Epílogo: Mi único amor
22 de diciembre de 2025, 18:52
Era un dia de verano, como aquellos que solían disfrutar en su juventud.
Como ese dia especial cuando se conocieron.
La brisa de los árboles era encantadora, las risas de los niños llenaban de alegría el ambiente.
Habían pasado ocho años desde que se habían casado, nueve desde que se conocieron, pero su amor se mantenía intacto.
—Niños, sin empujar —Dijo Sergio al ver como sus mellizos jugaban —Alex, te estoy viendo.
El más pequeño resultó ser el más travieso de todos.
Le gustaba mucho molestar a su hermanos, pero era quien más sentimental se ponía respecto a estos.
Era muy celoso con su mami, no dejaba que nadie le hablara feo o le hiciera bromas pesadas.
Thierry, por su parte, resultó ser el más tímido de todos ellos.
Muy bien educado y responsable, quería seguir los pasos de sus padres en el deporte de tiro con arco.
Porque realmente estaba orgulloso de ser su hijo.
—Disculpe, ¿Podría tomarse una foto con mi hijo? Es muy fan de ambos —La voz de una mujer interrumpió la armonía del momento.
Sergio y Max miraron al pequeño que se escondia detras de las piernas de su madre.
—Claro, no hay problema —Respondió el rubio y la mujer le dio un ligero empujoncito a su pequeño para que se acercara a la pareja.
El niño caminó tímidamente hacia ellos y los dos adultos posaron para la foto.
—¿Cómo te llamas, pequeño? —Preguntó el pecoso con una amable sonrisa.
—A-andrea Kimi Antonelli, señor —Balbuceo un poco con su respuesta, pero fue capaz de completarla.
—¿Quieres ser un gran arquero? —Ahora es Max quien pregunta.
—Medallista olímpico como usted, señor —Su manera tan formal de responder causo una sonrisa en ambos.
—Practica mucho, inició desde que los vio en los juegos olímpicos y no ha parado, es una pasión propia —Afirma la madre del pequeño con una sonrisa llena de orgullo.
Pueden ver que vienen de una práctica porque la mujer carga el equipo que usa su hijo.
Entonces al pelinegro se le ocurre una idea.
—¿No quieres que firmemos tu arco? —Ofrece el pecoso y el niño asiente con emoción.
Ambos firman el arco, aunque resultaba un poco difícil por el espacio, al final se despiden del pequeño y centran su atención de nuevo a sus hijos.
Los ven jugar juntos y con ellos esta un pequeño Golden retriever, el cual se había integrado a la familia hacia poco tiempo.
Pues hace unos meses había fallecido Max, el perro, y esta pérdida fue muy dolorosa para toda la familia.
Sin embargo, los niños insistieron mucho en conseguir otro perrito que pudiera continuar con el legado de su fiel amigo canino.
Y es así como llegó ese nuevo integrante a la familia.
¿El nombre? Bueno, Max buscaba regresarle la jugada a su ex enemigo y lo nombraron "Calos" por la forma tan peculiar en que Alex no podía pronunciar bien la letra r.
—Vamos, Calos —Decía el pequeño Thierry mientras el animalito lo seguía.
—Te juro que si hay alguien llamado Calos y se acerca a uno de nuestros hijos algun dia, me voy a poner a llorar —Soltó Sergio recordando la forma en cómo se conocieron.
Estaban sentados en aquella misma banca donde Max lo espero para su primera cita no oficial.
—Diría que no, pero nunca se sabe —Responde el rubio con una sonrisa —Yuki me habló sobre el curso de reposteria al que quiere asistir, ¿Crees que papá pueda llevarlo y traerlo? Tenemos entrenamiento y no podemos faltar.
—A Yuki le encanta pasar tiempo con su abuelo, no creo que haya algún problema —Sergio ve como uno de sus retoños comienza a llorar —Dios, solo los perdí de vista un segundo.
Los dos se levantaron de la banca y caminaron hacia donde se encontraban sus hijos, viendo que era Alex quien estaba llorando.
—¿Qué pasó? —Pregunta Max agachándose para revisar si se había lastimado, pues estaba sucio de tierra.
