Anteros observador
22 de diciembre de 2025, 18:51
Max comenzó a impacientarse ante la falta de respuesta de su novio.
Intento forzar la puerta pero era inútil, así que tomo una decisión tan estúpida como desesperada.
Arrojó el ramo hacia el otro lado de la barda que separa el patio de la casa de su novio a la calle.
Tonto, pero cuidadoso, Max comenzó a escalar para entrar a la propiedad de Don Toño.
Tenía suerte de que Max, el perro, estuviera ocupado intentando calmar a su dueño.
El rubio subió hasta arriba de la barda y logro descender hasta el patio, cuidando de no lastimarse en el proceso.
Recogió el ramo del suelo y comenzó a buscar una manera de entrar a la casa.
Para su buena suerte, la puerta del patio estaba abierta y pudo entrar por la cocina.
Camino por la silenciosa casa intentando no alertar a Sergio o al perro.
El pelinegro no se percató que alguien estaba subiendo las escaleras. Estaba muy abrazado a su amigo canino, intentando entender porque su novio había sido tan cruel.
Max, el humano, se detuvo en el marco de la puerta de la habitación de su novio.
Se sintió sumamente devastado al ver a su pareja en esa posición. Verlo llorar era algo que nunca había presenciado y se arrepentía de ser la causa de su dolor.
De pronto la valentía lo abandonó y la culpa se hizo presente.
Pero sabía que tenían que hablar sí o sí.
—H-hola— Balbuceó un poco al hablar.
Sergio levantó la cabeza sumamente asustado.
—¿Qué haces aquí?—Pregunto el pelinegro levantándose del suelo y limpiando sus lágrimas con sus manos temblorosas.
—Necesitamos hablar— Dijo el rubio acercándose a él, pero Sergio retrocedió para evitar el contacto —Prometimos siempre ser honestos y hablar para evitar cualquier malentendido.
—No puedes entrar a mi casa así como si nada —Reclamó Sergio ignorando sus palabras —¿Cómo lo hiciste? Vete, no quiero verte.
—Por favor, hablemos —Insistió Max, no estaba dispuesto a dejar las cosas así —Yo las compré para ti.
El rubio mostró el maltratado ramo de flores que momentos antes habían estado en manos ajenas.
—Dáselas a tu novia — Respondió Sergio sin siquiera tocarlas— Son de ella, no mías.
—Ella no es mi novia —Dijo el rubio mientras se acercaba, una vez más, al pelinegro que no permitía que lo tocara — Por favor, escúchame. Es urgente que hablemos esto.
— te había dicho Lo que opinaba sobre tu estúpida idea de hacer pasar a esa chica como tu novia — comenzó Sergio sumamente molesto— te dije lo mal que me hacía sentir y aún así continuaste con tu mentira.
— Estaba desesperado, no sabía qué hacer— Se excuso el rubio — Vamos a mi casa, le diré todo a mi mamá. Confesaré mi mentira y la verdad.
— Eso mismo escuché esta mañana — El pelinegro sonrío con molestia— ¿Cuántas mentiras puedes decir en un día?
El rubio trago en seco antes de hablar.
—Sergi, por favor, escúchame— Rogó —Sé que estás molesto y lo entiendo, pero para mí no es tan fácil.
—No quiero hablar de esto ahora. No es el momento adecuado, estoy triste y enojado— Explicó el pelinegro —Si sigues molestándome, voy a terminar detestándote.
—¿Y cuándo podremos hablarlo? No respondes mis mensajes ni mis llamadas, y te encierras en tu habitación para no verme— Max intentaba mantener la calma— Tenemos que hablar sobre esta situación. Nunca ha sido mi intención perjudicar nuestra relación.
—¿Cuál relación? —Soltó Sergio con cierta burla.
Max se quedó sin palabras.
¿Qué significaba eso? ¿A qué se refería con esa pregunta?
—Nuestra relación —Respondió el rubio algo temeroso por el rumbo que tomo su conversación.
Sergio suspiro pesadamente y decidió que no podía aguantar más.
—Nuestra relación termino en el momento en que te fuiste con ella de la cafetería —Afirmó el pelinegro, entonces Max comenzó a negar con la cabeza — Tomaste esa decisión por ambos, ahora yo hago lo mismo.
Los ojos alegres de Sergio se miraban muy apagados y reflejaban una tristeza sin igual.
No había sido fácil tomar esa decisión, pero tampoco lo era el aguantar ese trato.
