ID de la obra: 1512

𝕰𝖗𝖔𝖘 𝖊𝖓𝖆𝖒𝖔𝖗𝖆𝖉𝖔 |𝕷𝖆 𝖋𝖑𝖊𝖈𝖍𝖆 𝖉𝖊 𝖈𝖚𝖕𝖎𝖉𝖔 2

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
423 páginas, 135.158 palabras, 51 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
Compartir:
3 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar

Cambios

Ajustes de texto
Sergio sabía lo que Max quería desde el momento en que se metió a la cama y se le abalanzó encima. Dio inicio a una serie de besos que poco a poco fueron subiendo de intensidad. El pelinegro sentía la lengua de su pareja invadir su boca, reclamandola suya. Dónde las manos del rubio buscaban más contacto, al punto de colarse debajo de su playera y comenzar a tocar sus pechos. El pelinegro gemía ante el contacto de sus dedos acariciando sus pezones y la boca de Max devorando la suya. Si bien Sergio quería mantener su palabra de no tener sexo sabiendo que al día siguiente no se querría levantar, no podía negar que le gustaba lo que su novio le estaba haciendo. —Déjame hacerte el amor —Susurró el rubio en sus labios, separándose brevemente. —Maxie... —Respondió Sergio en el mismo tono —Me quedo cansadito. —Al menos déjame quitarte el estrés de hoy —Max bajo su mano hacia los shorts de su novio, acariciando su miembro sobre este. El pelinegro se mordió el labio al ver a su novio tan complaciente, así que decidió seguirle el juego. —Estoy muy, muy estresado —Se quejó con una voz fingida —Podemos ayudarnos mutuamente. Sergio imitó el movimiento de la mano de su novio, tocándolo sobre sus shorts y sintiendo lo duro que estaba. Ambos jóvenes entendieron lo que pasaría, así que no tardaron demasiado en deshacerse de sus ropas. Esto les recordó a la primera vez que se vieron desnudos, tocando el cuerpo del otro hasta satisfacerlo. —Odio a esas chicas —Comenzó Max mientras movía su mano sobre el miembro de su novio. Sergio soltó una pequeña risa. —¿Piensas en eso mientras me estás tocando? —Se burló el pelinegro. —No tienes idea de cuánto me gustas —Respondió Max ignorando su pregunta, acercándose a sus labios para darle un corto beso —Eres mío. —Lo soy mi león —Sergio también movía su mano sobre el miembro de su pareja, haciéndolo gemir en sus labios. —Y espero que esas resbalosas no se te acerquen otra vez —Mac volvió al tema anterior, mientras llenaba de besos el rostro de su pareja —Me molesta demasiado —Sergio iba a protestar, pero el rubio continuo hablando —Y al mismo tiempo me enorgullece. —¿Te enorgullece? —Repitió el pelinegro sin dejar de mover su mano. Entonces Max le dedicó una pequeña sonrisa. —Si, porque mientras ellas te dicen cosas lindas para llamar tu atención —Comenzó el rubio, tomándolo de la muñeca para detener sus movimientos — Yo te tengo para mí solito. Max se inclinó hacia las caderas de su novio, llevando su miembro a su boca y haciéndolo soltar un gemido de placer. El pelinegro no pudo evitar poner su mano sobre el cabello del rubio, haciéndolo tomar toda su carne mientras su lengua lo llevaba al placer que tanto le gustaba. —Maxie... —Susurro Sergio mientras movía sus caderas a la par que su novio se dejaba follar la boca — Ayudame a llegar. Una vez dicho esto, el rubio no dudo en moverse con mayor rapidez y dejar que el miembro de su novio golpeara su garganta. Tomándolo con su lengua y succionando para apretar su carne con su boca, Sergio sollozaba bajo su tacto. El pelinegro sentía un calor interno muy diferente a lo que había experimentado con su pareja, teniendo una profunda necesidad de ser llenado. Y Max no se quedaba atrás, deseando demostrar que era el único que podía hacerle eso. Porque él era suyo. Además, los alaridos de su pareja solo lo alentaban a continuar, buscando ser más obsceno para llevarlo al límite. Cuando finalmente consiguió lo que