Una vida para compartir contigo [Extra]
22 de diciembre de 2025, 18:52
La suave brisa movía las ramas de los árboles. El cielo azul era adornado con unas cuantas nubes, blancas y esponjosas.
La tranquilidad era palpable y solo podía escuchar las aves cantar en esa hermosa mañana.
En un movimiento rápido el viento echó a volar su sombrero, pero este fue atrapado por su amado.
—Cariño, es la tercera vez —Le recordó el rubio con una gran sonrisa, acercándose a él para colocar el objeto en su sitio y robarle un pequeño beso —No quiero que lo pierdas.
—Jamás lo perderia, pero sé que estarás ahí para atraparlo por mi —El pelinegro se abrazó a su cuerpo y hundió su rostro en su cuello, la diferencia de altura le facilitaba la tarea —Y que ya no te iras.
—Nunca —Aseguró dándole un beso su espesa cabellera oscura.
Caminaron hacia el restaurante al que habían decidido asistir por su primer aniversario.
Este estaba en una colina que daba una maravillosa vista a la naturaleza.
Eso era una de las cosas maravillosas en el condado de Berkshire, la conjunción de la ciudad con la naturaleza estaba bastante equilibrada y podían encontrar hermosos lugares como ese restaurante.
Cerca de la carretera, se suponía que era una parada de paso para los turistas. Pero ellos siempre disfrutaban llegar gracias a la vista que daba al colegio.
Al entrar al lugar fueron recibidos por una camarera que los guío a una mesa. Estaban junto a una ventana, asi que podían seguir disfrutando la vista.
Pero ahora sus ojos estaban puestos en el menú, seleccionando lo que iban a almorzar esa mañana.
Y aunque las cartas tapaban la vista del rostro del otro, sus manos se buscaban entre ellas y sus dedos se entrelazaban juguetonamente.
Estaban acostumbrados.
Pero por un momento se sueltan.
Checo está buscando sus lentes, los necesita para leer.
Su pareja lo observa con atención, no puede evitar sonreír cuando lo ve ponérselos con delicadeza. Le resulta simplemente adorable.
—¿Pasa algo? —El príncipe no puede evitar preguntar, lo ha atrapado viéndolo en más de una ocasión.
—No, todo está bien —Respondió el rubio regresando la vista a la carta y escondiendo su ruborizado rostro —¿Ya decidiste que ordenar?
El pelinegro hace una mueca extraña al regresar su vista al menu. Sus labios se juntan como si fuera dar un beso, frunce el ceño y sus ojos se pierden mientras piensa que responder.
Se relame los labios mientras sigue paseando su vista, es demasiado indeciso.
Sin embargo, esto es un deleite para su pareja.
Sabe lo que va a escoger, siempre pide lo mismo.
—Panqueques con mantequilla y jarabe —Respondió Checo mientras bajaba la carta y lo observaba con aquellos ojos marrones con un poco de verde, tan profundos como expresivos.
Tan solo verlo le arranca un suspiro al rubio.
Intenta concentrarse para no parecer un obsesionado, pero ¿Quién puede culparlo?
Habían pasado 24 largos años lejos del otro, un verdadero infierno.
Ahora estaban juntos, un año como pareja libre y feliz.
Sin importar cuánto tiempo había pasado, Max todavia se sentia un joven enamorado y se podía notar con solo mirarlo un poco.
—Creo que pedire lo mismo —Afirma el rubio bajando la carta para mirarlo a los ojos —¿Con un jugo de naranja?
Checo asintió con una sonrisa, lo conocía tan bien.
Ordenaron el almuerzo y comenzaron a conversar mientras esperaban.
El pelinegro se mostró contento al percatarse de que las ojeras de Max habían disminuido y esas pesadas bolsas casi no se miraban.
El rubio había desarrollado un fuerte insomnio durante su juventud, sus pensamientos se agolpaban en su mente apenas cerraba los ojos y los terribles recuerdos lo invadían.
No podía evitarlo, se sentía culpable por todo lo ocurrido entre ambos.
Al principio era molesto, pero con el tiempo lo fue usando como una forma de auto castigo.
Pero esos días quedaron atrás, y poco a poco fue recuperándose a si mismo.
Reconstruyéndose.
Floreciendo otra vez.
—¿Recuerdas nuestras noches en el tejado? —Checo se sentía invadido por los recuerdos, eso siempre pasaba cada vez que estaban cerca de Worsley.
Estático, lejano.
El lujoso internado se iba convirtiendo en un recuerdo lejano.
—Que lindo estabas esa noche —Respondió el rubio con una sonrisa —Lo recuerdo perfectamente bien. Te resfriaste por dos días gracias al frío.
