ID de la obra: 1512

𝕰𝖗𝖔𝖘 𝖊𝖓𝖆𝖒𝖔𝖗𝖆𝖉𝖔 |𝕷𝖆 𝖋𝖑𝖊𝖈𝖍𝖆 𝖉𝖊 𝖈𝖚𝖕𝖎𝖉𝖔 2

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
423 páginas, 135.158 palabras, 51 capítulos
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Intentando capturar cada minuto [FINAL]

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La alarma del despertador sonaba una y otra vez, anunciando la llegada de un nuevo día. El hombre se levanta de la cama y comienza a preparar el desayuno, sabe que tiene el tiempo justo. Parece ser un día cualquiera pero no lo es, está vez es diferente. Camina hacia la habitación de su hijo y lo mira todavía dormido en aquella cama. Le encanta verlo así, pero debe despertarlo o tendrán el tiempo encima. —Buenos días, mi niño—Susurra mientras se sienta a su lado, acariciando sus oscuros cabellos —Sergio, debes ir a la escuela, despierta. El pecoso tiene poco más de trece años y ya ha conocido lo bueno y lo malo del mundo. —Papi... —Dice con una voz somnolienta mientras se remueve en las sábanas. —Se te hará tarde para la escuela —Insiste al ver qué su pequeño no planea levantarse pronto de la cama —¿Sino quién te llevará? El pelinegro se gira para verlo y asiente completamente rendido. Don Toño regresa a la cocina y terminar de servir el desayuno. El primer día de clases de Sergio después  de la muerte de su madre, así que era algo bastante complejo. El pequeño llega y toma asiento frente a su padre. Comienza a comer en silencio, si, eso era lo que había estado acompañando a Sergio todo ese tiempo, el silencio. Dejó la escuela para estudiar en casa, pues sufría constantes episodios de ansiedad al estar con desconocidos. Se había vuelto bastante callado desde el fallecimiento de su madre, pero su padre siempre hacía el esfuerzo por entenderlo. Amaba mucho a su hijo y le daba miedo que el mundo le hiciera daño. La vida era complicada para ellos, pero sabía que tenía que luchar para sacarlos adelante y darle una buena vida. Sergio es lo más preciado que tiene en su vida, su único hijo y su más grande amor. El primer día de clases era difícil y lo sabía, le gustaría estar para él todo el tiempo. Dejarlo ir a la escuela era complejo, pero el pecoso había insistido en querer enfrentar sus miedos. Su niño valiente estaba dispuesto a enfrentarse el mundo a tan temprana edad. Pero él no estaba listo para dejarlo ir. Entonces la alarma del despertador lo hizo levantarse. Don Toño se sentó en su cama y suspiro pesadamente. El día de la boda. No podía negar que estaba muy emocionado por ese día tan especial, pero al mismo tiempo se sentía muy afligido al dejar ir a su hijo. Había crecido tan rápido y formado una bonita familia, estaba tan orgulloso de él. Pero era una mezcla extraña de felicidad y tristeza, porque sabía que no era algo malo, pero aún así le hacía daño. La puerta de su habitación se abre y deja ver a un pequeño Yuki corriendo hacia él. —Tata —Lo llama, se ha levantado bastante temprano, quizá por la emoción de la fiesta. Entonces comprende que, aunque sea algo complicado, estaba entrando en una nueva etapa de su vida y eso era maravilloso. —Buenos días, mi niño —Dice mientras lo toma en brazos para subirlo a la cama —¿Tienes hambre? —El pequeño asiente —Te prepararé el desayuno para que crezcas grande y fuerte como tus padres. Le da un cálido abrazo y pronto se levantan de la cama. Está más que dispuesto a seguir adelante por la felicidad de su hijo.  Por otro lado, en la casa de Lewis también habían madrugado. —Me duele la espalda —Se quejó Max cuando se levantaba de la cama. —¿Qué estuviste haciendo que te duele tanto la espalda? —La pregunta del Moreno era con trampa. Claro que lo vio regresar tan tarde en la madrugada. Estuve haciendo ejercicio mintió. —¿En la cama de Sergio? —Lewis respondió con cierta burla y puedo ver su cara de espanto —tranquilo no le diré nada a tu suegrito El rubio suspiro aliviado. —Gracias. —Porque no le gustaría saber que te escabulles por las noches para meterte entre las piernas de su hijo —Ahora fue Charles quién se burló, recibiendo una almohadazo como respuesta —Ouch. —Hasta que despertaron —Dijo Logan llegando —Bajen a ir a desayunar o se hará será tarde. El grupo de amigos se había quedado en la casa del moreno para acompañar a Max en su último día antes de estar casado. Claro que sabían que se había escapado en la noche y no iban a dejar de molestarlo por eso. Estaban desayunando cuándo Max preguntó discretamente a Charles. —¿Pudiste entregarle la carta a tiempo? El