quería, Sergio no dudo en replicar el mismo placer en su pareja. Quedando sumamente agotados, los dos jóvenes descansaron reposando en el cuerpo del otro. A la mañana siguiente, Sergio se despertó sin la ayuda de su pareja, podía oler el rico desayuno que estaba preparando. Pero pronto un dolor lo invadió, algo que hacía que su espalda se sintiera insoportable. Se quejo casi llorando, era como si algo lo hubiera golpeado y no se había dado cuenta hasta que las secuelas del dolor lo alcanzaron. —¿Amorcito? —Dijo Max llegando, había un atisbo de preocupación en su voz —¿Te sientes bien? El rubio se acercó a él, sumamente nervioso al verlo en posición fetal sobre aquella cama. El dolor se expandia desde su espalda hasta su abdomen, como una especie de calambre que no te deja moverte y solo te pone de mal humor. —Me duele mucho —Respondió Sergio mientras se cruzaba de brazos sobre su abdomen, intentando calmar el dolor. Max pronto unió los puntos, sintiendo que él era el culpable de que su pareja estuviera en esa situación. —Ay, no... —Susurro el rubio mientras lo abrazaba por la espalda —¿Te hice daño anoche? —No... —Respondió Sergio con dificultad,  abrazándose más fuerte. —Amor, hay que llevarte al doctor —Dijo Max comenzando cargarlo, siendo algo fácil para él debido a su fuerza. Lo difícil fue colocarse de pie, pero no podía avanzar con facilidad al sentir como el pelinegro se abrazaba a su cuerpo, y hundía su rostro en su cuello. —No podemos faltar al instituto —Se quejó Sergio, aferrándose a su cuerpo pero al mismo tiempo queriendo bajar su piernas para ponerse de pie. Max no se lo permitió. —¿Estás loco? ¿Cómo voy a dejarte ir al instituto en este estado? Iremos al médico ahora mismo—Reclamó mientras Sergio solo se abrazaba más a él — No debimos hacer nada anoche, perdóname. —Probablemente me golpee y no me di cuenta, no es tu culpa —El pelinegro rápidamente busco tranqulizarlo, separándose un poco y dándole un beso en la mejilla. —No es posible que te hayas golpeado sin que yo me diera cuenta —Señalo el rubio —Necesitamos revisar que estés bien. Si bien Max era fuerte, sabía que no podría obligar a Sergio a hacer algo que no quería. —Solo dame una pastilla para el dolor, te juro que no es para tanto—Insistió Sergio mientras lo miraba firmemente a los ojos, intentando bajarse. El rubio observó la determinación en su mirada, sabía que no ganaría esa discusión por más que insistiera. Suspiro pesadamente y dejo que su novio se pusiera de pie. —Pero si te sientes muy mal me lo vas a decir —Condicionó y Sergio asintió rápidamente —Prometelo. —Te prometo que si me siento muy mal te lo diré inmediatamente —El pelinegro luego acortó la distancia entre ambos, juntando sus labios en un cálido encuentro. Si bien después de desayunar tomo una pastilla para el dolor, no podía negar que sus mal humor se mantenía y se podía notar con solo ver su expresivo rostro. Max estaba completamente en alerta, revisando si Sergio estaba bien pero al mismo tiempo temiendo su reacción por la cara de pocos amigos que le ponía a todo el mundo, menos a él. Por ahora. —¿Cómo te sientes? —Preguntó el rubio cuando llegaron al instituto, pasando su mano por sus oscuros cabellos. —Mejor, creo que solo era un golpe —Respondió Sergio para después tomar su mano. Max desvío la mirada no creyendo en esto último, pues él insistía en que había algo más. Llegaron al aula y Kamui les dejo en claro que continuaría con las pruebas individuales, pasando Max una ronda antes que Sergio. En esa misma ronda también pasaría Lewis junto a Lando, así que el dúo dinámico se fue al comedor a matar el tiempo. —Oye, ¿Estás bien? —Pregunto Charles mientras desayunaba, observando la fachada de su amigo. —Desperte con un fuerte