La mentira
22 de diciembre de 2025, 18:52
De cierta forma Checo no era capaz de pasar página. Incluso si no hablaba de él, no había nadie más en quien pudiera pensar todo el día. Se lamentaba mucho cuando no podía controlar su lengua, pues sentía que fastidiaba a sus amigos con su corazón roto.
Además, ellos no podían entender cómo se sentía.
No, ellos no conocen a Max de la forma en que él lo hace.
Así que no podrían comprender su dolor o por que le afectaba tanto.
Entendían que podía ser difícil, eso era verdad. Pero no podían comprender que incluso con su traición, Checo simplemente no podía soltarlo.
—No puedes estar así para siempre, las personas comenzaran a hacerse preguntas—Le advirtió Lance, pues había pasado más de un mes de lo ocurrido—Pareces un fantasma, incluso tu rostro no tiene color.
Checo ni siquiera volteo a ver a su amigo.
—Él no vale la pena—Esta vez hablo Carlos—Sé lo que estás pensando.
—Basta, dejen de presionarlo—Intervino Lewis—Sé que todos queremos que supere esto, pero no es la forma de hablarle. Tiene sentimientos por Max, no va a superarlo tan fácil.
—No—Continuo Carlos—Lo conozco bien. Checo solo está esperando. Lo sé.
—¿De qué hablas? —Respondió Lewis visiblemente confundido.
—Ya basta, Carlos—Volvió a hablar Lance—Quizá Lewis tiene razón y debemos darle más tiempo.
—Tiempo es lo que quiere darle él—Comenzó Carlos—Esta sentado esperando a que Max venga a decirle que cambio de opinión.
—Carlos—Dijo Lance casi como un regaño.
—Lo sabes, Lance—Continuo Carlos—Ambos sabemos que es eso lo que tanto está esperando. Por eso se niega a superarlo.
—Creo que debemos dejarlo en paz—Insistió Lewis—Quizá sea cierto que Max cambie de opinión, quizá no. Pero no es nuestra decisión.
—¿Lo aceptarías de vuelta? —Pregunto Carlos mirando fijamente a su amigo—Porque de verdad espero que tu respuesta sea no.
—Carlos—Volvió a hablar Lance—Ya dejémoslo así.
—Checo, no puedes volver con alguien que te humillo de esa manera—Insistió Carlos—No diré lo que quieres escuchar, sino lo que necesitas oír. No te hagas eso.
Carlos se levantó de su asiento, tomo sus cosas y se fue visiblemente frustrado por toda esa situación.
Checo quería mucho a su amigo, sabia que lo heria verlo así. Pero ¿Cómo no podría esperar a Max? Se había percatado de como el rubio lo observaba cada vez que estaba cerca.
A veces sentía que solo lo buscaba para encontrarse con él.
¿Cómo podría dejarlo ir si él tampoco lo soltaba?
Se había unido al club de futbol para pasar más tiempo con su mejor amigo. Pero incluso Max asistía a los eventos de este club.
Esto llevo a que Checo se preguntara si Max lo extrañaba o si solo lo hacía porque sentía una especie de satisfacción haciéndolo sufrir.
Dejo de salir al pueblo porque recordaba todos los momentos que paso a su lado.
Así que se quedaba en su cuarto leyendo algún libro o escribiendo cartas que luego quemaba. Era la única forma que encontró para calmar su corazón.
Pues había muchas cosas que quería decirle, pero no podía hacerlo. Temía que su respuesta fuera tan cruel como la última vez.
Max se había quedado solo.
Por la escuela comenzó a circular el rumor de que había intentado aprovecharse económicamente del príncipe. No sabía quién lo había empezado, pero eso lo había alejado de todos.
Se consolaba con solo ver a Checo, aunque fue a lo lejos.
Quería abrazarlo. Quería besarlo.
Rogaría por su perdón de ser necesario.
Quería volver a abrazarlo al dormir.
Ya ni siquiera recordaba cómo se sentía besarlo.
No recordaba como era estar con él.
Y se quedaba encerrado en aquella habitación llena de recuerdos felices. Repleta de sus besos, de su aroma, de su recuerdo.
No tenia amigos, así que no podía salir al pueblo.
Cada sábado se quedaba entrenando hasta casi desfallecer, era la única manera con la que podía distraer su mente.
Y si bien ya no vivía con el constante chantaje de Lando, este último había encontrado otra forma de fastidiarlo.
“La princesa se quedó sin príncipe” “¿Te expulsaron del castillo?
Eran las cosas que le decía de vez en cuando.
Parecía que disfrutaba mucho cambiando su pronombre de “Él” a “Ella”.
Una mañana no aguanto más su acoso.
—Pobrecita—La voz de Lando lo alerto—La princesa creyó que alguien estaba enamorado de ella.
—Por tu bien, detente—Respondió Max como una clara amenaza.
—¿Te molesta? —Continuo Lando—Tienes suerte de que no hable más alto—Advirtió—¿O prefieres que moleste a tu ex novia? Ella es la verdadera princesa, ¿no?
El rubio no pudo soportarlo más y recurrió a sus instintos más bajos.
