La flecha de Cupido

Slash
NC-17
Finalizada
4
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
262 páginas, 83.317 palabras, 35 capítulos
Descripción:
Notas:
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El amor siempre gana [FINAL]

Ajustes
Pasaron un par de días antes de que Sophie le pudiera dar la noticia a Max. Había estado esperando el viaje grupal para poder hablar con él después de este,  pues no quería arruinarselo. Veía la ilusión en su rostro, estaba tan feliz por el inicio de las vacaciones y del tiempo que pasaría junto a su novio. Max ya había aceptado que no lo habían llamado para las pruebas preolímpicas. Solo quedaba ese fin de semana para obtener información, pero a ese punto ya le parecía imposible. —Vamos, mamá, se nos hará tarde —Dijo Max tomando sus cosas. Sophie lo siguió, pero su mirada estaba llena de nostalgia. Temía estarle arrebatando algo bueno a su hijo. Caminaron hasta la casa de Don Toño y comenzaron a subir sus cosas a la furgoneta del señor. —¿Están emocionados? —Pregunto Don Toño a sus hijos y ambos asintieron —Será un feliz inicio de vacaciones. Los jóvenes sonrieron felices ante la idea de pasar un excelente fin de semana con sus amigos. El viaje en carretera no fue muy largo, Sophie intentó distraer su mente para no pensar en la terrible noticia que le daría a su hijo. Lo amaba mucho y quería lo mejor para él, así que esperaba que no la odiara por la decisión que había tomado. Lo que el rubio no sabía era que su madre ya había vendido la casa y la tendrían que desocupar para cuando terminara el verano. Pero la mujer decidió concentrarse en el viaje y pasarla bien por su hijo. Si la notaba preocupada, comenzaría a sospechar y, en lugar de disfrutar el tiempo con sus amigos, estaría pendiente de ella. Cuando llegaron, la familia Webber ya estaba ahí y los saludaron junto con la familia de Pato. No tardo mucho para que el resto de las familias se hicieran presentes, pero para algunos de ellos no pudieron ir sus padres, así que solo iban acompañando a los demás. Uno de ellos era Lance, cuyas ausencias de su padre habían hecho de un joven que buscaba la atención fraternal de los mayores. Refugiándose en la familia Webber. Además había hecho una muy buena amistad con Kelly, quien estaba sola en el viaje, pero ambos tenían una personalidad tranquila y amable, pero también disfrutaban del cotilleo. Aunque Lance a veces no podía controlar su lengua y esto podría ser brusco para algunas personas. Mark y Fernando miraban con orgullo a su hijo, Óscar, mientras esté pasaba tiempo con su novio, Pato. Verlos les traían recuerdos de su juventud y añoraban que su hijo viviera una linda historia de amor que durará toda su vida, tal como paso con ellos. La relación de Pato y Óscar se había fortalecido, siendo casi inseparables y demostrando su amor constantemente. Habían perdido mucho tiempo girando al rededor del otro, temiendo no ser correspondidos. Por su parte, George y Lewis seguían avanzando poco a poco en su relación. Pero al primero le daba miedo aventurarse a algo serio, pues sabía que el moreno esperaba una respuesta sobre las pruebas preolímpicas y eso podría cambiar las cosas entre ambos. La vida se sentía como una película vieja. Eso era lo que pensaba Max cuando observaba a todas las familias conviviendo entre ellas. Pero de esas películas con finales felices, donde todos se reunían para celebrar un gran logro y bailaban junto a una fogata. Dónde dos amantes se encontraban y se juraban amor eterno. Él no necesitaba encontrar nadie, pues ya tenía a la persona que más amaba a su lado. Sergio sonrió al verlo tan feliz, y se acercó para plantar un beso en sus labios. El sol estaba en su punto, así