Por su parte, los ojos azules de Max se llenaron de lágrimas. Lo había arruinado todo, lo sabía.
—No, Sergio, por favor —Rogó el rubio mientras lo tomaba de los brazos, buscando desesperadamente tocarlo —Soy un estúpido, imbécil, lo arruiné todo. Pero, por favor, no me dejes.
Al pelinegro también le dolía verlo así.
Las lágrimas caían libremente sobre las mejillas coloradas del rubio. Sus ojos se habían enrojecido y un dolor de cabeza se hizo presente.
—Es mejor que cada uno esté por su lado —Sergio continuó firme en su decisión —No estás listo para esto, y yo tampoco— El joven hizo el esfuerzo por deshacerse de su agarre que comenzaba a lastimarlo —Mejor dejémoslo aquí, antes de que todo sea peor.
Max no pudo evitar soltarse en un completo llanto atroz. Sollozando ante la idea de perder a su pareja.
Se abrazo al cuerpo de Sergio, estando este último inmóvil ante el contacto.
Quería abrazarlo y decirle que todo estaría bien. Pero ni siquiera él sabía si eso era verdad.
Su romance había sido tan corto como intenso. Aunque eso no significaba un final.
—Debes irte a casa —Susurro Sergio cuando sentía que los segundos se hacían eternos —No lo hagas más difícil.
Max se separó de su ahora ex novio, sintiéndose sumamente mal por lo ocurrido.
Sin decir más, el rubio tomo el ramo de flores y salió de la habitación de su ex pareja.
Bajo las escaleras ante la atenta mirada de su enemigo canino, y salió de la casa del pelinegro.
Llegó a su hogar, tan devastado como desarreglado. Se miraba muy mal.
—¿Maxie? —Dijo su madre cuando lo vio llegar —¿Qué pasó? ¿Por qué esa cara?
—Ella no es mi novia —Respondió Max mientras subía las escaleras —Nunca lo fue.
El rubio se encerró en su habitación por el resto de la tarde. Su corazón se sentía solo, abandonado y arrepentido.
Desearía volver el tiempo atrás y evitar todo ese desastre. Pero ya era tarde.
Sergio tampoco la estaba pasando bien, pero sabía que era lo mejor para ambos.
Aunque seguía muy molesto y frustrado, sintiéndose invadido por las acciones de su ex novio.
Cerró la puerta de un golpe, haciendo que los pequeños muñecos de cerámica temblaran sobre aquella repisa donde estaban colocados.
El lindo gatito negro termino cayendo, pero los reflejos de Sergio eran rápidos y pudo evitar que se destrozara.
En su lugar, solo obtuvo un pequeño rasguño.
El pelinegro suspiro aliviado y coloco al mínimo en su lugar, prometiendose tener más cuidado con sus cosas.
Regreso a su cama y se puso a reflexionar sobre si había sido la mejor decisión.
Una relación secreta era algo difícil de mantener, principalmente cuando una de las dos partes parece demasiado indecisa.
Por otro lado, en la casa de Charles las cosas tampoco iban bien.
Su conversación con Sergio lo dejo más lleno de preguntas que respuestas.
—¿Qué pasa? —Pregunto Carlos cuando lo notó distraído —Has estado extraño todo el día.
Charles sonrió para tranquilizarlo.
—Nada, estaba pensando en el entrenamiento de mañana —Respondió Charles levantando sus libretas para ponerlas en su escritorio.
Habían terminado de hacer sus deberes escolares y buscaba el momento indicado para tener una conversación con su novio.
—Finalmente podremos regresar a nuestro espacio —Dijo Carlos acomodándose en la cama de su pareja —Aunque este viernes tendremos una competencia con los Lions.
La sonrisa amena de su novio desapareció en un instante.
—¿Otra vez?—La pregunta de Charles sonaba como un reclamo.
—Solo quiero dejar en claro que somos superiores, Lando siempre está molestando con...—Respondió Carlos mientras veía algo en su teléfono.
—Ire por un vaso con agua —Charles lo interrumpió para después salir de su habitación.
Camino hasta la cocina y se sirvió un poco de agua, mientras la bebía intento tranquilizarse.
Había estado pensando demasiado en esa idea que Sergio le comento.
¿Cómo estar con alguien que no te respeta como pareja?
Quizá estaba exagerando, pero sentía que su novio no había superado del todo su relación con Lando y que la rivalidad de los dos equipos era más una excusa para seguir en la vida del otro.
