hagas caso, eres tú quien duerme conmigo todas las noches.
—¿Y si algún día las encuentras más bonitas que yo? —Max estaba haciendo un puchero, que solo provocó la risa de su novio.
—Eso es una locura, no hay nadie más bonito que tú —Entonces Sergio acortó el poco espacio que había entre ellos, juntándo sus labios en un dulce beso que rápidamente subió de intensidad.
—Veniamos a hablar con ustedes, pero si van a estar así, mejor nos vamos —Interrimpió Charles y la pareja se separó algo acalorada.
—Pues adiós —Max rápidamente respondió, casi corriendo a sus dos amigos.
Sin embargo, Charles sentía que había algo personal ahí.
—No, es necesario —Dijo Sergio, mirando fijamente a su novio —¿Verdad Maxie?
El rubio estaba a punto de protestar, pero no podía negarle nada a su pareja.
—Bien —Respondio Max para luego suspirar pesadamente.
—Vaya escenita la que protagonizaron allá adentro —Se burló Lewis —Casi lo orinas encima para que sepan que es tuyo.
Charles y Sergio no pudieron evitar reír ante el comentario.
—Mira quien lo dice —Comenzó el rubio —Tú eras igual con Nico.
La sonrisa en el rostro de Lewis rápidamente desapareció.
—Pero ya no hago los mismos errores —Se defendió el moreno —Vamos adentro, Kamui dijo que tendríamos pruebas individuales.
El grupo de amigos regreso a la institución, pasando el resto de la tarde en la clase de su nuevo entrenador.
Pasaron uno a uno para demostrar sus habilidades con el arco, para que al final les dijeran que serían calificados a base de un ranking.
Los resultados finales de esa tabla definirían si serían electos para pertenecer al equipo nacional que representará a su país en las olimpiadas.
El nivel era muy alto, los cuatro amigos se dieron cuenta de eso rápidamente.
Ellos eran sin duda talentosos, así que sus participaciones eran satisfactorias.
Sin embargo, no se podía decir lo mismo de Carlos y Landó, quienes mostraron dificultad para alcanzar al resto en sus habilidades.
Al finalizar el día, Sergio y Max se despidieron de sus amigos y comenzaron a caminar hacia la estación del metro.
—Son realmente buenos —Dijo el pelinegro mientras balanceaba su mano, la cual tomaba la de su novio.
—Pero tú eres el mejor —Respondió Max dándole un beso en la mejilla —Mañana tu nombre estara por encima de todos.
Sergio sonrió ante la respuesta de su novio, pero pronto sintió un par de gotas de agua cayendo sobre él.
La lluvia rápidamente los atrapó, haciéndolos correr hacia un enorme árbol justo al lado de una parada de autobús.
Entonces Max aprovechó el momento, arrinconando a su novio contra el árbol y juntando sus labios en un cálido beso.
—Te amo —Susurró el rubio en sus labios, robándole un último beso antes de correr hasta la estación del metro.
En todo el mano no dejaron de sostener la mano el uno del otro. Sergio se recargo en su cuerpo, cerrando los ojos debido al cansancio.
Llegaron a casa y se cambiaron la ropa. El rubio comenzó a preparar la cena mientras su pareja ponía un poco de música y bailaba con el gato.
Cenaron tranquilamente, platicando sobre lo que había pasado en el día y como podían mejorar en su rendimiento.
Todo era felicidad en su departamento.
Por otro lado, Charles no la estaba pasando muy bien.
Podía evitar a Lando todo el día, excepto en la noche.
Suspiro pesadamente antes de girar el polo de la puerta, sabiendo que del otro lado se encontraba la persona que más detestaba en el mundo.
Pero para su buena suerte, no estaba ahí.
Charles comenzó a cambiarse de ropa, arreglando todo para irse a la cama y así evitar cruzar palabra con su compañero de habitación.
Y justo cuando estaba a punto de cerrar los ojos, la vio.
La flecha dorada que alguna vez Carlos le regaló a Lando como símbolo de su amor, aquella que había sido dada durante un engaño, estaba colocada en un perfecto marco que la conservaba intocable.
Esto molesto a Charles, pero sabía bien que había sido puesta con toda la intención.
Lando quería jugar, se moría por molestarlo.
Y Charles tenía sed de venganza.
Pero había más de una deuda que pagar, y si tenía que forzarlo, lo haría.