que los jóvenes se metieron a nadar en lo que sus padres preparaban la comida. —Toma mi mano —Dijo Lance mientras Kelly luchaba contra las olas —Si te pierdes me culparan por no cuidarte. La chica sonrió ante el comentario y se agarró con fuerza de él. —Es una lástima que Pato no pueda nadar con nosotros —Comentó George mientras observaba a su amigo sentado en una silla en la arena. Su pierna todavía debía tener el yeso para terminar el proceso de curación. —Creo que no nos extrañará en lo absoluto —Respondió Lewis viendo a Óscar sentarse a su lado y plantarle un dulce beso. Sergio y Max jugaban en el agua, abrazándose y besándose, siendo separados por un golpeteo de agua sacudido por Lance. —Consigan un cuarto —Dijo Lance, para luego recibir un golpe en el brazo por parte de su amiga. —Calla, Don Toño te va a escuchar —Kelly lo regaño, y ambos voltearon a ver a su jefe, quien les regreso la mirada. Don Toño no era tonto, había notado las marcas en el cuello de su hijo y que siempre que los dejaba solos casualmente aparecían recien duchados. Sabía que la pareja de enamorados se estaba aventurando en el ámbito sexual, pero prefirió no tocar el tema para no incomodarlos a ninguno de los dos, incluso a si mismo. Además, había encontrado el escondite de las cosas que utilizaban en la intimidad, así que no había dudas de sus sospechas. Pero se enojaba si alguien hacía bromas sobre el tema, algo que rápidamente se dieron cuenta sus trabajadores gracias a los comentarios de Lance en la cafetería y el claro mal humor que luego presentaba su jefe. Era la intimidad de su hijo y nadie tenía porque hacer comentarios al respecto. —Algun día tendrás pareja, entonces no te gustará que te molesten de esa manera —Respondió Sergio con una sonrisa burlona. —Tampoco te gustará que vean demasiado a tu pareja —Un Max celoso hablo —Así que desvía tu mirada hacia otro lado. Kelly se echó a reír ante tales comentarios y mejor jalo a Lance lejos de aquella pareja celosa. Cuando se reunieron a comer, todos compartieron historias sobre sus diferentes viajes familiares. Sergio y Max se miraron con complicidad, recordando su viaje a esa misma playa y lo que hicieron en la noche. No había duda de que había cierto deseo en la mirada de ambos, pero debían controlarse al no estar solos. Para cuando anocheció, colocaron diversas tiendas de campaña para dormir al rededor de la fogata. Don Toño le ofreció a sus hijos dormir en la parte trasera de la furgoneta, pero se negaron ya que sería mejor para él por su edad. Además, querían pasar más tiempo con sus amigos y desvelarse junto a ellos. —Es una lástima que Charles y Logan no pudieran venir —Se quejó Sergio acomodando sus cosas dentro de la tienda. —Estan de aniversario, ya estarán festejando a esta hora —Se burló el rubio y su novio le dio una palmada ante tal comentario —¿Qué? ¿Acaso se te olvidó cómo tú y yo...? No pudo terminar de hablar porque Sergio volvió a golpearlo. —Silencio, alguien puede oírte —Respondió el pelinegro con una sonrisa traviesa —Y yo no podría olvidar lo que hiciste esa noche, mi león. El ruido de las risas de sus amigos evitaron que pudieran ser escuchados, así que Max se recostó encima de él y comenzó a besarlo. —Con razón sentía que se estaban tardando —Dijo Kelly haciendo que ambos se separaran de golpe por la sorpresa —Se ven sus sombras, mejor no hagan eso aquí. Max estaba colorado, y desvío la mirada sumamente avergonzado. Sergio sonrió nervioso y asintió para que la chica se fuera. Salieron de la tienda y se unieron al resto, rieron y bromearon junto a ellos. El fuego se fue apagando, y los ánimos también, yéndose a dormir poco a poco. Max abrazaba a Sergio, quien dormía recostado en