ID de la obra: 1516

Blue Velvet [Chestappen]

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
101 páginas, 30.894 palabras, 22 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
Compartir:
3 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar

El cielo y el infierno

Ajustes de texto
Enero, 1971. La nieve aun cubría el colegio Worsley, gélida y distante, manteniéndose inalcanzable para aquellos que no fueran importantes. Donde los jóvenes se apresuraban a entrar en busca de calor. Checo llego a su nueva habitación, sintiéndose extrañado de estar ahí. Conteniéndose a si mismo para intentar no salir corriendo a buscarlo. Por otro lado, Max se encontraba en su vieja habitación. La última y menos espaciosa de la escuela, pero llena de recuerdos. Cuando comenzó la asamblea por el inicio del curso, el pelinegro se encontraba con su grupo de amigos, pero su mirada solo se enfoco en la espalda de alguien. El rubio lo sabía, sentía que lo observaba, pero se limitó a ignorarlo. Así fue en todo el día, hasta que en la ultima clase Checo se animó a escribirle una nota. “No hare nada de lo que me pides hasta que me lo digas en la cara” Max no creía que Checo pudiera revelar su secreto. No lo haría porque lo conocía bien, pero entendía que no dejaría pasar el tema hasta darle lo que quiere. “Intente ser amable, pero si así lo quieres, ya sabes dónde encontrarme” respondió de vuelta. Max camino hacia su lugar secreto, ambos sabían que era el único sitio en donde podrían tener una conversación sincera. Además, el rubio sabía que Lando todavía lo observaba dentro de la escuela, así que seria la mejor forma de evitar problemas. Su padre le había dado un ultimátum: Debía alejarse de Checo o sufriría las consecuencias. Así que se quedo esperando a su ex pareja, intentando mentalizarse para lo que estaba a punto de suceder. Por su parte, Checo estaba muy nervioso por la respuesta de su ex novio. Pues no pensó que aceptaría verlo de inmediato. Y cuando lo vio en el lugar, su corazón comenzó a latir con fuerza. —Así que te atreviste a venir—El tono en la voz de Max no le gusto para nada—¿Qué quieres de mí? —La verdad—Respondió con firmeza—Esas no eran tus palabras, estoy seguro. Max intento contenerse. —Lo son—Insistió y respiro hondo antes de continuar—No siento nada por ti, desviado. El pelinegro sintió que finalmente su mundo se desmoronaba después de escucharlo decir eso con tanta frialdad. —¿C-Cómo me llamaste? —Tartamudeo al hablar. —Ya lo escuchaste—Max hablaba con una rabia que desconocía que tenía—Aléjate de mí, enfermo desviado. —¿Quién eres? —Respondió casi en un susurro—¿Qué paso con el Max que conocí? —¿Eres imbécil o algo por el estilo? —El rubio continúo atacándolo—¿Quieres que te deletreé el asco que me provocas? Eres un jodido desviado de mierda que cree que todos son como él. Checo no pudo aguantar más y rompió en llanto frente a él. —Lárgate de aquí—Continuo Max con los ojos algo rojos—Y no vuelvas a buscarme. El pelinegro no supo ni que lo golpeo, pero su cuerpo se sentía adolorido. Salió casi corriendo del lugar, yendo a refugiarse a su habitación. Max se quebró apenas se quedó solo. No supo como fue que pudo aguantarse el llanto frente a su amado. Le había dolido tanto decirle esas cosas horribles. Pero le había dolido más haberlas dicho imaginando que se lo estaba diciendo a él mismo. Y lo peor, lo había hecho en el lugar que era muy especial para ambos. Lo que alguna vez represento su paraíso personal, se había convertido en su mismo infierno. Quería creer que lo hacia por el bien de Checo. Que su ex novio estaría mejor lejos de él. Pero era demasiado difícil sobrellevar las cosas. Lo amaba, y mucho. Pero no había nada que pudiera hacer para estar a su lado. No