ID de la obra: 1533

Stolen Kisses

Slash
NC-17
Finalizada
4
Fandom:
Tamaño:
109 páginas, 32.902 palabras, 20 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
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Mentiroso, mentiroso

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Sergio se levantó sintiéndose algo aturdido. Tenía un ligero dolor de cabeza, pero era más su resaca que otra cosa. Se quedó un rato mirando el techo de su habitación. Diversos recuerdos vinieron a su memoria. Todos eran sobre la noche anterior. Mantenía la imagen fija de su rubio amante dándole un placer que hacía tiempo no experimentaba. Y si bien había sido una aventura de una noche, pronto comenzó a sentirse duro con solo pensar en volver a hacerlo. La adrenalina, el engaño y lo público hacían de ese recuerdo algo sumamente excitante. Y no pudo evitar llevar su mano a su miembro, tocandolo sobre la tela de su boxer. Quería recordar aún más lo que había sucedido. Sintiéndose adolorido al estar aprisionado en esa tela. El pelinegro pronto se sacó la ropa interior y la lanzo lejos, liberando su miembro para comenzar a tocarlo. Su respiración se volvió agitada. Moviendo su mano en un vaivén para incrementar el placer, mientras se imaginaba todavía dentro de aquel apuesto extraño. En su habitación solo se escuchaban sus quejidos de placer, a la par del sonido de su piel rozandose. Con su otra mano comenzó a tocar sus testículos, avivando el recuerdo de la boca de su amante sobre ellos. No podía despejar su mente de esos recuerdos. Y en cuánto deseaba hacerlo de nuevo. En todo lo que le haría si lo tuviera en su cama en ese momento. Imaginando tenerlo bajo de él, gimiendo de placer mientras lo apretaba con su cuerpo. No tardó mucho para su excitación llegará a su límite, manchando su mano y abdomen con su semen. Sergio se levantó de su cama y camino hacia el baño, necesitaba limpiar ese desastre. Se metió en la ducha mientras el agua fría cubría su cuerpo. Necesitaba olvidar de una vez lo que había pasado anoche. Max no recordaba cómo había regresado a casa. Lo último que hizo después de ser abandonado en ese baño, fue subirse los pantalones y salir del lugar. No solo le dolía la cabeza, sino también su cuerpo. Pero eso no le causaba ningún problema. Había apostado todo por un extraño y recibió una gran recompensa a cambio. Un poco cansado, logro levantarse de su cama para entrar en la ducha y limpiar su cuerpo de toda evidencia de su travesura nocturna. Tomo la decisión de no salir ese día. Pues necesitaba recobrar energías para el día siguiente. Así que desayuno tranquilamente, planeando que hacer con todas las cosas que aún se mantenían en sus cajas. Tenía pocos días de haberse mudado, y admitía que había sido muy flojo al no tener nada listo. Solo había acomodado lo primordial, esperando que con los días pudiera terminar de asentarse en aquel departamento. Sergio termino de vestirse cuando escucho el timbre de la puerta. No tenía ánimos para las visitas, pero sabía que necesitaba distraer su mente. —Tú, maldito idiota—Dijo Carlos apenas el pelinegro había abierto la puerta. —Buenos días—Respondió Sergio, pero su amigo solo lo empujó para entrar al lugar. —¿Tienes idea de lo que hiciste?—Reclamó el castaño—¿Cómo es posible que no pueda dejarte solo por cinco minutos? Sergio trago en seco al recordar lo que sucedió cuando su amigo abrió la puerta del cubículo. —Carlos, hablemos—El pelinegro estaba visiblemente nervioso. —Engañaste a tu novio—Respondió Carlos bajando un poco la voz, como si temiera a que las paredes escucharán tal revelación. —No puedes decirle a nadie—Sergio respondió en el mismo tono. El castaño hizo una mueca de disgusto. No sonaba como un favor, sino como una orden. Pero también sabía que no era asunto suyo. Que Sergio debía hacerse responsable de sus tonterías. Aunque le sabía mal por Lewis. —¿Que vas a hacer?—Carlos ya se encontraba un poco más calmado—Tienes suerte de que fuera yo y no Charles. Sergio no sabía que responder. Se negaba a asumir las consecuencias de sus actos. —No tiene que saberlo—La respuesta del pelinegro lo hizo sonreír amargamente. —Estarás jodido si se entera de otra forma—Le advirtió—Es mejor que lo sepa por ti. —No tiene que enterarse de algo que le hará daño —Sergio intentaba excusar su mentira —Además, dudo que lo vuelva a ver. —¿Al menos sabes el nombre del tipo? Sergio parpadeo un par de veces antes de continuar. —Eso no importa, es mejor olvidar lo que paso—Sergio intentaba sonar despreocupado. Carlos desvío la mirada al escuchar tal tontería. —¿Y podrás con la mentira? El castaño no podía creer que su amigo planeara sostener tal engaño. —No es mentir, es omitir la verdad —Comenzó el pelinegro —Mientras él no pregunte directamente, no tengo porque tocar el tema. Carlos bufó molesto. En ese instante comenzó a sonar el teléfono de Sergio, pero no lo veía por ningún lado. Ambos empezaron a buscarlo por todo el departamento, hasta que lo encontraron debajo del sofá. Sergio lo tomo y vio que se trataba de su novio. Cómo había tardado tanto, termino perdiendo la llamada. —Mierda—Susurro el pelinegro. —Hoy regresaba, ¿No?