Sostenerte
22 de diciembre de 2025, 18:51
Habían pasado días desde que se supo la noticia de la muerte de Jos y por esos motivos el viaje que tenían planeado se aplazó para finales del mes.
Después de un rápido funeral, la vida de Max y Sophie comenzó a tomar forma.
Para su buena suerte, Jos tenía un buen seguro de vida y, como su muerte había sido un accidente, pudieron cobrarlo sin ningún problema.
Esto fue un alivio para Sophie, pues sabía que Max estaba a punto de entrar a la universidad, claro, mientras no fuera llamado para las pruebas preolímpicas.
Y ese tema se había complicado demasiado para el rubio.
Sabía que si en una semana no lo llamaban, significaba que simplemente no había sido considerado.
Pero, si lo llamaban ¿Aceptaría ir?
Ese había sido su dilema desde que su padre falleció.
Realmente disfrutaba el tiro con arco, era su padre quien frustraba demasiado este gusto que tenía por el deporte.
Pero no le daría demasiadas vueltas al tema, pues quizá ni siquiera sería llamado y no necesitaría tomar una decisión así.
Los jóvenes enamorados habían pasado demasiado tiempo juntos los últimos días.
Toño y Sophie habían permitido que Max se quedara a dormir en la casa de los Pérez.
Y ellos finalmente podrían actuar con una pareja enamorada, pues los Eagles y los Lions habían pasado la etapa más difícil de su ya complicada relación.
Después de enterarse del accidente, Logan visitó a Pato en el hospital y se disculpó por el distanciamiento que puso entre ambos.
También le confesó que estaba en una relación con otra persona, y lamentaba no haberle avisado y hablar con claridad.
Cuando a Pato le dieron el alta, su familia lo llevó del hospital hacia la ya conocida cafetería de Don Toño.
El joven se sorprendió al ver que habían hecho una fiesta para él y todos sus amigos, y compañeros, estaban ahí.
Como había mostrado mejoría, no hubo necesidad del uso de la silla de ruedas pues Pato insistía en usar unas muletas.
Los jóvenes se acercaron uno a uno para darle sus buenos deseos, y Óscar le dio un corto beso en los labios demostrando su ahora relación.
—Se le ve mucho mejor —Dijo Sergio antes de probar una cucharada del pastel —Y finalmente Óscar pudo acercarse a él de la manera que quería.
—Todos están muy felices —Señaló Max para después tomar su mano —Cómo me gustaría poder resolver todo lo que está pendiente.
El pelinegro sabía muy bien a lo que se refería, era un tema muy complicado para ambos.
La muerte del padre de Max había cerrado un capítulo de la vida de ambos jóvenes, pero también el de otras personas.
Con Jos fuera del mapa, ahora era imposible relacionar a Lando y Daniel con el ataque a Sergio.
Ninguno de los dos delataria al otro, y ambos se habían mantenido alejados tanto de los Eagles como de los Lions
Max no se sentiría en paz hasta que esos dos pagaran por lo que hicieron.
Y si bien Sergio tenía los mismos deseos, prefería que su novio no se metiera más en problemas o se atormentara con el tema.
—He entendido que la vida no es justa —Comenzó el pelinegro —Y quiero creer que tal vez ellos puedan reflexionar sobre lo que hicieron, son jóvenes tontos manipulados por un hombre malvado —Se detuvo por un instante viendo la reacción de su novio ante la descripción de su padre —No vale la pena desgastarse en un tema que no tiene solución.
—Pero me da mucha rabia que sigan adelante como si nada —Explico Max frunciendo el ceño ante esa idea —¿Cómo pueden vivir tan tranquilos después de lo que hicieron?
Sergio suspiró pesadamente.
—Siempre he creído que todo lo que hacemos se nos regresa —El pelinegro apretó su mano delicadamente —No podemos probar que ellos estuvieron ahí, desapareció la única conexión que tenían con el tema —Comenzó a acariciar sus nudillos con sus dedos —También me causa mucha molestia, pero no pienso perder mi tiempo con esa clase de personas —Entonces acercó su mano a sus labios y le plantó un delicado beso —No cuando hay alguien más importante a quien prefiero mirar.