castaño asintió en respuesta. Max sonrío agradecido, sabía que Charles realmente se esforzó en hacerle llegar la carta de Sergio a Carlos. Además, reconocía lo complicado que había sido para el castaño poder relacionarse con su ex novio para hacer entrega de esta. —¿Y qué dices Max? ¿Estás nervioso? —Las preguntas se Logan lo sacan de sus pensamientos. —Bastante —Confesó —Se siente muy irreal. —Debe ser muy lindo saber que te vas a casar con el amor de tu vida —Dijo Charles mirando discretamente a su novio. Logan tomó esto como una señal, y se dio cuenta de que estaba caminando en hielo delgado. —Estás poniendo una presión sobre nosotros, eh —Se burla Lewis dándole unas palmadas en el hombro a Max —Siento que tendré que ir buscando un anillo antes de que George comience a ponerse celoso. Aunque el moreno no hablaba en serio, Charles sí que lo hacía y le dedicó otra mirada a su pareja. —Creo que hay que apurarnos antes de que se nos haga más tarde —Así que Logan cambió de tema. Tenían mucho por hacer antes de que iniciara la ceremonia. Por eso no debían perder más el tiempo, ya que prácticamente lo tenían encima. Y si bien Logan amaba mucho a Charles, no quería tomar una decisión apresurada solo porque sus amigos  se estaban casando. Deseaba poder disfrutar su noviazgo antes de dar un gran paso como lo era el matrimonio. Solo tenían 18 años y nadie es tan rápido como Verstappen, quién no perdió el tiempo en formalizar y hacer una familia con el amor de su vida.  De vuelta en casa de los Pérez, Sergio acababa de tomar un baño y estaba secando su cabello cuando Doriane llegó con el desayuno para él. Te lo dejaré en tu escritorio dijo la rubia pasando rápidamente, no buscaba invadir su privacidad. El pelinegro le agradeció y la joven se marchó. Y cuando él se acercó para tomar el jugo de naranja que le había dejado sobre la mesa, observó algo que llamó su atención. Era un sobre algo maltratado Casi se ahoga con el jugo al reconocer la letra. —La carta de Carlos —Susurró. Junto a él había una pequeña nota qué decía. "Lamento haber tardado mucho en encontrarla, pero por suerte mamá la había guardado. Estos días te había visto mejor y por esa razón no quise volver a tocar el tema. Pero sé que es importante para ti y por eso te la entrego. Con amor, Max" Se sintió muy conmovido al saber que es tu pareja se había empeñado mucho en sanar aquel dolor que tenía en su interior. No cabía duda que Max lo amaba demasiado, tanto como el pecoso a él. Abrió la carta con cuidado, muy nervioso por lo que estaba por leer. Entonces comenzó a revisarlo en silencio. "Querido Sergio No sé si algún día abrirás esta carta. Espero que, por favor, no la quemes o la tires a la basura. Entiendo que no quieras hablar conmigo, tienes toda la razón al estar molesto por lo que hice. Quiero que sepas lo mucho que lamento haberte tratado de la forma en que lo hice estos últimos meses. Me arrepiento profundamente por mi actuar tan mezquino. Nunca fue mi intención lastimarte, pero he de reconocer que mis acciones, me guste o no, tendrán sus consecuencias. Sé que lo arruine por mi actitud tan infantil e inmadura. No espero que me perdones, pero que al menos podamos romper ese círculo de dolor en el que estamos atrapados. Sí, lo admito, estaba muy celoso de ti. Acababas de llegar y decidí convertirme en tu enemigo. Fui un idiota. Estaba muy herido por lo que había sucedido en el pasado, todavía tenía sentimientos por Max cuando tú comenzaste a salir con él. Soy un estúpido. Debí ser feliz por ti. No tenías la culpa de nada. Pero estaba demasiado celoso. Eres guapo, amigable, carismático,  y muy talentoso. Me engañe a mi mismo pensando que, arrancando a Lando de los brazos de Max, ni él ni yo podríamos ser felices. No quería que fuera feliz después de haberme destrozado el corazón. Pero llegaste tú, y no podía competir con eso. Eras mi amigo. Soy tan imbécil. Debí ser honesto. Contarte la verdad habría evitado toda esta horrible situación. Ya es muy tarde y lo lamento. Entenderé si no quieres responder mi carta. No era capaz de llamarte o escribirte por mensaje. Sentía que debía ser más personal al momento de externar mis preocupaciones. Incluso si volteó a ver el pasado, soy capaz de desconocerme a mí mismo. Lo lamento tanto. Con cariño, Carlos" El pecoso no pudo evitar llorar al terminar de leer la carta. Era muy parecida en sentimientos a la suya. Había expresado lo mucho que quería reconciliarse con su amigo. Deseaba que este lo hubiera leído a