Max empujo a Lando y luego lo golpeo con su puño en el rostro. El más joven no pudo reaccionar a tiempo y cuando se dio cuenta, Max estaba encima de él tirándole todos los golpes que podía al rostro.
—¡Por favor, basta! —Rogo entre golpes.
Pero el rubio no sentía piedad por él. En cambio, Max solo sentía rabia al recordar como lo chantajeo por tanto tiempo y al final lo delato. Y no contento con eso, se había dedicado a burlarse de él cada vez que podía.
—Esto es solo el inicio—Susurro Max—Ahora tú me servirás a mí.
Rápidamente algunos integrantes del consejo estudiantil intervinieron, incluyendo Lance, quien había llamado al prefecto Horner para su ayuda.
Esa tarde los llevaron a la oficina de la máxima autoridad escolar, quien exigió saber lo que había pasado.
Lando, temeroso, afirmo que todo había sido un malentendido.
Ambos terminaron castigados, pero algo había quedado claro esa tarde: Max tenía el poder.
El tema de la pelea había llegado a todos los estudiantes de Worsley. Nadie sabía la razón por la cual habían peleado, ni siquiera Checo.
Pero no pudo evitar preocuparse cuando al día siguiente observo las marcas en las manos de Max. Evidentemente había golpeado con fuerza a Lando, pero las razones detrás de esto se mantendrían en una incógnita.
Para finales de curso Checo había tomado una decisión respecto a su situación. Si Max no iba a hacer algo, él si lo haría.
—Podemos reunirnos este verano, antes de que inicie el nuevo curso—Propuso Lance mientras se despedían.
—Me gustaría mucho—Afirmo Checo—Ojalá podamos crear más recuerdos fuera de Worsley, que dentro de esta.
El príncipe se despidió de sus amigos, sintiéndose un poco aliviado de poder dejar esa escuela, aunque fuera por un tiempo.
—Parece que mejorara—Dijo Carlos mientras observaba marchar el auto de su amigo.
—No sé que tan buena idea fue correr ese rumor—Confeso Lance—¿Y si lo golpeo por nuestra culpa?
—Tendría más sentido que culpara a George o Esteban—Afirmo Carlos—Así que no te preocupes, si lo golpeo fue por algo ajeno a nosotros.
Lance se relajó un poco.
Sabían que habían acordado no hacerle nada a Max, pero no podían evitarlo. Checo había cambiado por su culpa, se había vuelto alguien triste y desanimado. No podían dejarlo pasar.
Unos días después de que Checo estuviera en casa, comenzó a mentalizarse para lo que iba a suceder.
Practico frente al espejo. Escribió lo que quería decir. Cuido mucho cada detalle.
Finalmente, respiro hondo y toco la puerta.
—Adelante—Escucho a su padre decirle.
Checo entro a su oficina privada, un poco nervioso por la situación.
—Hola papá, ¿Tienes un momento? —Pregunto Checo con algo de timidez.
—Claro que sí, hijo, ¿está todo bien? —Checo asintió—¿Lo que quieres hablar conmigo tiene que ver con tu tiempo en Worsley?
El pelinegro asintió.
—Es muy difícil decirlo—Comenzó—Solo te pido que me escuches—Su padre asintió con aprobación—Durante este tiempo lejos de casa descubrí algo que yo no sabía que podía sentir—Estaba un poco nervioso ante la mirada expectante de su padre—Me enamore de otra persona, de un chico—Se fijo en la reacción de su padre, pero su rostro no cambio para nada—Él siente… sentía lo mismo que yo, pero no funciono.
—¿Te enamoraste por primera vez? —Checo asintió temeroso por su respuesta—¿Y te rompió el corazón? —Volvió a asentir, pero esta vez no pudo esconder su tristeza—Tu madre pensó que estabas enfermo y por eso no te levantabas de la cama. Pero todo siempre se trató de un corazón roto.
—Nunca quise preocuparlos—Respondió Checo y su padre negó con la cabeza.
—No tienes que preocuparte por nosotros—Afirmo—Eres nuestro hijo y te amamos. Al menos ahora sabemos lo que te pasa.
Checo sonrió al sentirse seguro.
—Gracias papá—Fue lo único que alcanzo a decir.
—No—Respondió su padre—Gracias por confiar en mí.
El príncipe se acerco a su padre y este lo envolvió en un tierno abrazo.
Se sentía aliviado al saber que su familia no respondió de la forma en que Max lo hizo en aquella ocasión. No se sentía invalidado, se sentía amado.
Pero cuando abrazo a su padre pudo ver que había una carta en su escritorio, una con un remitente conocido.
Así que con cuidado la tomo y la escondió en la manga de su camisa.
—¿Comemos un postre? —Propuso Checo y su padre asintió—Iré a cambiarme y ahora bajo.
Checo se soltó del abrazo de su padre y corrió hacia su habitación.
Asustado, abrió la carta para leer el contenido.
Sus ojos se inundaron de lágrimas con cada palabra que leía.
Ni siquiera pudo escuchar la voz de su padre llamándole, ni la puerta abriéndose o sentir su presencia en su habitación, mientras lo observaba destrozado por ver a su hijo así.