Pero sus recuerdos de juventud eran lo más apreciado que conservarían de ese lugar.

Esa noche Sergio había tenido una idea algo peligrosa. Pero ansiaba demasiado tener un momento romántico con su novio.
—Ven, es por aquí —El pelinegro sostenía su mano con delicadeza —Ten cuidado.
Había subido unas escaleras que apenas tenían luz. Iban prácticamente a ciegas, no se suponía que estuvieran ahí.
—¿Estás seguro de esto? —Pregunto el rubio casi en un susurro —Si nos descubren nos pueden expulsar.
—Por eso no nos verán —Checo se detuvo ante una puerta y se giró a verlo para posar sus manos en sus mejillas y juntar sus labios en un corto beso —Vamos.
Max vio como abría la puerta al mover de manera extraña el pomo. Nunca lo había visto hacer algo así, pero está se abrió.
Apenas dieron dos pasos y el frío viento los golpeó en el rostro.
Las luces del internado seguían encendidas, así que podían ver bien su camino.
Sin embargo, el verdadero espectáculo estaba en el cielo.
Hermosas estrellas adornaban la noche, dándoles una sensación de emoción y nostalgia.
El rubio se apresuró en abrazar por la espalda a su pareja y darle un beso en la mejilla.
—¿Cómo supiste de este lugar? —Preguntó sin deshacer el abrazo.
—Escuché a unos chicos conversar sobre una fiesta que querían hacer aquí arriba —Comenzó el pelinegro inclinándose un poco hacia atrás para pegarse más a él —Es una zona poco vigilada, así que me pareció perfecto estar aquí esta noche. Solo tú y yo.
El rubio sonrió embelesado.
Su novio pronto se giró y busco sus labios, abrazándose a su cuerpo con firmeza y sintiendo cómo la fría brisa removía sus cabellos.
Max rompió el beso e intentó envolverlo en sus brazos, temía que el clima terminará enfermando a su pareja.
—No creo que debamos quedarnos más tiempo —Señaló —No quiero que vuelvas a enfermarte.
Se separaron un poco y el rubio tomó sus manos para envolverlas con las suyas
—Están frías.
Sergio, quien no había dicho nada en todo este tiempo, se aventuró en su respuesta.
—Entonces ayudame a entrar en calor.
El pelinegro no tardó en volver a buscar sus labios, haciéndole saber lo mucho que deseaba estar en sus brazos.
Max entendió bien su juego, y comenzaron una serie de besos en donde terminó arrinconado al príncipe contra una claraboya del techo.
Pronto dejo sus labios y fue descendiendo hasta llegar al cuello de la pijama de su novio, removiendola con su mano y así continuar marcando su piel.
Sus respiraciones agitadas eran lo único que escuchaban del otro.
Al rubio le gustaba mucho tocar, así que sus manos se posaron en la cintura del príncipe para pegarlo más a él.
Fue entonces que escucharon el ruido de una puerta abrirse de golpe.
Ambos se separaron al instante y se agacharon para intentar esconderse.
Se asomaron un poco y vieron cómo a unos metros se encontraba uno de los vigilantes del internado.
Con lámpara en mano, se aseguraba de que todo estuviera en su sitio.
Por suerte no los había visto, así que entendieron que era el momento de regresar a su habitación.
Manteniendo la cabeza gacha, los dos jóvenes caminaron casi a gatas hasta la puerta donde habían entrado.
Cerraron sin hacer ruido y comenzaron su recorrido de vuelta al dormitorio.
Esta vez había un poco más movimiento en los pasillos, así que tuvieron cuidado de no ser vistos.
En más de una ocasión tuvieron que esconderse atrás unas cortinas, y entre risas finalmente llegaron a su habitación.
Si bien la excursión no había sido del todo exitosa, eso no les impedía continuar con su juego.
Aunque luego esto les costó un pequeño resfriado al joven príncipe.

Checo sonrió al recordar eso.
Era uno de los momentos más preciados que conservaba en su memoria.
—Pero me cuidaste esos dos días —Le recordó —Recuerdo que me obligabas a tomar la medicina.
—Nunca me gustó cuando te enfermabas —El rubio acercó su mano a la barbilla de su amado y lo acarició con delicadeza —Pero me gustaba cuidarte.
—Y luego te enfermaste por mi culpa.
Ambos rieron ante esto.
Max los sabía bien, en ese entonces y ahora, que besar a una persona en medio de un resfriado no era una buena idea.
Pero no le importaba porque era él.
La camarera pronto regresó con sus pedidos y ambos comenzaron a comer.
Sin embargo, no pudieron evitar seguir hablando de sus hermosos recuerdos juntos.
—La tienda de cómics —Dijo Checo algo confuso —¿O era una librería?