tiempo y así pudiera estar presente en el día más especial de su vida. Pero eso ya no estaba en sus manos. Así que continúa alistándose, vistiendo un hermoso traje blanco con encaje y pedrería. Está nervioso y emocionado, jamás pensó que llegaría el día en que caminaría hacia el altar y se uniera en matrimonio con el amor de su vida. Y todo se puso más emocional cuando bajo las escaleras y su padre lo vio por primera vez vestido de blanco. Don Toño había dado vueltas de aquí para allá intentando calmar sus nervios. No quería arruinarle el día a su hijo. Pero no pudo evitar romper en llanto al ver lo hermoso que se miraba con su traje blanco. Tan bonito, perfecto. Ya no era más su niño, sino que se había convertido en un hombre de buenos sentimientos y valores. —Ay, papá... —Dice Sergio al borde de las lágrimas. Se acerca a su padre y lo abraza, no se sabe quién está intentando calmar a quien. Sin embargo, este momento tan conmovedor lo atesorarían en sus corazones. —Mami —Yuki jala del saco de Sergio, le pide atención y quiere que lo cargue. —Ven conmigo bebé, ya es hora de irnos —Dijo Sophie tomando de la mano al pequeño, sabiendo bien que el pecoso no podría cargarlo para evitar cualquier accidente. Es así como toda la familia se alista para irse a la iglesia donde se llevaría acabo la ceremonia. La emoción era palpable y se podía sentir en el aire. Todo era perfecto.  Por su parte, Max no dejaba de mover sus pies mientras estaba en el auto afuera de la iglesia. —Ya tienes que bajar —Le dijo Charles acercándose a la ventanilla —Los invitados están esperando y Lewis no puede darles la bienvenida solo. —Voy a vomitar —Susurra el rubio sumamente preocupado —¿Ya llegó él? —No, y no bajar hasta que saques tu trasero de este auto —Insiste el castaño—Ya debes entrar, lo sabes. Max asiente y baja del coche, sigue nervioso pero poco a poco se calma cuando sus amigos se acercan a felicitarlo. Y entre ellos ve una figura conocida pero al mismo tiempo lejano. —Felicidades —Dice Carlos visiblemente nervioso. El rubio extiende su mano para ofrecerle un saludo y el castaño al principio se queda estático, pero después completa la acción. —Gracias por venir —Responde Max con una sonrisa amable. Esto claramente hace reflexionar a Carlos sobre su propio actuar. Incluso después de haberlo perjudicado y lastimado tanto, aún así el rubio no solo se había mostrado amable sino también sin resentimientos. Los invitados poco a poco fueron entrando al lugar y Max se mostró nervioso cuando vio llegar la furgoneta de su suegro y atrás venía el auto del novio. Se  moría por verlo, deseaba estar cerca de él. Pero sabia que tenia que esperarlo en el altar. Entonces vio a su madre bajando del auto y caminando hacia él mientras tomaba a Yuki de la mano. —Mi niño, que guapo estas —Dijo Sophie apenas llego hasta donde él estaba. El rubio se sonrojo, nunca le habían gustado los halagos. Solo los aceptaba de su amado pecoso. —Estoy muy nervioso —Confesó —Siento que me temblara la voz. —Tranquilo —Respondió su madre para después darle un abrazo —Sé que lo harás bien, estoy muy orgullosa de ti. Max sonríe conmovido por lo que ha dicho, no tenía idea de cuánto deseaba escuchar eso. —Gracias —Comienza —Por todo, por escucharme, apoyarme y siempre estar para mí... Para nosotros. Sophie lo abraza de nuevo y le da unas palmaditas en la espalda, señal de que ya deben entrar. Sergio los ve desaparecer por aquella enorme puerta que adornaba la entrada de la iglesia. Siente que su corazón va a mil por hora, pero es valiente y abre la puerta del auto. —¿Listo? —Pregunta su padre llegando hasta él y el pelinegro asiente. —Toma —Dice Doriane mientras le pasa el ramo de flores amarillas y rosas blancas que sostenía en su mano —Es hora. Charles y Logan estarian a cargo de los mellizos, mientras que Lewis era el padrino de Max y Doriane la dama de honor de Sergio. La rubia entra primero y sabe que su entrada solo anuncia la llegada del pecoso. Don Toño comienza a caminar sosteniendo del brazo a su amado hijo, cada paso tiene un peso significativo y siente como si todo pasara en cámara lenta frente a sus ojos. Y desea capturar cada segundo, cada diminuto instante de ese paseo junto a su ya no tan pequeño hijo. El final del camino pero el inicio uno nuevo, el cual no podía ser más maravilloso. Puede ver la felicidad en el rostro del pelinegro, sabe bien cuánto ama al rubio y está muy orgulloso por la familia que ha formado. Cuando la puerta se abre siente que