Hielo quebradizo
22 de diciembre de 2025, 18:52
Max quería autoconvencerse de que solo era su imaginación, pero incluso dudaba de su propio juicio al tener a Checo tan cerca. Había escogido una película de terror, así que lo sustos no se hicieron esperar.
Checo pego un brinco al ser sorprendido por una escena de la película, y sin darse cuenta poso su mano sobre la de Max. Este ultimo pudo sentir sus mejillas sonrojarse, y agradecía el estar en completa oscuridad.
No podía negar la emoción que sintió al tomar su mano. Entonces comprendió que no se trataba de un sentimiento de deuda ni nada parecido. Se sentía atraído por la magnética personalidad de Checo.
Pero tenia miedo, porque sabia que no era algo que se esperara de él. Y resulto peor cuando salieron del cine, pues se dio cuenta de que había disfrutado mucho pasar el tiempo con su compañero de habitación.
—Deberíamos repetirlo—La voz de Checo lo saco de sus pensamientos.
—¿Qué? —Preguntó y su compañero sonrió.
—Dije que deberíamos hacerlo de nuevo, podemos venir cada fin de semana y turnarnos las entradas—Explico—¿Te parece bien?
—Si, si, me parece bien—Respondió rápidamente.
Estaba entusiasmado ante la idea de pasar más tiempo con él.
El viento soplaba fríamente sobre sus rostros mientras el silencio se hacía presente. Parecía que ninguno de los dos sabia como iniciar una conversación. Así que caminaron lo suficiente como para que la noche cayera sobre ambos.
—¿En verdad te gusta mucho estudiar? —La repentina pregunta de Checo lo dejo sin palabras.En realidad, nunca se había hecho esa pregunta a sí mismo.
—Me gusta ser el mejor en todo lo que hago—Simplifico.
—¿Es por eso que no te juntas con nadie más?
—Me junto contigo.
—Es diferente—La respuesta de checo lo puso nervioso.
—¿Diferente en qué sentido?
En el fondo se moría por saber la respuesta, aunque en realidad nunca lo admitiría en voz alta.
—Dormimos en la misma habitación—Su respuesta lo decepciono—Seria preocupante si tampoco convivieras conmigo.
—¿Te preocupas por mí? —Ni siquiera sabía por qué había hecho esa pregunta.
—Claro, somos amigos ¿no? —Segunda decepción en una sola noche.
—No me gustan las distracciones, no si quiero ser el mejor estudiante del colegio—Explico intentando regresar al tópico anterior.
—Un amigo no es una distracción si verdaderamente le importas, pues ellos nunca buscaran hacerte daño—Checo intento animarlo—Y si eres mi amigo, entonces desayunaras conmigo y estudiaremos juntos.
De pronto parecía que le estaban imponiendo reglas.
—¿Y que gano yo con esto?
—Quiero hacer amigos para toda la vida, y creo que tú y yo podemos tener algo especial.
Max decidió tranquilizarse a sí mismo. Debía aterrizar bien en la tierra, sabia bien que el hecho de que él sintiera atracción hacia Checo, no aseguraba que este ultimo le fuera a corresponder y mucho menos tan rápidamente.
De pronto se dio cuenta de una cosa, la noche estaba demasiado oscura y llevaban mucho tiempo caminando. Rápidamente se acercó a la ventana de un restaurante que se encontraba cerca y vio la hora.
“9:16 pm”
Estaban más que muertos.
—No, no, no—Comenzó a repetir Max.
—¿Qué pasa?
—Nos hemos pasado de la hora límite, debemos tomar un taxi y volver al colegio.
—Tranquilo, llegaremos en media hora y lo más probable es que ni siquiera se hayan dado cuenta aún.
De pronto unas gotas de lluvia se hicieron presente.
—Quedaremos en evidencia con esta lluvia.
Checo se apresuro a buscar un taxi, pero para su mala suerte se vieron sin posibilidad alguna de llegar rápido al colegio Worsley. Puesto que la lluvia solo provoco que la mayoría de taxis fueran ocupados y, para no perder más tiempo, tuvieron que caminar para acercarse más a su objetivo.
Cuando finalmente encontraron uno, sabían bien que el castigo seria inevitable.
Llegaron algo mojados por la lluvia. Corrieron hacia las escaleras, sorprendidos porque no se hayan topado a nadie en su camino.