—Me pego —Dijo Alex señalando a su hermano mayor.
—Estaban comiendo tierra —Yuki se apresuró al momento de delatarlo —Se la quise quitar y se cayó por accidente.
—Alex, ya te dije que no comas tierra —Sergio reprendió al pequeño, sabía lo travieso que podía ser —Te vas a enfermar.
—Alex me dijo que eran de chocolate —Confesó Thierry todavía confundido por lo que había pasado.
—Ay, corazón, no me digas que lo comiste pensando que era pastel —Dijo Max y el pequeño desvió la mirada.
—Vamos a casa del abuelo para cambiarlos y luego iremos al doctor —Sentenció el pecoso cargando a Alex en sus brazos, que todavía seguía sollozando.
—Ya oyeron, niños, a casa del abuelo —Max definitivamente haría todo lo que su esposo decía y haría que sus hijos siguieran su ejemplo para no demeritar a su pareja como autoridad en casa.

Así fue como se fueron a la casa de su suegro, donde Don Toño estaba risa y risa con su invitado.
“¡Abuelito!” Gritaron los pequeños apenas entraron a la casa.
—Hola, hijos —Dijo Don Toño abriendo sus brazos para dejar que los niños le regalaran un abrazo.
La familia Verstappen-Pérez estaba pasando sus vacaciones de verano en el pueblo, aunque a su padre le gustaría que se quedaran a vivir ahí.
Pero sus vidas en la ciudad estaban por demás acomodadas.
Se dedicaban de lleno al deporte que los apasionaba y sus hijos asistían a la mejor escuela que podían pagar. Yuki tenía un promedio excelente y un talento nato para la repostería, y mantenía una cercana amistad con su mejor amigo Pierre.
Por más que amaran el pueblo, ellos ya tenían una vida en la ciudad.
Pero siempre lo visitaban en cada vacación o puente que encontraran para escapar un rato de sus vidas citadinas y disfrutar pasar tiempo con el abuelo.
Y Sophie tampoco vivía en la ciudad, pues ahora se encargaba de su propia floristeria en el pueblo, la cual también funcionaba como su casa.
Así que los niños amaban ir a la ciudad para poder convivir con ambos.
—Hola, se nota que se divirtieron en el parque —Dijo Charles mientras se acomodaba en el sofa.
—No me lo recuerdes que tengo que llevarlos al doctor —Se quejo el pecoso mientras tomaba a Alex para quitarle la ropa.
—¿Al doctor? —Pregunta Don Toño preocupado —¿Por qué? ¿Qué pasó?
—Comieron tierra —Ahora fue Max quien hablo para después tomar a Thierry y comenzar a quitarle la ropa sucia.
Entonces Don Toño comienza a reírse.
—Tranquilos, ¿Qué es un poco de tierra? Tú también la comiste cuando estabas pequeño —Dijo señalando al pelinegro —Y mirate ahora, no te paso nada.
Sergio desvió la mirada ante tal declaración.
—Ese es el destino que me espera —Suelta Charles mientras ve como los niños se quedan quietos mientras sus padres les limpian la cara.
—Pero querias anillo, casa e hijos —Se burló el pecoso sin voltearlo a ver.
Entonces tocan la puerta y Yuki corre a abrir al escuchar de quien se trata.
—Hola Yuki, estas enorme —Logan lo toma en brazos y lo alza —Uy, mi espalda no soportara tanto.
Entonces lo baja y el niño se ríe.
—Amor, llegaste justo a tiempo —Dice Charles levantándose con cuidado del sofá, algo que hace que su esposo corra en su auxilio —Tranquilo, puedo hacerlo.
Entonces el castaño se acomoda su playera, pues se había levantado un poco dejando a la vista su vientre de casi seis meses de embarazo.
—El pequeño Ollie está creciendo fuerte —Responde Max con una sonrisa amable.
—Seré feliz cuando deje de patearme cada media hora —Afirma Charles estirando los brazos —Ya tenemos que irnos, debemos asistir a la cita mensual.
—Hasta luego, y gracias por cuidar bien de mi Charlie —Dice Logan antes de tomar el bolso de su esposo para después marcharse mientras lo sostiene de la mano.