Decidió que debía seguir su propio consejo y hablar con su pareja al respecto.
Así que regreso a su habitación y se percató de algo peculiar.
Carlos estaba recostado en la cama de Charles, le estaba dando la espalda a la puerta y su teléfono daba la vista suficiente para ver lo que estaba observando.
Era una fotografía grupal de los Lions, una que había publicado Lewis.
Pero lo curioso fue cuando el castaño hizo zoom en la imagen y se enfocó en ver a su ex novio.
Eso fue suficiente para Charles.
—Si quieres puedes llamarlo, yo espero afuera —Dijo Charles entrando a la habitación.
Carlos se sentó de golpe, bloqueando su teléfono en ese instante.
—¿De qué estás hablando?—Dicidió fingir que no sabía que lo habían atrapado.
—¿Todavía te gusta?— Reclamó Charles acercándose a él, su voz era temblorosa —¿Lo quieres? ¿Lo amas?
Carlos sonrió con incomodidad.
—Mi amor, no sé de qué estás hablando —Comenzó Carlos mientras bajaba de la cama y se acercaba a él — Dime lo que pasa y lo resolveremos.
Charles suspiro pesadamente.
—¿Todavía amas a Lando?—A Charles le costó mucho soltar esa pregunta —¿Me amas a mí?—Continuó y sintió como las lágrimas se asomaban antes de seguir hablando —¿O solo estás conmigo porque no puedes estar con él?
Carlos se quedó sin palabras.
Las preguntas de Charles eran como balas que se asomaron sin previo aviso.
Pero si algo era cierto, es que quizá todavía sentía algo por su ex pareja.
—Charles...—Susurró Carlos sin responder a ninguna pregunta.
A veces el silencio dice más que las palabras, y eso se dejó en claro esa tarde.
—Vete—Dijo Charles sumamente molesto y dolido —Sal de mi casa, ahora.
Carlos notó que nada bueno saldría de llevarle la contraria. Así que tomo su mochila y salió rápidamente del lugar.
Charles se acostó en su cama y comenzó a sollozar.
Esa no era la conversación que quería tener, pero no pudo evitar explotar ante ti situación.
Él era una bomba de tiempo, Carlos lo había provocado con sus acciones.
A la mañana siguiente, Max se levantó sintiéndose más cansado y desanimado que el día anterior.
Sus gatos se habían dormido junto a él, como si supieran que necesitaba compañía.
Se dio una ducha rápida intentando olvidar todo el dolor en su corazón y despejar su mente de sus tortuosos recuerdos.
Sergio se miró al espejo. Sus ojos todavía reflejaban el llanto del día anterior y suspiro frustrado.
Tomo su mochila y sintió la llegada de un mensaje a su teléfono.
“Estoy abajo, ¿Podemos hablar?”
Esto lo tomo desprevenido.
Era demasiado temprano y tenía previsto irse con su padre para dejarlo en la escuela.
Sin embargo, lleno de curiosidad, decidió salir de su casa para saber de qué se trataba.
—Hola, perdón por molestarte tan temprano —Dijo Charles cuando lo vió —Carlos ya me había dado tu dirección, espero no ser una molestia.
—No te preocupes —Respondió Sergio —Ayer me ayudaste, así que estoy dispuesto a escuchar lo que quieres hablar conmigo.
—Así se pagan las deudas —Charles intento bromear, pero ambos estaban muy desanimados —Lo mío con Carlos se acabó.
Sergio se sorprendió al escuchar eso. Pensaba que todo estaba bien entre su mejor amigo y la pareja de este.
—¿Estás bien?—Fue lo primero que el pelinegro pregunto —Si quiere vamos juntos a la escuela y lo platicamos en el camino.
Charles asintió y Sergio le aviso a su padre.
Ambos jóvenes comenzaron a caminar hacia la parada del autobús.
Max iba saliendo de su casa cuando los vio pasar. Los dos estaban tan inmersos en su conversación que no notaron su presencia.
Sabía que no tenía derecho a reclamar, pero no pudo evitar sentirse celoso por la cercanía de ambos.
Era una mezcla extraña entre tristeza y molestia.
No podía aceptarlo, no.
No estaba dispuesto a perderlo, él iba a luchar.
Haría todo lo que estuviera en sus manos para reconquistar al pelinegro, incluso si eso significaba enfrentar a su padre.