—Le recordó su amigo. —Lo llamaré de vuelta, seguramente quiere que lo vaya a ver—Respondió Sergio mientras buscaba sus zapatos. Era muy común que Lewis le avisará cuando estaba de regreso y de esta forma le pedía siempre ir a verlo. Ya era rutinario para ambos. —Bien, debo irme, le dije que Charles que iría a la tienda—Dijo el castaño caminando hacia la puerta. Sergio termino de ponerse sus zapatos y tomo su chamarra junto a sus llaves para salir junto a su amigo. —¿Por qué no le dijiste la verdad? Ambos hombres caminaron hacia la puerta del departamento de enfrente. —Porque querría venir y saber lo que pasó —Explicó Carlos mientras sacaba sus llaves—Me dices que tal te va. Carlos abrió la puerta de su departamento y entro, dejando solo al pelinegro. Sergio continuo su camino hacia el departamento de su novio. Salió del edificio en donde vivía y tomo un taxi para llegar hasta donde Lewis. Bajó del auto, sintiendo que los nervios se apoderaban de él. Debía convencerse a si mismo para poder ocultar el engaño. No quería que su novio sospechara algo. Una vez frente a la puerta, trago en seco y respiro hondo. Para finalmente tocar el timbre. —Un momento—Lo escuchó decir del otro lado de la puerta, hasta que finalmente se abrió —Mi amor. Lewis sonrió ampliamente al verlo. Lo había extrañado demasiado. El moreno lo atrajo hacia dentro del departamento, juntando sus labios en un dulce toque y cerrando la puerta tras él. —¿Cómo te fue? —Pregunto Sergio después de separar sus labios —Muy bien, pero no quiero hablar de eso ahora—Lewis lo envolvió en sus brazos, juntando sus labios una vez más. Sergio entiendo lo que quería, pero no se sentía con la energía de dárselo. —Estoy algo cansado—Se excuso el pelinegro. —¿Por qué?—Preguntó el moreno en un tono algo juguetón —¿Qué hiciste? Lewis bajo su mano hasta los pantalones de Sergio y comenzó a tocarlo por encima de estos. —Te extrañé mucho —El pelinegro intento cambiar de tema mientras tomaba su mano para querer quitarla. No sabía si podría hacer lo que quería. —¿Acaso te tocaste está mañana?—La pregunta, entre seriedad y broma, tomo por sorpresa a Sergio y provocó una sonrisa en Lewis—¿Lo hiciste pensando en mi? El pelinegro trago en seco y desvio la mirada. —Sí—Mintió. —Así me gusta—Respondió Lewis para después volver a juntar sus labios. Realmente había extrañado a su novio. Esa tarde la pasaron juntos, pero Sergio se resistió a tener otro encuentro sexual debido a lo agotado que estaba por su encuentro nocturno. Además, al inicio le había resultado un poco difícil mentirle a su pareja. Pero sentía que, mientras menos hablarán de los días anteriores, más fácil sería olvidarlos. Sin embargo, Lewis no lo dejo irse a casa esa noche. Quería dormir en sus brazos como lo hacía siempre. Para el moreno la vida no podía ser más perfecta. A la mañana siguiente se prepararon para irse juntos a la academia. Solo pasaron por la maleta de Sergio en su departamento y después continuaron con su camino. Al llegar, Sergio sintió cierta tensión en la habitación. Sus compañeros ya habían comenzado a calentar, mientas que su novio se ponía al día con sus amigos en común. Carlos le dedicaba una que otra mirada juzgona, recordándole su traición. El pelinegro optó por ignorarlo. Eso ya era parte del pasado. Entonces la puerta se abrió una vez más, sorprendiendolo ya que todos sus compañeros ya se encontraban en el lugar. Los nervios se apoderaron de su cuerpo cuando reconoció a la persona con solo verle. Max había llegado a su nueva academia, sintiéndose muy animado por su primer día. Pero al entrar vio al hombre que le había dado el mayor placer de su vida. Estaba en el suelo, estirando sus largas y musculosas piernas. No pudo evitar mirarlo de arriba a abajo. Si se pudiera comer con la mirada, estaría disfrutando de un festín. Ambos se miraron a los ojos, y sus recuerdos en aquel cubículo se hicieron presente en la mente del pelinegro. Sergio desvío la mirada y se levantó del suelo. Pretendiendo que no lo había reconocido. Lewis se acercó a él y le dio un ligero beso en los labios, acto que no paso desapercibido por el rubio. Max sonrió al notar la razón del actuar de su amante furtivo. Había traicionado a su pareja con él y eso solo aumentaba sus deseos por el pelinegro. Además, reconoció rápidamente de quién se trataba cuando vio al novio. Lewis era un nombre algo reconocido, un tipo muy talentoso y extraordinario en su desempeño como bailarín. Pensar que, el novio de una estrella en ascenso lo prefería a él, solo alimentaba su ego. Y por el actuar del moreno, el rubio supo que desconocía totalmente de lo ocurrido ese fin de semana. Dispuesto a siempre cumplir sus deseos y caprichos, Max marco un nuevo objetivo. Hacer de Sergio su amo.
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