Un llamado inesperado
22 de diciembre de 2025, 18:51
Era una mañana tranquila cuando Max decidió dar un paseo por el parque.
Quería disfrutar sus últimos días de vacaciones antes de regresar al colegio.
La mayor parte del tiempo siempre estaba entrenando, practicaba una y otra vez hasta dar el tiro perfecto.
Todo aquel que lo conocía sabía cuál es su mayor sueño: Convertirse en el mejor arquero de su categoría y llegar a ser parte del equipo olímpico de tiro con arco.
Ese era su mayor propósito en la vida. O más bien el único.
Y si bien era muy dedicado a su pasión, también solía tomarse ratos libres para disfrutar la vida.
Amaba ir al parque ya que siempre estaba lleno de muchas personas que se divertían.
Y si bien no era fan de los perros, no le disgustaba verlos correr de aquí para allá.
—¡Hey, Max!—Escuchó que alguien gritaba su nombre, así que el rubio volteo.
Cuando lo vio, se sintió muy confundido pero también cautivado por la belleza del joven que decía su nombre.
Sergio llamada una y otra vez el nombre. Sintiéndose frustrado porque no le hacía caso.
Esa mañana decidió dar un paseo como todos los días. Le gustaba salir a caminar para no perder la energía gracias a las vacaciones.
Era nuevo en el vecindario, recién mudado a su nueva casa y pronto entraría en una nueva escuela.
Para su suerte, ya tenía un par de amigos y conocidos en esta, así que no sería un problema adaptarse.
Y mejor aún, había sido invitado a formar parte del club de tiro con arco. Pues es un deporte que practica desde hace años.
Su vida apenas se estaba acomodando cuando un joven rubio comenzó a acercarse lentamente hacia él.
Max había decidido hacer caso, aunque no debería acercarse a ningún extraño por más que dijera su nombre.
Pronto entendió que no se trataba de él.
Un golden retriever llegó hasta el joven, justo cuando al rubio apenas le quedaban dos pasos para quedarse parado frente al pelinegro.
—Aquí estás Max—Dijo Sergio mientras acariciaba la cabeza de su amado amigo
Max, el humano, se quedó petrificado al sentir la vergüenza apoderándose de su cuerpo.
—Oh...—Fue lo único que salió de la boca del rubio.
Sergio se percató de su presencia desde el momento en que lo vio llegar, pero se puso nervioso al verlo parado y sin moverse.
—Disculpa—Comenzó el pelinegro—¿Te pasa algo?
El rubio paso una mano por su cabellera, sintiéndose nervioso al no encontrar una respuesta creíble.
—Me confundí—Soltó su confesión.
—¿Cómo?—Sergio todavía no lo entendía, entonces el rubio bajo la mirada hacia su mascota—No me digas que te llamas Max.
El rubio suspiro pesadamente y desvio la mirada.
—Si...—Susurró.
Sergio no pudo evitar echarse a reír, pero rápidamente recupero la compostura.
—Perdón, no fue mi intención —Dijo el pelinegro mientras ponía la correa a su mascota.
—No te preocupes, creo que es la primera vez que escucho que llaman así a un perro—Respondió Max con cierto nerviosismo.
No pudo evitar tensarse la ver la sonrisa del pelinegro.
Le había gustado su risa.
—¿En serio? Siempre he creído que es nombre de perro—Soltó Sergio sin pensarlo, pero rápidamente se dio cuenta de sus palabras—No, no, lo siento. Creo que lo estoy arruinando más.
Max comenzó a buscar una excusa para irse o cambiar de tema.
Miraba al Golden con cierto recelo por robarle su nombre.
"¿Nombre de perro?” repitió en su mente.
Comenzó a preguntarse si habrían más personas que pensaran lo mismo de su nombre.
—Ya debería...—Comenzó a hablar, pero fue interrumpido por el pelinegro.
—Déjame invitarte un helado—Ofreció.
Sergio tenía un encanto sin igual.
Eso fue algo de lo que Max se percató con facilidad.
Había pensado en irse, pero la sonrisa del chico nuevo lo hizo quedarse.
—Bien, solo porque robaste mi nombre—Bromeo el rubio, algo que hizo reír al pelinegro.
Sergio mentiría si dijera que Max no le parecía atractivo. Solo que se le hacía demasiado cohibido.
Sin embargo, era divertido a su manera.
—Prometo que será lo último que robe de ti—Dijo el pelinegro mientras sonreía—Vivo a dos calles de aquí, dejaré a mi... Mascota y vuelvo.
Sergio evitó decir el nombre de su perro para no incomodar más al rubio.
—Esta bien, te espero en esta banca—Respondió Max sentándose cerca de donde estaban parados.
—No tardo.
El pelinegro comenzó a alejarse a paso normal, hasta que estuvo algo lejos y comenzó a correr
Llegó rápido a casa y dejo a su perro en el patio, le dio un premio y se fue casi volando de nuevo al parque.
Max había aceptado una cita con un desconocido.
“¿Es una cita?” se pregunto a si mismo mientras jugaba con sus pies, meciendolos de aquí para allá
Sergio regreso, su corazón latía al mil por hora debido al esfuerzo que hizo por llegar ahí.
Se alivio un poco cuando lo vio todavía sentado esperándolo.
Intento arreglarse un poco el cabello, se detuvo para recuperar el aliento y comenzó a caminar con toda naturalidad hasta donde se encontraba el rubio.
—¿Vamos? —Dijo el pelinegro apenas llegó.
Ambos jóvenes caminaron hasta una heladería que se encontraba cerca.
Max pidió un helado de chocolate, mientras que Sergio pidió uno de limón.
Se concentraron en sus postres, sin saber cómo iniciar una conversación.
—Eres nuevo por aquí, ¿Verdad?—Max decidió romper el hielo.
—Si, nos acabamos de mudar—Explicó Sergio—¿Vives en esta zona?
—Si, a unas calles.
De pronto el silencio comenzó a apoderarse de la situación.
—Si vives por aquí, ¿También vas a Maplewood?—La pregunta de Sergio incómodo al rubio, pues esa escuela era la rival a la suya.
—No, Evergreen—Respondió el rubio—¿Paseas muy seguido en el parque?—Cambio la conversación—Debe ser difícil hacer amigos cuando eres nuevo, así que podríamos serlo.
Sergio pensó si decirle o no que él ya tenía amigos en su nueva escuela. Pero lo cierto era que le interesaba mucho para rechazarlo.
No era mentir, sino omitir la verdad.
—Entonces, ¿Podemos vernos mañana en la tarde? —Propuso el pelinegro y Max asintió.
—Si quieres puedes traer a Max—Comenzó el rubio intentando ocultar una sonrisa—Para poder conocer bien a quien robo mi nombre.
Sergio asintió para después continuar comiendo su helado. Desconociendo que las verdaderas intenciones del rubio, eran conocer profundamente al dueño del perro.