se le va la respiración. Pero son los nervios y continua caminando, le duele mucho dejar ir a su único hijo, pero sabe que estará en buenas manos. Sin embargo, no puede evitar comparar todo con aquel primer dia de clases que marcaba inicio de una nueva etapa en la vida de ambos. Cuando tomo su mano y lo llevó hasta la entrada del colegio, despidiéndose de él por unas cuantas horas. Pero esto no duraría horas, sino toda la vida. Porque él siempre miraría a Sergio como el niño de sus ojos, aquel pequeño que se asustaba con todo pero que siempre mostraba una actitud positiva. Siempre fue tan valiente, y se lo demostró toda su vida. Y ahora tenía que dejarlo ir, pero lo hacía con todo el amor en su corazón. Max estaba de espaldas parado frente al altar y se emociona mucho cuando escucha la puerta abrirse por última vez. Se gira y su mirada se encuentra con la de su amado pecoso, quien le sonríe con ternura y esto alborota su corazón. De pronto siente como si no hubiera nadie más ahí, solo ellos dos y el amor que se tienen. Cuando Sergio llega hasta él, solo la voz de Don Toño puede sacarlo de sus pensamientos. —Cuidalo bien, él es todo para mi —Dice el señor dándole la mano de su amado hijo. El rubio tomó la mano del pecoso con delicadeza, dándole un beso en el dorso de esta para después entrelazar sus dedos. Puede ver en su rostro lo nervioso que estaba y no era para menos. Sergio había pensado que en cualquier momento tropezaria, pero se tranquilizó apenas vio a su prometido. Aunque pudo divisar a Carlos entre sus invitados y su corazón también se sintió en paz. Todo era perfecto. Y no podía sentirse más seguro que cuando su mano tocó la suya. Sabía que lo estaban haciendo bien porque se tenían el uno al otro. Entonces la ceremonia da inicio y los dos prestan especial atención, pero el momento más complicado llega. Ambos habían decidido escribir sus votos, así que había mucha expectativa entre ellos. El primero en hablar fue Max, y se notaba su nerviosismo al momento de sacar la tarjeta de su saco. —Tranquilo, estoy aquí —Susurró el pelinegro y su pareja asintió agradecido. —Amor, si hace un año me hubieran dicho que hoy me estaría casando con el amor de mi vida, no creería la mitad de esas palabras —Comenzó Max mientras apretaba ligeramente la mano de su pareja, estaba muy nervioso —Nunca creí en el amor, o al menos en merecerlo. Y sé que me regañaras por esto, pero sigo sin creer que te merezco —Sergio hizo una mueca ante esto —Me has dado todo lo que siempre soñe, y te agradezco por darme la oportunidad de demostrar que seré un buen padre para nuestros hijos —En ese momento su voz comenzó a temblar —Pero lo que más agradezco fue haber caminado hacia ti ese dia en aquel parque porque, de lo contrario, quizá no estaría aquí parado el dia de hoy. Te amo, y te amare siempre. Sergio acortó la distancia para limpiar unas lágrimas que se deslizaban por las mejillas coloradas de su pareja. Pero recobró la compostura para comenzar a decir sus votos. —Maxie, mi león, siento que te he amado desde el primer momento en que te vi —Empezó con una voz firme, pero seguía conmovido por las palabras de su amado —Contigo aprendí muchas cosas, y creo que con el tiempo nos volvimos más valientes. Hemos creado una familia hermosa, y de la cual estoy muy orgulloso. Eres un gran padre, un hermoso ser humano y una persona tan bondadosa que logras sorprenderme todo el tiempo con el gran corazón que tienes. Nuestros caminos se cruzaron por accidente, pero he de admitir que no hay nadie en este mundo que se compare contigo y estoy muy feliz de compartir mi vida a tu lado. Te amo, y siempre seras mi primer y único amor. A este punto los dos estaban llorando, pero esas lágrimas de alegría solo mostraban cuánto amor y aprecio se tenían el uno con el otro. La ceremonia continuó, y aunque Charles y Lewis bromearon con interrumpir la boda, al final solo sacaron unas cuantas risas y las cosas marcharon a la perfección. Cuando finalmente los declararon esposos, Sergio y Max sellaron su unión con un beso que fue muy celebrado por todos los presentes. Y de esa manera el camino que compartieron juntos, el cual alguna vez fue complicado y lleno de intromisiones, se había convertido en uno lleno de flores donde ambos podrían continuar su amor sin interrupciones. Una vida donde ambos se llenarían de regocijo y felicidad tanto por ellos, como por sus hijos. Porque era el amor que ellos merecían. 
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