Max sonrió ante ese comentario y sintió como sus mejillas se enrojecían de la emoción.
—Detesto lo fácil que te es el hacerme sentir de esta manera —Confesó el rubio.
—A mí me encanta cuando te pones rojito —Sergio se acercó a él y le plantó un beso en los labios —Me hace recordar la primera vez que fuiste a mi casa y dijiste que estabas sonrojado por el sol.
El pelinegro no pudo evitar soltar una pequeña risa al recordar eso, y esto se lo contagió al rubio.
—Te mentí, lo admito —Comenzó Max —Pero no pude evitar ponerme nervioso, te mirabas tan lindo y eras tan amable conmigo, ¿Mis ojos todavía te parecen bonitos?
—Los más bonitos de todos —Entonces volvieron a cortar el espacio entre ambos y juntaron sus labios en un tierno beso.
—Están dando un espectáculo —Dijo Lance sentándose en la mesa — Pobre de tu novio, parece un tomate.
—Lance — respondió a Sergio como un regaño— ¿Por qué no vas y te sientas con los Óscar y Pato?
—De allá vengo.
Los dos novios se miraron y soltaron una pequeña risa.
—Quisiera dar unas palabras —La voz de Don Toño llamó la atención de todos —Así que me gustaría que escucharan lo que tengo que decir.
—¡Vamos, papá! ¡Tú puedes! —Gritó Sergio desde la mesa.
—¡Venga, Don Toño! —Le siguió Pato.
—¡Usted puede, jefe! —Continuó Kelly.
—¡Vamos, papá! —Max lo animó.
Don Toño sonrío al escuchar su voz, habían creado una estrecha relación padre e hijo durante los últimos días.
—¡Ya dígalo, Don Toño! —Gritó Lance y Max le dio un suave golpe en el brazo.
—Bien no tardaré —Continuo Don Toño para después aclararse la garganta —Quiero agradecerles a todos por haber venido hoy. Sé que hemos pasado por momentos muy difíciles los últimos meses —Se detuvo un momento antes de continuar —Pero siempre he tenido fe de que el apoyo mutuo nos vuelve imparables cuando queremos lo mejor para todos —El mayor miró hacia el suelo encontrándose con la mirada de Max, el perro, quien lo veía con atención —Cuando sentimos que todo se nos cae encima, siempre es bueno tener una mano amiga —Levantó la vista y se encontró con la mirada orgullosa de su hijo Sergio —Cuando atacaron a mi niño, Pato estuvo ahí para mí y siempre le estaré agradecido, y también todos ustedes, saben bien que siempre los querré a todos como si fueran mis propios hijos —Los jóvenes sonrieron ante ese comentario —Y sé que pronto comenzarán una nueva etapa en sus vidas, tendrán más responsabilidades y deben saber que ser adulto no es fácil. Hay mucho esfuerzo y sacrificio —Por un momento le tembló la voz sintiéndose emocional —Pero quiero que sepan que si alguna vez necesitan ayuda, si se sienten solos y necesitan una mano amiga, siempre estaré para todos mis niños.
Los aplausos resonaron en el lugar, no había ni una sola persona que no estuviera orgullosa de Don Toño.
Admiraban su resiliencia y su empatía, era un hombre que fácilmente se ponía en el lugar del otro para poder entenderlo.
Personas como él solo aparecen una cada tanto, y Sergio estaba muy agradecido de que fuera su padre.
Pero Don Toño tenía tanto amor que no solamente apreciaba a su hijo, sino también al novio de este.
Quería mucho a Max, le parecía un joven admirable y valeroso.
Deseaba darle el apoyo y el amor que un joven como él merece.