su pecho. La noche era fría, pero ya no podía ser presa de esa frialdad cuando tenía el amor de tantas personas, pero principalmente el de su novio. Le dio un beso en el cabello y se durmió sintiéndose feliz en sus brazos. Así paso el fin de semana, entre risas, bromas y besos interrumpidos. De camino a casa, Sophie platicaba con Don Toño, quien no dejaba de hablar de la emoción que le generaban los próximos exámenes universitarios. Cuanto deseo tenía por ver a su hijo convirtiendose en un joven estudiante de universidad. Hablaba de la universidad local, algo que la puso nerviosa y la llevo a voltear a ver a su hijo. Max sonreía mientras charlaba con su novio. Sergio limpiaba algo que tenía en su labio, quizá un poco de chocolate de la dona que estaba comiendo, y luego beso sus labios. A Sophie le entristeció la idea de arrebatarle a su hijo una vida con Sergio. Llegaron a casa, bajaron las cosas y Max fue a ducharse para relajarse por el viaje. Sophie estaba en la sala, intentando escoger las palabras adecuadas. Cuando el rubio bajo para ir en busca de su pareja, su madre lo detuvo en seco. —Necesitamos hablar —La voz sería se Sophie evito que el joven protestará — Siéntate. Max obedeció, pero su comportamiento pronto lo puso nervioso. —¿Qué pasa? —Soltó el joven, mentalizandose por si se trataba de algo malo. La mujer suspiro pesadamente antes de continuar. —Nos mudaremos pronto —Finalmente lo dijo, y la expresión en el rostro de su hijo le resultó confusa, así que decidió ser más específica —Nos iremos a la ciudad. Esta noticia me cayó como un balde de agua fría. —¿Qué? —Fue lo único que salió de sus labios. —Tu tío Paul me ofreció su departamento en la ciudad, ahí podremos quedarnos hasta que consigamos un hogar estable donde podamos vivir —Explicó Sophie notando como con cada palabra que decía, se iba el brillo en los ojos de su hijo— Necesitamos comenzar de nuevo, además, en la ciudad hay mejores universidades y más oportunidades para ti. El rubio comenzó a negar con la cabeza y sus ojos se llenaron de lágrimas. —No, yo iré a la universidad local —Respondió Max mientras se levantaba del sofa —Estudiare leyes, viviré con Sergio y luego nos casaremos —Afirmó como si eso ya fuera un hecho —No me iré a la ciudad. A Sophie se le rompió el corazón al ver la reacción de su hijo, pero no estaba preparada para afrontar su negativa. —No hay más opción, Max, ya vendí la casa —Confesó la mujer mientras se levantaba para intentar tranquilizarlo —Podrán mandarse mensajes y llamarse todos los días, no es el final. Solo quiero lo mejor para ti, un futuro brillante fuera de este pueblo. Pero el rubio hizo oídos sordos. —Suenas igual a mi padre —Soltó con desprecio para luego salir de casa rápidamente. Sophie se quedó congelada al escuchar eso. Jamás la había comparado con Jos. Max llegó a la casa de Sergio y tocó la puerta con desesperación. Don Toño estaba ocupado, así que su hijo abrió. Cuando el rubio lo vio, se arrojó a sus brazos y lo rodeo con fuerza, no estaba dispuesto a separarse de él. —¿Mi león? ¿Qué pasa? —Preguntó Sergio algo confundido, pero correspondiendo a su abrazo. —Me quiere alejar de ti —Respondió Max mientras hundía su rostro en su cuello —¿Por qué no entiende que yo te amo? —Mi amor, cálmate —El pelinegro pronto se preocupo por sus palabras —Vamos adentro, hablemos de lo que pasó y te diré como podemos solucionarlo. Ambos entraron a la casa y Don Toño los observó con atención, pero no quiso interferir en su privacidad. Max le contó todo a Sergio y el miedo que le daba que su relación terminará por la distancia. Sergio lo abrazo consolandolo, pero sabía que nada podía hacer ante los deseos de Sophie. Era la madre de Max, ella