dolor está mañana, ya tomé algo pero me siento muy cansado e irritado —Explico Sergio mientras se inclinaba hacia adelante, recostandose ligeramente en la mesa y ocultando su rostro entre sus brazos. —¿Quieres que te compre un helado? Quizá eso ayude —Ofrecio el castaño terminando de comer, pero el pelinegro negó —Vamos, te invito. Yo también quiero uno, así pasamos el rato en lo que llega nuestro turno. Sergio no tuvo más opción que ceder, quizá su amigo tenía razón y un helado haría la diferencia. Además, necesitaba distraer su mente del dolor que todavía lo afligia. Ya no era tanto, pero seguía siendo considerable. Charles se levantó para ir por unas paletas heladas, buscando sus favoritas y que seguramente también le gustaría a su amigo. Mientras Sergio cerraba los ojos para descansar un rato, sintió como alguien se sentó frente a él y levantó la cabeza buscando encontrarse con Charles. —Hola —Dijo Carlos, quien había estado observando a ambos jóvenes, buscando una oportunidad para acercarse —¿Te encuentras bien? —¿Qué haces aquí? —Fue lo primero que salió de la boca de Sergio, el dolor y su mal humor lo tenía así, pero Carlos solo empeoraba la situación. —Solo quería saber si estabas bien —Carlos hablaba con calma, intentando no buscar problemas. Pero él era el problema en la mente de Sergio. La simple idea de que Carlos estuviera con Lando tan descaradamente, aún después de todo lo que le hizo pasar a Charles, le hacía hervir la sangre. Además, Lando no era cualquier idiota. Era el tipo que lo atacó en aquel callejón y casi mata a su perro, su mejor amigo. Su repentina presencia en el programa, no solo de él sino también de su estúpido novio, hacían que Sergio desconfiara del quién alguna vez fue su confidente. Pero sin Lando en el radar, tomo esa oportunidad para intentar sacar la verdad. —No, me refiero al programa —Continuo Sergio con una cara de pocos amigos que intimidó al castaño —¿Qué haces aquí? Fuiste lo suficientemente humillante como para no pasar, ¿Cómo lo hiciste? Pronto notó como su ex amigo perdía la compostura, tomándolo desprevenido con su ataque tan directo. —P-pase al igual que tú —Balbuceo un poco —No seas tan presumido. Carlos intento atacar de vuelta, pero poco o nada de efecto tuvo en él. —Puedes engañar a los demás, no a mí —Señalo el pelinegro, manteniendo una voz dura que solo aumentaba la tensión entre ambos —Los dos sabemos que tú actuación fue decepcionante, así que se honesto conmigo o le diré a Kamui sobre esto. Carlos soltó una pequeña risa algo nervioso. Por más que intentará mostrar lo contrario, Sergio lo estaba intimidando. —¿Y de que me vas a acusar sin ninguna prueba? —Se burló el castaño, buscando encontrar una voz lo suficientemente seria para contraatacar —¿Cómo te atreves? —Lo mismo te pregunto —Sergio no flaqueo —¿Cómo te atreves a dar la cara, desvergonzado? Esto fastidio mucho al castaño, al punto de no poder detener su lengua y atacarlo donde sabía que lo haría enfadar. —No me hables así, te escuchas como tu estúpido novio —Señaló Carlos, notando como el pelinegro se mostraba un atisbo de cólera al momento de escuchar esto —Mejor deberías cuidarlo, no vaya a ser que empiece a perseguir a mi novio en busca de su atención. El pelinegro no pudo evitar hacer una mueca de molestia y asco ante la insinuación de su ex amigo. —No todos son como tú, Carlos —Respondió Sergio intentando contenerse — Algunos si saben el significado de lealtad y respeto. —¿No te das cuenta de lo mucho que has cambiado desde que estás con ese idiota? —Carlos intento mostrarse razonable al notar como su amigo levantaba un poco la voz, llamando la atención de alguna que otra mirada curiosa. —Mira quien lo dice —Pero Sergio no iba a ceder —¿Cuánto