Y si bien el rubio no había tenido muy buena suerte con la clase de padre que le había tocado, agradecía mucho que el destino le hubiera puesto en su camino a una figura paterna como Don Toño.
Cuando la fiesta acabó, los jóvenes se despidieron de Pato y su familia.
Todos se fueron a sus respectivas casas y Don Toño llevó a sus niños a la suya.
El mayor, presa del cansancio, decidió irse a dormir temprano.
Por otro lado, Sergio y Max estaban en la habitación del pelinegro.
—¿Cómo te sientes? —Sergio le hacía esa pregunta cada noche desde que dormían juntos en su casa.
—Feliz —Respondió el rubio mientras acariciaba el cabello de su novio, quien estaba recostado en su pecho —Nunca me había sentido tan tranquilo.
El pelinegro sonrió ante esto.
—Te amo mucho, en verdad —Soltó Sergio para después abrazarlo.
—Sabes bien que yo te amo más —Respondió Max, haciéndolo sonreír ante su constante necesidad de competir.
—¿Tienes miedo? —La pregunta del pelinegro lo tomo por sorpresa —¿Y si te llaman de programa preolímpico?
El rubio trago en seco.
—No lo harán —Aseguró.
—¿Y si lo hacen? —Sergio se levantó y lo miró a los ojos —¿Vas a negarte?
Max desvío la mirada, ni siquiera sabía lo que haría en esa situación.
—Solo quedan unos días, nunca se tardan tanto —Respondio el rubio fingiendo desinterés.
El pelinegro lo tomo de la barbilla y lo obligó a verlo.
—Prometimos no mentirnos —La voz tranquila de Sergio era un confort para Max —No tengas miedo de decir lo que sientes, no conmigo.
—Quiero vivir contigo —Confesó el rubio cambiando el tema —Quiero estar a tu lado.
—Y me tendrás contigo —Aseguro el pelinegro tomando su mano —No te abandonaré.
Max se sentó en la cama y lo abrazo de la cintura.
—Podemos ir juntos a la universidad, tener nuestro departamento y ser felices juntos —Habia una chispa de emoción en la voz del rubio.
—¿Y si te llaman? —Insistió Sergio, regresando al tema principal.
—No te puedo dejar —Finalmente confesó con lágrimas en los ojos —Y no te puedo hacer esperar.
—Pero no puedes renunciar a tu sueño —Respondió el pelinegro —Sé lo mucho que me amas, ¿Pero como podría vivir sabiendo que te aleje de tu sueño?
—¿Y si no es mi sueño?—Max sostenía el llanto, no estaba dispuesto a aceptar la idea de alejarse de Sergio.
— Mírame a los ojos y dime que jamás soñaste con estar en un podio olímpico —El pelinegro lo miró fijamente.
La voz de Max se volvió temblorosa, desvío la mirada y las lágrimas cayeron.
—¿Lo ves? —Continuó Sergio —Te amo mucho, pero un sueño así implica sacrificios —Volvio a tomarlo de la barbilla y limpio sus lágrimas —Ambos sabemos que no me llamarán, el último tiro fue mi condena.
—Tú deberías ir —Insistió Max sintiéndose culpable por tener acceso a un sueño que creía arrebatarselo a su pareja.
—Yo estaré orgulloso de verte ganar —Entonces Sergio le dio un dulce beso en los labios.
El rubio se abrazo a su cuerpo, refugiándose en sus brazos y soltando ese peso que lo venía consumiendo por dentro.
Amaba mucho a Sergio, pero este no le permitirá dejar ir su sueño.
Y mientras él se sostenía de su novio, su madre sufría en silencio en una casa vacía llena de muchos recuerdos.
Sophie siempre querría lo mejor para su hijo, pero sabía que ya no tenían nada que hacer en aquella casa.
Si Max era llamado o no para las pruebas preolímpicas, ella de igual forma había tomado la decisión de que cursará sus estudios universitarios en la ciudad.
Y, lamentablemente, eso significaba un adiós a ese amado pueblo que lo vio crecer.