sabía lo que hacía y no habían malas intenciones de su parte. —No es el fin del mundo, amor —Respondió el pelinegro intentando tranqulizarlo —Todavía tenemos todo el verano para solucionarlo. Sergio sabía que no había una solución para eso, pero quería que se calmara. Max respiro profundamente, y Max, el perro, entro a la habitación alarmado por el llanto del rubio. El canino busco consolarlo y llamo su atención lamiendo sus manos. El rubio sonrió ante esto, el perro y él habían firmado la paz. Sergio cuido a su novio toda la tarde, distrayendolo de los malos pensamientos y llenandolo de amor. Para la noche, Sophie llegó a la casa de los Pérez en busca de su hijo. Le había dado el tiempo necesario para intentar calmarse, así que necesitaba dialogar con él y quizá Don Toño pudiera intervenir a su favor. El rubio lo miraba como figura paterna, una muy diferente a la que había conocido toda su vida. Y aunque Max se mostrará reacio a escucharla, al final cedió. —No quiero separarte de Sergio, sé y veo lo mucho que se aman —Afirmó Sophie —Pero siempre he querido que seas sobresaliente, que tengas las oportunidades que yo no tuve. Max, tenemos el dinero para darte la mejor educación, ¿Por qué no lo ves como yo? —No hay malas intenciones por parte de tu madre, hijo, por favor escúchala —Dijo Don Toño mientras ponía una mano en el hombro del joven—Además, Sergio y tú podrían verse los fines de semana, yo mismo lo llevaré a la ciudad para que se vean. Sergio no estaba muy seguro de la promesa de su padre, sentía que era imposible esa clase de convivencia. Pero asintió para tranquilizarlo. Max, un poco más calmado, tomo de la mano a Sergio. —Es solo que yo quería que viviéramos juntos —Afirmo el rubio. —Y lo haremos, en su momento —El pelinegro no le arrebataria esa esperanza. A Sergio también le dolía toda esa situación, pero sabía bien que Max vivía con más intensidad sus emociones. Así que priorizo su bienestar. Una vez llegado a un acuerdo, Max se disculpó con su madre por haberla comparado con Jos. El pelinegro estaba en la cocina preparando un té cuando recibió un mensaje de Charles. “Ya llegaron los resultados de la convocatoria, pase. —Charles” Su mensaje lo alertó, aunque era imposible que pasará más de uno, rápidamente corrió hasta la sala. —Revisa tu correo —Dijo Sergio y Max lo miró confundido —¡Ahora! El rubio se apuro al ver lo alertado que estaba su novio. Cuando entro a la bandeja de mensajes recibidos, se sorprendió al ver de qué se trataba. “Felicidades, has sido aceptado para formar parte del programa preolímpico de tiro con arco” Max se quedó sin palabras y le mostró el teléfono a Sergio. El pelinegro sonrió alegremente, sabía y había confiado en el talento de su novio. Uno de sus mejores amigos y su novio habían pasado, estaba más que feliz. Era casi imposible que reclutaran a dos, así que estaba el doble de emocionado. —Lewis me mandó un mensaje —Dijo el rubio interrumpiendo la celebración —También paso. —¿Tres personas pasaron? ¡Y de nuestros equipos! —Respondió Sergio con emoción. —Revisa tu correo, hijo —Lo interrumpió Don Toño —Tú llegaste a la final individual. —Es imposible, yo falle el último tiro —Les recordó el pelinegro. —Siempre hay una esperanza —Dijo Sophie —Ustedes dos dejaron sin aliento al público. Sergio, tembloroso, saco su teléfono y reviso en su correos. “Felicidades, has sido aceptado para formar parte del programa preolímpico de tiro con arco” El pelinegro grito de emoción, realmente no lo esperaba. Y Max era el más feliz de todos ellos, pues ambos habían pasado las pruebas y eso solo significaba una cosa: Su historia juntos apenas estaba comenzando.
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