El rubio lo miró con una sonrisa. Le gustaba su expresión confundida.
—No lo recuerdo —Confesó —¿Qué pasó ahí?
El pelinegro lo miró como si estuviera loco.
¿Cómo no podía recordarlo?
—¿Ahora no te acuerdas? —Preguntó con cierta burla —Era una tienda, no recuerdo si eran de cómics o libros, a dónde íbamos cada fin de semana.
Max intentaba hacer memoria pero no podía precisar el lugar que le señalaba.
—Perdón, amor, no me acuerdo —Insistió, ahora él tenía una expresión graciosa en el rostro.
El príncipe se relamió los labios y miró de un lado al otro para asegurarse de que nadie los estuviera escuchando.
Se inclinó un poco hacia adelante y el rubio hizo lo mismo, entonces susurró a su oído.
—Me llevabas hacia el fondo del local y me besabas con locura —Afirmó.
Max sentía sus mejillas arder.
Entonces finalmente recordó lo que su pareja le estaba diciendo.
—Ahora sí te acuerdas, pilluelo —el príncipe logró sacarle una sonrisa ante su comentario.
El rubio se tapó el rostro con las manos.
La vergüenza se había apoderado de su cuerpo.
Pues los únicos recuerdos que le llegaron a la mente fueron aquellos donde estaba en una situación por demás candente con su entonces novio.
—En mi defensa, era muy joven —Señaló haciendo reír al pelinegro —Y tú no te quejabas, al menos no en el sentido tradicional.
Checo lo miró asombrado por haberle dicho esas cosas.
Y es que era cierto, él se quejaba de otra manera.
—¡Hey! —El príncipe tomó su servilleta y pegó en el hombro —Alguien podría escucharte.
—Tú empezaste —Max no se iba a dejar.
Pero continuaron comiendo entre risas.
Todo el ambiente era tan familiar entre ambos.
Hace un año se habían reencontrado y les costó un poco volver a conocerse el uno al otro.
Pero el amor siempre estuvo ahí.
Y eso hizo todo más fácil.

Cuando terminaron de comer, Max pagó la cuenta y juntos salieron del restaurante.
Checo cerró los ojos hasta el tiro el sol pegando en su cara y el rubio lo abrazó intentando cubrirlo.
—Demos un paseo —Propuso y el pelinegro asintió.
Habían dado unos cuantos pasos hasta que se detuvieron en un prado.
El príncipe sonrió cuando miró al suelo, no se había percatado que estaban rodeados de cientos de flores amarillas.
—No lo recordaba así —Susurró el pelinegro.
Ciertamente no era la primera vez que caminaban ese sendero. Así que hubiera recordado si las flores eran de ese color, y no del rojo que vivía en su memoria.
—Lo sé —Comenzó su pareja —Llevo tiempo, pero es el camino de flores que quiero caminar contigo.
Max sacó algo de su abrigo y lo tomó con firmeza.
—¿Qué es eso? —El príncipe observó el sobre que tenía en la mano.
—Hace muchos años envié una carta que solo decía mentiras —Entonces extendió el sobre hacia su amado —No soy muy bueno con las palabras, pero es lo que siento por ti.
Checo lo tomó consumo cuidado y abrió el contenido, leyendo lo que está decía.
Era un poema corto, pero preciso.
“Eres el sol que despierta mi díaYo te venero en cada pensamientoQue ante mi fe y gloria eres mi guíaTanto así que te brindaría mi último aliento.
La luz que ilumina mi senderoSolía buscarte entre mis sueñosPues tu ausencia dolía como un frío inviernoSiempre deseando un 'Te quiero'”
—Me gustaría que ese te quiero fuera eterno —Continuó el rubio y el pelinegro despejó su vista de la carta, observando a su pareja arrodillado en el suelo —¿Me darías el honor de pasar la vida contigo? Lo mucho o poco que me quede de ella.
—Mi amor... —Susurró Sergio al ver el hermoso anillo que tenía para ofrecerle —Claro que sí, siempre te he esperado a ti.
En ese momento Max se levantó del suelo y arrancó una de las flores amarillas.
Colocó el anillo en el dedo de su amado, sellando simbológicamente su amor, y puso la pequeña flor sobre su oreja.
—Mi único y verdadero amor —Dijo el rubio antes de juntar sus labios.
Los dos sabían que después de tanto tiempo lejos del otro, de girar alrededor de dudas y temores, ambos estarían a salvo juntos.
Cuidarían su amor hasta su último aliento.
Porque era una vida que querían compartir juntos... Hasta la eternidad.

Nota: Feliz cumpleaños verstappevn (Wattpad) te quiero mucho amix ❤️ Espero que este día sea uno muy feliz para ti💕