Continuaron con su tarea de desvestir a sus hijos, para después bañarlos y vestirlos antes de llevarlos al doctor.
—Papi... —Yuki llega con Max y usa ese tonito de voz que sabe le encanta y lo ayudará a conseguir lo que quiere.
—Dime, bebé —Responde el rubio mientras peina a Thierry.
—Ya que yo no ire al doctor, ¿Puedo salir a jugar con Hamda al parque? —Pregunta con tanta ternura que derrite su corazón.
Pero no es suficiente.
—Sabes que tienes mi permiso para que jugar con tu amiga, pero mami y yo no estaremos, así que no lo creo apropiado —Dice el rubio mientras baja a su pequeño para que vaya con su hermano —No podremos cuidarlos en el parque, y ustedes no pueden estar ahí sin un adulto presente.
El niño mueve sus pies y reformula su pregunta.
—Papi... —Vuelve a iniciar con esa linda voz —¿Puede venir Hamda a jugar a la casa?
El rubio sonríe ante la inteligencia de su hijo.
—Eso debes preguntárselo al abuelo, y también Hamda debe pedir permiso —Afirmó Max y vio como una sonrisa de dibujo en los labios del pequeño.
Obviamente el abuelo Toño le iba a decir que sí, tenía la costumbre de consentir a sus nietos.
Así fue como Yuki obtuvo una respuesta positiva de su Tata y pronto la madre de Hamda la llevó a la casa del señor.
La familia de la niña se había vuelto cercana a Don Toño, pues eran vecinos y ocupaban la casa que alguna vez perteneció a la familia Verstappen.
Entonces parte de la familia se marchó para ver al doctor y regresaron al cabo de un rato acompañados de Sophie, encontrando a Don Toño leyendo un libro mientras Yuki y Hamda dormían en el sofa con el pequeño Calos acostado entre ellos.
Max tomo a la niña en brazos y la llevó a su casa, mientras que Sergio llevó a Yuki a su habitación.
Sophie preparo la comida mientras sus nietos molestaban a Don Toño y jugaban con Calos.
Esa noche cenaron en familia, como siempre lo hacían, con una tranquilidad palpable y una vida armoniosa.
Había logrado todos sus sueños, tenían una familia amorosa y un futuro prometedor.
Sergio se acostó junto a su esposo, observándolo leer con aquellos lentes que había comenzado a usar.
—Me miras mucho —Dice el rubio si levantar la vista de su lectura —¿Qué tanto piensas?
—En lo afortunados que somos —Confiesa el pecoso —Ocho años de matrimonio, tres hijos y un amor intacto.
Max cierra el libro y se acerca a su pareja para darle un beso en los labios.
—¿Recuerdas ese día cuando volviste a casa del hospital? —Comenzó, algo que confundió al pelinegro —Cuando te cargue en la entrada de tu casa y te dije que estaba practicando, no mentía, siempre supe que me casaría contigo.
Sergio volvió a besarlo, para después acariciar su rubio cabello.
—Y yo siempre supe que serías mi único amor —Susurró.
Entonces se recostó en su pecho, durmiendo a su lado como siempre lo hacía.
Dejando que acaricie su espesa cabellera oscura y le dejé unos cuantos besos en la frente.
Abrazarlo le daba una paz que no podía describir con palabras.
Y Max amaba tenerlo en sus brazos, saber que lo quería y que todo el dolor había desaparecido hace años.
Le encantaba ser padre.
Jugaba con sus hijos todas las tardes, los llevaba a sus restaurantes favoritos y les compraba los juguetes que tanto les gustaban.
Pero lo que más le gustaba de ser padre, era serlo junto al amor de su vida.
Estaba agradecido con el destino por haberlo cruzado en su camino ese día en el parque.
Por eso siempre iba ahí cada verano con su familia, se sentaban en aquella banca donde lo espero por primera vez y veían el fruto de su amor reflejado en aquellos tres pequeños que tanto adornaban.
Así que durmieron plácidamente sabiendo que su camino de flores estaba completo y era perfecto.