solo tenia a su familia en contra, sino también la sociedad e incluso la ley. Era ilegal ser homosexual sino eras mayor de edad. Así que se quedo ahí hasta que anocheció, sintiendo el frio abrazando su cuerpo. Por su parte, Checo lloro hasta quedarse dormido. Solo los golpes en su puerta lo hicieron despertarse, pero no tenía ánimos para abrir o siquiera hablar con alguien. —Oye, vamos a cenar—Dijo Carlos entrando sin esperar una respuesta—¿Checo? Aunque sus ojos estaban cerrados, el mejor amigo del príncipe se dio cuenta de que había estado llorando. —¿Por qué tardan tanto? —Dijo Lance entrando—¿Qué pasa? —¿Esta todo bien? —Lewis pregunto mientras entraba a la habitación y cerraba la puerta tras de sí. —Checo, ¿Estas bien? —Insistió Carlos. Entonces el pelinegro se cómodo en su cama y volteo a ver a sus amigos. —No tengo hambre, ¿pueden dejarme solo? —Pidió visiblemente cansado. —¿Qué te paso? —Pregunto Lewis y los tres lo rodearon. —No tengo nada—Insistió. Carlos se sentó en la cama y puso su mano en su frente. —No parece que tengas fiebre—Respondió y Lance se acerco a comprobarlo—Es otra cosa, ¿verdad? Checo sabia que sus amigos no dejarían de insistir. —¿Tiene que ver con él? —Pregunto Lewis y Carlos volteo a verlo confundido. —¿Cómo sabes de él? —Reclamó. —Yo también se de él—Confeso Lance—Una vez los vi besándose. —¿Qué? —Pregunto Carlos aún más confundido. —¿Besándose? —Lewis le siguió. —Esperen, estamos hablando de lo mismo ¿Verdad? —Pregunto Lance algo extrañado por el asombro de sus amigos. —Checo—Hablo Carlos como pidiendo una explicación. —Fueron más que solo sentimientos por él, ¿verdad? —Pregunto Lewis un poco más calmado y Checo asintió. —Perdón por no decirles todo—Comenzó—Mantuve una relación con Max. —Pensé que tenía novia—Dijo Lewis. —No sabia sobre ella—Continuó Checo—Y ahora siento que no lo conozco. —¿Qué te hizo? —Pregunto Carlos ansioso por conocer la respuesta. —Escribió una carta afirmando que solo se confundió, que no sentía nada por mi—Explico—No creí en sus palabras y me reuní con él hace unas horas. Me insulto de muchas maneras, y no pude soportarlo. —Maldito—Soltó Carlos. —Calma—Le pidió Lance, —No voy a calmarme—Continuó Carlos—Alejo a mi mejor amigo, jugo con sus sentimientos y luego lo hizo llorar. No voy a calmarme. —No hagas nada, por favor—Interrumpió Checo—No quiero pelear más. Debido al estado emocional de Checo, los tres amigos acordaron no hacer nada a Max. Pero solo lo hacían por su amigo, no porque sintieran respeto hacia su persona. —Gracias por todo, señor. Max escucho la voz de Checo cerca de los vestidores, se asomo un poco y lo vio charlando con el maestro del club de natación. —No te preocupes, espero que puedes encontrar tu lugar a donde quiera que vayas—La respuesta del maestro lo preocupo. “¿A dónde vas?” pensó. Una vez que Checo se fue, Max se acerco a hablarle al maestro. —¿No va a practicar con nosotros? —Pregunto Max llegando. —¿Sergio? No, se cambiará de club—Afirmo para sorpresa del rubio—Ahora ve a cambiarte, ya vamos a empezar. Max se burlo de si mismo. ¿Cómo podría creer que Checo querría verlo después de todo lo que le dijo? Era lógica su salida del club de natación. Sin embargo, él no quería dejar de verlo. El rubio quería, anhelaba encontrarlo cada vez que pudiera. Necesitaba verlo, sin importar si solo era un segundo. Sabia que estaba mal, que solo complicaría las cosas. Pero no podía hacer nada contra sus propios deseos, contra su corazón. Amaba a Checo y quería estar a su lado, pero sabia que lo mejor era alejarse de él. Pero había algo que lo obligaba a buscarlo. Y sentía que la mínima interacción con él seria como una droga para su cuerpo.
3 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar
Comentarios (0)