pagaste para entrar aquí? —Carlos se quedó estático ante dicha acusación — ¿Lo pagó tu papá? ¿O fue Lando? La sonrisa en el rostro de Carlos desapareció al instante. —No sé de qué estás hablando — El castaño no tuvo más opción que hacerse el desentendido— Lo que dices es muy grave, si insistes tendré que reportarte por acoso. Sergio no pudo evitar sonreír al darse cuenta de que lo había atrapado en la movida. —Entonces es verdad —Afirmó el pelinegro —Pagaste para entrar —Carlos trago en seco —Pero no pagó tu papá ¿O sí? Porque el señor Sainz no haría eso, es un hombre muy correcto. —Ya basta —Dijo Carlos bajando un poco la voz —No sigas más con esta tontería. —¿El padre de Lando pagó por ambos? —Sergio continuo con sus preguntas —¿Por qué haría eso por ti? Debe ser un capricho de su hijo. —Sergio, detente —Insistió el castaño volteando a ver para todos lados, asegurándose de que nadie les estuviera prestando atención. Pero para el pelinegro habían preguntas más importantes. No debió salir nada barato asegurar dos lugares en un lugar tan importante. Y eso era algo que hacía ruido en esa situación. Lamentablemente, Sergio comenzó a hacerse más ideas de las que tenía claras. Comenzando a pensar que su ex amigo era cómplice del Lando. —¿Y por qué te quiere a su lado? ¿Acaso te debe algo? —El pelinegro continuo preguntando, pero está vez Carlos se extraño ante el comentario. —No le debo nada a nadie, ni él a mi — Carlos respondió con firmeza —Solo hay amor entre nosotros. —¿Crees que él te ama? —Pregunto Sergio sumamente hastiado —¿Y tú lo amas? Porque he escuchado que le decías eso a otra persona, y mira como terminó todo. Carlos bufo molesto, sabiendo a quien se refería. Pero para él no era lo mismo. —Que Max te use para olvidar a Lando no es mi problema —Ataco Carlos, usando a Max como de costumbre. Esto solo enfureció al pelinegro, quien tomo su vaso con agua y se lo arrojó a la cara. —El tipo que dices que te ama solo te está comprando, pagando todo en tu vida para mantenerte a su lado —Comenzó Sergio sumamente enojado —Y cuando te reclamé todo lo que te ha dado, entonces te darás cuenta quien es tu dueño. Sergio se levantó de su asiento y comenzó a caminar lejos de la cafetería. Carlos ni siquiera tuvo tiempo para reaccionar. Todos en la cafetería lo observaban, algunos con curiosidad y otros con burla. Charles había observado la situación a lo lejos. No tenía el humor ni las ganas de enfrentarse a Carlos, y sabía bien que Sergio se estaba guardando muchas cosas desde hacía tiempo. Así que no se sorprendió cuando vio cómo le arrojó el agua a la cara. Le había mandado un mensaje a Max pidiendole que se apresurara, pues Sergio se mostraba muy colérico. El pelinegro caminaba por el pasillo con una cara de pocos amigos, y los ojos llenos de lágrimas. No de tristeza, sino de enojo. Odiaba como Carlos estaba comportando, y detestaba aún más su cercanía con Lando. Deseaba hacerlo pagar por lo que le hizo pasar. Max caminaba cerca de ahí, había leído el mensaje de Charles y se apresuró en alcanzar a su pareja. Le tenía una buena noticia y no podía esperar para contársela, pero primero necesitaba saber que estaba bien. Fue Entonces qué puedo darle alcance y lo tomó de su hombro, haciendolo voltear. —¡Ya déjame en paz! —Grito Sergio pensando que se trataba de Carlos, y su rostro se transformó al ver la expresión asustada de su novio —Perdón, mi amor, lo siento. —¿Estás bien? —Susurró el rubio, fue en ese instante que el pelinegro acortó la distancia entre ambos y se refugio en sus brazos. Max no dijo nada, solo lo tomo con fuerza y dio unos cuantos besos en su cabeza, haciéndole saber que estaba ahí para él.
3 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar
Comentarios (0)