De pronto Checo tropezó al terminar de subir las escaleras y Max se apresuro a ofrecerle su mano.
—¿Estas bien? —Pregunto el joven rubio.
—Por un momento creí que caería hacia atrás, pero estoy bien.
Entonces Checo tomo la mano de Max, se levanto del suelo y continuaron corriendo por los pasillos sin deshacer el vínculo.
Finalmente llegaron a su habitación, aliviados de no haber sido atrapados por algún prefecto o alguien del consejo estudiantil.
Abrieron la puerta y sus sonrisas rápidamente desaparecieron de sus brillantes rostros.
—Gracias por hacer acto de presencia, aunque eso les haya tomado mucho tiempo—La voz dura del prefecto Horner los hizo estremecer.
Ambos sabían que estaban en problemas.
—Fue mi culpa…—Comenzó Checo, pero fue interrumpido.
—Ambos están castigados, tienen prohibido salir el próximo fin de semana y deberán ayudar en el huerto, quiero que todo este en perfecto estado y nada de errores como estos—Advirtió—Tienen suerte de que no los reporte con el director.
El prefecto los dejo solos, y ambos jóvenes se miraron el uno al otro.
—Pudo ser peor—Checo intento animarlo.
Max no respondió, pero de pronto se sobresalto cuando vio a Checo comenzando a quitarse la ropa. En todo ese tiempo jamás lo había visto sin ropa, pues Max siempre se iba al baño a cambiarse.
Podía quedarse callado y admirar la vista, pero sentía que estaba haciendo algo malo ahora que era completamente consciente de sus sentimientos y que Checo era ajeno a estos.
—Iré por algo de comer—Se excuso para salir de ahí.
—Cámbiate o te enfermaras—Fue lo ultimo que escucho antes de salir de la habitación y dirigirse al comedor.
Cuando Checo finalmente termino de cambiarse, se dio cuenta de que Max estaba tardando demasiado. Y esto era apropósito, Max quería darle todo el tiempo del mundo para no regresar y verlo con poca ropa.
Sabía que se pondría rojo como un tomate y eso lo delataría.
Max regreso a la habitación y Checo estaba recostado en su cama.
—Esta dura—Dijo Checo.
—¿Eh? —Pregunto desconcertado.
—Tu cama esta dura. O al menos el colchón es demasiado rígido—Max suspiro—¿Eso es para mí?
—¿Qué? —Seguía atontado.
—El panque que trajiste—Dijo mientras se sentaba en la cama.
—Si, toma—Max se lo dio e intento ponerse a su lado.
—Primero cámbiate, sigues mojado.
Max se puso nervioso, pues sabia que Checo no se iría de la habitación.
—¿Por qué te pones nervioso? —Checo lo seguía llevando a un estado de shock constante—No es como si tuvieras algo diferente a mí. Además, estaré ocupado comiendo mi panquecito, así que no te prestare atención.
El rubio intento poner la expresión más fría en su rostro mientras comenzaba a desvestirse. Pero esto solo provoco que Checo lo mirara como si estuviera a punto de explotar, puesto que su rostro se había vuelto rojo como un tomate.
Así que prefirió voltear hacia otro lado para no ponerlo más nervioso.
Max finalmente termino de vestirse y se sentó a su lado. Se toco el rostro y pudo sentir lo caliente que estaba. Por su parte, Checo no quiso hacer ningún comentario al respecto.
Esa noche Checo durmió tranquilamente en su propia cama. Por otro lado, Max era presa de sus propios pensamientos. Y se encontró a si mismo observando al moreno dormir.
Le gustaba ver la tranquilidad en su rostro, su cabello rizado algo alborotado y su respiración suave. Quería acercar su mano al rostro del pelinegro y acariciar su mejilla, pero se privaba de hacerlo por respeto a este.
Sin embargo, no pudo contenerse cuando vio como uno de sus rizos caía sobre su rostro, ocultando un poco la maravillosa vista que tenía. Ya sea por excusa o vanidad, Max se acerco y movió el cabello para poder verlo con mas admiración.
Pero cuando su piel hizo contacto con la de Checo, sintió algo que le preocupo: Estaba muy caliente. Así que toco su mejilla y comprobó que sus preocupaciones eran verdaderas. Corriendo hacia el pasillo en busca de ayuda.